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Participamos en el 'estudio de la felicidad' con el Ford Focus RS

Ford ha realizado el estudio en colaboración con la Universidad de Belfast

Un coche equipado con un sistema de inteligencia artificial emocional

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Como ya publicamos hace unos días, Ford asegura que ha dado con la 'fórmula de la felicidad', así que nos hemos desplazado hasta el circuito del RACC en Madrid para participar en el experimento y buscar los momentos de 'subidón' al volante de un Ford Focus RS. ¿Los coches deportivos son la clave?

Dicen que el secreto de la felicidad se encuentra en los pequeños detalles y que no existe una fórmula mágica. Que cada uno debe buscar su propio equilibrio en aquello que le reporta bienestar, sin dejar que la adversidad y los contratiempos trunquen su paz interior.

Tal vez, a los menos espirituales, esto les parezca una sarta de simplezas y frases baladíes que no ofrecen una solución real a los problemas cotidianos. Es cierto, no resulta sencillo encontrar la felicidad, pero también es cierto que, para los que amamos los coches y el olor a goma quemada, conducir un modelo de 350 caballos y carácter deportivo, como el Ford Focus RS, nos reporta un conjunto de sensaciones sumamente placenteras que, sin duda, ayudan a pasar el día.

Hace unos días llegó a la redacción un comunicado de Ford que afirmaba que, según un estudio elaborado por su Centro de Investigación e Innovación de Aachen –Alemania– en el marco del proyecto ADAS&ME de la Unión Europea, "conducir un coche deportivo aumenta los momentos de 'subidón' y genera más adrenalina que la mayoría de actividades cotidianas".

Tras los primeros comentarios jocosos y confirmar un pensamiento compartido por la mayoría, nos decidimos a hacernos eco del comunicado y publicar un pequeño texto al respecto. Días más tarde recibimos la invitación de Ford para acudir al circuito del RACC en Moraleja de Enmedio –Madrid– y participar de una demostración del 'experimento' que tantas sonrisas nos había suscitado. Así, acudimos al lugar establecido en el momento indicado para dar testimonio de esta afirmación, para comprobar la verdad.

Al llegar a la Escuela de Conducción Segura y Eficiente del RACC en Madrid nos recibió Victor Piccione, gerente de comunicación de Ford España, que nos relató todos los detalles del estudio que Ford ha llevado a cabo en colaboración con la Universidad de Belfast y la empresa de biométrica y tecnología, Sensum.

Según nos relató, el objeto del estudio era medir las reacciones biológicas de los participantes ante distintas actividades cotidianas como ir de compras, participar en una clase de baile, besar a la pareja, montar en una montaña rusa, y ver un partido de fútbol o un capítulo de Juego de Tronos. Mediante una serie de sensores biométricos, los científicos del estudio habían registrado y valorado lo que han denominado momentos Buzz o de 'subidón', y establecieron una jerarquía de las emociones encabezada por el parque de atracciones.

A continuación, los mismos participantes habían vivido una experiencia de conducción deportiva a bordo de un Ford Focus RS, equipado con un complejo sistema de "inteligencia artificial emocional". De este modo, el denominado Buzz Car podía medir las reacciones de los 'conejillos de indias' y construir una animación luminosa mediante 188.416 leds dispuestos por todo el vehículo. A su vez, los datos registrados por los sensores se envían a un ordenador central que construye una gráfica de las emociones y la compara con el ranking anterior.

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Tras la completa explicación del estudio íbamos a tener a la oportunidad de probar por nosotros mismos el sistema y comprobar nuestro nivel de estrés y bienestar al volante del Ford Focus RS.

En primer lugar nos equiparon con sistema de pulseras y sensores que, según nos dijeron, es similar al que portarán los pilotos del Mundial de Fórmula 1 esta temporada. Éste iba a controlar nuestro ritmo cardíaco y la sudoración y electroconductividad de nuestra piel durante la prueba. Ya con todos los medidores activados, nos sentamos en el puesto de conducción del compacto del óvalo azul y nos invadió un sensación entre la calma y el nerviosismo. Intentamos relajarnos, pero las ventanas laterales y la luneta trasera del vehículo estaban completamente cubiertas por los paneles led que debían representar nuestras constantes, lo que nos generó una ligera sensación de ansiedad y claustrofobia.

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Antes de arrancar, nuestro instructor nos dio indicaciones sobre el pequeño 'circuito' de conos que nos disponíamos a recorrer: partimos de un pórtico y afrontamos un pequeño eslalon de cinco apoyos; tras éste, una sucesión de ‘puertas’ nos obligan a hacer los primeros giros cerrados; primero a la derecha, luego a izquierda. Llegamos al final de la pista y viramos para buscar el segundo pórtico. Nos advierte, "los paneles leds de las ventanas no nos van a dejar ver el vértice de la curva, así que tendrás que girar con fe", y vienen a mi memoria las anotaciones de Luis Moya a Carlos Sainz cuando corrían juntos en el Mundial de rallies. Se acaban las explicaciones, empieza la acción.

Arrancamos el motor 2.3 EcoBoost y notamos cómo se nos acelera el pulso, seleccionamos el 'drift mode' desde el botón junto a la palanca de cambios, metemos primera y salimos con prudencia; nos contenemos para evitar la pérdida de adherencia de las 'gomas' en frío.

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Afrontamos los primeros cambios de apoyo y, rápidamente, nos percatamos de lo inmediata que es la dirección. El coche cambia de rumbo sin problema y no se aprecia el más mínimo subviraje. Poco a poco incrementamos el ritmo y atacamos los giros con más contundencia para comprobar hasta dónde nos van a 'perdonar' los neumáticos Michelin Pilot Sport 4S de 235/35 R19. Nos dirigimos al segundo 'tramo' y ganamos confianza. Pasamos las barreras y terminamos la 'vuelta de reconocimiento' para detenernos de nuevo en la línea de salida.

 

 

Ahora sí, gas y salimos quemando rueda desde el primer momento. Llegamos al primer cono, izquierda, segundo cono, derecha. El coche va por dónde queremos. Levantamos un poco para hacer el giro de final de pista y camino de vuelta. Son giros de 180 grados y tenemos que lanzar el coche para sobrevirar y colocarlo en dirección contraria antes del siguiente golpe de volante.

Tras varias tandas a un ritmo frenético, nuestro pulso está disparado, sudamos y los indicadores luminosos en el exterior del vehículo parecen un árbol de navidad. Nos habíamos olvidado por completo de los sensores biométricos, que no cesan de enviar lecturas al los indicadores del coche y el ordenador central, pese a haber 'perdido' uno de ellos en el fragor de la batalla.

Want to Feel Good? Forget Kissing, Football and Dancing –...

Tras bajarnos del coche y desprendernos del cableado que nos monitorizaba tenemos calor, aunque nos encontramos a la intemperie en las afueras de Madrid y en plena ola de frío polar. Ha sido una experiencia corta pero intensa. Hemos disfrutado y, aunque seguimos sin tener claro cuál es la 'fórmula de la felicidad', sí estamos convencidos de que conducir un coche de caracter deportivo puede hacer más llevadero el día a día y aportar algunos momentos de 'subidón' que nos esbozan una sonrisa.

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