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Volkswagen W8: un experimento algo fuera de lugar

La mecánica W8 de Volkswagen ha sido única en su especie

Se ofreció como variante tope de gama en el Passat B5

AmpliarImagen en la que se aprecia con claridad la disposición de V "cerrada" del W8 - SoyMotor.comImagen en la que se aprecia con claridad la disposición de V "cerrada" del W8

Con la llegada del nuevo siglo, el grupo Volkswagen parecía más vivo que nunca y dispuesto a afrontar locuras tales como el resurgir de Bugatti con un motor W18, la reciente adquisición de Lamborghini o la creación de un superdeportivo propio. Entretanto, en 2001 llegaba al mercado una variante del Passat con una mecánica muy particular, algo que no se había visto y que no se ha vuelto a ver: un W8.

Como explicamos en este artículo, las configuraciones de motor en V o W obedecen a términos de espacio. Volkswagen es la auténtica referencia en este campo con creaciones de todo tipo. En el caso de hoy vamos a destacar los motores VR6, mecánicas de seis cilindros que, debido principalmente a su estrecho ángulo entre bancadas, permitía acomodar todos esos cilindros en un vano diseñado originalmente para cuatro, tal y como el del Corrado donde debutó.

Para el mencionado W8, la firma cogió un par de estos VR6, eliminó dos cilindros de cada uno, los colocó a 72 grados y los unió mediante un cigüeñal. De esta manera, el Passat podía acomodar todo un ocho cilindros en un vano cuyo mayor motor planeado era un V6 de 3.0 litros. Pero, ¿a qué obedecía este movimiento? Básicamente a los designios del máximo responsable por aquel entonces y personalidad irrepetible del mundo del motor, Ferdinand Piëch.

Él quería que la marca del ''coche del pueblo'' ofreciera también posibilidades para la gente de clase más alta. De aquella idea surgió el denostado Phaeton, pero también la creación de este singular W8 dirigido a ser un paso intermedio. Y, aunque no fue tan rimbombante como en el caso de la limusina, igualmente fue un fracaso comercial.

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En cuanto a sus características, cubicaba 4.0 litros, 275 caballos y 290 Newton metro desde 2.750 revoluciones por minuto. Queda claro que, al ver las cifras que pueden extraer hoy día los fabricantes de sus motores, está algo lejos de la eficiencia que se estila a día de hoy. Se ofertaba tanto con la carrocería berlina como la familiar, aunque únicamente con el acabado máximo de gama con un interior forrado en piel.

Al asunto de la eficiencia se le sumaban las taras de ser un motor prácticamente experimental, como la fiabilidad o un consumo que difícilmente descendía por debajo de los 13 litros cada 100 kilómetros. A ello también hay que sumar que las tasas de revisión y reparación eran, y son, más costosas de lo habitual.

Finalmente, en cuestión de precios, al momento de su puesta de largo costaba lo mismo que las berlinas premium alemanas típicas del segmento D, como los Mercedes–Benz Clase C, el Audi A4 o el BMW Serie 3. ¿Y quién se decidiría por un Volkswagen teniendo a su disposición cualquiera de estas marcas, con más caché? 

Lo positivo es que el Passat W8 ha sido carne de depreciación, y si cualquier persona quiere hacerse con un pedazo de historia de la automoción alemana tiene ejemplares en buen estado entre los 5.000 y los 7.000 euros.

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