Almacén F1

GP de Singapur F1 2017: Hamilton golpea el Mundial en el fratricidio de Ferrari

AmpliarLewis Hamilton celebra su victoria en Singapur - SoyMotor.comLewis Hamilton celebra su victoria en Singapur

La oscuridad que había dejado el circuito de Monza en Ferrari llegó a la carrera nocturna por tradición, el Gran Premio de Singapur, que celebraba en esta edición su décimo aniversario en la Fórmula 1 con el anuncio de su renovación hasta 2021. Las dudas de Ferrari estaban más provocadas por los dirigentes que por el propio seno del equipo, que sabía que la carrera de casa iba a ser complicada. En Singapur tenían que recuperar el ánimo para iniciar con buen pie la recta final del campeonato. La luz debía encenderse para ellos.

A la inversa, Mercedes venía de arrasar en la carrera anterior, pero las dudas asaltaban al equipo alemán, sabedor de que el circuito urbano de la pequeña ciudad-estado no les había resultado nunca especialmente favorable. Como elemento de esperanza, la victoria de Nico Rosberg el año pasado, pero como temor el año 2015, cuando el Mercedes no fue capaz de funcionar en la noche. Marina Bay no sería Monza, eso seguro, pero si era un desastre en rendimiento, el campeonato volvería a darse la vuelta de manera dramática. Lo que sí era seguro ya sería la continuidad de Valtteri Bottas en 2018, merecido premio para quien está cuajando un muy buen año a los mandos del mejor coche de la parrilla. La estabilidad y el buen ambiente han sido muy apreciados en la firma de la estrella de tres puntas.

Mientras tanto, ajenos a las envidiables preocupaciones de los equipos de cabeza, el resto de la parrilla dio inicio al juego de sillas que supone el cambio pilotos y motoristas. La esperada noticia de que McLaren y Honda romperían su relación se oficializó el viernes, después de los primeros entrenamientos libres, y eso provocó una cascada de anuncios. La continuidad de la asociación anglojaponesa no era sostenible por más tiempo, y el fracaso ha sido absoluto, sin paliativos posibles para quienes han sido incapaces de lograr ni un solo podio en tres años, cuando cada año apuntaban a las victorias. La culpa es compartida, por mucho que el peso de la responsabilidad caiga más sobre el lado del motorista. Triste punto final para una combinación cuyo nombre traía a la memoria una época gloriosa en la F1. 

McLaren se asocia a Renault, lo cual es un salto cualitativo a nivel de motores innegable, pero los franceses tampoco están a la altura de los Mercedes o Ferrari, y su fiabilidad es preocupante en muchas ocasiones, además de que sus evoluciones parecen no llegar nunca, o no al menos al nivel que anuncian. Y no dejemos de lado que serán un equipo cliente, justo lo que el defenestrado Ron Dennis no quería cuando dejó los motores Mercedes a finales de 2014. Para Honda, que se mostraba avergonzada por su colaboración estos años, la opción no era la de salir de la competición, sino asociarse con un equipo de media tabla: Toro Rosso, que dejará de equipar los Renault. Y de Toro Rosso se marchará, quizás ya para la próxima carrera, Carlos Sainz con destino a Renault, en un acuerdo muy beneficioso para el español: recala en un equipo que está creciendo y que lo quería con firmeza, pero a la vez Red Bull mantiene una opción sobre el español durante tres años, sencillamente porque no estaban dispuestos a dejar escapar el talento del piloto que han formado. El triunfador en este triángulo, Carlos Sainz.

Y Red Bull, a su vez, dejará de equipar en 2019 los motores Renault, con los que consiguieron sus mayores éxitos, y con los que todavía son capaces de ganar carreras aun no teniendo un conjunto a la altura de los mejores. ¿Quién será el motorista de los austríacos después de 2018? Esa es la duda. El que ya no las tuvo, y el domingo anunció su renovación, fue Sergio Pérez con Force India. Se mantendrá así la explosiva combinación con Esteban Ocon, pero es que el mexicano no tenía otras opciones más competitivas hacia las que dirigir su futuro, y los hindúes afincados en Silverstone eran su mejor opción para asegurarse un coche con un rendimiento razonablemente bueno.

