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Querido Roland Ratzenberger

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Querido Roland Ratzenberger.... 25 años ya sin tu sonrisa afable. Podríamos decir que te hemos olvidado, y supongo que tú hasta nos perdonarías, ¿verdad?. Al fin y al cabo, al día siguiente de tu terrible pérdida, se fue uno de los más grandes. Si no fuese algo tan dramático, si siguieras aquí, uno casi te imagina gastando alguna de tus bromas, de esas de las que hablan quienes te conocieron. Pero fue una pesadilla.

Siempre he tenido la sensación de que sólo te lloramos un día, ¿sabes?. Sí, no es justo. Porque 24 horas después, el corazón de todo el planeta estaba pendiente de Ayrton, cuyo trágico desenlace ensombreció todo lo demás. Quizás puede sonar hasta lógico, pero no lo es.

Cuando un héroe del automovilismo, uno de esos amados por los aficionados, los Clark, Peterson, Villeneuve, Senna, nos han dejado, la tendencia natural del aficionado es a engrandecer su leyenda. ¿Pero qué pasa con lo que llamaríamos pilotos pequeños?

Bueno, tú no eras un don nadie, ¿verdad?. Tú eras un piloto hecho a ti mismo, con un sueño por cumplir: la Fórmula 1. Tu palmarés no era el más brillante, ni se hablaba de ti como un futuro campeón, pero tampoco era un mal bagaje el que llevabas a tus espaldas. Habías ganado carreras en casi todas las categorías en las que habías competido, y ganar aquel Fórmula Ford Festival de 1986 en Brands Hatch -sucediendo en el trono a un tal Johnny Herbert, y precediendo a un tal Eddie Irvine-, no estuvo mal. Por entonces era un trofeo prestigioso, y te abrió las puertas del equipo West Surrey Racing para la F3 Británica, curiosamente el equipo para el que Senna arrasó en 1983. No fue una maravilla de año, la verdad, pero algo verían en ti para darte esa oportunidad, no sólo el dinero de ATS, tu nuevo patrocinador.

Lo que más me asombra de ti, ahora que miro con retrospectiva, es que eras un verdadero amante del deporte del motor, y un piloto realmente versátil, que saltaba de monoplazas, a turismos, a F-3000, a sport-prototipos. Y no lo hacías nada mal, como el tercer puesto en el campeonato británico de F3000 en 1989, con victoria incluida, cinco podios y cuatro vueltas rápidas. El campeonato te lo ganó el hermano de tu futuro compañero de equipo, Gary Brabham. Me pregunto si charlaste alguna vez con nuestro Antonio Albacete, que andaba por esa parrilla por entonces. Seguro que sí.

Tampoco estuvo nada mal aquél 5º puesto en Le Mans, 1993, a bordo del Toyota. No puedo evitar pensar, salvando las distancias, que un tal Michael Schumacher tiene el mismo resultado, pero en 1991 y a bordo de un Mercedes oficial. Bueno, no se trata de comparar para revalorizarte ni nada por el estilo. Son cosas que se me vienen a la cabeza. Tampoco olvido que fuiste compañero de equipo de Eddie Irvine en 1992, en la misma prueba.

Andabas por Japón, buscando abrirte paso, como tantos otros –Irvine, Salo, Frentzen– en la Fórmula 3000. Y bueno, en 1993 no es que fueras el piloto a seguir, pero te las arreglaste para lograr algunos terceros puestos. Y entonces llegó la oportunidad…

Simtek no era el equipo que fuera a hacer gran cosa en 1994. Eran nuevos, y era la encarnación de aquél Bravo F1 español que nunca nació, que a su vez era la reencarnación del horrible Andrea Moda, y que ahora, de la mano de Nick Wirth, renacía como Simtek. El Simtek S941, sucesor del no nacido Bravo F1 S931.

El coche no era bueno, ni de lejos. Debías saberlo, debías notarlo al conducirlo. Pero era la puerta a la Fórmula 1. También sabías que no eras la primera opción para ocupar ese asiento, pero los candidatos anteriores no pudieron cumplir con los requisitos de patrocinio que tan modesta escudería demandaba. Tú les llevaste un presupuesto ganado con el sudor de tu frente para 5 carreras. O sea, en principio hasta España. Pero no lo dudaste ni un segundo, incluso para demostrar tu valía le diste una vuelta en un Ford Fiesta a un Nick Wirth que casi se muere del miedo. Tu determinación no debía tener límites.

