Primer acto

Tres horas con Blancafort: su trayectoria profesional

AmpliarRaymond Blancafort junto a Miguel Carricas - SoyMotorRaymond Blancafort junto a Miguel Carricas

Nos sentamos en una terraza de Barcelona para una larga y pausada conversación con Raymond Blancafort, columnista de SoyMotor.com y profesional del mundo de la comunicación de motor desde hace cuatro décadas. Su vasto recorrido le convierte en una de las voces más autorizadas del país, así como de las más expertas. Es momento de volver atrás en el tiempo y conocer en detalle cómo se interesó por esta profesión.

Pregunta: A Raymond Blancafort le llaman para hacer una colaboración hace cuarenta años y aquí estamos ahora: maestro y aprendiz hablando de coches…
Raymond BLANCAFORT: "Siempre me habían gustado los coches. Empecé apuntándome a la Peña Motorista 10 x Hora cuando tenía 17 años, y acto seguido, me apunté a un cursillo de controles en el Real MotoClub de Catalunya, donde me saqué el título de comisario técnico y deportivo de motos. Pero lo que a mí realmente me gustaban  eran los coches, y rápidamente empecé a correr en coche de copiloto, porque no había un duro para ser piloto oficial. Con 18 años, te podías sacar el carné de conducir, y para tener la licencia de piloto o copiloto en rallies, te exigían un año de carnet. En aquellos tiempos, necesitabas el permiso paterno o ser mayor de edad con 21 años. El permiso paterno me lo regaló mi padre por Reyes y es el mejor regalo de Reyes que he tenido en mi vida… ¡en contra de la opinión de mi madre, evidentemente! Empecé a estudiar ingeniería, y en segundo de carrera, cuando ya había competido en varios rallies, en la revista Fórmula me dijeron que sabía que iba al Tour de Francia a asistir a una pareja que iba a correr. Me dijeron que si podía hacerles un pequeño reportaje.  Les gustó, me dijeron si podía empezar a trabajar, empecé a trabajar… al cabo de poco tiempo me llamaron del Mundo Deportivo para preguntarme si podía ir. Y ahí empecé a trabajar por la mañana en la revista, por la tarde en Mundo Deportivo, los fines de semana los dedicaba a las carreras, y en mi tiempo libre intentaba acabar la carrera universitaria. ¡Al final la acabé!"

P: Antes de esa colaboración, ¿te llamaba el mundo del periodismo?
R. BLANCAFORT: "No necesariamente, pero sí que me gustaba escribir. De pequeño, cuentan que lo hacía para ganarme alguna ‘perrilla’: escribía cuentos y se los vendía a la vecina para comprarme los chicles (risas). Siempre me había gustado escribir. En el colegio me dijeron de hacer letras porque tenía mayor facilidad que para las matemáticas, ¡pero a mí en realidad lo que me gustaban eran las mates! Las aprobaba con facilidad y todo relativo a las ciencias lo llevaba muy bien. Por eso me decidí a hacer ciencias, pero siempre he leído mucho. Cuando hacía segundo de bachillerato, antes de ir al pueblo donde pasábamos las vacaciones, fui a un kiosko a comprarme algo para leer en el tren. Ahí compré mi primera revista Motociclismo. Desde entonces, salvo que haya pasado una temporada seguida fuera de España, que a veces me ha ocurrido, la leo cada semana. Y recuerdo la portada: Ramón Torras en la Parabólica de Monza con su Bultaco. No me acuerdo exactamente del año, pero yo tendría como doce, así que sería de 1953 ó 1954. Las carreras siempre me habían gustado mucho por varias razones". 