 

 

Sí, había una carrera que disputar, aunque las noticias fueran más jugosas fuera de la pista. Los entrenamientos libres arrancaron, como es habitual en este trazado, de día, con el sol cayendo poco a poco, en unas condiciones de pista y lumínicas que no son representativas para la clasificación o la carrera. Los Mercedes comenzaron con el neumático superblando marcando un ritmo competitivo frente al resto de equipos, que en su mayoría utilizaba el ultrablando. Cuando los coches plateados usaron este compuesto, también mantuvieron unas buenas prestaciones. No parecía que el coche se comportase mal, y podría esperarse una adaptación correcta a la pista, pese al sexto puesto de Valtteri Bottas, a casi un segundo del líder de la sesión, el Red Bull de Daniel Ricciardo, que con su 1’42’489 ya marcaba tiempos espectaculares respecto al pasado. Muy cerca, casi de manera obvia, estaba el Ferrari de Sebastian Vettel, a solo 0’109. Pero en realidad sólo lo logró a falta de veinte minutos. Durante toda la sesión, los coches italianos estaban lejos. Pero su compañero estaba especialmente lejos, séptimo a 1’245 segundos. Era el finlandés el que encendía las luces de alarma: los neumáticos delanteros no se calentaban, algo que padecía Vettel en menor medida. Dudas.

Mientras tanto, los Red Bull eran rápidos en cualquier circunstancia. Max Verstappen era tercero a sólo 0’121. Su dominio era soberbio en el trazado urbano, el chasis respondiendo perfectamente a las características del circuito. Eran sólo las primeras vueltas del fin de semana, pero se vislumbraba una amenaza para los equipos de cabeza. Por detrás no hubo sorpresas especiales, salvo que los McLaren se mostraban en forma, como se vaticinaba, pese a un recurrente ‘no power’ de Alonso durante la sesión, para no perder la costumbre. Carlos Sainz no participó en la sesión, con su coche ocupado por el piloto de F2 Sean Gelael, que quedó decimoctavo. Daniil Kvyat era quien debía ceder su asiento, pero en el último momento se cambiaron las tornas: era sólo una pista más del contrato que el español había firmado con Renault.

La segunda sesión sería la que debería responder muchas dudas, o generar nuevas. En condiciones ambientales de carrera, los Red Bull se volvieron a mostrar firmes, especialmente a una vuelta, pero cerca en ritmo de carrera. Muy cerca. Ricciardo seguía controlando la tabla de tiempos con un 1’40’’852, y fue el único en bajar a ese segundo: su compañero Verstappen, con su 1’41’’408, estaba segundo, pero a 0’556. Los Mercedes parecían resolver sus preocupaciones, especialmente cuando con neumáticos blandos –el más duro del fin de semana– eran capaces de marcar tiempos competitivos. Sin embargo, Lewis Hamilton estaba ligeramente errático, y se salió de pista en el mismo punto que lo había hecho en la primera sesión. Su compañero se quejaba de falta de agarre, y bloqueaba ruedas con cierta frecuencia. Estaban a 0’703 y a 1’252 segundos de los Red Bull, respectivamente. Muy lejos.

Pero eso no era nada para la oscuridad que invadió a Ferrari. Con los blandos estaban escandalosamente lejos. Con los ultrablandos se acercaban, pero no había manera de poner temperatura a los neumáticos delanteros. Kimi Räikkönen era un lejano noveno a 1’983 segundos, pero es que Vettel era decimoprimero a 2’252 segundos de la cabeza. Cierto que el alemán no fue capaz de completar una vuelta rápida, primero por encontrarse con un Sauber, y en su segundo intento por tocar una barrera –que al desprender una valla publicitaria motivó un coche de seguridad virtual–, lo que además motivó comprobaciones en los boxes. Ferrari creía que estaban cerca de los Red Bull, pero no tenían la prueba. Kimi no lo estaba. Y aunque el ritmo de carrera era bueno, había mucho trabajo que hacer para afinar la configuración del coche, y esa noche trabajaron hasta muy tarde para encontrar soluciones. Su previsible fin de semana de dominio estaba en un precario equilibrio en ese momento.

