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GP de Canadá F1 2017: Intratable Hamilton

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El circuito Gilles Villeneuve de Montreal es un trazado curioso. No es urbano, pero tiene los muros tan cerca que los pilotos tienen que ser en muchas zonas tan precisos como en Mónaco, y la modificación del 'Muro de los Campeones', a la salida de la última chicane, no fue tan significativo como se publicitaba. Por otra parte, mezcla dos tipos de circuito: un primer sector revirado en el que las bondades del chasis salen a relucir, y un segundo y tercer sector al más puro estilo de Monza, con largas rectas cortadas por chicanes. Un lugar que siempre depara carreras preciosas.

Para poder combinar ambas características, los equipos traían novedades, especialmente en el plano aerodinámico, con alerones específicos para un circuito de carga más bien baja. Obviamente, los primeros entrenamientos no suelen dejar datos importantes en este circuito, prácticamente sin uso de competición, y en el que hay que limpiar la trazada poco a poco, fruto de lo cual muchos pilotos tuvieron que lidiar con el agarre, y terminaron con trompos. Como en Mónaco, era Lewis Hamilton era el que dominaba la sesión con un tiempo de 1'13''809, seguido en la distancia corta por Sebastian Vettel, en lo que anunciaba ya la lucha a vivir durante el fin de semana. Mientras tanto, Carlos Sainz no daba ni una vuelta con problemas de motor, y Fernando Alonso, de vuelta a su McLaren de F1, volvía a vivir la decepción de una rotura en los compases finales.

En una segunda sesión mucho más representativa, volvía a surgir Kimi Räikkönen, rápido y preciso como había ocurrido en la carrera anterior. Colocaba al Ferrari como referencia, único en bajar del 1’13’’ con un tiempo de 1'12''935. En un circuito en el que la tracción es muy importante, tanto el Ferrari como el Mercedes estaban en otro planeta para el resto de la parrilla, y ni siquiera los Red Bull, como ocurrió dos semanas atrás, eran capaces de estar cerca y postularse como incómodos invitados. Peor aún, Daniel Ricciardo se veía aquejado por problemas, que se reprodujeron en el coche de Verstappen al final de la sesión, causando una bandera roja, de modo que veían comprometida su puesta a punto. Y eso, a su vez, perjudicó a Fernando Alonso, que sólo dispuso de 30 minutos en toda la sesión mientras reparaban su coche, y se vio afectado por la interrupción de la sesión.

Con los datos recabados, quedaba de nuevo claro que los neumáticos ultrablandos volvían a ser suficientemente resistentes para la carrera, y que los superblandos se mostraban casi demasiado duros. La opción principal serían los marcados con color violeta. Con ello, el ritmo de los Ferrari y los Mercedes era muy similar, algo mejor para los coches alemanes, pero con la igualdad a la que ya estamos acostumbrados este año. El detalle que marcase la diferencia sería el que entregaría la victoria a unos u otros.

Así que el sábado por la mañana en Canadá, la sorpresa –relativa– fue la de ver a Ferrari muy en cabeza. Quizás demasiado. Sebastian Vettel se erigía con su espectacular 1'12''572 como el aspirante claro a la pole position, con su compañero de equipo, el ya menos cariacontecido Kimi Räikkönen, en segundo lugar a casi tres décimas, con Hamilton cerca, la sorpresa de Verstappen, y Bottas algo descolgado. McLaren rodaba sin problemas, lo que era noticiable, y por la tarde ganaría la recuperada tradición de carreras de balsas por el río San Lorenzo, en el que fue canal olímpico para piragüismo.

