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Las 6 horas de Nürburgring: la experiencia del aficionado

Mi primera presencia en el WEC y en Nürburgring ha superado mis expectativas

AmpliarEl Porsche de Webber, Hartley y Bernhard que ganó las 6 horas de Nürburgring - LaF1El Porsche de Webber, Hartley y Bernhard que ganó las 6 horas de Nürburgring

Ir por la carretera y toparse con curvas del Nordschleife cada pocos kilómetros, sentirse por momentos parte de la afición alemana o descubrir los enormes desniveles del circuito que no se aprecian por televisión hacen que ir, al menos una vez, al Nürburgring sea obligatorio para cualquier aficionado al Motorsport.

El viaje comenzó el jueves anterior a la carrera, en el aeropuerto de El Prat, donde había quedado con Víctor Bolea, coordinador de esta misma web. Un retraso de hasta dos horas en el vuelo a Colonia y un error por parte de la compañía en la que habíamos alquilado el coche nos hicieron llegar al hotel a las tres de la madrugada, bajo una ligera lluvia, aunque nada de esto impidió que nos levantáramos el viernes a primera hora.

De nuevo bajo la lluvia, aunque nunca intensa, afrontamos el primer día en el circuito. Las grandes instalaciones que hay junto a la recta de meta hacen que el circuito resulte imponente a primera vista, con montaña rusa, hotel junto a la grada y casino incluidos. 

Aunque antes de llegar hasta ahí, y si te acercas al circuito desde el norte, te habrás encontrado algo todavía mucho más imponente: la eterna recta del Nordschleife. Con casi tres kilómetros de longitud, no es necesario aclarar que supera con creces cualquier tramo recto de los actuales circuitos de Fórmula 1 o del resto de grandes competiciones, e incluso es comparable a la longitud total del circuito de Mónaco (3,337 km). Aunque la vegetación impide contemplarla al completo, la carretera 412 Eifel-Ardennen discurre durante más de dos kilómetros en paralelo con ella, por lo que entre los huecos dejados por los árboles se puede disfrutar de esa inacabable tira de asfalto. Por si fueran poco estas vistas, encontrarte de frente el imponente castillo de Nürburg todavía hace la llegada al circuito mucho más especial. 

Ya en el circuito convencional, a las 12 de la mañana comenzaba la primera sesión de libres del WEC bajo una ligera lluvia, lo que me hizo pensar que la actividad en pista no sería tan alta como lo esperado. Nada más lejos de la realidad: desde que el semáforo de boxes se puso en verde, rara fue la ocasión en la que hubo menos de 15 monoplazas en pista (de los 31 participantes), con apenas descansos de 10-15 segundos para los oídos, solo cuando un GT retenía a algún prototipo durante un par de curvas y provocaba un pequeño vacío en la pista.

Inicialmente nos colocamos en la Bilstein-Tribüne (frenada de la curva uno), donde pudimos apreciar las primeras excursiones por la grava, fundamentalmente protagonizadas por los Ferrari GT. Probablemente fue un acierto observar la primera toma de contacto de los pilotos desde esta tribuna, ya que es una frenada muy complicada de ajustar, y a lo largo de los minutos fuimos apreciando cómo los pilotos iban perfeccionando su trazada para ceñirse al vértice de la manera más limpia posible.

 

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La siguiente parada fue en la famosa Mercedes-Tribüne. Con forma de córner invertido, como acertadamente la describió mi compañero de viaje, la amplitud de visión en esta tribuna (especialmente en la parte superior) es algo casi inigualable en un circuito de competición y se acerca más a la distribución de gradas en un campo de futbol. No solo se ve frenar a los coches de frente en la curva uno, lo que la hace ideal para presenciar la salida, sino que se contempla el primer sector al completo, además de las dos últimas curvas del segundo sector, aunque algo más a lo lejos. Pero no todo es competición, y algo por encima, imperial, aparece el Burg Nürburg. El famoso castillo que mencionamos anteriormente, situado en la ciudad con mismo nombre, parece vigilar el circuito desde lo alto de la colina, lo que deja una instantánea maravillosa para todos los aficionados.

