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Maserati Buran: cuando la firma del tridente planeó fabricar un monovolumen

Era el proyecto de un coche familiar antes de decantarse por el Quattroporte

Se diseñó en Italia pero fue construido en Estados Unidos, el mercado objetivo

AmpliarSe decidió por el formato de monovolumen ya que era la moda de la época - SoyMotor.comSe decidió por el formato de monovolumen ya que era la moda de la época

Vivimos actualmente una época repleta de cambios para el mundo del automóvil. Muchos fabricantes han dejado de pedigrí deportivo han expandido su horizontes para fabricar SUV, la moda de la actual década, y asímismo han comenzado a electrificar sus modelos. Maserati no es ajena a ello, pero resulta que a comienzos de siglo ya vio en la moda de los monovolúmenes una oportunidad de reflote, por lo que llegó a plantear uno propio, el Buran. Lo recordamos en estas líneas.

Electrificación y SUV, tal vez las palabras más temidas entre los amantes del motor y los más fervientes admiradores de las firmas con historia y pedigrí. Entre ellas se puede contar a Bentley, Lamborghini o Porsche, ésta última pionera en el campo, pues fue la primera marca no generalista y enfocada en deportivos en lanzarse al mercado de los SUV con el Cayenne en 2003 –si obviamos la limitadísima tirada del Lamborghini LM002 a finales de los 80–.

Recientemente, ha vuelto a hacer historia al comercializar su primer eléctrico puro de grandes aspiraciones deportivas, el Taycan, no sin causar un gran revuelo entre los aficionados, pero con gran acogida al fin y al cabo. Pero hoy no estamos aquí para hablar del reciente lanzamiento de la firma de Stuttgart, sino para mirar atrás y recordar un segmento que estaba muy de moda a finales de los 90 y comienzos de siglo, tan temido o más que los SUV: los monovolúmenes.

Maserati siempre ha sido una marca tradicional, como bien atestiguan sus 105 años de historia dedicados a fabricar coches en la soleada Toscana italiana, por y para auténticos apasionados del motor. Pero los vientos de cambio empiezan a soplar, y la firma del tridente ya ha anunciado su estrategia para los próximos años bajo el auspicio del Grupo PSA–FCA, consistente en la hibridación y electrificación del 100% de su gama y cuyo primer representante será el Ghibli.

Su tradicionalismo ya quedó en entredicho por los aficionados con la llegada del Levante en 2016 –y que en verano espera recibir un 'restyling'–, su primer SUV de lujo que entró de lleno a batallar con los Bentley Bentayga o Range Rover Sport. No obstante, no muchos se acuerdan de que, a comienzos de siglo, Maserati ya se atrevió a coquetear con algo muy alejado de su zona de confort, un monovolumen de líneas curvas y simples al que bautizaron como Buran –un gélido viento que sopla en la estepa siberiana–.

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Un nombre bastante acertado, pues seguro que no pocos fueron los aficionados que sintieron como su sangre se helaba al contemplar en lo que se podía convertir una marca con la solera de Maserati ante la llegada del nuevo milenio. Ocurrió en el Salón de Ginebra, hace justo 20 años. Italdesign fue la encargada del diseño, por aquel entonces con Girogietto Giugiaro a la cabeza del equipo, mientras que el ensamblaje se realizó en la lejana California, puesto que el mercado americano era el gran objetivo del proyecto. Muestra de ello, era su inspiración en los taxis de la Gran Manzana de mediados de los 70.

Ideada para ser la oferta familiar de Maserati, presentaba unas líneas muy cercanas a las de un monovolumen –otrora, la moda entre los vehículos familiares de la época–. Sus dimensiones hablaban por sí mismas: cinco metros de largo, dos de ancho y 1,63 de alto, con una batalla de tres metros para una gran habitabilidad.

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Aparte de por la practicidad de su carrocería, ofrecía un diseño bastante distinguido dentro de su gama. Las ópticas delanteras eran completamente nuevas y marcaban fuertemente la tira de los intermitentes, mientras que el extendido parabrisas proporcionaba gran iluminación al interior. La trasera era más redondeada, con una zaga muy limpia, así como salidas de escape y ópticas alargadas –con tecnología led–. La ventana trasera caía casi en vertical, al estilo del Renaul Megáne de aquellos años. Lo que no variaba era la tradicional parrilla de Maserati con el tridente en el centro.

Para acceder al interior, y para diferenciarlo de cualquier berlina de representación, las puertas traseras eran correderas. La apertura del maletero no era un portón al uso, pues no integraba la luneta trasera, sino que se trataba de una tapa que se movía hacia fuera y hacia arriba para no importunar a los ocupantes en caso de mal tiempo. Ambos elementos eran de accionamiento eléctrico, una función que no se ha comenzado a extender hasta hace relativamente poco.

Una vez dentro, los que pudieron sentarse admiraban la sensación de espacio y la calidad que se respiraba. La madera lacada se unía al ante de color marrón y al aluminio para poblar tanto el salpicadero y las puertas como el volante. Un detalle muy propio del segmento al que aplicaba era el pomo del cambio ubicado en el salpicadero.

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Bajo el capó palpitaba el mismo motor que montaba el Maserati 3200 GT, un V8 con 370 CV, solo que en esta ocasión derivaba esa potencia permanentemente a las cuatro ruedas, en lugar de únicamente a las de atrás, a través de un cambio automático de seis velocidades.

Finalmente, el proyecto no siguió adelante por estos derroteros sino que tomó forma, ya para el año 2003, en la quinta generación del Quattroporte, con una mentalidad igualmente familiar pero a través de unos estándares mucho más cercanos a la filosofía tradicional de la firma de Módena.

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1 comentario
Imagen de Porsche917
Un poco mas generosa la parrilla delantera y lo compro
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