Blog de Blancafort

14
May
2022

El WRC celebra sus 50 años... y yo también

AmpliarEl WRC celebra sus 50 años... y yo también - SoyMotor.comImagen de Raymond Blancafort junto a Carlos Sainz

La FIA organiza una ceremonia, cena de gala, para festejar los 50 años del Mundial de Rallies este miércoles. La lista de excampeones es extensa, espectacular, y la exposición de coches que han hecho historia en el Mundial también lo será.

Emociones, recuerdos. Lo confieso, los rallies son mi debilidad, quizás porque corrí de ‘copi’ durante muchos años, un centenar de pruebas en mi carnet, una victoria, dos segundos puestos, varios terceros y victorias de grupo.

Pero, de repente, un flash. ¡Si a todos estos tipos les vi correr en vivo y directo! A muchos de ellos les he entrevistado o he tenido momentos especiales… incluso me he subido de ‘copi’ para una vueltecita de demostración: de Sainz a Rovanperä (padre) pasando por Auriol, KKK, Delecour, Panizzi, Biasion, etc. Pero si todos estos coches los vi correr… y me he subido en alguno. Y uno cae entonces en la cuenta de que el tiempo pasa y tiene ya cierta edad y sólo espero, como ellos, hacer honor al dicho "quien tuvo, retuvo".

De todos los campeones que estarán en esta gala, mi favorito es Stig Blomqvist, quizás por aquello que ‘el primer amor nunca se olvida’. Ese piloto al que otro campeón, Hannu Mikkola, definió de maravillas: "A Blomqvist le gustan los rallies, el alcohol y las mujeres… ¡pero no sé en qué orden!". Sus hazañas a los mandos de los Saab primero, o con los rallies que, ya de mayor, hizo con el pequeño Škoda Favorit, por no hablar de los Ford Sierra y con los monstruosos Audi Quattro.

Los dos momentos de mayor emoción me los ha brindado Carlos Sainz. Pero no fue su primer título en San Remo, cuando con Emilio Pérez de Rozas y Josep Viaplana le esperábamos al final del tramo que le hizo campeón. Mi mayor emoción fue en el Acrópolis de 1990, su primera victoria, acompañado ya por Luis Moya. Algo increíble verle en el podio, oír el himno, ver subir la bandera… Abrazarle.

La otra, en aquel RAC Rally en el que el tercer título se le escapó a 800 metros de la meta del final de tramo; el coche mudo, aparcado junto al camino y un inmenso prado verde en ligera pendiente, con Carlos lejos del coche, sentado en la hierba de espaldas a él, la cabeza entre ambas manos y seguro que mirando al infinito. Estábamos todos los enviados españoles allí; ninguno tuvimos ‘cojones’ de acercarnos a él, hasta que finalmente descendió… ¡no hicieron falta palabras! Una emoción totalmente opuesta a la primera, por supuesto.

Satisfacción al ver a Chus Puras, Dani Solà, Dani Sordo, Xevi Pons y ‘Copi’ Capdevila luchando por victorias y títulos, aunque fueran de su categoría.

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Recuerdo mi primer Montecarlo, compartiendo coche con el fotógtafo, Jordi Bru, alías ‘Tribulete’, siguiendo el rally tramo a tramo, en Saint Bonnet le Froid, enterrados en nieve hasta la cintura… y en el Turismo cogiendo a espectadores en autostop para subirles de Peïra Cava al tramo –aunque sólo pudimos llegar a 2 kilómetros de la cima–. No cabía un alma, italianos a un lado, franceses en otro, Lancia contra Alpine, batalla de bolas de nieve. Cuando llegamos, no había sitio, no había forma de colocarse en primera fila para hacer fotos. Pero un par de botellas de Fundador fueron más eficaces que cualquier pase; Jordi estuvo en primera línea haciendo fotos y yo sentadito junto a un barril abierto por la mitad en el que quemaba un buen fuego.

Recuerdo el penúltimo, cuando en la sala de prensa de Gap tras la primera etapa, me encontré a Nacho Villarín, en su primera prueba del Mundial. Había venido con el jefe de ‘Revista Scratch’, Ferrán Forés, pero a éste no le habían dado acreditación por una razón absurda y decidió volver a Barcelona. Nacho estaba destrozado, así que le dije: "Tengo coche y habitación doble en todas las etapas. Si quieres, te vienes conmigo". Así comenzó una bonita amistad.

