vídeo

Un corto de alto octanaje: Wolf of the Autostrada

José Miguel Vinuesa
14/12/2017 09:12

Prácticamente en todas las épocas de la historia del automóvil hay coches apasionantes. Pero se puede argumentar que en los años ochenta es cuando tuvo comienzo la proliferación de supercoches tanto en rendimiento como en aspecto. Algunos de ellos se han reunido para protagonizar un corto delicioso: Wolf of the Autostrada.

Se trata de cuatro tipos que tienen que ganar una carrera para llevarse un maletín lleno de dinero. Pero no son cuatro tipos cualquiera: está el legendario piloto de pruebas de Lamborghini, Valentino Balboni, el probador oficial de RUF, Stefan Roser, y los pilotos Mirko Venturi y Sam Hancock. En sus manos, respectivamente, un Lamborghini Countach, un RUF CTR Yellowbird, un Ferrari Testarossa y un Aston Martin V8 Vantage.

Si hablamos del Countach, se trata de un modelo que realmente apreció en 1974, pero que a principios de los ochenta, y durante toda la década, fue un icono en sus múltiples evoluciones. Marcello Gandini creó una obra de arte para Bertone, y Lamborghini le sumó un motor V12 de 4.0 litros y 375 caballos como punto de partida –crecería y mucho con los años–, para crear un mito.

Si nos pasamos al RUF, apareció en 1987 como una versión extrema del, obviamente, Porsche 911, con un motor de seis cilindros bóxer de 3.2 litros, potenciado hasta los 469 caballos. Originales sólo se fabricaron 29, porque el resto son modificaciones posteriores. Contaba con una drástica reducción de peso, y era capaz de plantar cara a todo un 959.

El Testarossa, de 1984, es sin duda uno de los coches más famosos de Ferrari. Pese su motor V12 a 180 grados de 5.0 litros, y sus 390 caballos, fue su espectacular diseño, obra de, entre otros, Leonardo Fioravanti para Pininfarina, lo que atrapó los sentidos del público. Su toma de aire lateral, para la que se necesitaron horas de fuelle, es un canto a la escultura en un coche. Llegaron a devaluarse bastante, pero hoy han recuperado el valor que merecen.

Y el Aston Martin V8 Vantage es un auténtico ‘muscle car’, pero de origen británico. Surgido en 1977, es quizás el modelo de aspecto más sobrio de los cuatro, con líneas que tienden a la elegancia. Pero que no te engañe: en su vano motor esconde un V8 de 5.3 litros que entrega, en su última versión de 1986, 403 caballos. Un coche rotundo en el que el lujo –atención al salpicadero en maderas nobles– tiene más presencia.

Y ahí están, en plena carrera por el dinero. Por supuesto, carrera ficticia. Pero los puedes ver derrapar, escuchar el rugido de sus motores por debajo de la banda sonora de los ochenta que acompaña a la película, y admirar su imponente presencia. Hancock, todo elegancia en el Aston Martin, prefiere rechazar el dinero y seducir a una encantadora agricultora. Muy Bond.

Los italianos juegan entre ellos, hasta que el Testarossa falla. Pero a Venturi no le tiembla el pulso, y a punta de pistola le roba el Countach a Balboni. Esta es posiblemente la mejor escena, y la más curiosa, porque el bueno de Balboni repara al ‘enemigo’ Testarossa –un simple tubo se había soltado, se supone–, y se pone a los mandos del Ferrari. Pocas veces, si no es ninguna, habrás visto a Valentino a los mandos de un coche de Maranello.

La carrera la gana Roser con el RUF. Pero la sorpresa es que en el maletín no hay ni rastro de dinero, salvo un billete y un enorme embutido. Estafados. O quizás no. El desayuno en el elegante palacio que disfrutan los tres, tras haber gozado de estos coches por las carreteras, es premio suficiente. A Hancock no lo esperes. Tiene cosas más importantes que hacer en esos momentos.

Si quieres leer más noticias como ésta visita nuestro Flipboard