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Gilles Villeneuve, un final menos trágico

Recordamos la rutilante historia del canadiense, y también su legado

AmpliarGilles Villeneuve, un final menos trágico - SoyMotor.comVilleneuve y Arnoux en el Gran Premio de Francia de 1979

Entre los más de 900 empleados del equipo Mercedes de Fórmula 1 se encuentra Gilles. Nació en 1988 y su madre le llamó así en honor al protagonista de estas líneas.

Once años antes de que Gilles llegara al mundo, otro Gilles, de apellido Villeneuve, llegó a la Fórmula 1. Su historia nació ya diferente a la de los demás, porque este menudo e inquieto canadiense había forjado su trayectoria en las carreras de motos de nieve en Canadá, disciplina en la que fue campeón mundial. Sobre cuatro ruedas, pasó fugazmente por la Can-Am, pero sobre todo por la Fórmula Atlantic, que ganó dos veces. Allí impresionó a un tal James Hunt, que dio rápida noticia del hallazgo a su jefe en McLaren, Teddy Mayer.

El aterrizaje de Villeneuve en Europa y en la Fórmula 1 vino de la mano de McLaren. Se produjo en Silverstone, y sólo un fallo de la instrumentación de su viejo M23 evitó que batiera en carrera a uno de los M26 oficiales, el de Jochen Mass. De hecho, ya lo había conseguido en clasificación.

Pese a su espectacular debut, McLaren no contemplaba ampliar su contrato más allá de 1977, para desazón de Gilles. Vieron su talento, pero también la ligereza con la que se atrevía a superar los límites de su coche, "para saber exactamente dónde están", como decía él para justificar sus abundantes salidas de pista. Y eso daba miedo.

Caprichos del destino, casi al mismo tiempo, el respeto mutuo entre Niki Lauda y Enzo Ferrari, que siempre fue tenso, se convirtió en desprecio mutuo. 'Il Commendatore' quedó con la ardua tarea de buscar un reemplazo en el corazón de los 'tifosi' para el 'hebreo' Lauda, como solía llamarle por su habilidad negociadora.

Villeneuve recibió la llamada de Maranello y, por supuesto, tomó el primer vuelo a Italia. En cuanto Ferrari lo vio, reconoció en él la figura de Tazio Nuvolari. Ya no había vuelta atrás: Gilles sería piloto Ferrari.

El canadiense corrió ya de rojo las dos últimas carreras del 77. Su valentía era enorme, y sus errores abundantes. En Fuji, el de Québec se encontró con Ronnie Peterson, otro mastín del volante. Su duelo acabó en toque y el Ferrari se elevó del suelo para describir una terrorífica pirueta que no hubo vallas capaces de contener. Cuando el 312T2 por fin aterrizó, Gilles salió indemne de él, pero no así dos personas mal situadas en el circuito y a las que la bestia desbocada… segó la vida.

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De forma macabra, la prensa comenzó a apodar a Villeneuve "el aviador", e incluso Enzo Ferrari tuvo que salir a defender a su pupilo.

La relación entre Villeneuve y su nuevo jefe se volvió pronto paterno-filial, pues 'Il Drake' recuperó con él una ilusión que no sentía desde que murió su hijo Dino. El canadiense supo corresponder tanto amor de Ferrari y, junto a los trompos, llegaron las actuaciones memorables.

Quizá la más conocida es la que protagonizó en el Gran Premio de Francia de 1979. Allí, Gilles y René Arnoux bailaron una histórica coreografía. En Dijon, los Renault de motor turbo se encaminaban a su primer día de gloria, pero Villeneuve tuvo a bien entrometerse. Arnoux y Villeneuve se pasaron, se repasaron por asfalto, hierba o piano, y hasta se rozaron. Los dos con problemas técnicos, y los dos exhaustos en la meta… con Villeneuve por delante. Se dejaron la piel y arriesgaron todo ¡por el segundo puesto! detrás del victorioso Renault de Jabouille. El corazón de los 'tifosi' ya era de Gilles, un caballero del riesgo que aquel día selló su duelo con un abrazo a su contrincante.

 

VILLENEUVE, EN TRES PALABRAS

Esa lucha en Dijon define a la perfección la filosofía combativa de Gilles Villeneuve. El mismo canadiense confesó la receta de su carrera perfecta: "Logro la pole en el último momento, tengo problemas en la salida, remonto desde la última posición y me pongo primero en la última curva". La cuestión era darlo todo en la pelea. Si era por la victoria, mejor. Y si era por un decimotercer puesto, pues también. ¿Para qué pensar en los puntos? Lo importante es combatir hasta el final.

En aquel 1979 lo vimos a tres ruedas en Zandvoort, arrasar en Watkins Glen, de lado siempre. Pero también siempre leal, otro de sus principios fundamentales: cuando sus opciones de ser campeón fueron ya menores, pasó a actuar como fiel escudero de Scheckter, ¡y pudo haber atacado!

