Blog de Virutas de Goma

Ya huele a azufre...

Existe la creencia de que el diablo huele a azufre porque en el infierno hay una laguna enorme de fuego y lava, y la peste del mineral amarillo de origen volcánico que ella emana se le ha pegado en su vestimenta ignífuga. Los agoreros y malapipas ya vaticinan la llegadera muerte de la Fórmula 1 y uno de los indicios que abanderan es que hasta Ferrari, los herederos de Il Commendatore que sacaba pecho por sus motores, baraja la posibilidad de participar en la Fórmula E, obviamente con un silencioso coche a pilas. 

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Shakespeare y los cowboys

La duda en las películas del oeste era, para los protagonistas reales de la historia en el Far West americano, si pillarse un jaco árabe o uno español. Los dos tienen cuatro patas, cola y crines, y te puedes subir a ellos para emular a John Wayne, aunque dependiendo de que tipología de caballo elijas el viaje será distinto aunque te lleven al mismo sitio. El caballo árabe es un deportivo italiano. Rápido, resistente y ágil te llevará a la velocidad del rayo de un lado a otro pero no le exijas comodidades ni facilidad de manejo. Por contra el llamado español –o andaluz– es más alto y elegante, menos musculoso y con menor fondo físico, pero artístico y noble como ningún otro animal, es un Aston Martin

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Soy el hombre grande…

Juan ya peina canas, dirige un colegio y juega al golf siempre con un veguero de a 15 euros prendido de sus labios. Juan nunca fue así, hubo un tiempo en que apenas levantaba del suelo poco mas de un metro, merendaba Nocilla y su mayor deseo era un monopatín de la marca Sancheski. Juan se echaba a temblar cuando su tío Miguel, hermano de su madre, llegaba de visita. Ponía una voz grave, casi tenebrosa, y decía desde la puerta "sooooooy eeeel hoooombre graaaaaande" cual monstruo de Halloween. Juan salía corriendo en dirección contraria de manera automática a esconderse debajo de una mesa. 

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27
oct
2016

Sainz & Sainz

Sainz & Sainz

—No puedes, tiene seis. —dijo aquel mocoso golpeando con suavidad el hombro de su padre.—¿Qué? —respondió mientras giraba la cabeza lentamente hacia su hijo.—Que aquí no puedes entrar en séptima, papá. El R25 tiene seis marchas, no siete. —repitió tímido pero al mismo tiempo con firmeza aquel renacuajo ante la cara de sorpresa de su progenitor.

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