Almacén F1

La carta de Jochen Rindt a Colin Chapman

4 de mayo de 1969: Jochen sufre rotura de tabique nasal y contusiones en Montjuic

En plena revolución de los alerones, el austríaco escribió a su equipo para pedirles que sacrificaran un poco de rendimiento en pro de la seguridad

AmpliarJochen Rindt, en el hospital tras el accidente de Montjuic - LaF1Jochen Rindt, en el hospital tras el accidente de Montjuic

Vuelta 19. A fondo por la recta de meta dirigiéndose a la curva de izquierdas en rasante. Líder de la prueba, Jochen Rindt no podía prever lo que iba a suceder al llegar allí arriba: perdió el control del coche, que chocó contra los guardarraíles de la izquierda, se elevó a una altura considerable, y rebotó hacia la derecha, donde le esperaba el coche también accidentado de su compañero Graham Hill. Se acercaba a él descontrolado, lo embistió, pasó por encima y volcó, quedando parado boca abajo.

Silencio.

Era el 4 de Mayo de 1969. Era el Circuito de Montjuic, en Barcelona, donde se disputaba por primera vez un Gran Premio de Fórmula Uno, segunda prueba puntuable aquél año tras un parón de dos meses desde el de Sudáfrica. Sí, dos largos meses. Por aquél entonces, la vanguardia en la F-1 eran los alerones, introducidos por Ferrari en el GP de Francia del año anterior. Habían crecido desmesuradamente, tanto en la parte trasera como en la delantera. Era el punto de investigación de todos los equipos, que incluso habían logrado crear alerones móviles por parte de los pilotos, de modo que diesen más o menos resistencia según las partes del circuito. Emocionante demostración de tecnología e investigación.

 

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Jochen Rindt en la vuelta 18

 

Pero la FIA los miraba con malos ojos, y no sólo por su más que dudoso gusto estético. Eran peligrosos, y el Gran Premio de España acabaría siendo su fin.

Colin Chapman, el genial propietario y diseñador de Lotus, era seguramente el que más los había desarrollado, llevando los más altos, cuyos soportes iban directamente anclados en las suspensiones delanteras y trasera. Quizás cuando miró las nubes con las que amaneció Barcelona aquélla mañana de Mayo, sólo pensó en las posibilidades de lluvia. Pero fueron también un presagio de un mal día.

Rindt tenía la pole, y Hill salía tercero en primera fila. En medio, el Ferrari de Chris Amon. De ellos, sólo Hill perdió su posición en la salida con Piers Courage, pero la recuperó en la 7ª vuelta. De nada le serviría.

 

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En primer plano, el Lotus estrellado de Rindt. Más lejos, el de Hill.

 

Vuelta 8. Rasante del Estadio. Graham lo afronta a toda velocidad, pero algo falla en el coche, que se enfila hacia el guardarraíl izquierdo, choca, y rebota hacia el derecho, deteniéndose cerca del Ángulo de Miramar. Hill, aturdido, está ileso. Observa su Lotus 49B. Emprende el camino de vuelta a boxes, pero decide regresar a investigar un poco más. Es el alerón trasero lo que se ha colapsado y desprendido. Los mecánicos de Lotus se apresuran a llegar al lugar del accidente, no lejos de los boxes. Escuchan las explicaciones de Hill, observan el coche, que inexplicablemente sigue aún en la pista.

Y entonces, la vuelta 18. El alerón de Rindt, que está liderando a placer desde el comienzo de la prueba, está flexionándose. No puede ser. Habría que avisarlo. Pero el tiempo que va entre pensar y tomar una decisión es demasiado largo para un Fórmula Uno. Rindt ha comenzado la vuelta 19. Hill y los mecánicos sólo pueden observar cómo Jochen tiene exactamente el mismo problema en el mismo punto, un accidente muy similar pero con consecuencias mucho más graves.

Silencio. 

Los líquidos del Lotus 49B-Cosworth número 2, boca abajo, están derramándose por la pista. Rindt no sale del coche. Los comisarios, los mecánicos y Graham saltan las barreras en pleno frenesí para socorrer al bravo austríaco. Giran el coche, y la imagen es dantesca: Rindt sangra abundantemente, pero está consciente. Hay que sacarlo del amasijo de hierro en que se ha convertido su monoplaza.

 

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Graham Hill asiste in situ a Jochen Rindt

 

Extraído, se lo llevan a un hospital (bajo las atenciones del Dr. Soler Roig, padre del también piloto de Fórmula Uno, Álex). Allí le diagnostican la rotura del tabique nasal y varias contusiones. Nada para lo que pudo haber sido.

La carrera siguió, y vio cómo otros de aquellos enormes alerones se retorcían, como el del Brabham de Jacky Ickx. El Gran Premio lo venció Jackie Stewart con dos vueltas de ventaja, y con el curioso hecho de no haber adelantado a nadie de los que le precedían, que simplemente fueron abandonando.