(Primer bocado al cruasán y largo trago a la Coca-Cola. Hace una pausa relativamente larga, preparándose para contar la primera de las quinientas historias que irán conformando esta conversación bajo el sol de Barcelona)

"Yo vivía muy cerca de la subida a la Rabassada, y el colegio lo tenía a 300 metros de la subida al Vallvidrera. Nosotros íbamos los sábados por la mañana al colegio y teníamos fiesta el jueves por la tarde. Los entrenamientos eran el sábado por la mañana. Cuando salíamos del colegio, incluso a la hora del recreo -éramos los mayores, nos dejaban salir-, íbamos corriendo a ver el Vallvidrera. En esas dos curvas, cuando acababan la subida, los pilotos nos esperaban arriba. Daban la vuelta por el Tibidabo, bajaban Rabassada, hacían todo el paseo de la Bonanova, y vuelta a entrenar; hacían como cinco ó seis pasadas en el entrenamiento. Cuando volvías a casa, oías todo el estruendo del Vallvidrera, de los que pasaban por el Paseo de la Nova donde yo iba en autobús. Ahí se forjaron muchas aficiones al automovilismo. Allá estava Vicenç Aguilera, quien fuera director deportivo de Seat y ahora Presidente del Circuit de Catalunya. También Javier Conesa, que falleció hace años y fue uno de los primeros comisarios españoles en la Fórmula 1". 

"Estaban por ahí los hermanos Xiol, que eran muy buenos, y uno de ellos construyó el circuito de Calafat… Todos íbamos juntos a clase. Eran algo mayores que yo, iban dos cursos por delante pero éramos apenas doce o catorce por clase, así que nos conocíamos todos e íbamos a ver la carrera. Mi verdadera afición se forjó con una película que en España se llamaba Hombres Temerarios. La protagonizaban Kirk Douglas y no sé quién más. En esa película, que en otros países se llamaba ‘Racer’, era una novela de un tío que se llamaba Hans Ruesch. Ese tío ha hecho muchas novelas que luego fueron éxitos en el cine. La gracia está en que fue piloto de Gran Premio antes de la primera guerra mundial y después intentó correr dos o tres Grandes Premios y no corrió. En Barcelona, había un cine que se llamaba Publi y era generalmente para críos. Una vez echaron esa película, mi abuelo me llevó como cada jueves al cine. Esa película tuvo éxito y duró varias semanas; a la quinta consecutiva, le dije que quería volver al Publi y me dijo que ya tenía edad para entrar al cine solo. Creo que fue esa película la que me aficionó de verdad al automóvil".  

P: Si entraste en ingeniería, ¿no te arrepentiste de no seguir?
R. BLANCAFORT: "No. Estudié ingeniería superior en mecánica y estructuras. Saqué la carrera de ingeniería un poco sui géneris. El día que me veían por la escuela, se quedaba la gente asustada pensando que había examen, ¡porque no iba nunca! Nunca nadie me llegó a decir: 'a usted no lo he visto por clase. ¿Sabrá quién soy? Soy catedrático, ¿sabrá al menos mi nombre?' No obstante, ¡aprobé! El examen más divertido fue el de máquinas hidráulicas; cinco días antes me dijeron que no tenía ‘huevos’ de presentarme porque no tenía nada ni sabía pedir apuntes, pero yo dije que me iba a presentar. En aquel momento, ya sabía que no me iba a dedicar a la ingeniería. Si sacaba la carrera, bien. Y si no, igual. Mi padre quería que la sacase y fue más por complacerlo que por otra cosa. Si no, la hubiera abandonado. Me acuerdo que, al llegar al examen, me tocaba el último grupo que se examinaba. El aula que eligieron era pequeña y no cabíamos todos, así que me pasaron al aula donde habían empezado dos horas antes, y ellos ya estaban con todos los libros encima de la mesa para hacer los problemas. ¿La teoría? La copié totalmente, porque si todos los demás tenían los libros para los problemas, yo también los cogía, pero para copiar la teoría y marchando. Y cuando llegaron los problemas, mi amigo Adrián Pérez del Lara -que después fue director del centro técnico de Nissan- me dijo: '¡Eres un cabrón! Ahora vienen los problemas y no vas a sacar ni uno!' Los problemas que pusieron los llevaba hechos en la corrección de problemas, así que saqué un notable. A él le aprobaron y por los pelos. Pese a todo, sigue siendo amigo mío".

