CURIOSIDAD

Las copias chinas de coches y la legalidad

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Todos tenemos copias de algo en nuestro poder. Puede ser un cuadro de Van Gogh, puede ser un bolso. Pero también podría ser un coche, pues como sabemos el mercado chino está plagado de copias bastante fidedignas de algunos de los mejores coches occidentales. Mercedes, Porsche, Jaguar, Rolls Royce, Mini, Land Rover, Audi, BMW… son pocas las marcas que escapan al 'corta-pega' proveniente del país asiático.

¿Por qué esta proliferación de copias?. China es un mercado emergente, cuya industria automotriz no es precisamente que tenga la tradición de las marcas más arraigadas de Occidente. Sin embargo, la apertura del país y el creciente poder adquisitivo, hace que la demanda de coches con estilo sea cada vez mayor. Y tienen a su disposición los coches originales, porque pocas marcas han dejado la oportunidad de introducirse en un mercado tan apetitoso, de demanda creciente y grandes fortunas. Y venden, por supuesto. Pero no todos los ciudadanos pueden permitirse un SUV o un deportivo, aunque los quieren.

Así han florecido una gran cantidad de copias que, en la mayoría de los casos, difieren muy poco visualmente del original. A veces es difícil distinguirlas. Obviamente, las calidades, el rendimiento y los pequeños detalles que marcan la diferencia no están presentes en el producto chino, pero su gran similitud y precio ajustado les hacen apetecibles para sus destinatarios. Y reconozcámoslo, al verlos nosotros también nos genera el interés por estos coches. Es algo humano: vestir de Chanel a precio de Bershka, conducir un Porsche –aunque sea visualmente– a precio de Dacia. Tentador.

Pero esta forma de proceder vulnera las normas de propiedad intelectual de manera directa. Una cosa es que un coche se parezca a otro, lo cual ocurre incluso entre marcas asentadas, porque el diseño es un mundo muy amplio pero a la vez cercano en las ideas. ¿Por qué las marcas europeas no se embarcan en una oleada de demandas judiciales?.

Sencillo. No hay normas de propiedad intelectual a nivel global, sino que existen las particulares de cada país. Eso no significa que no se pueda reclamar: se puede, y con seguridad se ganará. Porque el Convenio de Berna para la Protección de Obras Literarias y Artísticas de 1886, cuya última enmienda es de 1979, protege a nivel internacional las creaciones originales para todos los países firmantes. Obviamente, cuando un producto es nuevo, se necesita su registro en la Ofincia de Patentes y Marcas, que comprueba al detalle que no es una copia o incluso que no es similar o usa un método de producción patentado. Pero China, y los países asiáticos en general, no son tan estrictos con ello. Si aplicaran con severidad las normas de protección, perderían competitividad, sobre todo interna, y su crecimiento se vería afectado.

China quiere ingresar en organizaciones de comercio internacional, y asumió que debería respetar las normas de propiedad industrial, pero no lo hace por el motivo ya explicado. Sus copias tienen un importante mercado en su país, y van llegando al extranjero. Sus copias generan trabajo, generan crecimiento económico y prosperidad. Y atención, porque también generan Investigación y Desarrollo, puesto que poco a poco van mejorando en la creación de sus propios productos, en este caso los coches.

Las marcas occidentales rara vez se embarcan en procesos judiciales. Honda lo hizo y tardó doce años en vencer judicialmente. Land Rover lo ha hecho para luchar contra Landwind por su copia del modelo Evoque. Pero el proceso es largo, y desprestigia en el seno del país a la marca, que es vista como demasiado elitista y exclusiva, inaccesible para todos. Las trazas del comunismo siguen estando muy presentes en la economía de China.

El colmo de la impotencia es que si un modelo occidental no está presente en China, pero existe una copia realizada por un fabricante del país, este puede demandar a la marca que ha producido el original por copia. Tal cual. Aún no se ha dado un caso así, pero las leyes chinas lo permiten. Es por eso que las marcas tradicionales no dudan en introducir inmediatamente sus novedades en el país, por supuesto también por el interés de mercado.

Sin embargo, las copias chinas no llegan a los mercados occidentales. ¿Por qué?. Porque aquí sí que tendrían un problema más serio, y jugarían fuera de casa, donde las leyes y los tribunales tienden a protegerles. En un país extranjero, tendrían que acatar las normas de ese país para comercializar legalmente sus productos, y en caso de una demanda por plagio sus posibilidades de vencer serían nulas.

Así que las copias chinas de coches seguirán viéndose mucho tiempo aún. Mientras tanto, las marcas occidentales tratan de mejorar aún más sus productos para dejar atrás a los clones asiáticos, cuya tecnología no es tan avanzada, aunque progresan.

Al final, es una cuestión de apariencia en el seno de la economía de mercado. Quienes pueden permitirse el original, lo tiene. Quienes no, intentan tener lo más parecido posible, a un precio asequible. Y en China, las copias de los automóviles más deseados tienen un nicho de mercado tan importante, que será prácticamente imposible acabar con ello.

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1 comentario
Imagen de MUYA

Si son como en los articulos electronicos, la terminacion debe ser pesima, seria interesane testear alguno para sacarnos las dudas.

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