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Una carretera y un Ferrari 250 GTO: ¿a qué sabe la felicidad?

Sólo existen 39 unidades y entrega 300 caballos, un número absolutamente redondo

Está considerado uno de los mejores coches de todos los tiempos

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Gran Turismo Omologato. GTO. Unas siglas que a los más entusiastas les pone la piel de gallina. Completemos el primer apellido. Si tenemos un motor V12 de 3.0 litros, cada cilindro tiene 250 centímetros cúbicos. 250 GTO. Las pulsaciones empiezan a aumentar. Su nombre es Ferrari. Ferrari 250 GTO. El que es considerado mejor coche de todos los tiempos.


Se creó en 1962 y sólo se fabricaron 39 unidades hasta 1964. El motivo era la homologación para la categoría GT de la FIA, dentro del Grupo 3. Es un coche de carreras, nacido por y para ellas. El que puedas llevarlo por la calle es accesorio: en sus venas corre el ansia de la competición.



Su motor entregaba una cifra redonda: 300 caballos. Trescientos animales mecánicos que tiraban de un vehículo de líneas eternas. No, no es de Pininfarina. Es de Giotto Bizzarrini, pero cuando éste abandonó Maranello a finales de 1961, los últimos desarrollos fueron de un joven recién llegado: Mauro Forghieri.



Rindamos también homenaje a 'Furia' en el nacimiento del coche de coches porque el diseño fue obra de muchas más manos, artesanos que pusieron lo mejor de su creatividad e ingeniería para dar una forma perfecta al próximo Gran Turismo de carreras. La pureza de sus líneas se probó en el túnel de viento de Pisa. Si Miguel Ángel hubiera diseñado coches, ésta sería, sin duda, su obra.



El interior es espartano. No hay grandes lujos. No era un coche para ir luciendo por Montecarlo o por la costa del Adriático. Su sitio era Le Mans. Nürburgring. Sebring. La Targa Florio. Allí, la estudiada aerodinámica del 250 GTO tenía sentido, en mitad del ruido, la suciedad, el olor a gasolina, frenos y neumáticos. Nada de vestidos elegantes y modales exquisitos. El 250 GTO estaba en su salsa en ambientes duros y salvajes.



El coche no tendría que haber sido homologado. Eran necesarias 100 unidades para ello, pero Ferrari ordenó que el número de los chasis fuera discontinuo, dando la impresión de que existían más de los que se habían fabricado.



La FIA mordió –o quiso morder– el anzuelo y el coche venció en la categoría de más de dos litros en el campeonato internacional de GT de 1962, 1963 y 1964. El 250 GTO era implacable. Hubo cuatro 330 GTO, cuando se aumentó el cubicaje del motor a 4.0 litros, pero eso no importa.



Y no, tampoco importan los fríos datos. O que sea el coche más caro del mundo. Son las emociones lo que importan, que es para lo que se concibió. Importa su aspecto, importa el divino sonido de su motor subiendo y bajando de revoluciones.



Este coche es uno de los más grandes de la historia, más allá de mitos y coleccionismos. Es una de esas pocas veces en las que el aspecto y el rendimiento están a la par en un automóvil. Así que sube el volumen. Amplía el vídeo. Disfruta del canto de sirena del Ferrari 250 GTO en mitad de una carretera de montaña. Degusta este momento de 'felicidad' 250 GTO.


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