Te imagino el día que firmaste el contrato, con tu sonrisa amplia y sincera. Te imagino pensándote como piloto de Fórmula Uno, por fin. ¡Qué difícil es cumplir los sueños, pero qué satisfactorio es verlos realizados! Pero aquel coche…

Aquel coche era un desastre. En Brasil no pudiste clasificarte, y tu compañero sí, aunque último. Aquello debió dolerte, ¿verdad?. Porque el sueño, pese a todo, iba a ser traumático. Pero tu confianza no debía tener límites, aunque tu modestia tampoco, y eras consciente de tus limitaciones también. Así que tu debut llegó en un circuito que me pregunto si conocías, el Tanaka International Circuit Aida, en Japón, para el Gran Premio del Pacífico. No debías conocerlo, digo, porque allí no corrió la Fórmula 3000 ni el Campeonato Japonés de Turismos. Quizás sólo se adaptaba mejor a tu estilo de conducción. Quizás el apoyo de la afición japonesa te insufló un plus. El caso es que al acabar las clasificaciones, ahí estabas: 26º y último, a 6,318 segundos del hombre de la pole, Ayrton Senna. El primero y el último, qué cosas.

Sí, tomaste tu primera salida y tras mucho luchar con el coche y su fiabilidad, llegaste a 5 vueltas del ganador, en decimoprimera posición… y último. En realidad, era un logro encomiable dado el material con el que contabas. Y el mejor resultado del equipo. Y uno de los mejores de su corta historia, pues a lo más que llegó tu equipo fue a un noveno puesto. No estaba nada mal. Podías estar orgulloso, y seguro que lo estabas.

Entonces llegó Europa. Llegó Ímola. Viendo el documental sobre Senna, no puedo evitar tener un escalofrío cuando a tu ingeniero le decías "tengo que calmarme". Qué duro debía ser vivir con toda esa presión. La de hacerlo bien en el seno del equipo para seguir viviendo el sueño, la de meter el coche en parrilla, la de destacar en las profundidades para encontrar algo de dinero con el que seguir corriendo.

Porque sí, eras un piloto de pago en la Fórmula 1. Uno más, de hecho. Había muchos. Y muchos sin tu palmarés, escueto pero digno. Labrado por méritos propios. No eras un mal piloto, Roland, no lo eras. Podríamos decir que eras un pequeño héroe, ¿verdad?. Porque todos los que estábais en la parrilla de la F1 érais héroes de los aficionados. Unos eran grandes, otros, como tú, más pequeños. Pero si estabas ahí, era porque podías hacerlo. Y no eras uno de esos pilotos absurdos que pagan su asiento y luego no saben qué hacer a bordo del monoplaza. Tú lo sabías bien. Con 33 años, nadie te iba a explicar cómo eran las carreras de coches.

Llegó Ímola, te digo. Desde el viernes la atmósfera debió de ser muy dura para todos vosotros, los pilotos, con el brutal accidente de Rubens Barrichello. No iba a participar. Eso dejaba sólo a un piloto eliminado de la carrera, de los dos que no tomarían la salida. Agridulce esperanza. Pero había que luchar por correr. Al fin y al cabo, Rubens estaba bien. No podías caerte de la parrilla.

¡Qué ironía! Nunca llegaste a saber que lo habías logrado, Roland, que te habías clasificado para tu segundo Gran Premio. Sí, otra vez último, pero allí hubieras estado. Sin embargo, el destino te arrebató el sueño.

Dicen los que lo vieron, y dice la telemetría de tu coche, que te saliste en el Acqua Minerali, y que después diste unos volantazos para ver si todo estaba en su sitio. Para decidir si entrar a cambiar algunas partes del monoplaza, o seguir adelante. Debiste sentir que todo estaba en su sitio, que podías seguir, y que no era necesario que vuestro pequeño equipo de 35 personas hiciera un esfuerzo en reparar quién sabe qué. Lo siento, Roland. Debiste calmarte, debiste entrar en boxes. Pero tú no lo sabías, y no te culpo. El destino es así, y cuando ocurre ya no nos permite rectificar nuestras acciones.

Enfilaste la recta de meta. Todo OK. A fondo con el acelerador, pasando por Tamburello. Y entonces, aquél estúpido alerón salió volando cuando estabas llegando a Villeneuve. Algo se había roto en aquella salida de pista, y no soportó las presiones aerodinámicas. ¿Qué podías hacer? Maldita sea. Pienso en si tú pensaste en por qué esa curva llevaba el nombre de Villeneuve. ¿Sabes que tuvo un accidente ahí? Tan parecido al tuyo… Era 1980, y también luchaba con un coche malísimo de nombre mítico. Se fue directo a aquél muro, el coche se desintegró, volvió a la pista… Pero Gilles estaba milagrosamente vivo. Perdóname, no pudiste pensarlo. Sólo pensarías en cómo salvar aquello.

310 kilómetros hora. Un golpe tan seco, tan brutal, tan horrible. Dios, soy un estúpido al pensar que, quizás por tu maldita obstinación, aún seguiste hasta Tosa. Perdóname, Roland, es un pensamiento horrible. Porque ya no estabas a los mandos, y tu coche era sólo un objeto movido por la cinética, rebotando en todos lados hasta que se paró. Tu cabeza descolgándose hacia un lado. Te habías ido, Roland, ya no estabas ahí. Fue la primera vez que me enfrenté a la muerte en mi querido deporte. Y era la primera en 12 años, al menos en competición oficial, sin contar entrenamientos privados.

