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Alonso y la burbuja de la Fórmula 1 en España

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Fernando Alonso disputa este fin de semana su último Gran Premio de F1 tras 17 temporadas y 18 años en la máxima categoría del automovilismo. No hablaremos aquí de sus obvios logros, que quedan en los anales de la historia, sino del impacto de su trayectoria en la apreciación de la F1 en España. En ese tiempo, un deporte minoritario en nuestro país ha vivido una curva ascendente que lleva años declinando, coincidiendo de manera para nada casual con el mismo descenso de resultados del piloto asturiano en las pistas. Y el sabor que deja, tanto en lo deportivo como en la permeabilidad social de este deporte, es agridulce.

Tenemos que remontarnos a 1999, cuando España recuperó su presencia en el campeonato del mundo por partida doble, con Marc Gené y Pedro Martínez de la Rosa a los mandos de un Minardi y un Arrows respectivamente. Era el fin a diez años sin presencia española en un deporte que seguía teniendo en Alfonso de Portago a su mejor representante, datado en los lejanos años cincuenta. Una competición que despertaba el interés de alrededor de medio millón de personas frente al televisor desde que la cadena pública de televisión empezó a retransmitir con cierta regularidad las carreras, que luego pasaron por tres años a Telecinco con una presencia residual –sobre todo en 1995 y 1996–. Pero es ese año de 1999 el que podemos señalar como el punto de partida del crecimiento de la F1 en España.

El magnífico debut de De la Rosa en Australia puntuando, o el mismo resultado logrado por Gené en Nürburgring, en realidad no despertaron un masivo interés, aunque sí curiosidad. Existía una sensación de que el logro tenía mérito, que estaba bien tener pilotos españoles en la categoría, pero 'eso' de la F1 era algo tan poco arraigado en nuestros gustos deportivos como el 'curling'. Si pasaba algo remarcable, de acuerdo. Si no, era un deporte de los de fuera. Y eso pese a que ese año se podían seguir las carreras por la televisión pública. Sin embargo, ese mismo año empezó a sonar con fuerza en el ambiente automovilístico patrio otro nombre: Fernando Alonso, que en el recién creado 'Open by Nissan' –el mismo que el año anterior había ganado Gené y le había llevado hacia la F1- asombró por su debut en monoplazas haciéndose con el triunfo absoluto. Algo que, además, pudo seguirse por la televisión.

Así que, mientras en el año 2000 seguían dos españoles en la parrilla de la F1, otro desembarcaba en la F3000, la antesala. Y cuando venció en la ronda belga del certamen, en Spa-Francorchamps, su nombre ya empezó a ser algo más repetido. Pero aun así, eso del automovilismo seguía siendo cosa de unos pocos. No sabíamos que teníamos los mimbres perfectos para haber tejido una gran red que colocase a la F1 al mismo nivel que otros deportes, especialmente el fútbol y las motos, ambos tan queridos en nuestro país. Y no fue por falta de oportunidades: las competiciones de monoplazas, que en el año 1999 sólo tenían el Open Nissan y la Fórmula Toyota en España, crecieron hasta crear un vivero a la altura de otros países. Del 2000 al 2002, aparecieron –y se mantuvieron- el campeonato de España de F3, o la Formula 1.6. En un momento dado, había hasta cuatro competiciones de monoplazas para la formación de nuestros pilotos. Hoy sólo queda el Euroformula Open de F3 y una renqueante F4, y en ambas hay pocos españoles al volante.

