102 octanos

¿Qué quieres ser de mayor?

Las jóvenes promesas sucumben ante los pilotos de pago. ¿Quiénes serán los héroes del futuro?

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Cuando empezaba a dar mis primeros pinitos en esto del periodismo, casi todos los pilotos españoles estaban obsesionados con relevar a Fernando Alonso, o por lo menos con intentarlo. Los tiempos cambian, los asientos están cada vez más caros y acceder a la Fórmula 1 parece reservarse hoy día a la categoría de deseo para el genio de la lámpara. ¿Han cambiado las prioridades?

Pensar a corto plazo tiene sus consecuencias. Lo notarán muy pronto los fabricantes de automóviles, que empiezan a asistir con temor al cambio de hábitos de la juventud. Las ansias de libertad que, probablemente, muchos de los que leéis ahora estas líneas (entre los cuales me incluyo) sentimos cuando nos sentamos al volante de nuestro primer coche se buscan hoy día de formas distintas. Antes olían a plástico, cuero y ambientador de pino. A día de hoy se llaman tablets o smartphones y, paradójicamente, ofrecen esa ansiada libertad a base de alienarnos del mundo real. Curioso… Pero lógico: los precarios salarios (estos que nuestros políticos tanto celebran, pues ayudan a blandir el eufemismo de la recuperación) impiden aspirar a mucho más.

Este simple hecho resume la moraleja del mundo en los últimos tiempos. Una jerarquía empresarial tan centrada en amasar fortunas a corto plazo ha terminado por quebrar el equilibrio. ¿Y qué tendrá que ver esto con la Fórmula 1? Pues desgraciadamente, mucho. Porque la categoría reina lleva décadas siguiendo a la estrella del verde billete y enriqueciendo a un selectísimo club. Circuitos y carreras cada vez más lejos de las raíces europeas, una incesante escalada de costes que alcanza un nuevo cénit en 2014 y unos equipos pequeños tan y tan pequeños que han debido convertir el acceso a uno de sus volantes en una subasta para poder subsistir. 

En buena lógica, este complicado porvenir para los corredores del mañana está replanteando la escala de prioridades de casi todos ellos. ¿Vale la pena invertir en un sueño virtualmente irrealizable? Probablemente no, y muchos de los que hoy pelean en la Fórmula Renault o la F3 optarán por caminos similares a los que siguieron en su día Pepe Oriola o Roberto Merhi, por poner sólo un par de ejemplos. Preguntad si los encontráis alguna vez por la F1 y evaluad la respuesta a partir de la intensidad de su risa.

Las demás categorías se siguen moviendo para aprovechar la oportunidad, y crecer a costa del gigante que se desprende de sus valores de futuro. Categorías de turismos y resistencia recogen el talento y se convierten en aspiraciones en sí mismas. Con muchos fabricantes invirtiendo sus pocos euros y dólares en estos menos dispendiosos proyectos, el futuro de los niños piloto de hoy día estará justo ahí. 

Para la Fórmula 1 existen pocas vías de solución. Ha ignorado de motu propio a las disciplinas de base, a diferencia de MotoGP y la Nascar, que curten bajo su abrigo a los ases que les garantizarán el estrellato mediático a ciertas temporadas vista. En consecuencia, quienes fueron niños en su día -Marc Márquez, Kyle Larson o Austin Dillon- encuentran fácilmente el hueco en la cumbre en el momento adecuado. La F1, en cambio, ve cómo sus escuderías de base no pueden apostar a un talento para garantizarse resultados, porque esa quimera, sumar una victoria o un podio, un top cinco o incluso un top 10, es un coto privado de los mismos de siempre. La brecha tecnológica motivada por la ingente escalada de costes es una barrera infranqueable para los pobres de la F1.  

Los coches cliente podrían remendar este dramático problema, aunque seguiría existiendo una gran distancia entre los de "Villa Arriba" y "Villa Abajo", si se me permite el símil. Sin este tipo de fórmulas, cabría estudiar una fórmula alternativa, del estilo de la que MotoGP ha utilizado para separar a los prototipos de las CRT. Sólo así tendrían sentido formaciones como Caterham o Marussia, predestinadas a cerrar parrilla salvo cataclismo global. También podrían dar vía libre a nuevas formaciones que, a su vez, garantizarían algunos volantes extra a las generaciones que hoy vagan por World Series o GP2 y no están apadrinadas por Red Bull, Petronas o Cepsa. En todo caso, la FOM deberá rascarse el bolsillo y discriminar a favor de los pequeños, porque en caso contrario, el futuro de toda la categoría penderá de un hilo. 

Es necesario crecer por abajo del modo que sea para así ofrecer soluciones a los pilotos que jubilarán, algún día, a Alonso (primero) y Vettel (después). Porque sí, su estrella se apagará, y a mí me cuesta creer que Marcus Ericsson o Max Chilton sean nuestros nuevos ídolos de referencia…  Especialmente viendo como talentos como Frinjs, Di Resta o Da Costa y muchos de sus compañeros de las categorías inferiores siguen sin volante.

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2 comentarios
Imagen de Stavelot
La cuestión de grado es importante aquí, como bien dices mighidal… es lo mismo pero mas bruto. Pero no es lo misom que pasa con el SISTEMA? En fin, que me pongo demasiado serio.
Imagen de mighidal
Realmente lo de los pilotos de pago es algo que siempre ha existido, el problema que bien dices es que ahora el que llega lo hace prácticamente siempre pagando, los méritos son del todo secundarios. Prima el dinero. La F1 nunca ha sido barata, o llegabas con padrino o nanai. Ahora tienes que llegar con padrino, madrina, abuelos, tíos... y ya si encima, aunque no sea un requisito imprescindible, sabes pilotar eres la leche. Por una parte espero que llegue el día en que la F1 se quede sin jóvenes promesas reales, para que así de verdad cambie algo es este deporte. Sobre los estudios a los que que tanto bombo se han dado de que los jóvenes ya no quieren un coche, sinceramente, no es cierto. Las ansias de libertad son exactamente iguales. Es como decir que los jóvenes no nos independizamos y seguimos viviendo con sus padres porque preferimos tener un smartphone o una tablet, es un sin sentido y una comparación estúpida. Como joven y amante hasta la médula de este mundo, no tengo coche porque no puedo permitirme mantenerlo (comprarlo es lo de menos, pero ¿y esos seguros abusivos?, ¿las cargas fiscales?, ¿y el combustible?), y viviendo en una gran ciudad como Madrid con transporte público a todos sitios tampoco lo necesito, solo me daría problemas.
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