GP Hungría F1 2021
CURIOSIDAD

Dos hombres, un Renault 4 y un destino: cruzar Europa

Los mayores problemas en el viaje fueron los atascos

Su próxima aventura será dentro de dos años

AmpliarDos hombres, un Renault 4 y un destino: cruzar EuropaJuan Antonio y Carlos Álvarez © Fotos cedidas por sus protagonistas

Juan Antonio y Carlos Álvarez son dos hermanos del municipio de Yepes, una población de 5.000 habitantes en la provincia de Toledo, en pleno centro de la península. Uno trabaja para la administración de loterías y el otro tiene un negocio de carpintería de aluminio pero sobre todo, son aventureros. Tienen esa chispa en su interior que les impulsa a afrontar retos casi imposibles. Y Soymotor.com ha hablado con ellos para que nos explicaran el último que han realizado.

Como un Don Quijote y Sancho modernos, su fiel compañero de fatigas es un Renault 4 de 1980, que tiene una historia preciosa. El coche estaba olvidado en casa del padre de un amigo de Juan Antonio, e iba a ser llevado al desguace. Al fin y al cabo, el 'cuatrolatas' era y es un coche viejo. Pero el amor por el automóvil hizo que, por la simbólica cantidad de un euro, Juan Antonio lo adquiriese y lo sometiera a una puesta a punto para devolverlo a la vida. Y él sería el protagonista de las andanzas de los dos hermanos.

Cada dos años, estos yeperos deciden afrontar un nuevo reto con su fiel Renault de apenas 800 centímetros cúbicos y 27 caballos. El de este año era cruzar Europa, desde Yepes hasta Skagen, una población en el extremo norte de Dinamarca que da nombre a un cabo. Son 3.000 kilómetros de ida, y otros tantos de vuelta. Pero no se trata de hacer un viaje sin más, sino con un fin solidario. Este año, a través de una cuenta corriente, querían recaudar al menos un euro por kilómetro a favor de Cruz Roja, de Cáritas y de la fundación AMAFI, que se dedica a mejorar la vida de personas con distintas discapacidades. 

© Juan Antonio y Carlos Álvarez

Ellos ponen parte de su patrimonio en estos viajes, y no tienen ningún tipo de beneficio. Pero sin la ayuda y el apoyo de sus patrocinadores, de sus conciudadanos, no podrían afrontar estos viajes que son toda una prueba de resistencia humana y mecánica. Y a ellos les están siempre agradecidos. De modo que pusieron a punto el Renault, que está en estado original salvo un par de modificaciones: unas rejillas en la aleta izquierda para disipar el calor del escape, y otra en el capó motor para mejorar la refrigeración. Bueno, y el lujo de una radio moderna y puertos usb para los aparatos de navegación. El resto, es un coche de 1980 por las carreteras modernas.

El 6 de abril de este año arrancaron el pequeño cuatro cilindros del Renault, y se pusieron rumbo a Dinamarca. El plan era hacerlo en nueve etapas, y lo cumplieron: de Yepes a Sainte Eulalie, ya en Francia, para afrontar después el Macizo Central hacia Lyon, Ginebra y Lausanne hasta Saint Legieer, en Suiza. Luego Laufach, cerca de Frankfurt, Hamburgo y destino a Skagen. El coche no dio ni un solo problema, aunque se llevaron un pequeño susto. Un puente del ventilador, por el calor, flexaba y tocaba con las aspas. El ruido les hacía pensar en una avería importante, hasta que descubrieron que no era nada grave, y lo repararon sin dificultad.

© Juan Antonio y Carlos Álvarez

Porque el Renault, al que ellos le dan todo el protagonismo de la historia, les ha demostrado ser un coche robusto y fiable. Hace dos años, en Alemania, sí que les dejó con el pie en tierra porque un pistón falló, pero aun así, el fiel 'cuatrolatas' los llevó hasta el hotel, y allí expiró su último aliento. Pero una vez reparado, volvió tan fuerte como siempre, y lo demostró con creces en este viaje.

Allí, en Skagen, un lugar alejado en el que el viento helado del Mar del Norte silba con fuerza, con dos mares juntándose, tuvieron esa recompensa interior de haber logrado llegar. Los tres. Pero era sólo la mitad del viaje. Tocaba volver, por una ruta ligeramente distinta: Hamburgo, Lille, París, Anglet, Arganda del Duero, y finalmente, el día 17, Yepes, con el caluroso recibimiento de su gente, con la satisfacción de haber logrado algo especial otra vez. En un coche cuya velocidad máxima no alcanza los 120 kilómetros/hora.

Los mayores problemas en el viaje fueron los atascos. Tuvieron que soportar las retenciones de todas las ciudades de Europa, desde Lyon a Burdeos, de Frankfurt a Hamburgo. Pero si hay algo con lo que se quedan es con la gente, siempre dispuesta a ayudarles en su camino, la simpatía ante su desafío, y las fotos que las personas se hacían con el blanco Renault en sus momentos de reposo. Uno imagina al coche satisfecho y orgulloso de cumplir con su cometido. Y los pitidos de ánimo por la carretera, que no dan caballos, que no dan comodidad, pero son una muestra de cariño y respeto de las que empujan hacia adelante.

© Juan Antonio y Carlos Álvarez

Su próxima aventura será dentro de dos años. Como una espina en el corazón tienen el que con motivo del año de El Greco, por falta de presupuesto, no pudieron hacer el camino que separa el Museo del pintor en Toledo con la pinacoteca del mismo en Creta. Y eso está en sus planes. Pero también algo más ambicioso todavía, como es llegar al Círculo Polar con el Renault 4, hazaña para la que necesitarían adaptar el coche a las dificultades. O quizás ir hasta Inglaterra, antes de que se consume el ‘Brexit’, para tejer un puente de personas, no de nacionalidades ni de cuestiones políticas.

Mientras tanto, el simpático 'cuatrolatas' esperará con la humildad que siempre caracterizó a este coche el próximo desafío que sus dueños quieran plantearle. Dispuesto a demostrar que no son los años, ni las potencias, ni las comodidades o lujos, las que definen a un gran coche. Y el Renault 4 lo es, con su mecánica honesta casi a prueba de bombas.

© Juan Antonio y Carlos Álvarez

Juan Antonio y Carlos Álvarez saben que su coche es su mejor aliado, y lo respetan y miman por ello. Amor por un vehículo que a punto estuvo de perderse. Son viajes duros, difíciles, en los que encontrarse a uno mismo y que forjan el carácter. Dos manchegos que colocan a su patria chica en el mundo a favor de buenas causas, y que hacen que el Renault 4 lleve impreso en su corazón mecánico lo que dijera una vez Don Quijote:

"Soñar el sueño imposible, luchar contra el enemigo imposible, correr donde valientes no se atrevieron, alcanzar la estrella inalcanzable. Ese es mi destino".

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