En el plano de los patrocinadores, marcas como Repsol y Telefónica apostaron muy fuerte en el año 1999 por el automovilismo, de la mano de Gené y De la Rosa. Ese apoyo continuaría, en el caso de Telefónica, con Alonso en la F3000, y luego con su llegada a Renault en 2003, mientras que Repsol saldría de la categoría cuando De la Rosa se vio sin volante en Arrows a finales del año 2000. Pero no sólo ellos, sino que otras empresas empezaron a surgir en los coches de los pilotos españoles, y sobre todo en el de Alonso. O fuera de ellos, con patrocinios personales de productos como relojes, lo que hacía que muchas marcas se volcasen en la propia F1 o en sus aledaños. Hasta el punto de que una entidad como el Banco Santander se convirtió en un patrocinador muy importante durante casi una década en la F1, no sólo en monoplazas y pilotos, sino incluso de Grandes Premios. La F1 en España era un producto atractivo, rentable y con repercusión. Estamos a finales del 2018: ¿qué queda de todo ello?

Cierto que la crisis económica hizo estragos, tanto a las categorías deportivas como a los apoyos económicos, pero los sólidos cimientos que se deberían haber asentado a partir de 1999 están hoy derruidos, y difícilmente volveremos a verlos crecer ante la ausencia de una interiorización de este deporte. Porque, no nos engañemos, creció con y gracias a Alonso. Y no lo hizo en 2001, cuando debutó, sino especialmente a partir de 2003 y sus espectaculares actuaciones a los mandos del Renault. La pasión por la F1 se había desatado, y si el aforo del GP de España de 2001 –con dos españoles en pista, De la Rosa en Jaguar, Alonso en Minardi- siguió la tendencia de años anteriores, a partir de 2003 la afluencia de público al trazado catalán aumentó hasta límites insospechados, desplazando notoriamente al tradicional público extranjero. Aparecieron más gradas, y los llenos eran costumbre año tras año. Incluso España, cosa nunca vista, gozó de dos carreras de F1 en el mismo año, durante un lustro entero, con la aparición del GP de Europa disputado en Valencia. Por comparar, es algo que sólo han tenido países como Estados Unidos, Alemania, Italia o Japón. En un deporte tan global, dos carreras en el mismo territorio eran síntoma inequívoco de que el deporte era de masas.

La F1 nunca había sido más popular en España, y seguramente nunca lo volverá a ser. Las audiencias de las televisiones crecían año tras año, pasando de aquel medio millón a 8 millones de espectadores en una carrera como la del Gran Premio de Brasil de 2006, el día del segundo campeonato del mundo de Fernando Alonso. A su vez, los derechos para poder retransmitir la temporada eran objeto de una encarnizada lucha, pasando de manos desde TVE a Telecinco, La Sexta o Antena 3, e incluso llegó a haber cuatro canales que dieron las carreras: además del nacional de turno, las autonómicas de TV3, Canal 9 y la televisión asturiana, todos con periodistas desplazados a los circuitos. Cierto es que TV3 gozaba de una gran tradición retransmitiendo la F1, hasta el punto de llegar a ser la única en hacerlo en España algún año. Pero desde 2016, ni siquiera TV3 da las carreras, que han pasado al modelo de pago, con audiencias paupérrimas en comparación con tiempos pasados. Sólo la eventual retransmisión en abierto del Gran Premio de España en 2017 dio unas cifras que rondaron los dos millones de televidentes.

Con el precoz bicampeonato de Fernando Alonso en 2005 y 2006, con la polémica en McLaren en 2007, con su llegada a Ferrari en 2010, la F1 era objeto de debate en cualquier lugar. Personas que no habían visto una carrera diez años atrás seguían ahora la temporada completa, ayudados por el desembarco de unas retransmisiones públicas de gran calidad, nunca vistas en este país, con horas dedicadas a un deporte que había pasado de minoritario a ser el más visto puntualmente, en apenas tres años. ¿Era real o una burbuja como la inmobiliaria? Era muy real, pero la respuesta la tenemos en que hoy las audiencias han caído en picado, gracias a que Fernando Alonso lleva cinco temporadas sin estar en puestos de cabeza, y al modelo de televisión de pago que también ha afectado al automovilismo. Claro, que en el país que inventó la picaresca, las opciones de visionado por internet pueden engañar en esas cifras.