En McLaren, sin embargo, sonreían. Vandoorne sexto, Alonso séptimo. Con holgura, sin engaños. Este era su fin de semana, debía serlo, la pista más favorable que les queda en lo que resta de campeonato. El resto puede ser tortura, pero aquí era el momento de tomar un respiro, y al menos estar con tranquilidad entre los diez primeros, lo que debería haber sido hace ya tres largos años. Sí, estaban muy lejos de los Red Bull, pero no eran esos sus tiempos, sino con el Renault de Hülkenberg, quinto, o con el Force India de Pérez, octavo. Estaban en la cabeza del grupo medio.

 

SÁBADO

El viernes sólo dejó realmente feliz a Red Bull. Así que el sábado llegó con caras de preocupación en muchos garajes. En el de McLaren fueron mayores cuando tras la vuelta de instalación, el coche de Alonso tuvo un problema que le retuvo algunos minutos. Se relajaron al solucionarlo con velocidad. Y con velocidad empezaron los Ferrari, marcando el ritmo, con Vettel dejando atrás por un segundo a su compañero de equipo. Los cambios en el coche habían funcionado, y aunque Kimi aún sufría, entraba dentro de su ya tradicional problema con el eje delantero. Sebastian sí que podía apurar los límites de su monoplaza, para alivio de los italianos. El problema eran los Red Bull, que no cedían en su despliegue de rendimiento. De repente, Verstappen marcaba un 1’42’’249 que dejaba a Vettel a 0’988 segundos. Enseguida, Ricciardo era segundo a 0’268 de su compañero. Los austríacos no jugaban un farol. Eran muy fuertes este fin de semana.

Un accidente de Marcus Ericsson a la salida del túnel debajo de las gradas provocó una bandera roja mientras se limpiaba la pista, y eso dejó un momento de pausa para reflexionar en mitad de la sesión. ¿Por qué era tan fuerte Red Bull? ¿Iba Ferrari a dominar este Gran Premio? ¿Realmente Mercedes estaba tan perdida? La reanudación de la actividad en pista empezó a resolver las preguntas: Vettel marcaba un 1’41’’919 y se colocaba primero, mientras Hamilton sólo lograba un 1’42’’952 para ser sexto, su compañero cuarto por apenas dos décimas, y Räikkönen en medio. Vettel mejoraba un poco más, apenas 18 milésimas. Y entonces, llegaba el golpe de Max Verstappen: 1’41’’829, primero por 0’072 segundos respecto a Vettel. Y luego, Hamilton sacaba una vuelta perfecta para ser tercero a poco más una décima. Eran los únicos en los ’41. El resto estaba lejos. Y para sorpresa de muchos, eran los McLaren los perseguidores de estos tres: Alonso cuarto, Vandoorne quinto. La serenidad estaba definitivamente en el box inglés. Esta debería ser una buena carrera.

Hora de descubrir definitivamente las cartas de todos, en una clasificación que era la más abierta no ya de este año, sino de los últimos años. Aún con todos los condicionantes, los seis pilotos de los tres mejores equipos tenían una oportunidad de conseguir la pole. Red Bull había liderado todas las sesiones hasta entonces, y en la primera tanda de clasificación hizo lo mismo, con Max Verstappen primero con un 1’42’’010, y su compañero a 0’053 segundos. En realidad, la clasificación se desordenó al final, cuando pilotos como Alonso o Sainz mejoraron espectacularmente sus tiempos para ser tercero y cuarto, mientras pilotos como Hamilton, sexto, Bottas, décimo, Räikkönen decimoprimero y Vettel decimosegundo estaban fuera de sus posiciones naturales.