Mientras tanto, en los días posteriores, Rindt se recuperaba de sus lesiones y del tremendo susto que había experimentado. Su primer accidente realmente fuerte. Ese año era el primero con Lotus, y el aguerrido piloto austríaco no dudó, el 9 de Mayo, en enviarle esta misiva a su patrón, Chapman:

 

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Querido Colin, 

Acabo de regresar a Ginebra y voy a tener una segunda opinión sobre el estado de mi cabeza mañana. Personalmente me siento muy débil y enfermo, todavía tengo que acostarme durante la mayor parte del día. Después de ver al nuevo Doctor y escuchar su opinión podemos tomar una decisión final sobre Mónaco e Indy. 

Me hice con esta increíble imagen que explica casi el accidente, no sabía que había volado tan alto. Robin Herd aparentemente vio el ala irse, pero no pudo ver el accidente, pues ocurrió alrededor de la curva. 

Ahora vayamos a la cuestión, Colin. He estado corriendo F1 durante 5 años y he cometido un error (he embestido a Chris Amon en Clermont Ferrand) y tuve un accidente en Zandvoort debido a un fallo en la selección de una marcha; por lo demás, me las arreglé para no meterse en problemas. Esta situación cambió rápidamente desde que me uní a su equipo, Levin, Eifelrace F2 y los brazos oscilantes, y ahora Barcelona. 

Honestamente, tus coches son tan rápidos que todavía seríamos competitivos con unas libras de más que se utilizasen para hacer la parte más débil más fuerte; por encima de eso yo creo que deberías pasar algún tiempo revisando lo que tus diferentes empleados están haciendo, pues estoy seguro que los brazos oscilantes en el coche de F2 hubieran sido diferentes. Por favor, da a mis sugerencias algún pensamiento, pues sólo puedo conducir un coche en el que tenga un poco de confianza, y siento que el punto de no confianza está bastante cerca. 

Un cordial saludo".

 

Una carta directa y crítica. El talento de Chapman era enorme, y verdaderamente inagotable (como demuestran sus innovaciones a lo largo de la historia), pero también pecaba de llevar al extremo sus conceptos, adoleciendo de falta de fiabilidad. Algo que parecen compartir los grandes proyectistas, pues un tal Adrian Newey es también conocido por algunas fragilidades de sus conceptos. Jochen no podía soportar esas carencias, y menos en una época en la que las muertes se sucedían con total facilidad.

La FIA, de hecho, prohibió fulminantemente esa clase de alerones ya para la siguiente carrera, Mónaco, en la que Jochen no participó, como tampoco en la Indianápolis 500. Estaba recuperándose de sus lesiones, que como secuela le dejaron una nariz un poco más chata de lo habitual. Pero intacto su carácter y sus habilidades de conducción.

Por desgracia, al año siguiente Jochen perdería la vida en Monza a bordo de un Lotus, el 72C. Cosas del destino, había decidido probar para la clasificación el coche sin alerones, en un intento de reducir la resistencia y lograr una mayor velocidad punta. Pero esta vez no era un problema de alerones: algo falló en los frenos al llegar a la Parabólica, y Jochen se nos fue. Esos eran riesgos a los que los pilotos se enfrentaban, pero que intentaban minimizar con peticiones como la de la carta, cada vez más sensibilizados y preocupados por su seguridad.

Seis años después del accidente de Rindt, Rolf Stommelen tuvo otro en el mismo punto del circuito urbano de Montjuic, pero con terribles consecuencias. Y Montjuic dijo adiós a la Fórmula Uno. Pero eso ya es otra historia.

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8 comentarios
Imagen de Troy McClure
Que gran artículo. Realmente vale la pena ver la hemeroteca. Saludos Compañeros.
Imagen de 1571
tocayo vinuesa,cada dia te superas,esto demuestra que hay que valorar mas a los pilotos,son los verdaderos heroes..
Imagen de Mend
buen articulo ............ seguimos por ese camino .
Imagen de tombilla
Con esta narrativa, he tenido la sensación de que un comentarista deportivo lo estaba narrando en vivo trasladando mi imaginación a unas imágenes como si lo estuviese viviendo en ese momento, sensacional!!, gran articulo, siempre enseñando lo que es la f1, no sólo se trata de ver una carrera el fin de semana se trata de una cultura, saludos y felicitaciones
Imagen de Raulos
Excelente artículo, muy bonito y bien redactado. Gracias por compartir ésta anécdota perdida en el tiempo sobre uno de los mejores pilotos y de otro de los mejores diseñadores. Imposible sería recordarlo pues tenía a lo sumo un año de vida, pero gracias a ti J. M.Vinuesa, lo pondré en el baúl de los recuerdos.
Imagen de Jimmy46
Perdon, en mi comentario anterior omití explicar que me refiero al accidente en Monza en 1970 que le cuesta la vida a Rindt.
Imagen de Jimmy46
DEspués de muchos años he leído que el accidente de Jochen se debió a que el equipo (Chapman) hizo salir en Monza a los Lotus 72 SIN alerones para ganar velocidad máxima. John Miles (el segundo piloto) después de dar una vuelta se negó a seguir así pues el auto perdía totalmente en control. Jochen siguió con esa configuración, llega muy rápido a la zona de frenaje con el auto totalmente desbalanceado aerodinamicamente y al frenar se cruza y salió para abajo del guardrail (que además tenía solo una hoja). Así se perdió una de los mas grandes talentos.
Imagen de jero30
muy emotivo e instructivo. genial como siempre ...muchas gracias
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