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Surrealismo en el WRC (I): la 'locura' del Grupo B y los dedos humanos encontrados en el motor del Peugeot 205 T16

La era dorada de los rallies también tuvo su parte negativa

Peugeot encontró miembros humanos dentro del 205 T16

AmpliarSurrealismo en el WRC (I): la 'locura' del Grupo B y los dedos humanos encontrados en el motor del Peugeot 205 T16 - SoyMotor.comJuha Kankkunen y Juha Piironen en el Rally de Nueva Zelanda 1986

La época de los Grupo B es considerada por la mayoría de los aficionados como la ‘era dorada’ del Mundial de Rallies. Aún a día de hoy, los más nostálgicos recuerdan estas ‘bestias’ con una sonrisa de oreja a oreja y el vello erizado. Pero, por otro lado, también hubo una parte negativa: debido a la escasa seguridad, hubo accidentes gravísimos, muertes… y también aficionados que perdieron algún miembro de su cuerpo.

Para los que no los conozcan, estos coches son los más venerados del mundo de los rallies. Diseños muy agresivos con primeros tintes de estudios aerodinámicos –algunos equipos contrataron ingenieros de Fórmula 1–, chasis tubular, motores que coqueteaban con la friolera de 500 caballos de potencia y un peso mínimo irrisorio. En definitiva, estos bólidos fueron concebidos para superar los límites establecidos hasta el momento sin tener demasiado en cuenta la seguridad.

Pero esa ‘locura’ se convirtió en un arma de doble filo, y no sólo porque los coches eran prácticamente ataúdes con ruedas, sino porque esa pasión desmedida se trasladó a los aficionados. Centenares de miles de personas se agolpaban en las cunetas de cada rally para ver pasar a sus ídolos, oler ese aroma inconfundible a combustible quemado, escuchar el bramido de los motores… e intentar tocar los coches.

Era la década de los 80 y las medidas de seguridad no eran las más sofisticadas. Tampoco los aficionados estaban muy dispuestos a seguir las reglas. Hubo varios accidentes espeluznantes en los que los espectadores se llevaron la peor parte, aunque el más sonado fue el de Joaquim Santos en el Rally de Portugal 1986, cuando se llevó por delante a varias personas y tres de ellas murieron. Otro día hablaremos sobre el aficionado que afirmó sentirse muy orgulloso de que Ari Vatanen le rompiese la pierna.

Pero uno de los sucesos más surrealistas y desconocidos –quizás porque el accidente de Santos se llevó todo el protagonismo– del mundo de los rallies ocurrió en esa misma prueba, en el Rally de Portugal 1986, cuando el equipo Peugeot abrió uno de sus 205 T16 y se encontró dos dedos humanos. A modo de curiosidad, como ‘mandamás’ del equipo galo se encontraba por aquel entonces un joven Jean Todt que hoy en día preside la FIA. 

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Como decía unas líneas más arriba, uno de los ‘retos’ de los aficionados consistía en estar lo más cerca posible de los coches que pasaban a toda velocidad y, a ser posible, tocarlos. Algunos intentaban situarse milimétricamente al filo de las carreteras y otros esperaban en las zonas lentas a que pasasen los vehículos para poder tocarlos. Juha Kankkunen, piloto de Peugeot en 1986 –y, a la postre, campeón– dio su versión sobre lo que cree que ocurrió.

"Sí, dos dedos. Había tomas de aire detrás de las puertas para llevar el aire hacia el sistema de refrigeración del motor y estaban bastante afiladas. Nosotros simplemente intentábamos mantenernos en la carretera, en ningún momento nos salimos de la pista ni nada por el estilo, pero los aficionados estaban todo el rato intentando tocar el coche. Así fue", comentó Kankkunen sobre el incidente con los dedos.

El aficionado mutilado –o los aficionados, porque había dos dedos– nunca apareció para ‘reclamar’ las partes del cuerpo que eran suyas, seguramente porque pondría rumbo hacia el hospital más cercano inmediatamente. Tampoco sabemos qué historia contaría al personal sanitario. Lo que sí sabemos es que a día de hoy, afortunadamente, las medidas de seguridad son infinitamente más efectivas y, pese a que siempre hay excepciones –como lo que ocurrió en el Rally de Montecarlo 2017, por ejemplo–, los sucesos trágicos son menos habituales.

Volviendo al Rally de Portugal, a pesar de que los pilotos se conjuraron y emitieron un comunicado en el que expresaban su deseo de dar por concluido el rally tras el accidente de Joaquim Santos, la organización –en concordancia con la FISA y la mayoría de los jefes de equipo– decidió seguir adelante. A posteriori, el piloto local Joaquim Moutinho se llevó la victoria con más de trece minutos de ventaja sobre su compatriota Carlos Bica.

Esa misma temporada, la última con los Grupo B en liza, Juha Kankkunen hizo valer la superioridad de su Peugeot –en 1985, la firma francesa ya arrasó tanto en el campeonato de pilotos como en el de marcas– para coronarse campeón del mundo por primera vez, algo que repetiría en 1987, 1991 y 1993. Lo que quizás no entraba en sus planes era ver dedos humanos en el motor de un coche antes de alcanzar la gloria del automovilismo.

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Alguno que no tenía dos dedos de frente.
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