Cuando Fernando Alonso, a partir de 2014, pero sobre todo desde su paso a McLaren en 2015 hasta hoy, vio mermadas sus posibilidades de competir al nivel que nos tenía acostumbrados en la pista, el interés del público más generalista, de la publicidad, de las cadenas en abierto, fue decayendo sin remedio. España, se ha dicho hasta la saciedad, no ama un deporte sino a un deportista, y sólo a aquel que gana. Y si Fernando Alonso no gana, o hace un podio o puntúa, a veces la F1 ni siquiera merece una mención en aquellos telediarios que incluso llegaron a abrir en una época sus noticias con F1. En España. La gran burbuja de la F1 en el país estalló hace tiempo y difícilmente se va a recuperar con la perspectiva de un Carlos Sainz asociado a un equipo –McLaren- que es sinónimo de desastre en nuestras latitudes. Sólo buenos resultados, de los que el madrileño es sobradamente capaz, devolverían ese interés.

Pero la realidad es que, desde hace tiempo, y acentuado con la marcha de Alonso, retrocedemos a tiempos en los que la F1 no despertaba interés general. Obviamente, se trata de un deporte que ha calado en nuestra historia deportiva y que ya a nadie le resulta extraño, que difícilmente va a desaparecer, pero los años dorados, aquellos en los que se podría haber construido un edificio compuesto por aficionados, empresas, atención mediática, y en general, cultura deportiva, se arruinó. Y se desmorona definitivamente con la marcha de un piloto que, hace 18 años, pasaba desapercibido en un paddock de un circuito español porque muchos aficionados ni siquiera lo reconocían. Fernando Alonso se marcha de la F1 dejando una impresión triste por sus últimos años. Sigue en activo, y dará más alegrías. Pero ni Le Mans ni Indy calarán en el aficionado como hizo la F1 en su momento, ni arrastrarán tanta atención, ni generarán un interés amplio por las competiciones en concreto.

Fuimos inmensamente ricos, y dilapidamos nuestra fortuna con prodigalidad sin pensar en que el futuro no podía atarse a un nombre, sino a un deporte. Una oportunidad que jamás podremos recuperar. Como nunca habrá otro Alonso.