P: De tu época en Fórmula 1, ¿cuál es el personaje que más te sorprendió?
R. BLANCAFORT: "Yo siempre he sido una persona cerrada. Mi piloto favorito siempre ha sido Chris Amon. No me preguntes por qué, pero siempre fue mi favorito. Quizá porque le vi dominando una carrera aquí en Montjuïc y rompió justo delante de donde estaba cuando le llevaba casi una vuelta de ventaja al Ferrari. Eso me emocionó mucho. Quizá el caso de Chris Amon era de los que salía en primer plano en la película Grand Prix. También me gustó mucho John Watson; le vi correr aquí en Barcelona en la Fórmula 2 y era alguien a quien le seguía en muchas revistas de aquella época. En ese momento había solamente dos: Autopista y Velocidad. Pero cuando hacía segundo de Bachiller, un amigo que iba conmigo al colegio me enseñó que vendían la revista francesa L'Automobile en el kiosko de la Plaza Sarriá, así que empecé a comprarla mensualmente. Me enteré de muchas cosas que aquí ni soñábamos. Luego empecé a comprar rápidamente la Sport Auto, que aquí también la trajeron. Esas dos revistas eran mucho más carreristas que ahora, yo me iba forjando hasta el cuerno y antes de que viniera aquí a Barcelona, me enteré que Watson había hecho un carrerón en la Fórmula 2". 

"Fui a verle por interés y pinchó tres ruedas en la primera vuelta, pero luego hizo una remontada importante. Siempre se me ha quedado en la mente. Además, tuve la suerte de que Watson me dio unas vueltas al circuito de Silverstone cuando era un circuito para hombres, sin chicanes ni ‘mariconadas’ de ahora, al volante de uno de los Jaguar que había ganado en Le Mans. Yo me sentaba al lado de él y eran cinco vueltas para cada periodista. Llegamos a la tercera vuelta y ya íbamos justos de gasolina. La curva de arriba, cuyo nombre no me acuerdo, se tomaba a unos 280 con el Jaguar, pero después tenías que frenar a unos 230 porque ya empezabas la bajada. En ese momento, a 230, el coche le hizo un vacío y nos pegamos dos trompos seguidos. Lo único que recuerdo fue el gesto de Watson haciendo un gesto de tranquilidad con la mano. El problema es que el ‘acojonamiento’ llegaba ya desde la primera curva. Salíamos de boxes, poníamos primera, segunda, tercera, cuarta… seguíamos avanzando, pero Silverstone era absolutamente plano y no había ni una ‘puta’ referencia. Había una curva a la izquierda y pensaba que él iba a reducir marchas, pero no: ¡puso quinta y siguió a fondo! Cuando llegamos a boxes, nos bajamos y nos pusimos a hablar durante un segundo".

Watson: "No hemos dado las cinco vueltas porque hemos tenido que abortar la tanda, ¡hay que repetirla!"

Watson se subió al coche con Blancafort y ambos dieron otras cinco vueltas, tal y como había prometido el irlandés. Al bajarse del coche, prosigue la conversación

Blancafort: "Bueno, ¿qué velocidad hemos cogido en la zona del puente?". 

Watson: "Hemos cogido 310km/h". 

Blancafort: "¿Y la curva siguiente, tras el puente? "En la frenada parecía que íbamos a romper los arneses…"

Watson: "Hemos frenado bien a unos 100 metros. Se coge a unos 80km/h"

Blancafort: "¿Qué tiempo hemos marcado en la vuelta?

Watson: "Hemos rodado en 1:20:1".

Blancafort: "¿Eso es bueno o malo?"

Watson: "Bueno.. el ritmo de carrera de los 1000km de Silverstone fue la semana pasada entre 1:19:5 y 1:20:5. ¡Pero no te preocupes! Porque la Pole la solíamos hacer en 1:16…"

(Blancafort se ríe sin parar recordando el momento en el que empatizó con uno de sus ídolos en el automovilismo)

"Las grandes estrellas de la F1 me han gustado. No tenía empatía por Jackie Stewart, porque yo era de Jim Clark. Y más adelante me gustó mucho Graham Hill. Era además un personaje curioso, de aquellos que me gustaría encontrar en la Fórmula 1. Siempre dispuesto a reírse, siempre haciendo bromas, pero con una broma de humor británico, no grosero. Fíjate cómo era aquella época, que al final de año la mujer de Graham Hill organizaba un festival benéfico para las viudas de los mecánicos que morían en accidentes de tráfico donde actuaban las mujeres de todos los pilotos. Incluso algunos pilotos actuaban haciendo cosas. La foto de Graham Hill con bañador de señora y medias de rejilla es una de las más divertidas de la época”.