El tercer rasgo de Gilles era su virtuosismo innato al volante. Nunca desde entonces se ha visto a tantos pilotos declarar la propia inferioridad en habilidades frente a un rival. Decían de él que controlaba los coches como si reaccionasen a cámara lenta.

Y en 1981 supo utilizar ese don frecuentemente. Alan Jones aún no da crédito de cómo pudo ganarle en Mónaco y en Canadá inauguró la 'Fórmula 1 a ciegas' con un podio simplemente novelesco tras rodar con el morro de su Ferrari justo delante de su visera. Pero hoy hablaremos de su triunfo en el Gran Premio de España, el último en el Jarama.

Villeneuve salía séptimo. Se puso cuarto en una arrancada marca de la casa; luego segundo, y el abandono de Jones le dejó al mando. Su Ferrari 126C era muy rápido en recta, pero se sentía pesado en curva –decía que era "como un gran Cadillac rojo"–. Lafitte, Watson, Reutemann y De Angelis eran más rápidos en un trazado revirado como el Jarama antiguo, pero en 66 vueltas de liderato, Gilles no falló ni una sola frenada, ni una sola trayectoria. Se hizo con la victoria, con cinco coches compactados en meta en 1,2 segundos.

Ese mismo 1981, Gilles Villeneuve estrenó compañero de equipo: Didier Pironi. El piloto francés provenía de la escuela Elf. Se labró su camino en Fórmula 1 primero en Tyrrell y luego en Ligier, donde incluso ganó una carrera. Tenía buena reputación e inteligencia en sus gestiones.

Villeneuve ya era un veterano en la Scuderia pero no había perdido su candidez, y acogió en sus brazos al recién llegado. Fraguaron una estrecha amistad, impropia entre dos pilotos del mismo equipo incluso en aquella época.

Dicen que, en sus visitas a Italia, jugaban a turnarse en el asiento del copiloto para ver quién era capaz de asustar más al otro en las autopistas.

Aquel 1981 fue un año 'relajado' para ambos porque ninguno peleó el título. Villeneuve cerró la campaña séptimo con 25 puntos, muy por encima de lo que merecía el coche, y Pironi decimotercero con sólo nueve unidades. Al año siguiente todo tenía que ser distinto.

 

UN FINAL PREMATURO

Ferrari presentó el nuevo 126 C2, su primer coche con abundancia de materiales compuestos en su chasis, y con una aerodinámica concebida de principio a fin para el efecto suelo. Por fin, un monoplaza capaz de luchar por el título.

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Villeneuve, por su parte, afrontaba el año como líder de la Scuderia, o al menos eso pensaba. Sus servicios en Maranello habían sido nobles, y sentía que Ferrari le debía una.

La temporada arrancó muy mal para Gilles, que no acabó ninguna de las tres primeras carreras, y no mucho mejor para Pironi, cuyo mayor mérito fue un sexto lugar. Pero entonces llegó San Marino. Y con Imola, la gran traición.

Los dos Renault lideraban por delante de Villeneuve y Pironi, pero sendos problemas mecánicos para Prost y Arnoux regalaron a la Scuderia la oportunidad de un doblete delante de los 'tifosi'. Era un Gran Premio raro, con muchas deserciones por motivos políticos, así que los restantes trataron de hacer espectáculo, incluso con un pacto entre los pilotos de Ferrari y los de Renault. Pero está claro que, como mínimo, los de rojo no se entendieron.

Gilles falló en la Rivazza. Pironi se puso en cabeza. A la vuelta siguiente, aunque no sin dificultades, el número 27 retomó el liderato. Ambos pilotos recibieron en la pizarra la instrucción de "Slow": "lento". Villeneuve lo interpretó como mantener posiciones para asegurar el doblete, pero no Pironi. Se adelantaron varias veces hasta que, en la última vuelta, Didi lanzó su ataque final. Para Villeneuve, la traición se había consumado.

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Estaba tan furioso que no pudo mantener la compostura en el podio, ni quería hacerlo. Gilles juró no volver a hablar con Pironi, y canalizó toda su rabia en una rivalidad descarnada contra su ahora peor enemigo.

La directiva de Ferrari fue ambigua, pero el siguiente Gran Premio empezaría a poner las cosas en su sitio, o eso pensó 'el Aviador'.

Bélgica, circuito de Zolder. Era sábado, faltaban 15 minutos para el final de la clasificación y Pironi le aventajaba en una décima. Gilles mandó que le montaran su segundo y último juego de ruedas nuevas, y se lanzó a por el tiempo de Pironi. A todo o nada.