Williams volvió a su particular calvario en esta sesión. Durante todo el fin de semana no estuvieron, y el toque de Massa en la penúltima chicane, pinchando el neumático trasero derecho, sólo certificó la evidencia de haber vuelto al fondo de la clasificación de ambos monoplazas. Sólo eran mejores que los Sauber, y estaban muy lejos de Kevin Magnussen, el primero de los eliminados. La caída de rendimiento del equipo desde el año 2014 ha sido paulatina pero constante, y es una lástima después de los dos primeros años de esta era híbrida que devolvió a la histórica formación a los puestos de cabeza.

 

 

En la segunda sesión no podría haber fallos entre los grandes. Y no los hubo. Pero seguían siendo los Red Bull los que mandaban, de nuevo Verstappen con un 1’40’’332. A la misma distancia que en la primera sesión, 0’053 segundos, la sombra de Daniel Ricciardo. Y entonces, los Ferrari, con Kimi delante de Vettel, ambos muy juntos, y a casi dos décimas de los Red Bull. Hamilton era quinto, pero su compañero de equipo certificaba sus malas sensaciones en este fin de semana: sólo era octavo, a un largo segundo de la cabeza. Hamilton ponía al Mercedes más arriba de lo que le tocaba. Bottas no podía, ni podría, hacerlo.

Fernando Alonso no tuvo una buena primera vuelta, y estaba fuera de la última sesión hasta que enmendó la situación y se colocó noveno, pero con seis décimas de ventaja sobre Palmer, el primer eliminado. De haber caído un McLaren –Vandoorne estaba sexto– hubiera sido una sorpresa notable. Aunque la sorpresa fue el décimo lugar de Carlos Sainz, al cual no se esperaba en la última sesión por lo visto durante el fin de semana. Su compañero estaba fuera por mucho, pero el madrileño sacó un rendimiento a una vuelta que no estaba. Los Force India cayeron, lo que visto el transcurso del año es noticiable, mientras que Hülkenberg mantuvo a su Renault en una posición delantera, séptimo, mientas que Jolyon Palmer, ya defenestrado del equipo, se quedaba a las puertas de superar el corte.

La definitiva tercera sesión estaba abierta, al menos entre cinco pilotos. Era complicado apostar por alguno de ellos, pero todo indicaba que un Red Bull estaría en la pole position. Lo habían merecido, lo habían trabajado, y el coche tenía todo el potencial. Sin embargo, en la sesión de entrenamientos de todo el fin de semana que hay que liderar, Sebastian Vettel sacó a relucir todo el potencial de sí mismo y de su Ferrari, y con su primer intento, un 1’39’’669, logró desbancar a todos de la primera posición. El más cercano era Verstappen, pero a algo más de una décima. Los Mercedes, hundidos en quinta y sexta posición.

Y si esa primera vuelta, que le hubiera dado la pole, no fuese suficiente, Vettel aún mejoró su tiempo, lo rebajó a un impresionante 1’39’’491, y dejó definitivamente a Verstappen a 0’323 segundos. Ricciardo sería tercero, y Kimi Räikkönen cuarto. Bottas estaba a 1’319 segundos, más cerca de ser superado por el Renault de Hülkenberg que con opciones de incomodar a Hamilton. Fernando Alonso se colocó octavo, superando en dos décimas a su compañero de equipo, y cerró la tabla Carlos Sainz, muy lejos de todos, pero con el buen sabor de boca de estar donde realmente no debía.

Vettel estaba naturalmente contento. La perspectiva para la carrera era halagüeña, salvo por la amenaza de los Red Bull. Claro, que Verstappen saldría por la zona sucia, muy sucia en Singapur. Pero sólo con que la carrera acabase así, la situación en el campeonato hubiera sido muy beneficiosa para el alemán.

 

 

DOMINGO

Pero el domingo llovía. Eso significaba más complicaciones, y una salida mucho más abierta para todos. Y peligro. Los seis primeros optaron por salir con neumáticos intermedios, una opción que podría parecer arriesgada por el hecho de estar lloviendo, pero en realidad la peor opción era la de los de lluvia, que usaron muchos en la parrilla. Sería la primera vez que la lluvia hacía acto de presencia en la carrera en la carrera nocturna, y nadie podría saber qué esperar.