"Yo he visto a pilotos de Fórmula 1 durmiendo estirados encima del pontón del coche, porque los boxes no existían. Cuando llegaba un descanso, el pontón del coche servía de mesa para que los mecánicos comieran… Cuando has visto eso, la Fórmula 1 actual, pese a tener mucha parafernalia, la ves muy lejana.

P: ¿Hay alguien especialmente desagradable que hayas conocido en la Fórmula 1?
R. BLANCAFORT: "Es muy curioso, porque mi inglés es muy malo. Yo soy de la generación que estudió francés, así que con los franceses tuve más relación. A veces te encuentras con tíos muy desagradables en un momento dado porque le has cogido en el momento inoportuno, o eres el número 327 que en una hora le pregunta lo mismo. Y te envían a la mierda, lógicamente. A veces, los periodistas no nos damos cuenta de que podemos llegar a molestar. Hay un momento dado en el que sabes que no puedes ir a estar con un piloto. Yo recuerdo que había gente que se quejaba de Carlos Sainz padre, pero le hacían las preguntas cuando iba a pasar los controles para entrar al coche. En aquel momento, estaba concentrado y pensando en las cosas que podían ir mal, así que hay veces en las que no puedes ir así. Hay una cosa que me sorprendió mucho en las 500 Millas de Indianápolis, donde se aprovechó una bandera amarilla y el Pace Car y por la televisión americana hicieron una entrevista al líder de la carrera. Él contestó súper bien a todo, y de repente dice: 'si me permites, en la siguiente vuelta hay ya bandera verde, así que tengo que concentrarme'. Esto es uno de los recuerdos que tengo yo de las 500 Millas"

"A mí siempre me ha gustado Richard Petty, a quien le llaman el ‘King’. Ha corrido 1.200 carreras en la NASCAR, y ha ganado 200. Pero es alguien para el que la dimensión humana ha tenido que ser brutal, porque el día que se retiró de las carreras, le montaron en el equipo un reparto de premios. La noche antes, le hicieron una cena de homenaje. Y este tío corría siempre con botas tejanas de tacón cortado para poder manejarse, y en el box llevaba siempre las botas negras y un sombrero texano. Le regalaron todos los otros pilotos, en forma de despedida, una reproducción de su sombrero en plata maciza. Eso es impensable en la Fórmula 1. Este tío, el día que ganó su primera carrera en NASCAR, le reclamaron, fue descalificado y ganó el segundo. Curiosamente, era su padre. A mí, esta historia humana de este tío me conmueve. Es un personaje. Lamento no haber podido ir a Goodwood el año pasado, porque si llego a saber que estaba, hubiese ido. El suyo uno de los pocos libros que guardo como oro en paño. Lo encontré en Monza, y todos mis amigos de la Fórmula 1 me dijeron que si estaba loco por comprar ese libro, que era carísimo. '¿Pero no te has comprado este de Fórmula 1?', me preguntaban. 'No, quiero éste', les respondí".

"En Rallys, me gustaba mucho Stig Blomqvist, que era un talento natural. Consiguió cosas increíbles con coches pequeños, ésta es la definición que hizo uno de sus mayores rivales: 'Le gustan las mujeres, el alcohol y las carreras, pero no sé en qué orden'. (risas). Era una época en la que podías estar y hablar con los pilotos. Ha habido pilotos fuera de la Fórmula 1, y no diré sus nombres, con los que me llevaba fatal mientras ellos corrían. No hasta el punto de insultarnos, ¡pero casi! No entendían lo que yo decía o a qué me refería. En cambio, cuando han dejado de correr, las relaciones son excelentes porque hemos dejado de decirnos cosas que nos afectaban a los dos. En la prensa, a veces decimos medio en broma medio en serio que los pilotos mienten siempre. El problema no es que los pilotos mientan, sino que no se acuerdan de sus mentiras y puedes pillarles y se autoengañan con sus mentiras. Recuerdo cuando empezaron Dani Clos y Miguel Molina; estábamos en el Circuit de Catalunya y les dije: 'podéis engañar a vuestro padre, a vuestra novia, o a quien queráis, ¡pero a vuestro ingeniero no le engañéis nunca! ¡Él lo va a ver todo con la telemetría! Y cuando le has engañado dos veces, no te vuelve a hacer caso nunca'. Yo he visto en las motos a pilotos quejándose del ‘feeling’ con la moto en lluvia, mientras que el mecánico insistía en que todo iba perfecto. Luego llegaba uno que sabía más del tema y decía: '¡wow, sí! Es esto lo que está fallando'. Le decían al piloto que iban a tocar algo, pero no tocaban nada. Instantáneamente, el piloto iba bien. (risas). ¿Por qué ocurre esto? El deporte de motor es muy exigente. Casi todo el mundo que llega arriba en el automovilismo le va luego bien en la vida".