Una vuelta, dos… y el tiempo no salió. En meta, el cartel para volver a boxes. Pero Gilles no ralentizó: se iba a dar un último intento con las gomas usadas. Devoraba cada metro de Zolder, pero se encontró con Jochen Mass en una vuelta lenta justo antes de una curva de quinta a 260 por hora, la Terlaemenbocht. El alemán de March se apartó, pero Gilles había decidido ya pasarlo por ese mismo lado. Las ruedas se tocaron y el Ferrari se elevó del suelo describiendo una terrorífica pirueta. Cuando el encabritado monoplaza por fin aterrizó, Gilles ya no estaba en él. Los anclajes del asiento se habían desgarrado, Villeneuve había salido catapultado y ahora yacía tendido, inerte junto a una valla de protección. 'El aviador' había iniciado su último y definitivo ascenso. Esta vez, para ocupar un lugar privilegiado en el Olimpo de los Dioses de la F1.

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El propio Pironi recogió el casco de Gilles y lo llevó, junto al suyo al box de Ferrari. La muerte de su compañero zarandeó a 'Didi', le sometió a más presión. En Canadá, Ricardo Paletti murió al golpear precisamente la trasera del Ferrari número 28, calado en plena parrilla. Pese a todo, el título del 82 estaba a su alcance, pero un grave accidente después de la clasificación del GP de Alemania le trajo múltiples fracturas en las piernas. Éstas las salvó milagrosamente, pero su trayectoria en Fórmula 1 había terminado.

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Años después se planteó incluso volver, pero una mezcla de factores deportivos y pecuniarios le llevó a volcarse en carreras de lanchas, la llamada Fórmula 1 del mar. Se demostró rápido y feliz, pero la muerte aún guardaba cuentas pendientes con Didier. Se las cobró en agosto de 1987 cuando competía a bordo de la embarcación Colibri 4. Con 5 años de distancia, Villeneuve y Pironi, los dos grandes amigos y luego antagonistas, encontraron su destino final.

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Esta es la historia de Gilles Villeneuve, una historia de coraje, amistad y muerte. Pero también de vida y de redención. Y esto nos devuelve al principio del vídeo. Porque entre los más de 900 empleados del equipo Mercedes de Fórmula 1 se encuentra este hombre. Su nombre es Gilles, nació en 1988 y su madre, evidentemente, le llamó así en honor a nuestro protagonista de hoy.

Gilles Pironi tiene 32 años, los mismos que Villeneuve cuando murió y también los mismos que su hermano gemelo, Didier, a quien su madre llamó así en honor a su recién fallecido padre.

Ambos conocieron en 2013 a Jacques Villeneuve, el hijo de Gilles y campeón mundial de Fórmula 1 en 1997.

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13 comentarios
Imagen de SeiyaSagitario
Leyenda Gilles
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Imagen de guses
Lamentablemente hoy en día, como se encuentra estructurada y pensada la F1 para los nuevos tiempos, es inconcebible tener y disfrutar de un piloto como Gilles. Hoy en día una lucha como la de Gilles con Arnoux, hubiese terminado con sanción para ambos pilotos por maniobras peligrosas y arriesgadas. Como dice el artículo, Gilles hubiera terminado sin equipo, sin puntos en el Carnet y con unas cuantas sanciones tanto monetarias como en puestos de salida en cada carrera. Por eso las épocas ni los pilotos se pueden comparar, solo tenerlos como referencias unos con los otros.
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Imagen de EvoX
Magnífico artículo. Historias de cuando los pilotos eran héroes y locos a partes iguales, porque no había otra forma de pilotar aquellas bestias.
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Imagen de gilles27
Solo puedo decir que nunca olvidare aquel 8 de Mayo, lo recuerdo perfectamente, como si fuese ayer. Aquel año era el suyo. Despues de años picando piedra finalmente aquel 126 era perfecto para el. Si Didier hubiese actuado de otra forma las cosas no hubiesen ido asi. Tambien es verdad que lo hemos querido muchisimo por que lo que el hacia , nunca se lo vimos hacer a nadie. Si , para mi tambien es y sera mi heroe. Una persona muy especial
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Imagen de anton
Enhorabuena por la entrada. Mi homenaje pictórico a Gilles : https://motorartblog.wordpress.com/2018/02/06/gilles-villeneuve-on-limit/
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Imagen de Napo
Veo que se han acordado del grande Gilles mejor tarde que nunca.
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Imagen de villeneuve
Muchos grandísimos pilotos pasaron y seguirán pasando pero ninguno me saco lágrimas de emoción como Gilles no hay mas palabras solo lágrimas
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Imagen de ROB1982
Fantástico artículo. Piel de gallina con el giro final que desconocía de los hermanos Gilles y Didier, sumado a la ya de por si emocionante historia de Jacques. Bravo!
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Imagen de vicdac
Impecable, para aquellos que lo vimos correr no habrá otro igual, mi máximo ídolo deportivo, todavía guardo un inmenso mural con una espectacular largada de un gran premio de Brasil del 81 o 82 en la que saltó desde la tercera fila a la punta,aunque después abándono. Por él amo la F1, por él me hice "tifosso" hasta estos días. Muchas gracias por tan bella nota!
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Imagen de GV27
Gilles un grande con pocas victorias pero que nos regalo mucho. Solo valia la carrera sin especular..... Solo valia el domingo, sin pensar en el campeonato..... Por siempre Gilles
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