Almacén F1

Un GP con recuerdos somnolientos

Entre la pantalla y la cabeza uno empezaba a dudar de quién hacía qué en el mundo real

AmpliarAlbert Park, 1953 - LaF1Albert Park, 1953

Lewis Hamilton pasa por la rápida chicane (curvas 11 y 12) del circuito de Albert Park con un aplomo impresionante. En realidad, los dos Mercedes lo hacen. Quizás sea uno de los pocos sitios del circuito donde medir la efectividad de un monoplaza: una aproximación rápida y una sucesión de dos curvas izquierda derecha de velocidad alta, que requieren un preciso golpe de volante para trazar la segunda.

Los Mercedes lo hacen impasibles, perfectos. El resto, en general, no. Se les ve más imprecisos, nerviosos, o incluso impredecibles. Räikkönen, por ejemplo, afronta la trazada de la segunda curva dando dos golpes de volante: uno para encarar el coche, el segundo para trazar adecuadamente. El Ferrari pasa respetablemente esas curvas, con Vettel más fluido que Kimi. Tampoco lo hace mal el Williams, aunque Massa es más nervioso. El Mclaren es igual de perfecto que el Mercedes, pero a una velocidad muy inferior.

Comparaciones en las que hay poco que comparar. Los Mercedes corren en otra categoría totalmente distinta al resto. Para ellos es un campeonato de empresa, interno, íntimo y personal. Se vio en entrenos. Se vio en la salida. Se vio en toda la carrera. Y en ese duelo, Lewis Hamilton sigue siendo la referencia: tuvo la velocidad el sábado, que era un fuerte de Rosberg, y tuvo el ritmo el domingo: intocable.

El resto lucha por el tercer escalón del podio. No hay más objetivo. Y en ese sentido, la carrera fue anodina. Algún foco de emoción, sobre todo en el aspecto patrio con la espectacular actuación de Carlos Sainz. Alguna lucha interesante. Y muchas bajas, algunas tan tempranas que hacía demasiado que no se veían: Magnussen destrozando el motor Honda (o mejor, viceversa, el motor Honda destrozando a Magnussen) en la vuelta de camino a la parrilla.

Con el sueño de las horas, el primer recuerdo. Aquellos Ferrari que en 1996 se rompían en la vuelta de calentamiento. Poca broma. Demasiado trabajo. Un Everest que escalar, pero es de esperar que tengan el equipamiento para ello.

Así que entre las horas, el volumen bajito de la tele para no despertar a nadie, y la carrera más o menos definida, se vino el segundo momento de nebulosa ensoñación. Sergio Pérez hace un trompo en la curva 3 luchando con Jenson Button en la vuelta 14. Se queda mirando en sentido contrario.

¿Contrario?. O quizás sea el correcto, el original. Sí, lo es. En 1953, el parque de Melbourne acogió su primer Gran Premio tras el fracaso del intento en 1935. Esta vez, el Club de Coches Ligeros de Australia y la Armada (que tenía un cuartel general en la zona noroeste del parque) lo proponían como un evento con el que recaudar fondos a dividir entre ambos: era un evento caritativo. Difícilmente podrían prohibirlo. Y no lo hicieron.

El circuito comenzaba precisamente al poco de la actual curva 3, pero en dirección contraria a la presente. Y bordeaba todo el lago, pasando por zonas que hoy en día son parte del circuito. Se darían 64 vueltas para completar 200 millas.

La friolera de 40 coches se reunieron el 21 de Noviembre de 1953 para tomar la salida del 18º Gran Premio de Australia, en una parrilla formada íntegramente por pilotos australianos, estrellas que fueron reclamo para 70.000 espectadores. Y tres eran las principales atracciones: Doug Whiteford con el Talbot-Lago que había ganado en el GP de Francia de 1949; Lex Davison con su HWM-Jaguar; y Stan Jones con su Maybach, que no era otro sino el padre de un tal Alan Jones, que sería campeón del mundo de F-1 en 1980.

Los tres copaban la primera fila de la parrilla: Whiteford, Jones, y Davison. Este último tomó la delantera, pero su carrera duró poco al romper un cojinete en la vuelta 3. Así que Jones se encaramó al liderato al más puro estilo Hamilton: en la vuelta 10 ya tenía más de medio minuto sobre Whiteford. En la vuelta 14, ambos habían doblado a todos los demás.

Paralelismos. Nebulosas en una mañana de Marzo. Porque Jones paró a repostar, y fue tan absolutamente nefasta (Whiteford llegó a pasar tres veces por meta mientras Jones estaba en boxes), que aunque se reincorporó a la carrera, se retiraría por rotura del embrague en la vuelta 56. Así que Whiteford, pese a un pinchazo de última hora que le obligó a parar en boxes, consiguió su tercer GP de Australia con 5 vueltas de ventaja sobre el segundo clasificado. Hoy la curva cinco de Albert Park, donde estaban los boxes y la salida, se llama Whiteford.

Así que entre la pantalla y la cabeza uno empezaba a dudar de quién hacía qué en el mundo real. ¿Era Jones en el Toro Rosso o era Sainz en un Maybach?. La ventaja de Whiteford en su Mercedes-Lago era verdaderamente insalvable. Un café.