A la hora de la clasificación, Ferrari mostraba su confianza al realizar la Q1 con neumáticos superblandos, mientras que todos los demás lo hacían con el ultrablando. En ese momento, la Scuderia confiaba en tener todo bajo control, y no malgastó uno de los preciados compuestos, y fue Hamilton el que encabezó la sesión. Por su parte, el primer canadiense en un G.P. de Canadá desde Jacques Villeneuve, Lance Stroll, quedaba eliminado. El joven piloto de Williams sigue luchando con su monoplaza, aunque su lenguaje corporal con el coche se haya ido suavizando, y que no tuviera un incidente en todo el fin de semana era ya algo positivo. Pero su compañero Felipe Massa estaba en la siguiente ronda. Se podría argumentar que la bandera amarilla final causada por el Sauber de Pascal Wehrlein en los últimos minutos frustró toda mejora de los eliminados, pero quizás la única sorpresa fuera la de ver a Magnussen eliminado, dado el rendimiento de su Haas. La bandera, eso sí, podría haber ayudado a Carlos Sainz a clasificarse, aunque el ritmo del español era suficientemente bueno para estar en la Q2, al igual que el de un ya no tan sorprendente Alonso en la segunda sesión.

La segunda sesión, pese a lo apretada que se vislumbraba la zona media de la parrilla, arrojó una cómoda ventaja para el décimo clasificado, Nico Hülkenberg con el Renault –que sigue estando en posiciones delanteras con regularidad­–, puesto que la brecha respecto al undécimo, Daniil Kvyat en el Toro Rosso, fue de más de cuatro décimas, pese a que el ruso tuviera un toque con el muro en su último intento. Buena prestación del ruso, que superaba a su compañero de equipo Carlos Sainz, que a su vez mostraba cierta insatisfacción porque se había aprovechado de su rebufo. Entre ambos se colaba Fernando Alonso. Mientras tanto, por delante Lewis Hamilton sacaba a relucir el rendimiento del Mercedes W08 al marcar un 1'12''496, y dejar a Vettel a más de dos décimas, lo que hacía saltar las alarmas en el equipo italiano. Sí, Bottas parecía controlado, pero el inglés estaba sacando a relucir la buena puesta a punto de su coche, y su hambre por revertir la mala actuación de Mónaco.

Y en la tercera y definitiva sesión, Lewis Hamilton estuvo espectacular, marcando un 1'11''459, algo más de un segundo mejor que su anterior registro, en lo que era una vuelta rapidísima y exenta de errores que gritaba, desde sus cifras, lo bueno que es el piloto inglés. Porque Vettel, que cometió errores confesos en sus vueltas, realmente no pareció en disposición de atacar la primera posición de la parrilla. Es más, lo que hizo fue minimizar el golpe, con su 1’11’’789, que además certificaba que hay dos pilotos muy por encima del resto. Sólo ellos rompieron la barrera de los 1’12’’, porque Bottas y Räikkönen, muy cerca entre ellos, jugaron en la zona baja de esos tiempos, mirando de lejos a sus jefes de filas. ¿Fue una genialidad de Hamilton, o el Mercedes realmente estaba en buena forma?. Poco importaba cuando en las entrevistas, al inglés le regalaron un casco original de Ayrton Senna para conmemorar que había logrado igualar las míticas 65 poles del brasileño. Un regalo de la familia Senna, que entregaba un casco de la temporada 1987 del piloto, cuando militaba en el equipo Lotus con los colores amarillos de la tabaquera que lo patrocinaba. Lewis se mostró genuinamente emocionado.

Pero la pole position en el Gilles Villeneuve no es importante, y eso Lewis y Sebastian lo sabían. En 37 carreras, el poleman sólo había ganado en 17, y el resto, de quien salía en cualquier otra posición, pero la segunda era tan buena como la primera, más aún porque está en la zona por la que suelen rodar los monoplazas, además de que supone el exterior de la primera curva, pero el interior de la segunda si Vettel se emparejaba con Hamilton. Así que el duelo entre los líderes del campeonato estaba servido, y la soleada mañana en Montreal auguraba una carrera emocionante, y estratégicamente, salvo sorpresas, sencilla: a una sola parada. Habría que luchar en pista.

La realidad fue otra al apagarse los semáforos. Hamilton salía de manera impecable, mientras Vettel se veía atacado por un incisivo Bottas, con quien dirimía la segunda posición. Pero en esa lucha, olvidaron a un Max Verstappen que desde el quinto lugar tomaba el exterior, encerraba a Vettel tocándole el alerón delantero, y conseguía colocarse segundo. Sí, una maniobra arriesgada del holandés, que condicionó la carrera, pero que no es sino un incidente de carrera típico del embudo de las dos primeras curvas canadienses. El caos se desataría por detrás, cuando en la pelea entre Carlos Sainz y Romain Grosjean, el español cerraba en exceso la trayectoria y el francés le tocaba por detrás. El Toro Rosso era un proyectil sin control camino de la tercera curva, en la primera vuelta. Nada agradable. El impacto se lo llevó Felipe Massa, y ambos abandonaron en el acto, mientras los demás evitaban como podían el choque. El coche de seguridad era una realidad.