¡Ah, aquellos rallies! Los de mis inicios, no los de ahora. Tenías que ir de tramo en tramo, buscando las asistencias, yendo a los finales de tramo a preguntar a los pilotos qué les había pasado y a los copilotos los tiempos para ir llevando una clasificación. Rallies largos, de noche en su mayor parte… en los que ibas con la Olivetti –en ocasiones escribiendo en el coche– e ibas por la sala de prensa sobornando –botella de coñac o frasquito de colonia– al encargado o encargada del télex para que te colara la crónica. Sí, télex; no es que no hubiera móviles, sino que ni siquiera se había inventado el fax. Con suerte tenías la alternativa de dictar la crónica por teléfono deletreando los nombres de tramos y pilotos para que el taquimecanógrafo o el telefonista no erraran.

Entonces no era necesario pasar por los jefes de prensa. Los pilotos eran todos accesibles, incluso los jefes de equipo. Recuerdo que en mi primer Montecarlo encontré a Cesare Fiorio –el jefe de Lancia– y Sandro Munari, el ganador, saliendo del hotel, me acerque y pregunté, me atendieron de maravilla.

Y, eso sí, eran físicamente mucho más cansados que ahora. Etapas mucho más largas en tiempo y en kilometraje. Rallies lineales, durmiendo cada noche en sitios distintos, a los que llegabas cruzando los dedos para que te estuvieran esperando… y la mayoría de las veces con un mal bocata pillado en una gasolinera.

Recuerdo que un en un RAC dormíamos en un pueblo perdido de Escocia a casi 50 kilómetros del final de etapa. Apenas habíamos comido entre medias y con Albert Bertrán esperábamos que el pub del pueblo estuviera abierto aún. Llegamos y estaban cerrando; la dueña nos dijo que estaba ya cerrado y soltamos una exclamación: "¡Cullons! Quina mala sort. Avui tampo sopen" (Cojones, qué mala suerte. Hoy tampoco cenamos). Y al quedarnos en desolado silencio sonó una voz del interior: "¡¡Catalans!!" Per vosaltres sí que i ha sopar" (Catalanes, para vosotros sí que hay cena). El marido de la dueña era catalán, de Lloret –"ella va venir de vacances y ja veus" (Ella vino de vacaciones a Lloret y ya ves)– Cenar, cenamos. Lo que no hicimos fue dormir, dando palique varias horas.

Otra noche de infarto fue en Kielder, en el RAC también. Entonces compartía coche que Josep Viaplana –buen amigo y nos llevábamos muy bien aunque yo era de Mundo Deportivo y él escribía en Sport– y cuando ya salíamos de aquel espectacular bosque escocés oímos por la BBC que Sainz había abandonado en el tramo. ¡Media vuelta! A buscarlo. Lo encontramos en la asistencia, capó de su Toyota levantado y cara de impotencia. Un par de preguntas, un lo siento… y salir corriendo porque sólo eran las dos de la madrugada y entonces hasta las tres o las cuatro de la madrugada no se cerraban definitivamente las ediciones. Encontramos una cabina perdida a la salida del bosque, de esas inglesas, rojas… pero no teníamos suficientes monedas –repito, no había móviles aún y la sala de prensa estaba demasiado lejana–, así que juntamos todas las monedas y pudimos llamar. Pasamos una sola crónica, corta y de urgencia a Mundo Deportivo y desde allí la pasaron a Sport. ¡Pero por la mañana los aficionados pudieron enterarse de que Carlos había abandonado!.

Y un San Remo, lloviendo. Los coches aparcados en un inmenso prado desde donde partía un camino –puente incluido– que llevaba al tramo. Como iba solo y no tomaba fotos, tras ver a los primeros dije a Pipo, Esteban Delgado y Javier Bueno, "chicos, yo me vuelvo". Localizar el coche no fue fácil… pero el terror llegó cuando no encontré las llaves del coche en el bolsillo de mis acartonados (por el barro) tejanos. Me revisé tres o cuatro veces… no había llaves. Decidí volver al tramo, alguno de los compañeros me llevaría y ya vendrían los de Avis a rescatar el coche. Y, de repente, al pasar por el puente, noté un pinchazo: allí, enterradas en el barro, ¡estaban mis llaves! Ver para creer.