Lo que no esperaba nadie era lo que iba a ocurrir al apagarse los semáforos. Vettel no salió bien, pero tampoco mal: cuanto menos a la par de Verstappen, que asomaba ligeramente, por lo que el alemán decidió cerrar un poco la trayectoria. Pero desde la cuarta posición, Kimi Räikkönen había iniciado la carrera magistralmente, superando al Red Bull para colocarse segundo. En esa fracción del tiempo, la situación era perfecta para la Scuderia. Pero entonces, se desató el caos. Kimi se cerró hacia Verstappen, lo justo para que su rueda trasera derecha tocara la delantera izquierda del Red Bull. El Ferrari número siete viró como una peonza, y el destino era el peor de todos para su equipo: su compañero de equipo, al que destrozó el lateral, dejando a la vista el radiador. Vettel no se descompuso, y mantuvo el control del coche, algo que ya no tenía Räikkönen con su suspensión trasera rota.

Llegando a la primera curva, Vettel tuvo que defenderse del ataque más inesperado de todos. Sí, a su derecha estaba un Lewis Hamilton que yendo por fuera había hecho una salida excepcional. El Ferrari mantuvo la posición, herido de muerte en su costado. Sólo ellos se libraron del caos que Kimi acabó de completar al volver a impactar con Verstappen, y este a su vez contra un Fernando Alonso que también había comenzado muy bien la carrera, siguiendo la senda exterior abierta por Hamilton y encumbrándose a una posible tercera posición. El de McLaren pudo seguir, pero duodécimo. El Ferrari y el Red Bull estaban fuera.

Sebastian Vettel aceleró hacia la tercera curva. Entre el agua, y los líquidos que fluían de su monoplaza, perdió el control del coche, impactó contra el muro, perdió completamente el morro de su Ferrari, y encontró de frente a un Lewis Hamilton al que, quizás, hasta pudo verle los ojos abiertos de par en par ante el devenir de los acontecimientos. El inglés no podía creerlo. Era líder de una carrera que difícilmente hubiera podido ganar. El mensaje por radio fue claro en cuanto salió el coche de seguridad: esta era una carrera en la que llevar el coche a meta, algo que Hamilton ya sabía.

Ferrari acababa de cometer un fratricidio similar al de aquel Gran Premio de España de 1975 en el circuito, también urbano, de Montjuic. Allí fue Clay Regazzoni quien tocó a Niki Lauda, y ambos acabaron fuera de carrera. Aquel año, sin embargo, el título acabó en las vitrinas de Ferrari. Esta vez, las perspectivas son mucho más complicadas. La Scuderia, en la carrera más favorable de lo que queda del calendario, acababa de dinamitar el campeonato del mundo. Se abrió una investigación en la que ninguno de los implicados fue acusado y condenado. Ya llevaban suficiente penitencia encima tras lo que no era sino un lance de carrera que en una carrera en mojado era posible.

 

 

 

Claro, que Hamilton aún tenía que ganar, por supuesto. Y tenía detrás a un Daniel Ricciardo que durante todo el fin de semana había mostrado mejor ritmo, al menos en seco. Pero con el circuito mojado, era la sensibilidad de Lewis Hamilton la que sobresalía por encima de todas las cosas. Equilibrio, tacto, velocidad. Se fue haciendo pequeño para el Red Bull. Lewis era un líder sólido.

Por detrás, muchos pilotos habían ganado posiciones, entre otros Carlos Sainz, que luchaba a brazo partido con Ocon hasta adelantarlo en la vuelta 9, o un Jolyon Palmer que estaba por delante de Valtteri Bottas, y resistiendo sus ataques de forma serena. O Sergio Pérez, que estaba cuarto. O más aún, un Nico Hülkenberg que había colocado su Renault en tercera posición. La parrilla era un delicioso caos con una variedad de rendimiento que auguraba diversión. Es lo que tiene el agua, en un circuito urbano, dos condiciones que premian a las manos.

