Sainz-Verstappen, un dúo de puro talento

Los niños mágicos

Ambos pilotos de Toro Rosso dieron un recital de adelantamientos en Singapur

AmpliarVerstappen y Sainz, los niños mágicos - LaF1Verstappen y Sainz, los niños mágicos

El tiempo transcurría despacio mientras los bólidos se sumergían vuelta tras vuelta en el peligroso Marina Bay. Peleando cada esquina, cada vértice, cada piano como si fuera la última vuelta de sus vidas. El tiempo pasaba lento, como las manecillas de un reloj analógico antiguo que cuelga en clase antes de la hora de la salida. La carrera se había establecido en un hastío insoportable tras la clasificación más emocionante de la temporada. Ni siquiera el hecho de ver a ambos Mercedes peleando por colarse podio proporcionaba dosis de adrenalina. Vettel se paseaba, Ricciardo lo intentaba, Kvyat se hundía, los Williams coqueteaban con la mediocridad y McLaren se volvía a besar con lo funesto. 

Así eran las cosas. Miles de ojos observando el televisor como un público de magia que aguarda el momento en el que va a suceder el ilusionismo. En el que la casualidad, el destino, un muro, la puzolana o la varita de cualquier piloto (o Bernie Ecclestone) deshagan un entuerto que, por momentos, corre el peligro de volverse soporífero. Cerca de echar mano de remedios caseros como el café, allí apareció con dos cervezas de más un paisano de Singapur. Se coló en su particular sueño de verano obligando a salir al safety car. Cuatro vueltas con los coches en fila india. Y todo cambió. 

Los neumáticos superblandos brindaron a Max Verstappen y Carlos Sainz la oportunidad de vengarse de todos sus problemas mecánicos vividos en carrera. El que parecía un nuevo camino hacia el calvario se convirtió en un sendero hacia la piscina del Marina Bay Sands. Porque el espectáculo de magia en Singapur llevaba los colores del hermano pequeño de Red Bull. Los dos 'toros' iluminaron todavía más el revirado Marina Bay. Se marchó el coche de seguridad y comenzó el show.

El holandés, que ya está acostumbrado a eso de salir en los 'highlights' de mejores adelantamientos de cada gran premio, comenzó con los fuegos de artificio. Se pega al difusor de Felipe Nasr, se marcha hacia el exterior y creo que hasta le guiñó un ojo al brasileño. Uno menos. Turno para el 'Matador'. Carlos Sainz, celoso, también quería los aplausos del respetable. Curva tres; el Toro Rosso tracciona mejor por dentro que el deficiente Sauber y en la cuatro completa la jugada por fuera. Siguiente parada: Maldonado.

Una víctima engullida casi a la vez. Verstappen se la lía en el túnel y Carlos Sainz le mete el morro en la veinte. Su talento ya había quedado impreso en el alquitrán pero los niños quieren más. Romain Grosjean se divisa a lo lejos. Como dos sans-culotte en la Revolución Francesa marcharon a por el francés sin piedad. El chico maravilla de tan sólo 17 años volvió a dejar en evidencia a todas aquellas voces que le veían incapaz a finales de 2014. Al holandés no le va eso del cine los domingos con algún ligue de instituto. Velocidad en vena. Valentía como impulso. 

El de Lotus resistió como pudo el impulso de un 'Mad Max' que se deshacía en saliva dentro de su casco como el que espera impaciente un plato de cocido de su abuela. Lo preparó con sutileza. A fuego lento. Una delicatesen que hubiera enamorado hasta a Gordon Ramsey. El arreón definitivo se produjo en la 14.  Tracciona por dentro mejor que su rival, y lo finiquita en la frenada de la 15. Algún susurro, a caballo entre el asombro y el placer, se escuchó de alguna persona cerca de mí. 

Pero también llegaba por detrás otra amenaza que ya había clavado dos banderillas. Carlos Sainz, ahora con su estoque y un apellido que da vértigo a todo los locos del motor. Porque eso de 'junior' se le quedó pequeño hace mucho. La esperanza de un país que llora al ver a Fernando Alonso en su lamentable McLaren-Honda. Demostró que en España no hay que temer al futuro. Que de manos, talento y ambición, va sobrado. Y de humildad. 

Porque cuando parecía totalmente imposible adelantar, se tiró como un poseso tras la recta de entrada a meta para adelantar a un Grosjean que asistió atónito al espectáculo. Magia de dirección madrileña. Y por allí se marcharon los dos 'toros' a por Sergio Pérez. Pero no pudieron con él. Sainz no tuvo ni la oportunidad…aunque el equipo se lo ordenará a Verstappen. Pero eso, señores, es otra historia. Los fuegos artificiales de Marina Bay fueron para Vettel y Ferrari; pero la pirotecnia del GP de Singapur corrió a cargo de Sainz y Verstappen. Las luces, de un verano que ya se extingue, fueron encendidas por 'los niños mágicos'. 

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2 comentarios
Imagen de LizardF1
Que buen artículo, me ha hecho revivir el momento. La verdad es que fue el único momento en que note que se me aceleraba el corazón durante la carrera.
Imagen de Troy McClure
Vaya dos. Dos futuros pilotos top. Saludos Compañeros.
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