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Adiós, Jules

AmpliarJules Bianchi - LaF1Jules Bianchi

Tras mucho tiempo de lucha, por desgracia, ha llegado el día que todos estábamos esperando que no llegara. La gasolina se ha acabado. Las fuerzas se han agotado, y después de nueve meses de infatigable lucha, Jules Bianchi nos ha dicho adiós. Estaba difícil, pero nos habías acostumbrado a verte hacer cosas que precisamente no resultaban fáciles. Nos habías malacostumbrado, la verdad.

La memoria tiene esa capacidad de quedarse con los buenos momentos y olvidar los más aciagos. Ese autoengaño para que la vida sea más llevadera sin la necesidad de cargar con el peso de momentos duros. 'Motorsport is dangerous' es una frase que parecía haber perdido fuerza en la F1 de hoy en día. Sí, había accidentes, algunos más fuertes que otros, pero, como si por decreto se tratara, todos estábamos esperando ver al piloto sacar el volante por muy duro que hubiera sido el golpe.

Jules nos ha devuelto a la triste realidad que creíamos haber dejado atrás con Shoya Tomizawa, Dan Wheldon, Marco Simoncelli, Mark Robinson, o la querida María de Villota, entre otros. Su accidente nos ha recordado la cara más amarga de este bonito, pero también, cruel deporte. Jules ha hecho que aparezca un nudo en nuestras gargantas, pero por el peor de los motivos. Y eso que se ha empeñado en que no sea así. Nueve meses de empeño.

Pero Jules también ha despertado el lado más tierno y humano de un mundo tan artificial, robótico, frío y deshumanizado como es a veces la Fórmula 1. Toda la familia del motor se ha volcado desde el primer día de la incansable lucha de él y su familia, y las reacciones y muestras de cariño de esta mañana resultan difíciles de asimilar. Desde el periodista más reputado al bloguero que hoy, con lágrimas en los ojos, se ha decidido a escribir su primera entrada. Desde el piloto más laureado hasta el niño que hoy irá a un kárting acudirá con su padre a una carrera para iniciarse en este bonito y amargo mundo.

Jules, has dejado una huella imborrable, y eso es lo que hace grande a la gente: no pasar por este mundo de puntillas, sino conquistando todos y cada uno de los terrenos que se pisan. 

Este fin de semana ha llegado el aciago momento de tomar el último y amargo trago del adiós, de afrontar ese momento en el que se asume que irremediablemente las pisadas van a separarse y seguir senderos diferentes. Pero, por suerte, tenemos la memoria. Esa capacidad de quedarnos con los buenos momentos y olvidar los más aciagos. Esa traicionera amiga que nos hizo olvidar que el automovilismo es peligroso, pero que nos hará olvidar en el futuro las lágrimas de tristeza de hoy para sustituirlas por las de alegría que nos dejó tu existencia. Y con lo rápido que eres, seguro que ese momento llega más pronto de lo que todos esperamos.

Descansa en paz, Jules.

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