El que no pudo demostrar lo que llevaba dentro tanto el coche como él mismo fue Fernando Alonso, que en la vuelta 9, con el coche muy dañado por el fuerte impacto de la salida, recitaba una vez más el manido ‘no power’ por radio, lo que significaba el camino de la retirada. Poco después, en la vuelta 11, Carlos Sainz, que estaba atrapando a los pilotos por delante, imitaba a Kimi Räikkönen en Abu Dhabi 2012, con su mensaje a su ingeniero: ‘leave me alone, I need to focus’. Déjame sólo, porque en estas condiciones bastante tengo con mantenerme en pista, y es algo que puedo hacer con concentración. La que no tuvo Daniil Kvyat, su compañero, que en esa misma vuelta chocaba en la curva 5 y provocaba un nuevo coche de seguridad.

Muchos pilotos aprovecharon para cambiar sus neumáticos de lluvia por intermedios, lo que propició que Carlos Sainz ascendiese al cuarto lugar, y Bottas al segundo. Ricciardo se mantuvo en segunda posición pese a entrar a colocar unos nuevos intermedios. Pero al relanzarse la carrera en la vuelta 15, el australiano no pudo inquietar a Hamilton, que se escapó un poco menos que al inicio, pero que se mantuvo intocable.

Al llegar a la vuelta 21, la pista ya mostraba un carril seco en la trazada. La posibilidad de cambiar a neumáticos de seco se hizo patente, y fue Kevin Magnussen quien tomó el riesgo de ser el primero en probarlo en la vuelta 25. Y funcionaba. Así que entre esa vuelta y la 30, todos pasaron por los boxes, pero sólo un piloto optó por el superblando: Carlos Sainz, porque no tenía un ultrablando nuevo. Era una elección forzada, pero que podría resultar válida. Había caído a quinta posición por detrás de Hülkenberg, y se veía presionado por Sergio Pérez, pero aguantó los ataques y se fue liberando de la presión. La carrera estuvo estable hasta que en la vuelta 38 el Sauber de Markus Ericsson apareció en dirección contraria en el puente del circuito. Era otro coche de seguridad.

Hamilton se quejó por ello. Volvía a colocarle en peligro cuando tenía una ventaja considerable. Pero no había otra posibilidad en el punto más estrecho del circuito. Lo que sí que implicaba era que la carrera no se completaría a las vueltas previstas, sino por el tiempo máximo de dos horas, una situación que hacía tiempo que no se veía. A Hülkenberg se le complicó la carrera con un problema hidráulico que le hizo pasar por boxes y caer a la décima posición, pero que acabó por hacerle abandonar.

A partir del momento en el que a falta de 26 minutos se marchó el coche de seguridad, la carrera fue una procesión sin cambios de posición en la pista. Todo era estable, especialmente para Lewis Hamilton, que mimaba su monoplaza para llegar a la meta. Y en estas situaciones, podría haber fallado el coche –pensemos en Malasia 2016– pero no el piloto. Concentrado. Preciso. Y muy rápido. Así que cruzó la meta y logró una victoria fundamental para sus aspiraciones al título, y que no podría haber soñado el sábado de madrugada. Quizás un cuarto puesto. Con algo de suerte, un tercero. Esto era un regalo, trabajado en cada vuelta, y recogido con las dos manos. 

 

 

Ricciardo, que podría haber parecido un contendiente a la victoria, se tuvo que resignar con un nuevo podio, que no es poco botín, pero sin el Ferrari de Vettel en pista, puede parecer insuficiente. Lo fundamental es que el australiano no falla casi nunca. Y otro que estuvo donde jamás esperaba fue Valtteri Bottas, tercero en meta. Su rendimiento durante todo el fin de semana fue muy pobre, y de repente, con su resultado, además de aumentar sus opciones hacia el subcampeonato, reforzaba la posición de Mercedes en el campeonato de constructores, donde ahora aventaja en 102 puntos a Ferrari, una distancia casi insalvable ya.