La situación para Lewis Hamilton era mejor de lo esperado. Sí, tenía detrás a Max Verstappen, y eso nunca es agradable, pero también sabía que tenía mejor ritmo, y sin Vettel en sus retrovisores, podría escaparse. Cuando la carrera se relanzó, efectivamente Max atacó con fuerza, pero Lewis encajó el golpe, y desapareció de la escena, todo fluidez y velocidad en el Gilles Villeneuve. Mientras tanto, la parte derecha del alerón de Vettel salió volando: eso implicaba pasar por boxes, como hizo en la vuelta seis, y empezar la carrera desde el último lugar.

Poco le duró la alegría a Verstappen. Si durante el fin de semana había tenido problemas de fiabilidad, en la carrera le asolaron de nuevo, cuando podía pensar muy seriamente en lograr el primer podio del año para él –no, la victoria era una quimera–. Pero en la vuelta 11, apartó su coche a la salida de la curva dos, provocando el coche de seguridad virtual. Si Hamilton tenía algún temor, ahora tenía a sus espaldas a Bottas, a 9'1 segundos. Era el momento de asegurar una victoria que compensase el séptimo lugar de Mónaco, con Vettel en ese momento fuera de los puntos.

Claro que el alemán no iba a estar mucho tiempo ahí. Su remontada fue intensa y sin apenas errores, pero la estrategia a una parada podría verse comprometida: por mucho que llevase el superblando, eran demasiadas vueltas. Y de hecho, cuando llegó a la altura de los Force India, Ferrari tomó la misma decisión que con un gris Räikkönen, es decir, una nueva parada con neumático ultrablando, y a ver hasta dónde podía llegar en las veinte vueltas restantes. Y Vettel llegó de nuevo a la zaga de los enfrentados Force India, tras desembarazarse de un Räikkönen que tuvo problemas con su coche. Una vez allí, parar a Sebastian iba a ser difícil. En la vuelta 66 pasó en una maniobra arriesgada a Esteban Ocon, y aunque Sergio Pérez resistió más, acabó sucumbiendo en la vuelta 69. Daniel Ricciardo, que con neumáticos blandos había retenido a los Force India durante dos tercios de carrera, era inalcanzable ya.

Precisamente los Force India protagonizaron una pelea íntima con altas cotas de tensión. Para empezar, la carrera de ambos fue brillante. Sergio Pérez intentó pasar a Ricciardo parando una vuelta después que el australiano, en la veinte, pero fue en vano. El problema es que el de Red Bull iba con el neumático medio, y Pérez con el superblando, así que se generó un tapón. Mientras tanto, Esteban Ocon se mantuvo en pista magistralmente hasta la vuelta 33, rodando eventualmente segundo y soportando la presión de Valtteri Bottas, que no podía con el francés. Cuando Esteban paró, pese a su buen ritmo, salió sexto, que luego sería quinto, pero detrás siempre de Pérez. Y es entonces cuando llega el momento que un equipo ha de saber gestionar, junto con sus pilotos.

Ocon creía que podría pasar a Ricciardo, de modo que pidió paso para que Pérez se apartase. Pero Pérez estaba en zona de DRS siempre con el Red Bull, y no era sometido a una presión agobiante por parte de su joven compañero de equipo. Así que se negó, pese a que desde el muro le indicaron que, de no conseguir el adelantamiento, Ocon devolvería la posición. Así que se desencadenó la lucha entre ellos, con algún intento de adelantamiento que defendió el mexicano, mientras Vettel se hacía grande. ¿Era realmente más rápido Ocon?. La vuelta rápida en carrera de Pérez llegó en la 62, en plena lucha entre ambos, con un 1'16''367, mientras que la de Ocon llegó en la vuelta 68, tratando de llegar de nuevo a Pérez, con un 1'16''247, apenas una décima mejor con neumáticos trece vueltas más frescos. Sí, Ocon era más rápido, pero con toda probabilidad tampoco hubiera podido con Ricciardo. Pérez podría haber cedido, pero era una cuestión de galones en el seno del equipo también. Una circunstancia así no puede empañar la gran carrera de ambos pilotos, ayudada en parte por los abandonos, y que hace florecer –para quien no lo supiera o hubiera apreciado ya– la excelente calidad del piloto francés. A Bottas el asiento le ardía cuando no podía superarlo.