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72 comentarios
Imagen de AJ1090
Michael Schumacher me enganchó a la F1 en el 94, y aunque se haya retirado la F1 corre por mi sangre, FORZA MICHAEL
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Imagen de Diablo
Después de la muerte de mi ídolo de la adolescencia, Gilles Villeneuve, creí que la F1 ya no tenía sentido para mí. Sin embargo, la pasión por el automovilismo de manera activa, y como aficionado incondicional a la máxima, hizo que no dejara de interesarme por la F1, y a pesar de momentos y épocas aciagas.....De manera que el retiro de mi otro gran preferido, Fernando Alonso, tampoco hará que deje de interesarme por ella, a pesar de las deficiencias que la perjudican, como la eterna constante, la impresentable federación.....
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Imagen de GV27
[Editado por la Administración SoyMotor.com]
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Imagen de speedtrap
..."No ama a un deporte sino a un deportista y solo aquel que gana..." Es una buena explicación para la actitud de algunos fanáticos que cuando su amado no gana inventan todo tipo de excusas y conspiraciones justificando una realidad que no pueden digerir. Ademas de denostar por siempre a quien ocasionalmente lo haya vencido. No entienden que todos los campeones pierden, solo hay que saber perder dignamente y eso te convierte en un mejor campeón. Pero volviendo al principio, sino amas el deporte en su conjunto no aceptaras derrotas y todo siempre te parecerá injusto de tal forma que sólo acumularas rencor y odio en contra de quien te haya vencido. Es mi resumen dela fin de una etapa, y en esta web se aprecia mucho de lo que digo empezando por varios "redactores" .
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Imagen de Piretto
Y digo yo, ¿conocéis alguna web o foro en la que se pueda debatir con buena fe sobre motor? o sin más, ¿leer comentarios de la gente sin más intención que la de aportar cosas positivas? Lo digo para mudarme allí, ya que los antis no cambian su actitud, aunque vayan creciendo en edad física, que no mental. Está claro que lo bonito es discrepar y tener opiniones contrarias para así crecer en perspectiva, pero lo que pasa aquí es casi peor que en Marca. Llevo tiempo leyendo esta página y me desespera la sección de comentarios.
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Imagen de MacF1
La mayor burbuja es la de antis que hay en esta pagina,fanaticos que solo escriben en las noticias de Alonso para provocar. Todos sabemos quienes son,basta con bajar un poquito.
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Imagen de Rascayu
[#66 Arghos] creo que lo has entendido bien, llama burbuja a la aficion, no a Alonso, supongo que ya aprovechas para trolear un poco... Alonso pasará a la historia como uno de los mas grandes y respetados en el mundo de la F1, pero no solo por los aficionados de la burbuja, sino precisamente por los mas expertos y experimentados del propio mundo del motor, que son los que realmente entienden lo que es capaz de hacer un piloto como Fernando sin un pepino en sus manos...
Bien llamado, burbuja en España, no pasa de ser eso. El mundo se olvidará de el en un santiamén y serán sólo sus fan españoles que seguirán insistiendo en sentirlo junto a ídolos a los que no le llega ni a los tobillos.
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Imagen de Arghos
Bien llamado, burbuja en España, no pasa de ser eso. El mundo se olvidará de el en un santiamén y serán sólo sus fan españoles que seguirán insistiendo en sentirlo junto a ídolos a los que no le llega ni a los tobillos.
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Imagen de Pachulara
[#63 Magnum] Oye, Sky Sports F1 hace unas retransmisiones buenísimas, en inglés, ahí no tendrías problemas. Aunque yo prefiero la TV checa. Voy a hacer un Magnussen, Movistar, suck my balls
#57 totalmente ,lobato ayudo mucho a esa burbuja
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Imagen de Diablo
[#41 1973] Simplemente formidable Hermano. Qué más decir!?....Fuerte abrazo!, extensivo a nuestros incondicionales amigos.