Anécdotas que hoy te hacen reír, pero que te hicieron pasar algún susto. Como el día que el imperturbable Juha Kankkunen ‘atropelló’ a mi mujer en Australia. En la fila de un control, KKK hizo marcha atrás para salir de la fila, sin percartarse que estábamos hablando varios a su espalda; tocó a ‘la jefa’ y cayó al suelo, sin importancia.

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O ver a los mecánicos de Toyota desesperados en los test por lo que les hacía trabajar Sainz y ver cómo KKK se limitaba a decir "el coche va bien" y si le preguntaban qué reglajes prefería decía: "los que elija Carlos", mientras encendía un cigarrillo y preguntaba por el campo de golf más cercano, no fuera que se quedara sin luz diurna.

Ver la cara desencajada de Didier Auriol al acabar los tramos, la de ‘loco’ de Delecour o Panizzi, las risas de Salonen –siempre con el cigarro–, la exquisitez de Vatanen y la imagen impoluta de Kankkunen, que parecía ir a tomar la salida de una especial en lugar de haber atravesado la meta... ni despeinarse oigan.

Y algo muy especial, una sensación casi de derrota, de tristeza, pero a la vez de orgullo. El día que el RACC absorbió el Rally Costa Brava para llevarlo al Mundial. El Costa Brava tenía coeficiente máximo del Europeo, condición en su dia imprescindible para optar al Mundial, y el Catalunya no. Pero la Penya 10 por Hora estaba casi en quiebra y no había otra. Y es que yo fui de la Comisión Deportiva de la ‘10 por Hora’, integrante de la organización del primer Costa Brava campeonato de Europa, el que ‘descubrió’ –junto a Ramón Rossinés– el tramo de tierra que bautizamos como Les Corbes y que después se llamó El Subirà. Allí hice de todo: rutómetros, ayudar a confeccionar reglamentos, ir a buscar pilotos extranjeros al aeropuerto, estar en la base confeccionando clasificaciones y después como jefe de prensa… incluso llegué a correrlo. Así que era un poco mío.

Recuerdo a Rizos Muñoz y a Javier Bueno, que tanto me ayudaron. También a Pipo López, otro incombustible. A Maurizio Ravaglia y Guido Rancati, con los que hice buena amistad, también a Martin Holmes y Hugh Bishop… y al buenazo de Barnard Gautier, de L’Equipe, o a Jean Paul Renvoize, de Autohebdo. A Jordi Viñals, que me fichó para Fórmula, y Xavier Ventura, que lo hizo para Mundo Deportivo. A Josep Viaplana, con el que compartí coche e incluso habitación muchas veces. Y a Esteban Delgado.

He tenido la suerte de ver crecer los rallies, de vivir la épica de los mismos en la gran época, cuando eran pruebas no sólo de velocidad sino también de resistencia, más de ritmo que de sprint. Recordar la cara desencajada de Auriol a final de tramo.

Quizás, cuando sea más mayor, me decida a poner todo esto en limpio y en un libro. Pero, por el momento, prefiero seguir disfrutando de las carreras –rallies y F1, pero también resistencia o turismos– en vivo y en directo.

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4 comentarios
Imagen de juanlario

Estupendo artículo Raymond. Gracias por compartir con todos los lectores de SoyMotor tus recuerdos. Enhorabuena.

Imagen de Súper Jay

Un buen libro te transporta, pero las vivencias y muy interesantes experiencias son aún más apasionantes, intentaba imaginar el barro, la simplicidad de la época, lo accesible que eran los personajes y protagonistas del momento, todos esos cuidadosos detalles narrados en este pedacito de historia personal, simplemente te mantiene entretenido poniendo a volar la imaginación, en hora buena señor Blancafort por todos esos años en un mundo tan apasionante como es el del motor, un cordial saludo.

Imagen de JBL Valencia

Bonitos recuerdos.
Enhorabuena Raymont

Imagen de Grant Green

Señores españoles. Me permito la licencia de opinar respecto de vuestro automovilismo deportivo. Para mí, el mejor piloto que han tenido, en su historia, integrando todas las categorías, es Carlos Sainz.

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