 

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De ahí nos marchamos al edificio principal, aprovechando un pequeño impasse en la pista para ir a la zona de exposiciones. Aunque el Porsche 911 (mitad coche, mitad Lego) nos sorprendió, no consiguió evitar que acabáramos centrando nuestra atención en el Porsche 919 Hybrid #19 de Bamber, Hülkenberg y Tandy, vencedor en las 24 horas de Le Mans de este año y todavía con la suciedad de la carrera sobre el morro y las luces.

 

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Nuestro siguiente destino fue la curva "Alonso-Massa", también nombrada así por mi compañero que parecía estar especialmente inspirado a la hora de darle nombre a las distintas zonas del circuito. Realmente, resultó ser la que más nos impactó a primera vista. Las cámaras de televisión no pueden mostrarlo en las retransmisiones, ni los fotógrafos en sus instantáneas, pero lo cierto es que el desnivel entre las curvas cuatro y cinco del circuito es mucho más acusado de lo que parece, lo que convierte esta chicane en una de las curvas más bonitas del circuito GP. Este desnivel también hace que sea un punto ideal para los amantes de la conducción, ya que se pueden observar perfectamente las diferentes trazadas de los coches según sus especificaciones: los GT’s tienden a acelerar pronto a la salida de la curva cinco y a quedarse en el interior en la frenada de la seis, mientras que los prototipos, más ágiles, son capaces de corregir la trazada y afrontar la curva seis desde el exterior.

No solo el desnivel fue lo que más nos sorprendió, sino que la primera vez que vimos en directo la curva seis no nos podíamos creer lo cerrada que llegaba a ser. No dábamos crédito a lo que veíamos, ya que por la televisión y con las fotografías no se aprecia que sea tan cerrada. 

Por otra parte, cabe destacar que en esta zona del circuito está permitido bajar al césped a pie de pista, algo que según Víctor, que de esto sabe como nadie, es muy positivo para los fotógrafos que no van acreditados. En lo que a mí respecta, puedo afirmar que incluso las fotos de un simple aficionado, tomadas con una tablet, quedan decentes: a pie de pista y muy cerca del propio asfalto, incluso con espacios en la valla para facilitar el trabajo a los que quieran tomar imágenes, no es necesario usar el zoom y se pierde menos calidad.

 

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El día de competición se cerró con los segundos libres del WEC, que concluyeron con una falsa aparente igualdad entre Porsche y Audi en el liderato de los LMP1, ya con la pista en mejores condiciones que por la mañana. Del circuito nos marchamos dirección Adenau, donde nos encontramos con la curva a derechas en subida de la zona de Exmühle, justo antes del décimo kilómetro del Nordschleife, que se veía desde la propia carretera. Este pueblo es otro de los lugares que no hay que olvidar visitar y es en el que podemos apreciar mejor ambiente de carreras, lejos de otros pueblos de alrededor que apenas hay actividad. 

El sábado amaneció de nuevo nublado, aunque esta vez con el suelo completamente seco. Sin embargo, justo al llegar al Nürburgring nos esperaba una densa niebla que parecía envolver tan solo al circuito, como si de un microclima propio del trazado se tratase. Sin embargo, para cuando llegamos a la Langnese-Familientribüne (tribuna de la chicane NGK), el cielo ya estaba totalmente despejado, invitando a salir a pista a los participantes en la tercera sesión de libres, que comenzaba a las 9:30.

Aunque no se trata de la mejor tribuna para observar pasar a los monoplazas, ya que está algo separada de la pista y hay un molesto poste verde que dificulta la visión en la frenada, tiene un componente de mística que hace obligatorio pisarla al menos una vez durante la estancia: al fondo, de frente, se ve la salida de la primera curva del Nordschleife (si comenzamos a contar desde el desvío del circuito GP) y la bajada hacia la segunda curva. Una imagen casi inigualable para los más nostálgicos, fusionando pasado y presente.

 

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Respecto a esta zona del circuito, también cabe destacar que en el WEC la chicane NGK se traza en su versión más rápida, que es la que se suele usar cuando se enlaza el circuito GP con el Nordschleife. Se atraviesa a una velocidad mucho mayor que la versión de Fórmula 1, con los pilotos trazando incluso por la hierba. Esto le añade un pequeño componente de espectacularidad inexistente en el caso de la Fórmula 1, y que a su vez provoca que los tiempos de los LMP1 en este circuito se acerquen todavía más a los de los monoplazas del Gran Circo.