P. Hace tiempo, José Manuel Zapico contaba que muchos pilotos campeones del mundo de Fórmula 1 acaban teniendo grandes éxitos en el mundo de los negocios una vez cuelgan el casco. ¿Cuál es la clave?

R. BLANCAFORT: "Es muy sencillo. Para triunfar, no solamente necesitas talento y suerte, sino que te has tenido que preocupar de que el coche funcione bien, manejar bien las relaciones con los patrocinadores, los contactos con gente de mucho dinero etc. Esa universidad es brutal". 

(Raymond cambia de tema repentinamente para relatar su mejor momento en 50 años de trayectoria deportiva)

"Lo que nunca cambiaría en mi vida en la Fórmula 1 es una noche con Michael Schumacher. A Schumacher le tenía por un tío muy raro. Era tremendamente raro, de esos que te concedían 15 minutos de entrevista y parecía que te conocía de toda la vida, pero en el minuto 15:30 ya te había borrado de su memoria. Esto ocurría salvo que fueras uno de los gurús permanentes. Cuando fichó por Mercedes, vino aquí a Barcelona a la noche del Mundo Deportivo, porque como no corría, pensamos que sería una magnífica persona para darle el trofeo a la trayectoria deportiva. Aceptó encantado en el mes de agosto, puso unas condiciones para venir que, contrario a lo que podía parecer, eran muy razonables. Solamente puso una restricción: venir con su avión privado. Acto seguido dijo que vendría con el avión privado y la cantidad no era descabellada. Él pidió el presupuesto de la gasolina, el chofer, el avión y de todo. Una auténtica profesionalidad alemana. Él venía por la mañana y tenía que entrenar con los jugadores del Barça por la mañana. Yo creo que eso es lo que le hacía más ilusión, ¡porque si no, no hubiese aceptado! Pero quince días antes, nos avisó de que no podría venir por la mañana debido a motivos profesionales, pero confirmó que sí acudiría más tarde. Cinco días antes, fichó por Mercedes, y sabiendo yo que había una presentación de Mercedes al día siguiente de la fiesta. Le llamamos y casi se enfada por cuestionar su asistencia. 'Yo he dado mi palabra. Aterrizaré a tal hora en Barcelona, y lo único que pido es que mi premio sea uno de los primeros para poder marcharme esa misma noche, ya que al día siguiente tengo que estar en otro lado', nos dijo. Michael vino, aterrizó a la hora que había dicho, fuimos al hotel y teníamos cuarenta minutos de entrevista pactada. ¡Pero la entrevista duró dos horas y cuarto! Pudimos hablar de todo, e incluso algunas cosas ‘off-the-record’ sobre su hijo, quien ya empezaba a correr de incógnito en España. Él no quería que publicáramos nada sobre su hijo por varias razones. Fue magnífico y excelente. Se hizo fotos con el escudo de Mercedes… tengo una foto de él y yo haciendo el gesto de la victoria. Fue la mejor noche que he pasado en el deporte del motor".

 

Para comentar o votar INICIA SESIÓN
2 comentarios
Imagen de guses
Excelente.
Imagen de tarso marques
guau un periodista de pura cepa , y sin fanatismo localista ..me parece una "mosca blanca", un saludo con admiración para el "señor" Raymond Blancafort
Usuario no registrado Queremos saber tu opinión
¿Nuevo en SoyMotor.com? ¡Bienvenido! Regístrate aquí para participar.
Scroll To Top