Así, tan rápido como habías llegado, te nos fuiste. Tú, un hombre sencillo de sonrisa eterna que luchó por sus sueños. Que nunca se dio por rendido.

¿Sabes que Ayrton iba a dedicarte la victoria? Bueno, sí, seguro que ya lo sabes. Tuvo que contártelo al poco de llegar ahí arriba contigo. Seguro que te dio un abrazo enorme. Escucha, Roland, ¿sabes que un coche con tu nombre hizo podio ese año en tus queridas 24 Horas de Le Mans?. Sí, tu equipo de resistencia no te olvidó. Tenías que haber corrido para ellos, pero el equipo SARD Toyota tuvo que reemplazarte por tu buen amigo Eddie Irvine. Pero en el coche había cuatro nombres. Tú ibas a bordo. Y acabaron segundos. Y ese coche, tu coche, está en el museo del Automobile Club de L'Ouest, en el museo de Le Mans.

Gracias a ti, también, la F1 cambió de rumbo y se centró en ser segura para todos vuestros compañeros. No, no fue sólo por Ayrton. Antes de irse, él mismo había empezado a iniciar el cambio. Porque tú eras uno de los suyos. Uno de nuestros héroes.

Independientemente de lo que uno consigue en la vida, la forma en la que lo consigue, y el ejemplo que deja, es su mayor legado. Siempre fuiste honrado, humilde y sincero. Por eso tu recuerdo nunca se apaga en mi memoria, ni en la de los amantes del automovilismo. Porque fuiste el primer dolor de un fin de semana de pesadilla. Un gran dolor.

Querido Roland, me gusta ver tus fotos sonriendo, feliz tras el volante, enfundado en tu mono de piloto.

Nunca serás olvidado.

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11 comentarios
Imagen de 3V
Era superar al miedo o no pensar en el, por una pasión.
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Imagen de 3V
[#9 MarioMas] Un piloto de carreras no es tipo normal, tienes que estar un poco loco, más en esa época, nadie se quería golpea, pero no sabía si volvía, el riesgo de perder la vida era parte del escenario.
#1 piensas que no tenían miedo a sufrir un accidente? Creo que te equivocas. Eran seres humanos no máquinas.
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Imagen de MarioMas
[#1 3V] piensas que no tenían miedo a sufrir un accidente? Creo que te equivocas. Eran seres humanos no máquinas.
Querido J M Vinuesa, yo era muy joven, pero en los 70 la piel se te curtía año a año con este tipo de desgracias, muy bonito tu recuerdo, gracias.
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Imagen de Diablo
[#4 3V] ...la seguridad evoluciona, teniendo en cuenta esa premisa, entonces jamás debió suceder en 2014 la estúpida barbarie de los responsables de la seguridad que llevó a la muerte a Jules Bianchi en aquel GP de Japón. El recuerdo de la muerte de Ratzenberger y el drama de Barrichelo que por poco salió con vida, demuestra también aquella barbarie de la fom y fia, únicos máximos responsables de la inmediata posterior tragedia que sumó la muerte de Ayrton....La seguridad evoluciona sin lugar a dudas, lo que nunca evolucionará es el cerebro de quienes hacen sus negocios a costa de cualquier locura.....Mi recuerdo para Roland.
En seguridad todo es un proceso de evolución, acusan a la FIA por la grúa en el accidente de Jules, que miren por un momento, aunque sea por un sola vez el accidente de Tomas Maldwyn Price en kyalami 1977 y comenzarán a entender como se fue progresando paulatinamente en seguridad en este deporte.
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Imagen de GV27
* sin ser
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Imagen de GV27
Que buen tono del artículo, Se aportan datos importantes son seres un artículo de datos. Lo sentí tal como su título, la carta de un amigo a otro. Felicitaciones José Miguel
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Imagen de Olympic
Tendrían que ponerle su nombre a una curva del Red Bull Ring como ya la tiene Rindt.
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Imagen de 3V
En seguridad todo es un proceso de evolución, acusan a la FIA por la grúa en el accidente de Jules, que miren por un momento, aunque sea por un sola vez el accidente de Tomas Maldwyn Price en kyalami 1977 y comenzarán a entender como se fue progresando paulatinamente en seguridad en este deporte.
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Imagen de Baskf1
Eran pilotos curtidos...eran héroes.
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Imagen de Blacklabelbiko
Muy emotivo JMV. . mucho.. cada vida es tan importante como las demás, pero algunas muertes nos conmueven más que otras,, y no es por la importancia de la vida de c/u en sí, sino por el vínculo que nos unía a ella, es egoísta pero es así, lo digo con propiedad, puesto que he perdido héroes, como lo fue Ayrton, compañeros de trabajo, amigos y últimamente familiares..como seguro le ha pasado a muchos, c/u le dará la importancia que le merezca, eso es personal, pero nadie es ajeno a Jules, a Ayrton, a Roland, o a los que les precedieron, en cualquier categoria. QEPD.
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