Blog de Blancafort

01
Apr
2018

Escobar, un narco en las carreras

AmpliarEscobar, un narco en las carreras - SoyMotor.comEscobar, un narco en las carreras

La serie ‘Narcos’ es una de las más seguidas en TV. Y en las pantallas está a punto de estrenarse ‘Loving Pablo’, protagonizada por Javier Bardem y Penélope Cruz. Ambas basadas en la novela “Amando a Pablo y odiando a Escobar” de Virginia Vallejo, novela de sus vivencias durante sus cinco años amiga de -sí, lo han adivinado- Don Pablo Escobar, ‘El Capo’, el temible capo del Cartel de Medellín, sobre quien se han hecho otras películas. Uno de los mayores y más despiadados capos del ‘narco’, del cartel de Medellín, que le ha valido figurar entre los delincuentes legendarios.

¿Qué hace aquí? Me ha venido a la memoria una foto, la de un Porsche 935 Turbo, de 560 CV, una réplica de los 935 K, con colores de Martini y Pablo Escobar junto a él. Dicen que estaba hecho sobre el Porsche Turbo que el mismísimo Emerson Fittipaldi llevó en la IROC, una carrera de exhibición americana con los mejores representantes de las diversas disciplnas USA y algún europeo de renombre; antesala de la ‘Carrera de Campeones’.

Después supe que se trataba de una carrera de montaña, la ‘Trepadores de Las Palmas’, muy popular en Colombia y en la que se enfrentó a su amigo Ricardo Londoño, que intentó correr en F1, el mejor colombiano antes de que llegaran Roberto Guerrero o Juan Pablo Montoya. Por cierto, Londoño estuvo muy cerca de correr en F1 al parecer financiado por Pablo… pero esto es otra historia.

Lo que quizás desconozcan nuestros lectores, aunque en la serie Narcos salgan algunas escenas, es que Escobar tenía pasión por los coches. Tras su muerte, en su Hacienda Nápoles, la más famosa de sus villas, encontraron 300 coches de lujo… aunque esto no debe sorprender porque se sabe que era amante del lujo. Cuando las autoridades entraron en la Hacienda estaban estado deplorable, secuelas de la guerra con las bandas rivales que incendiaron el garaje.

Pero lo curioso es que Pablo tenía debilidad por los Renault 4 L, los R4. Dicen que a parientes y amigos les ofrecía coches de lujo a cambios de los R4 usados… para hacerse con piezas de recambio para sus coches ‘de carreras’, aunque otros dicen que estas piezas provenían de sus inicios, cuando robaba 4L para revenderlos, lo que habría sido origen de su primera ficha policial, cuando sustrajo uno de ellos. Quziás fue porque fue el primer coche ‘europeo’ que compró. Quizás porque fue al volante de uno de ellos que transportó sus primeros alijos. Y una de las bases, parece, del negocio de compraventa que tuvo.

La pasión por este coche quizás le llevó a las carreras, aunque posiblemente también influyó su primo Gustavo Gaviria, su amigo de confianza, y gran amante de la competición. En cualquier caso su primo Jaime Gaviria sostiene que “era un enamorado de la velocidad y el vértigo”

Pablo, junto a su primo, Gustavo, se alineó en la Copa Renault 4 que se había convocado en Colombia en 1979. Se alineó en esta competición, que también estaban representantes del Clan de los Ochoa, alineando cinco coches para él y Gustavo, por supuesto pero también para Óscar Jaramillo, Hernán Ordóñez, Guillermo Zuluaga y Juan Yepes. La misión de éstos era ‘proteger’ a sus jefes de filas.

No crean que eran unas carreras poco concurridas. Entre ‘expertos’ y ‘novatos’, que corrían mangas diferentes, un centenar de pilotos. Y la clave, el ‘trenecito’, como en la NASCAR, paragolpes con paragolpes para ganar velocidad con la escasa potencia del coche y entrando en grupos de diez en las curvas a 140 km/h.

Las carreras de Don Pablo y su equipo ‘El Ositto’ (el nombre venía de la marca de bicicletas creada por su hermano Roberto, ex ciclista profesional de renombre en Colombia) eran impresionantes… por su inicio y final. ‘El Ossitto’ también patrocinó a pilotos de otras disciplinas.

Pablo y su primo se alojaban en suites de mejores hoteles, llegaban en helicóptero cuando era posible y tras la carrera había fiesta en el paddock: un banquete con champagne y manjares exquisitos, también bellas mujeres. Incluso invitó a toda la parrilla a un concierto en Bogotá de Julio Iglesias.

A los mandos de su Renault con el número 70 -el suyo preferido- estuvo luchando por el título. Dicen que no tenía un gran talento, pero sí el mejor coche, sobre todo el motor más potente, lo que le permitía recuperar en la recta lo perdido en curva; como el coche de serie ofrecía sólo 24 CV, el disponer de 3 o 4 CV más marcaba diferencias. 

Sus medios le permitieron contra con un corredor cerca de retirarse como director de equipo o coach. Tener autobús transformado en taller para transportar sus coches e incluso un coche de recambio. E importar piezas directamente de Europa para tener un coche más competitivo.

Dicen también que sus contactos le permitían poner trabas a sus rivales; Álvaro Mejía, que fue el campeón, explicó que en una ocasión la policía retuvo el tráfico para comprobar la documentación y llegó al circuito justo a tiempo para ponerse al volante del coche y salir a parrilla.

También se encargaba de apoyar a los organizadores, pagando publicidad en la prensa local.

Y en la biografía ‘no autorizada’ escrita por Luis Cañón, este explica que fumaba un poco de marihuana antes de una carrera ‘para activar los reflejos’.

En cualquier caso su carrera deportiva fue breve. El equipo desapareció año y medio después, a mediados de los 80, absorbido por sus ‘negocios’ y también por haber sido elegido parlamentario. No le quedó tiempo para las carreras.

Pablo no tardó en convertirse en uno de los hombres más perseguidos del Planeta. Su negocio de la coca a gran escala, los asesinatos que ordeno en las guerras entre clanes -algunos dicen que 10.000-  acabaron con su muerte en un tiroteo con la policía el 2 de diciembre de 1993.

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