Antes de comenzar el Pitwalk, aprovechamos para dar una vuelta por el paddock. Ahí nos cruzamos con Webber y con Davidson, vimos expuesto el Audi #2 ganador de Le Mans en 2014 (Lotterer, Fässler, Tréluyer) y pasamos al lado de los hospitality de Audi y Porsche. Pero hubo algo, por encima de todo, que me dejó atónito: Titan The Robot, un curioso robot que se dedicaba a pasearse por el propio paddock mientras cantaba y echaba agua a los aficionados. Quién se lo iba a esperar…

 

 

Tras la clasificación, dominada con mano de hierro por los Porsche en la categoría más alta y por el KCMG de Tandy en LMP2, nos decidimos a intentar dar una vuelta al Nordschleife. Sin embargo, el riesgo que suponía dar la vuelta con un coche de alquiler y el inasumible precio de alquilar un coche en el propio circuito nos echaron para atrás. De todas formas, ver el ambiente que había en la entrada y los coches que estaban aparcados ya fue un auténtico espectáculo.

El domingo cambió radicalmente la meteorología y llegamos al circuito con el cielo totalmente despejado y algo de tráfico en los últimos kilómetros, lo que hacía presagiar que el ambiente iba a mejorar respecto al sábado. Nos dirigimos inmediatamente a hacer cola para el Pitwalk, donde habíamos quedado con Roberto Gómez, telemétrico de Porsche, en la caseta de los ingenieros del Porsche #17. Sin duda, la charla fue uno de los mejores momentos del fin de semana, ya que nos explicó cosas tan interesantes como la procedencia de los miembros del equipo. La mayoría venían de la Fórmula 1, principalmente del desaparecido BMW Sauber y algunos de Toro Rosso, aunque ninguno de ellos echa de menos la F1. También nos contó cómo el Porsche consigue tanta carga aerodinámica con un alerón trasero tan plano. En el Pitwalk, como es habitual en el WEC, los equipos colocaron mesas enfrente de los boxes para que los pilotos repartieran autógrafos y se hicieran fotos con los aficionados, algo que es muy de agradecer y que define perfectamente la esencia de la categoría. Me impactó personalmente el apoyo a Timo Bernhard, probablemente el piloto más aclamado por la afición alemana en el evento.

 

 

La salida la presenciamos desde la grada de la primera frenada, ya que la Tribuna Mercedes estaba a rebosar, y a partir de la primera hora nos fuimos moviendo a lo largo del circuito, llegando hasta la zona de la S de Schumacher. Aunque es innegable que el ambiente fue muy bueno para tratarse del WEC, más allá de la BMW M Power Tribüne (tribuna de meta) y del Mercedes Arena, las gradas estaba semivacías, especialmente en el segundo sector.

Las pantallas gigantes nos ayudaron a seguir la carrera, aunque a duras penas nos percatamos de las sanciones al Porsche #18. Pero, por otra parte, tuvimos la suerte de presenciar en directo el adelantamiento de Webber al primero de los Audi en el segundo stint de la carrera, y la posterior lucha final entre el Porsche #18 y ambos Audi. Si ya de por sí estas luchas son emocionantes, con toda la grada aplaudiendo en pie, los sentimientos se hacen indescriptibles. El podio lo vivimos desde la parte derecha de la tribuna de meta, para bajar inmediatamente después a la pista y llevarnos de recuerdo unas cuantas virutas de goma y el cartel de 150 m de la primera frenada.

 

 

El lunes, día de vuelta a España, nos acercamos a Kerpen para visitar el pueblo de Michael Schumacher. Lejos de impresionarnos, quedamos algo decepcionados por el mínimo homenaje a todo un heptacampeón del mundo. De nuevo con algo de retraso, despegamos del aeropuerto de Colonia-Bonn para llegar a El Prat algo antes del anochecer.

La valoración general del viaje es, sin ninguna duda, muy positiva. Era la primera vez que asistía a un circuito fuera de España, pero Víctor ya había visitado Spa-Francorchamps y Monza y reconoció que le gustó mucho más que el circuito italiano, aunque no llega al nivel de Spa. Mi primera presencia tanto en el WEC como en Nürburgring ha estado por encima de mis expectativas. Se trata de una experiencia inolvidable que recomiendo a cualquier aficionado al automovilismo.

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