Una de las mayores alegrías en toda la parrilla fue la de Carlos Sainz, espectacular cuarto clasificado. Es el mejor resultado de su carrera, en un Gran Premio muy complicado, en el que la serenidad es fundamental. Justo cuando su futuro se encamina lejos de Toro Rosso, les regala un gran resultado, tanto que el jefe del equipo, Franz Tost, se niega a permitir que en Malasia el español se suba al Renault. La joya está pulida, y Carlos logrará lo que sus manos y los coches de que disponga le permitan. Su madurez es ya plena, su pilotaje es rápido y seguro. Sus resultados, mejores de lo que debería permitir el coche. Un fin de semana redondo para el español.

Detrás suyo, Pérez lograba una quinta posición difícil de imaginar el sábado, y vuelve a posiciones punteras. Y otro que estaba pletórico era Jolyon Palmer, que lograba con su sexta posición los primeros puntos en sus dos temporadas de F1. El inglés, más fuera de la F1 que dentro, y ya defenestrado por Renault, por fin pudo demostrar parte de su valía. Sus últimas carreras no han sido malas, y ya desde Spa había algún destello de buen rendimiento. En una carrera así de complicada, Palmer firmó un Gran Premio sin apenas objeciones. Lástima que una prestación así haya llegado posiblemente demasiado tarde.

Stoffel Vandoorne materializó para McLaren un resultado positivo que sabe incluso a poco para lo que se esperaba del equipo este fin de semana, pero los acontecimientos no les fueron especialmente favorables. Es un buen séptimo, pero queda en el ambiente que Alonso podría haber estado mucho más adelante. Octavo un sorprendente Lance Stroll, con una carrera fuera de los focos pero muy sólida, que le hizo trepar hasta la octava posición. Curiosamente, en una carrera movida como la de Bakú también logró un resultado inesperado. Los puntos los cerraron Romain Grosjean y Esteban Ocon.

Lewis Hamilton es líder. Muy líder. Cuando menos lo esperaba. Pero las carreras son así de impredecibles, y ahora Vettel tiene un cero muy peligroso para lo que queda de campeonato. Hamilton aún no lo tiene, y podría llegar, pero tiene 28 puntos de ventaja, un colchón que no le permite relajarse, pero sí jugar, incluso teniendo una mala carrera o un abandono. Los circuitos que están por venir ya no marcan a ninguno de los dos equipos en liza por el título como propio, pero es innegable que el Mercedes es en términos globales el mejor coche de la parrilla, por lo que no habrá más ‘Singapures’ en las seis carreras restantes. Esta carrera podría haber significado el punto de inflexión que decidió quién será el campeón del mundo de 2017. Hamilton ha dado un golpe. Vettel está contra las cuerdas. Y en estas condiciones, cierto tricampeón del mundo inglés extrañamente falla.

