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Ariel Atom 4: un juguete para volar a ras de suelo

12/07/2018 13:01

Hay una foto muy famosa de Stirling Moss en Mónaco en el que se le ve pilotar 'a cuerpo entero' o casi. Moss perdió uno de los laterales de la carrocería y siguió como si nada, dejando que los aficionados pudieran ver los tubos del chasis y también su cadera y piernas, como si condujera un Ariel Atom.

Ahora que están de moda los costosos superdeportivos de 'track day', solo aptos para ser disfrutados en circuito tras haber hecho una transferencia posiblemente de siete dígitos, es decir sobre el millón de euros, me he fijado en un coche que puede hacerte sentir como Stirling en Mónaco 1961.

El Ariel Atom está desprovisto, desde su primera generación, de carrocería lateral, dejando a la vista los impresionantes tubos del chasis e incluso el piloto. Y también te debe permitir ir más deprisa de lo que iba Moss entonces… si tus dotes de conducción están a la altura.

Aquel Lotus 18 de 1961 con motor Coventry Climax FPF, un cuatro cilindros de 1.5 litros de unos 180 caballos, pesaba 450 kilos, mientras que este Ariel Atom tiene un motor de cuatro cilindros turbo, el mismo del Honda Civic Type R, con 320 caballos, aunque pesa 595 kilos. Sus cifras de aceleración son espectaculares: de 0 a 100 en 2,8 segundos y menos de 7 segundos para alcanzar las 100 millas por hora, es decir 165 kilómetros/hora.  Son cifras que hacen palidecer a más de un 'hypercar', a la altura por ejemplo de un McLaren P1. Eso sí, su velocidad máxima es 'sólo' de 260 kilómetros/hora.

Claro, su relación peso potencia en seco es sólo de 1,86 kilos/caballo, de entre 2,1 y 2,2 kilos/caballos con piloto y gasolina, y aunque la falta de carrocería será un hándicap para tener un buen Cx, esto se compensa por la mínima sección frontal del modelo. Estoy seguro de que Colin Chapman, el fundador de Lotus, el que defendía que las prestaciones dependían más de la ligereza del coche que de la potencia del motor, daría su aprobación al modelo.

A ras de suelo, si me permiten la expresión, con el culo al aire y rozando el asfalto –con el temor de ser golpeado por algún bache a modo de patada–, sintiendo la fuerza del viento sobre la cabeza, pero también buena parte del cuerpo, las sensaciones están garantizadas. La de velocidad, pero también la del límite, porque el Ariel prescinde de elementos aerodinámicos y aunque la 'carrocería' es tan mínima como un tanga, crea una cierta carga aerodinámica… así que con tan poco peso y todo o casi todo confiado al agarre mecánico debe ser fácil notar los límites de adherencia y nada sencillo no sobrepasarlos y mantener el control del 'aparato'. Y eso que en Ariel dicen que es capaz de soportar tanta aceleración lateral como un Porsche 911 GT3.

Salvo porque es un dos plazas, una al lado de otra, uno podría pensar que está al mando de algún monoplaza de los 60… con la salvedad de que el tablier es digital, que el motor es turbo y que la electrónica lo controla. Porque el chasis es multitubular, aunque los tubos son de gran diámetro y hay un refuerzo central. Las suspensiones están confiadas a dobles triángulos desiguales y a un conjunto muelle y amortiguador regulable y una barra estabilizadora asimismo regulable desde el interior; de serie, los amortiguadores son Bilstein, pero si quieres algo mejor puedes optar por la opción de unos Öhlins. Incluso los neumáticos son de diferente medida delante y detrás, 16 pulgadas de diámetro delante y 17 detrás. Incluso se puede variar el ajuste de los frenos.

Digamos que esta cuarta generación del Ariel Atom, cuya primera presentación tuvo lugar en 1999, hará pronto 20 años y, pese a ese tiempo, se mantiene actual. Pero todo es nuevo; la marca dice que sólo la tapa frontal y los pedales de embrague y freno se mantienen de la versión anterior y que se han traspasado las enseñanzas del especialísimo Ariel V8 de 500 caballos.

Todo un juguete que, además, se puede disfrutar en carretera. El Ariel Atom es, al menos en Gran Bretaña, matriculable, y todo ello a un precio que, antes de impuestos, es de 45.000 euros –39.975 libras para ser exactos–. La producción prevista, 100 ejemplares anuales.

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