Este es de hace unos años. Perdonad tan larga lectura, pero por momentos a algunos de por aquí los radiografía a la perfección. ¿Por qué cae tan mal Fernando Alonso? Jose Ramon Lorenzo "Mientras con un coche superior Vettel lograba, a finales del 2012, su tercer título consecutivo, el hecho realmente histórico que se estaba produciendo en la Fórmula 1 ocurría a escasos metros del box de Red Bull. Periodistas de todos los países – salvo de Alemania, claro – decidían por unanimidad que el auténtico vencedor del mundial no era un chico alemán apodado Frigodedo, sino un piloto asturiano que, con un coche notoriamente inferior, había vuelto a padecer la desgracia del 2010. Semanas después, en una encuesta entre jefes de equipo, volvió a repetirse la unanimidad respecto a la calidad de Fernando Alonso (salvo los votos de Red Bull y Toro Rosso, claro). Estas cosas no pasan habitualmente en la F1, créanme. Y, cuando ocurren, es que el piloto alabado suele ser inglés. Sin embargo, todo esto da igual a los que esperan cualquier resultado adverso del piloto asturiano para lanzarse no sólo a su yugular, sino también a la de todos sus defensores. Principalmente a la de Lobato, al que cada vez que en una retransmisión dice que a un piloto “le están respirando en la nuca” no vacilan en continuar su comentario haciendo referencia al morder almohadas. Lógicamente, alguien como yo, que piensa que la principal utilidad del nacionalismo es pasárselo mejor durante las transmisiones deportivas y presumir de la fama internacional de Nacho Vidal, se sorprende ante ese grado de rabia en los detractores de Alonso. Y de la sorpresa, claro, se pasa a un grado de fascinación hacia el antialonsismo. Y a estudiarlo, porque no todas las formas de insultar al mejor piloto de la era post-Schumacher son iguales, faltaría más. “Tú no tienes ni idea” En primer lugar, existe un pequeño sector de aficionados que disfrutaban del placer solitario de la F1 (sí, he usado esas palabras: algo que emitía Tele 5 en diferido a la una de la mañana no merece otro nombre) mucho antes de que llegasen “las hordas azules” a celebrar las victorias del asturiano en Renault. Y, claro, el club de la F1 dejó de ser tan elitista. De pronto, sintieron la necesidad de afirmar el clásico “yo estaba aquí antes” y, para algunos, la opción más sencilla fue el “si los que no tienen ni idea idolatran a Alonso, entonces el tirarlo del pedestal demostrará que yo tengo más idea que nadie”. Es un argumento que parece no tener sentido, pero observado en detalle, sin embargo, uno se percata de que… no lo tiene. Otro ataque snob a Alonso proviene de la noción de que se exagera lo bueno que es por puro nacionalismo español descerebrado. O dicho con otras palabras, que la prensa patria se acerca a Alonso con las bragas en la mano. De ahí surgió para algunos, en su día, la necesidad de decir que “Hamilton es igual de bueno que Alonso, sino mejor” como muestra de tener un pensamiento ecuánime. El problema es que estas personas no se daban cuenta de que, hasta bien entrada la era de internet, la historia de la F1 ha sido un panfleto escrito íntegramente por ingleses. Y el Reino Unido es un pueblo que nos puede dar mil y una lecciones de patrioterismo: la teórica “cultura de la F1″ que tienen en Inglaterra arrancó con la retransmisión íntegra del campeonato en 1978. ¿Por qué esa fecha? Porque en el 76 James Hunt había sido campeón y, qué curioso, gracias a eso les surgió el interés por ver las carreras. El problema es que, en el 77, una escudería llevaba anuncios de Durex y eso era ¡inaceptable! para la BBC. En las décadas que siguieron, los ingleses hicieron gala de un fanatismo que ríanse de Lobato puesto de ácido. Tras una sequía que se les hizo eterna, cuando por fin tuvieron opciones con Nigel Mansell, no dudaron en satanizar a cualquier piloto que osara estorbarle. ¿O creen que un tricampeón como Nelson Piquet está tan ninguneado históricamente por casualidad? Así que lo dicho, si vamos a ser menos cerriles españolistas por comprar patrioterismo inglés, mal vamos. Otro mito respecto a Fernando Alonso es que es el rey de poner excusas. Pero la cruda realidad es que, en F1, no existe nada más fácil: para Alonso y para todos. Cuando un motor se rompe, existen mil factores que han contribuido a ello. Lo que es lo mismo que decir “mil excusas” tan válidas como imposibles de comprobar hasta para un ingeniero. Y, sí, cuando un coche es segundo y medio más lento que la cabeza, tampoco es culpa del piloto al 100%. Es lo que pasa cuando muchos se acercan a la F1 sin saber que las excusas que no valen para el fútbol sí que pueden ser aceptables en el automovilismo. El caso es que, dentro de la F1, Alonso es de los que menos