Y si normalmente Lance Stroll lleva aparejados adjetivos negativos en sus actuaciones, es de justicia remarcar la gran carrera que cuajó en su país. Mejor dicho, el fin de semana. Porque aunque en clasificación, como decíamos más arriba, no destacó, estaba teniendo un Gran Premio sin sorpresas desagradables. Luego, en carrera, y una vez que tras los altercados deportivos pudo remontar posiciones, desplegó una actuación notable. Sus luchas fueron siempre limpias, nunca estuvo por encima de su coche pese a que la emoción del momento podría haberle tentado de hacerlo, ni causó incidente alguno. Lance fue velocidad y precisión –sigue siendo increíble cómo tiembla su volante– cuando Williams y él mismo más lo necesitaban. Luchó con valentía contra Magnussen y Hülkenberg al inicio de la carrera, lo hizo con Alonso, y fue trepando con paso firme por la clasificación hasta llegar al noveno puesto lugar, con la sexta vuelta rápida de la carrera. Primeros puntos para él, bálsamo necesario, pero que llegan en la séptima carrera: si lo miramos con frialdad, no es mucho. Claro, que cuenta con un Williams, y por supuesto que su rendimiento tendrá que mantenerse, como mínimo, a esta altura a partir de ahora.

Y si hablamos de rendimiento, Fernando Alonso estaba cuajando, merced a la carrera tan barajada, una actuación prometedora para poder volver a verlo en los puntos. De hecho, rodaba décimo con holgura respecto al decimoprimero, pero en una nueva vuelta de tuerca a la paciencia, el McLaren se detuvo a falta de dos vueltas. Ya no quedan palabras, y el propio Alonso prefirió irse a la grada a saludar al público que dar una imagen de frustración, que es lo único que algo así puede producir. De hecho, esa imagen, esa actitud relajada de Fernando, empieza a dejar el sabor de despedida del campeonato, que no de retirada de la competición. McLaren no podrá soportar el año que viene a Honda, bajo riesgo de autodestrucción definitiva, pero nada que se le prometa a su piloto estrella parece suficiente para convencerle de mantenerse en la pesadilla que es el equipo de Woking. Y sí, Vandoorne acabó, pero eso no es suficiente.

De modo que en su circuito fetiche, Lewis Hamilton logró su sexta victoria, justo una década después de lograr la primera, y suma ya 56 en su palmarés. La tercera de este año. Pero sobre todo, ese fuerte alivio de volver a ganar y casi anular lo que fue Mónaco. Aún así, sabe que la carrera no hubiera sido tan plácida con Vettel en su zaga. Pero no lo estaba. El alemán tuvo que minimizar los daños en un día aciago que pudo haber sido peor: la cuarta posición no deja de ser una buena suma de puntos para mantener a su rival a doce. Y no es que los Ferrari no funcionasen en Canadá, y lo saben. Es que la carrera les fue esquiva.

Ahora toca ir a Bakú, circuito urbano y también rápido. Con él, Hamilton tiene una cuenta pendiente del año pasado. Que la salde o no, dependerá en gran medida de si su Mercedes es capaz de no repetir los problemas de Mónaco.

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2 comentarios
Imagen de Albertopr
Me gusto mucho este articulo, muy bien escrito y objetivo
Imagen de Raulos
Excelente trabajo, como siempre. En Ferrari, si falla Vettel, lastimosamente, no hay un Raiko que pueda luchar con los Mercedes. Se fue desinflando, mientras su compañero se hizo gigante. Espero que Kimi pueda reencontrarse consigo mismo y con su velocidad. Saludos.
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