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Lister Storm: el F40 británico

Contaba con un motor V12 de 7.0 litros de origen Jaguar

Su alto precio de venta condenó su éxito comercial

Tuvo una segunda oportunidad como coche de carreras, en liza hasta 2006

AmpliarLister Storm: el F40 británico - SoyMotor.comLister Storm: el F40 británico

El Lister Storm estaba llamado a romper moldes aunque finalmente no tuviera mucho éxito. A principios de los 90, un coche que superase los 320 kilómetros/hora ya se consideraba un auténtico misil en el pináculo de la automoción. Por ello, un cuatro plazas capaz de superar esa cifra era lo nunca visto.

La situación actual de la firma Lister es la de una empresa en renovación, en busca de aire fresco. En su catálogo podemos encontrar modelos modificados de Jaguar, como el LFT-666, un deportivo sobre la base del Jaguar F-Type con 666 caballos y su homólogo descapotable, que ha comenzado su vida comercial este verano, a un precio no inferior a los 160.000 euros.

Y los planes van más allá, ya que su nuevo CEO, Lawrence Whittaker, anunció que el futuro de la firma pasa por una versión actual del Knobbly, un 'sports car' de finales de los años 50 con el que lograron sus mayores éxitos. A finales de 2017 ya realizaron 10 ejemplares adicionales con las piezas y moldes que todavía quedaban en la fábrica, pero la verdadera intención es llevar a cabo una versión moderna del mismo.

No obstante, la joya de la corona de este renacer es el Storm II, un bólido de más de 1.000 caballos y 2 millones de euros que no se espera para antes de 2021 y del que el propio Whittaker ofreció un anticipo en forma de render a través de su cuenta oficial de Twitter. Como bien indica el apelativo 'II', se trata de una segunda generación, un homenaje a su primer modelo propio de calle, que en 1993 entró en escena como una tormenta, pero que escampó demasiado rápido.

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UNA TORMENTA NO TAN PERFECTA

El Storm tuvo el acierto o el desatino de llegar al mercado en una época marcada a fuego por la batalla de los hypercars por ser el modelo de calle más rápido del momento. El Lamborghini Diablo, Bugatti EB110 o McLaren F1 son sólo algunos de los nombres de esta lista, por lo que el Storm debía hacerlo realmente bien para poder despuntar ante tal competencia.

El ingeniero detrás del proyecto, Laurence Pearce, decidió entonces que la ubicación del motor fuese en posición delantera, cuando la gran mayoría de los competidores lo ofrecían montado por detrás del conductor. La mecánica escogida tampoco era baladí, pues se trataba del motor V12 del Jaguar XJ-S modificado hasta los 7.0 litros, un motor bastante parecido a los modelos Jaguar ganadores de Le Mans de aquellos tiempos. Ello le sirvió para convertirse en el motor V12 más grande puesto en un coche de producción desde la Segunda Guerra Mundial en el momento de su puesta de largo.

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En total, rendía 553 caballos y 790 Newton metro de par que, con un peso en vacío de 1.664 kilos, le permitía acelerar de 0 a 100 kilómetros/hora en 4,1 segundos y alcanzar una velocidad punta de 335 kilómetros/hora, lo que nos lleva a la segunda de las particularidades de este modelo: se trataba de un 2+2, el más rápido de la época, un título que mantuvo en sus manos hasta bien entrado el nuevo siglo. Hoy en día, el cuatro plazas más rápido del mundo actualmente es el Bentley Continental Supersports, cuya velocidad punta de 336 kilómetros/hora no es tan superior a la del Storm.

La carrocería y el chasis también se fabricaron de materiales compuestos como el kevlar o la fibra de carbono y se ensambló de manera artesanal en su factoría de Cambridge, Reino Unido.

Pero todo aquello había que pagarlo, y el precio no era precisamente barato, unos 490.000 euros al cambio actual si aplicamos la inflación de la moneda, un precio tres veces mayor que el del Ferrari base de la época, el 355. Esto, unido al poco reconocimiento de la marca y a la semejante talla de sus rivales, lastró cualquier indicio de éxito comercial, pues únicamente llegaron a ensamblarse cuatro unidades.

No obstante, el coche era bueno, tenía potencial. La prensa que pudo conducirlo constataba que tenía "el embrague algo duro" y que a bajas velocidades "traquetea un poco y la dirección es demasiado ligera". Pero se conducía bien, era rápido como el que más y el efecto suelo que generaba aportaba agilidad, también gracias a su contenido tamaño, a pesar de albergar un V12 en sus entrañas.

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SEGUNDA OPORTUNIDAD

Tras el fracaso, la empresa no cedió y apostó por darle al Storm otra oportunidad en el mundo de la competición en la categoría GT1 de Le Mans. No obstante, el Storm GTS tuvo un debut nefasto: no consiguió finalizar ninguna de las carreras en las que tomó parte durante 1995 y 1996, a excepción de las 24 Horas de Le Mans de ese último año, donde acabó decimonoveno, a casi 60 vueltas del ganador.

La firma continuó el desarrollo del vehículo, pero siempre se encontraban con problemas en pista que no les permitían siquiera terminar las carreras, y así continuaron hasta 1999. Entonces anunciaron que participarían en el Campeonato FIA GT en la categoría GT2, y la situación comenzó a remontar. Firmaron cada vez mejores resultados hasta conseguir varios podios durante aquella temporada. Y finalmente, en el año 2000, se erigieron como el equipo a batir, con el Campeonato de Equipos a finales de ese año. Por entonces, dotado de apéndices aerodinámicos por toda su fisonomía, el Lister Storm ya era una especie de Ferrari F40 con motor delantero y el espacio interior, ¡un espécimen bien curioso!

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Mención especial al piloto español Carlos Palau, que tomó parte en las filas del equipo en la primera ronda de la temporada en el circuito de Cheste, donde se llevaron la victoria. El conocido piloto y presentador Tiff Needell también participó aquella temporada a los mandos del Storm, concretamente en la sexta ronda celebrada en el circuito de Zolder, Bélgica. El coche permaneció en liza bajo el mando de varios equipos de competición hasta el año 2006, cuando la firma decidió centrarse en el desarrollo del Storm LMP, una barchetta con la que quisieron competir en Le Mans y que sólo compartía el nombre con nuestro protagonista.

De vuelta a los modelos de calle, se estima que actualmente únicamente sobreviven tres de las cuatro unidades fabricadas y, pese a su innegable exclusividad, el valor que los coleccionistas otorgan a este coche está bastante por debajo de aquél que tenía recién salido de fábrica, como se pudo comprobar en una subasta el pasado año, donde una unidad con apenas 50.000 kilómetros se vendió por 170.000 euros en una subasta. Su condena fue no llevar un 'Cavallino Rampante' en su frontal.

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1 comentario
Imagen de obejota
Que mal gusto y vista en la comparación del titular
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