balones fuera echa. Y de los que menos endulza sus palabras. Sólo Mark Webber le supera en honradez, pero eso es algo que los australianos llevan en sus genes: el “No bullshit” podría ser un lema que lucir en su bandera. Alonso es más… que tú A pesar de todo lo dicho, no me cabe duda de cuál es el rasgo de Fernando Alonso que provoca más antipatía: que no busca construirse una imagen con la que caer simpático a todo el mundo. Va a lo suyo diciendo las cosas como las piensa y ¡lo que es más grave! sin molestarse en lo que vas a pensar tú de él. “El tiempo pone a todos en su sitio” es su mantra. Hay pilotos muy volcados en las relaciones públicas que hacen cosas del gusto de todos (¿Quién puede decir nada de participar en ONGs por la infancia?) y que eluden espinosos asuntos políticos (la actitud “apolítica” de un imberbe Vettel ante lo que pasaba en Bahrein, mientras un hombre de verdad como Webber no dudaba en criticar tanto al régimen opresor como la simpleza mental de su compañero de equipo). Son gente sin aristas, siempre con la sonrisa y el bolígrafo para firmarte el autógrafo a mano. En lo que a mí respecta, ese grado de falsedad me molesta: SÉ que todos tenemos aristas. Y SÉ que no soy el centro del universo, porque para algo hace muchos años que dejé de ser adolescente. ¿Por qué tendría que estar Kimi Raikkonen pendiente de mí? ¡Prefiero su honrada apatía, su alcoholismo sin excusas, su decir “estaba cagando” en las ocasiones solemnes! (Y, por supuesto el que, en su día y con la que ahora es su ex mujer, hubiese protagonizado la versión escandinava de un chiste de Arévalo cuando ésta le descubrió con varias muchachas en la cama). Y denme también, por supuesto, un Ralf Schumacher invirtiendo su dinero en una cadena de sex shops en Eslovaquia en vez de en cualquier caridad. ¡La pornografía de calidad también es un derecho fundamental! Fernando Alonso es de esa escuela: la de ir a lo tuyo sin disimular lo que eres. Y, al igual que gente como Webber, como Ralf, como Kimi, como Briatore (por supuesto) lo admiro por ello. Y muchos lo odiarán por el mismo motivo, pero denme mil veces esa sinceridad antes que los pucheritos de Vettel saltándose las órdenes de equipo pero pidiendo un perdón ridículo – “losientomuchomeheequivocadonolovolveréahacer” – en un afán por seguir siendo un niño bueno que caiga bien. Bienvenido a Twitter Como guinda del pastel está, no podemos olvidarlo, la novedosa presencia de Fernando Alonso en las redes sociales. A muchos les podría parecer que eso era un esfuerzo por proyectar una imagen amigable, pero nada más lejos de la verdad. A Alonso no le interesa proyectar una personalidad más acogedora que la de Rosa de España, sino proyectar su VERDADERA personalidad, para atajar todas las elucubraciones y rumores que fabrica una prensa siempre ávida de información. Y “verdadera”, aforunadamente, no tiene porque significar “cómoda”. Recientemente, desde su perfil de Twitter, Alonso se prestó a que la gente hiciese preguntas, y el troleo generó perlas tan divertidas como “¿Podría Jesucristo preparar un burrito tan picante que ni él mismo pudiese comerlo?”. Personalmente, yo me dedicaría a responder a esas preguntas. Y me gustaría que Alonso lo hiciese, pero no tengo derecho a exigirle ser lo que la RAE define como “finstro duodenal”. Y, a pesar de todo, sigue habiendo mucha gente anclada en una adolescencia egocéntrica que se ofendería si Alonso le respondiese como el genial y tristemente fallecido Jesús Franco hizo ante un “¿De qué va tu última peli, Jesús?”. El tío Jess dijo “Va… ¡de tu puta madre!”. ¿Se pueden creer que hay gente que se molesta ante esa respuesta en vez de aplaudir? De momento, la andadura de Alonso en Twitter, para muchos periodistas, se resume en un “¿Y a ti todavía no te ha bloqueado Alonso?“. A mí me da por responder “¿Y por qué no iba a bloquearme? ¿Por qué tiene que atenderme?”. Lo que muchos consideran una catástrofe de relaciones públicas a mí me parece el más absoluto de los triunfos: Fernando Alonso, el piloto que no se ocupa en hacer que te sientas bien contigo mismo por apoyar a alguien intachable, simpático, cercano, humanitario, amigo de los unicornios… ¿Tanto costará jalear al que, simplemente, es el mejor piloto de la actualidad con mucha diferencia y, junto con Nacho Vidal, uno de los pocos motivos para ir con la cabeza mínimamente alta por el mundo adelante"
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