Lewis Hamilton está, como era de esperar, en el escalón más alto del podio. Y entonces, un gesto que quizás pasó desapercibido. Cogió el volante que es el trofeo y dio dos volantazos, como si condujera. Como si pasara por la rápida chicane de Melbourne, izquierda-derecha, fácil, sublime, estable. Esa chicane se llama Waite. Ese volante quiere emular el volante de un coche muy antiguo, demasiado. No puede ser. ¿Sabrá Lewis que quiere ser una réplica del volante de un Austin Seven? ¿Habrá emulado el movimiento en Waite por algo? A ver…

Arthur Waite, nacido en Adelaida en 1898. Combatió en la Primera Guerra Mundial, y mientras estaba hospitalizado en Francia, conoció a una hermosa enfermera, Irene Austin, con quien se casó en Octubre de 1918. Cosas de la vida, era la hija de Herbert Austin, propietario de la marca de automóviles Austin. Así que tras la guerra fue introducido en la firma. Con sus coches, se inició también en las carreras, obteniendo alguna victoria en Brooklands, o en Italia en 1923. Pero en 1927, Arthur y su esposa fueron enviados a Melbourne para controlar la distribución de Austin en el continente oceánico.

Estando allí, llegó a su conocimiento la intención de organizar una carrera de coches en Phillip Island, por lo que rápidamente solicitó que le enviaran el coche con el que había triunfado en Inglaterra. Aunque le enviaron otro Austin, se inscribió para participar en el Primer Gran Premio de Australia, que se celebraría en 1928.


No fue fácil organizarlo. Las leyes australianas eran muy severas con las carreras en carretera: estaban prohibidas. Pero las autoridades de Phillip Island lograron revocar la norma en su territorio, así que se pusieron en la búsqueda del lugar para celebrar la carrera. El resultado fue un circuito perfectamente rectangular con cuatro curvas de noventa grados a la derecha. Prohibido girar a la izquierda.

Cercana a la población de Cowes, la pista de tierra y piedras de 6,569 millas (10,572 km) de recorrido era estrecha y ondulada. Se correrían 100 millas, o sea, 16 vueltas. Las reglas especificaban cuatro categorías de coches: A (coches has 750cc), B (entre 750 y 1.100cc), C (de 1.100 a 1.500cc) y D (de 1.500 a 2.000cc). Y se usarían única y exclusivamente neumáticos australianos para todos.

Se inscribieron una variopinta amalgama de coches: desde los Bugatti T37, T39 o T40, a Fiat, Aston Martin, Opel, Darracq… y los Austin, fueran los 7 o los 12. La carrera tuvo que suspenderse por fuertes lluvias que dejaron la carretera impracticable, así que se retrasó para el 26 de Marzo de 1928. Muchos participantes se dieron de baja o no acudieron.

Los diecisiete que sí que acudieron tenían que correr en dos mangas separadas. La prueba era por hándicap, es decir, ganaba el que en cualquiera de las dos mangas hiciera la distancia acordada en menos tiempo. Así, corrían juntos las clases A y C, y luego en otra carrera la B y D.

Waite participaba con su Austin 7 sobrealimentado en la categoría A-C, que sería la segunda carrera del día. A las tres de la tarde tomaron la salida, y Waite se hizo con el liderato, para verse al poco superado por el más potente Bugatti T40 de A.J. Terdich, que de manera muy del estilo Mercedes, se hizo con una ventaja de 9 minutos en la vuelta 15.

Pero entonces, quedando una vuelta para acabar, el coche falló, al parecer sin gasolina, y Waite, que iba segundo, logró adelantarle mientras Terdich llegaba a boxes. Cuando volvió a partir, persiguió con ahínco a Waite, pero ya era tarde. Waite cruzaba la meta en 1 hora, 46 minutos y 40 segundos con su Austin de 750cc sobrealimentado a una media de 95 km/h, consiguiendo el mejor tiempo por 3 minutos y medio sobre John McCutcheon y su Morris Cowley de 1.550cc.

Cinco mil personas habían poblado el circuito, y subieron a hombros al héroe local, que sin embargo era considerado inglés por algunos medios oficiales, anotado como 'A.C.R. Waite, Gran Bretaña'. El Capitán Waite era sin embargo muy australiano, los lugareños lo sabían, y lo celebraron pese a la cantidad de polvo que les había estado envolviendo durante todo el día. Waite. Y Lewis y el volante. Y su Mercedes en Waite. Fin de la historia.

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3 comentarios
Imagen de pablius
Gracias de nuevo por el aporte histórico, y muy bien enlazado con el GP de la semana pasada. Me llama mucho la atención las "barbaridades" antiguamente, de hacer un circuito de 10km con 4 curvas. Es evidente que desde el inicio de los tiempos las carreras se concebían para buscar el coche más potente o el más rápido, que no es lo mismo. Las carreras tradicionalmente más emblemáticas se hacían en óvalos o en circuitos con largas rectas y pocas curvas. Hoy día nos empeñamos en buscar una F1 con el mejor piloto, y para eso estaban las categorías inferiores, la F1 tiene lo mejor y los mejores monoplazas, a ritmo de tecnología.
Imagen de pablius
Lo que comentas de la S rápida de Albert Park son las mismas sensaciones que al ver en directo en los test de Jerez, en la curva 4, antes de Sito Pons, la rápida de izquierdas. El aplomo de Mercedes me llamaba mucho la atención y lo comenté cuando se hablaba del gran nivel de Ferrari. Los Ferrari pasaban por allí sobrevirando un poco, cargando mucho peso en las ruedas exteriores y además frecuentemente rozaba el fondo plano con el asfalto (curva en subida), así que tenían el coche más bajo buscando prestaciones. Mercedes no rozó ni una vez tampoco. [#1 cristiann_955] Lo hacían a mucha menos velocidad también...no se puede comparar.
Imagen de cristiann_955
Madre mia el Mclaren igual de perfecto que el Mercedes por paso por curva, imaginate cuando pongan el motor Honda a tope... No voy a decir nada mas...
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