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13 comentarios
Imagen de marcelo chimienti
Los mas incompetentes fueron en orden de aparicion, 1) Kimi, que no tenia nada que ganar o perder en el campeonato, 2) Seb, que con terminar 2 o 3 puestos delante de Hamilton le alcanzaba perfectamente para igualarlo en el campeonato. A Max que querìa ganar su primer carrera, lo partiò una Ferrari, lo mismo que a Alonso. Los UNICOS CULPABLES, del desastre fueron los pilotos de Ferrari, que nos dejaron sin una carrera que podrìa haber sido una de las mejores de la temporada y a los ferraristas, con una bronca de aquellas. QUE QUISERON HACER????
Imagen de marcelo chimienti
En orden de analizar la largada desde el punto de vista de motivaciones: 1) Max querìa ganar su primer carrera, y largaba en 1ª fila. Vaya si es importante para CUALQUIER PILOTO ganar su primera carrera. 2) Seb, mientras estuviese 2 o 3 puestos delante de Hamilton, le alcanzaba para igualarlo en el campeonato 3) Quien no tenia nada que ganar o perder en el campeontao, era Kimi, y fuè quien lo partiò a Max. Que quiso demostrar? Ademàs todos sabian que iba a haber mas de un auto de seguridad, encima con lluvia Si yo hubiese sido Horner, a los dos pilotos de Ferrari, no los dejo salir vivos del circuito. Por si esto fuera poco, una vez que el McLaren Honda de Alonso andaba en serio, se encuentra una Ferrari atravesada en su camino y destroza su auto. Creo que Ferrari debiera echar a sus dos pilotos o internarlos por un tiempo en una clinica psiquiatrica para que se calmen. Asi los ferraristas no vamos a ningun lado, con estos dos zapallos.
Imagen de marcelo chimienti
Por mas que Max, no jugara puntos importantes, el habia salido a ganar su primera carrera, no veo porque tenìa que dejarle paso libre a Seb. Estba en todo su derecho de ganar por fin y dfeneder esa posibilidad. Que razon habia para que Max no se propusiera ganar su primer carrera?
Imagen de marcelo chimienti
Creo que el Gran Perjudicado fue Mad Max.que por primera vez larga en 1ª fila. Incomprensible la maniobra de Vettel, y de Kimi encerrando a Mad Max que habìa largado prolijamente, tranquilo, como habìan acordado al final de la clasificacion. Mad Max habìa obtenido el 2do tiempo sin darse contra los paredones como Seb. Creo que despues de lo visto en Hungria esa carrera era para Mad Max, sin duda alguna
Imagen de Raulos
Gracias JMV. Mi parecer, ya visto todo, es que Max no sabe controlar su ímpetu de largada. Si ésta fuera la F1 de los 70s o incluso los 80s, los pilotos mismos se habrían encargado de sacarle a patadas de los circuitos, debido a que ya habría puesto en peligro su integridad y la de otros pilotos. En esas épocas sí que se jugaban la vida, como para estar aguantando a alguien que no se midiera. Por ahí, un antiguo piloto señaló que los pilotos actuales no tienen conciencia del riesgo, para ellos y para Verstappen en particular, parecería que únicamente juegan al PlayStation. Saludos y gracias por el bonito artículo. Nos leemos.
Imagen de F1-Team
[#6 Gerry35] Despues de ver ese GIF Ya no me queda lugar a dudas que Vettel deja espacio suficiente. Y parece como si Max no supiera reacionar.
Imagen de F1-Team
[#1 F1-Team] Y alguno vota negativo por darle felicitar y darle las gracias al redactor de esta nota --- Se que me van a editar el comentario, pero tengo que decirlo --- [Editado por la Administración SoyMotor.com]
Imagen de Gerry35
[#3 jmvinuesa] Gracias. Muchas gracias por responder, y además por hacerlo tan rápido. Muy amable. Estamos pues de acuerdo en el tema (y veo que otros foreros también). Creo que el GIF que colgó en otro comentario el forero jlopez deja claro el tema. https://giphy.com/gifs/Eyr8R1dAItpPG?utm_source=media-link&utm_medium=landing&utm_campaign=Media Gracias otra vez, y un cordial saludo.
Imagen de Rey
Mis mas sinceros respetos nuevamente, magnifico resumen y coincido plenamente en un lance de carrera perfectamente posible en cualquier salida, al igual que ud. he visto en algunas imagenes las ruedas de kimmi ligeramente hacia la derecha y esto ocurre justamente cuando Max va en trayectoria hacia la izquierda, pero uno cae en duda por los angulos y demas, de cualquier forma, no creo exista un culpable como determino la FIA, pero a mi modo de ver si hubiera que buscar alguno estaba entre ellos dos. Gracias nuevamente por su objetividad.
Imagen de F1-Team
[#3 jmvinuesa] Exacto, Vettel se cierra dejando espacio, Yo no veo a Max en ningun momento acorralado por Vettel. Como cualquier salida el primero siempre intenta tapar al que le sigue, y encarar la primera curva de forma que no puedan ganarle la posicion, Vettel hizo lo mismo que Alonso en Singapore 2010, es la forma correcta de negociar las dos primera curvas.

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