GP de Bélgica F1 2017
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El automovilismo es demasiado bonito como para no disfrutarlo

Está de moda comparar la F1 con otras categorías con el objetivo de resaltar sus defectos

AmpliarLa última cita de la Fórmula E en Londres tuvo emoción hasta la última curva - LaF1La última cita de la Fórmula E en Londres tuvo emoción hasta la última curva

Durante los últimos meses, la Fórmula 1 se halla en el punto de mira de muchos sectores de la afición. No es que antes no lo estuviera, sino que últimamente las críticas han crecido tanto en cantidad, como en diversidad. Los motivos de estos duros ataques son, entre otros, el dominio de Mercedes (y la consecuente pérdida de emoción de las carreras), la reducción de decibelios, la excesiva dureza de los neumáticos o las 'injustas' penalizaciones por los cambios de motor.

Sin embargo, este tipo de críticas parecen haber pasado a un segundo plano. Ahora, lo que está de moda es comparar la Fórmula 1 con otras categorías, con el objetivo de resaltar sus defectos. Y a esta situación se ha llegado con la ayuda de varios pilotos españoles, cuyo resentimiento por haber sido apartados de la Fórmula 1 ha derivado en un afán continuo por desprestigiarla, secundado por sus respectivos fans. De todas formas, tampoco es cuestión de demonizar a nadie, ya que verse privado del mayor sueño de tu vida es muy duro y algunas de estas reacciones son perfectamente lógicas, aunque no tanto el apoyo externo que reciben.

Este afán comparativo, lejos de quedar como una mera anécdota, se ha convertido en la comidilla que nos acompaña durante las horas posteriores a cualquier carrera "entretenida" que no sea de Fórmula 1. Sin ir más lejos, durante el último mes hay ejemplos para todos los gustos.

El primero, probablemente también el más destacable, fueron las 24 Horas de Le Mans. La presencia de pilotos como Hülkenberg provocó un claro aumento en el número de seguidores de esta carrera (algo que, lejos de criticar, se debe aplaudir). Pero el hecho de que, a pesar de la ausencia de la lluvia, fuera una de las ediciones más entretenidas y disputadas de la última década (no hay que olvidar que hasta bien entrada la noche, todavía había cinco LMP1 en la vuelta del líder) desató irremediablemente las comparaciones con las últimas carreras de Fórmula 1. Una comparación que, partiendo de que se trata de una prueba al menos 12 veces más larga que cualquier carrera de Fórmula 1 (esta es solo una de las infinitas diferencias entre ambas categorías), no permite sacar ninguna conclusión.

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Este mismo hecho se repitió tras la primera carrera de la Fórmula Renault 3.5 en el Hungaroring, donde una espectacular remontada de Merhi, culminada en la última curva, le aupó hasta la sexta posición. De nuevo la comparación carece de fundamento, y en esta ocasión con el agravante de que se trata de una categoría especialmente anodina. Cualquiera que haya seguido un año completo de la FR3.5 sabe que los adelantamientos brillan por su ausencia, y que ponerla como ejemplo de espectacularidad no es nada acertado.

El último capítulo de esta secuencia tuvo lugar en Londres, el pasado fin de semana. La lucha por el título de la Fórmula E entre Piquet Jr. y Buemi se decidió en la penúltima curva, con Bruno Senna como juez de la misma. Como era previsible, surgieron inmediatamente voces que aseguraban que la Fórmula E era el camino a seguir para la Fórmula 1, al menos en términos de espectacularidad. ¿Qué es lo que se propone exactamente? ¿Que la Fórmula 1 sea monomarca para que haya la misma igualdad que en la Fórmula E? De nuevo la comparación es precipitada, y parte de premisas imposibles de asumir.

Algunos –un sector muy reducido, todo hay que decirlo- se han marcado como objetivo desprestigiar lo máximo posible la Fórmula 1, con motivaciones de dudosa solidez (como, por ejemplo, que su piloto preferido no se suba al podio cada domingo). Esto no quiere decir que no sea necesario criticar a la Fórmula 1, ya que es totalmente cierto que se han cometido muchos errores. Pero son las críticas constructivas las que aportan algo, no las que tienen otro tipo de intenciones.

En definitiva, el resto de categorías del Motorsport no deben usarse como un puñal para dañar la imagen de la Fórmula 1, sino que hay que disfrutarlas en sí mismas. Luchas como la de este domingo en Londres merecen la pena porque ponen contra las cuerdas a pilotos de indudable calidad (Buemi, como ejemplo más evidente, llegó a la Fórmula E tras ganar el WEC) y nos aportan unos minutos de máxima tensión y emoción que agradeceríamos poder disfrutar también en otras categorías, pero que, al menos por el momento, no es posible. Y mientras tanto, no estaría de más halagar la forma en la que categorías como el WEC se han renovado sin perder su esencia, y disfrutar del buen trabajo que en estas categorías se ha realizado durante los últimos años.

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