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España, al nivel que Noruega tenía en 2012 con el coche eléctrico

La hibridación es la electrificación predominante en España

El país escandinavo quiere prohibir la venta de híbridos y motores térmicos en 2025

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España lleva más de ocho años de retraso con Noruega en materia de adopción del coche eléctrico, según se desprende de los últimos datos de matriculaciones.

El interés de los consumidores por este tipo de movilidad crece, pero esa curiosidad no va acompañada de intención de compra porque el precio todavía es inasumible para muchas economías domésticas.

La Unión Europea aún no ha definido cuándo prohibirá la venta de coches con motores térmicos, aunque el continente quiere alcanzar la neutralidad de carbono en 2050 y eso invita a pensar que la restricción podría entrar en vigor en 2040, para dar tiempo a renovar el parque automovilístico.

Esa lentitud contrasta con países de su entorno: el Reino Unido prohibirá los motores gasolina y Diesel no-electrificados en 2030, y a partir de 2035 también hará extensiva esa medida a todas las formas de hibridación. En Asia, Japón también apunta a 2035.

Pero hay un país que va un paso por delante del resto: Noruega.

El paraíso del coche eléctrico quiere prohibir la gasolina, el Diesel y todas las tecnologías híbridas a partir de 2025, para así ser el primero en avanzar hacia un parque automovilístico libre en emisiones.

El país escandinavo está de enhorabuena, porque el año 2020 ha sido el primero en el que el coche eléctrico ha tenido una cuota de mercado superior al 50%. Un dato sin parangón que lo convierte en líder mundial en esta materia.

Este crecimiento ha sido exponencial en la última década. De hecho, el grado de penetración que el eléctrico tiene hoy en España se corresponde prácticamente con el que Noruega tenía en 2012.

Si nos fijamos en las tecnologías alternativas, su cuota de mercado en España –22,5%– es la que tenían en Noruega en 2014 –20,5%–. Pero existe una diferencia fundamental: mientras aquí ahora predominan los híbridos no-enchufables –16%–, en Noruega estos sólo eran el 6,8%  y el eléctrico ya era el rey con el 12,5%.

Desde entonces, el país nórdico ha avanzado a un ritmo endiablado. El eléctrico supuso el 20,9% en 2017, el 31,2% en 2018, el 42,4% en 2019 y finalmente el 54% en 2020, en el que tan sólo un 17% de los turismos que se vendieron eran no-electrificados.

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Datos: Norwegian EV Association & Reuters 

 

¿Cómo se explica esta transición tan acelerada? Un motivo muy claro es la renta per cápita, que en Noruega más que duplica la de España y evidentemente facilita el acceso a una tecnología que hoy todavía es más cara que las opciones térmicas equivalentes.

La cuestión medioambiental también es importante, pero, en el fondo, lo que ha persuadido a los conductores es la aplicación consistente de ayudas e incentivos fiscales para facilitar la adopción del coche eléctrico.

De hecho, en algunos casos la aplicación de aranceles, impuestos por emisiones y promociones gubernamentales deja el precio de los vehículos térmicos a la par con el de los eléctricos, por lo que el consumidor ya puede elegir entre dos tecnologías sin asumir un sobrecoste.

De vuelta al caso español, es cierto que ha habido ayudas gubernamentales, como recientemente los 6.500 euros del Gobierno con el Plan Moves II. Pero el observatorio del RACE constata que seis de cada diez consumidores no quiere gastarse más de 20.000 euros en su próximo vehículo, cifra demasiado baja para el estado actual de la electrificación.

Tanto Tesla como Volkswagen han anunciado que quieren desarrollar un coche eléctrico accesible que se situaría entre los 20.000 y los 25.000 euros. Su realización abriría esta movilidad a un grueso de la población, pero ambos proyectos todavía están distantes en el tiempo –Tesla habla de 2023, VW no da fechas–. Sí entraría en rango el Dacia Spring, aunque con 295 kilómetros de autonomía puede ser insuficiente para algunos conductores.

Aunque la tendencia es positiva –crecimiento interanual del 78%–, los coches eléctricos tan sólo representaron el 2,11% del mercado español de turismos en el año 2020 que acabamos de dejar atrás. Dicho de otro modo, de las 851.211 unidades que se matricularon entre enero y diciembre, tan sólo 17.925 eran completamente eléctricas. La gran mayoría –659.469– eran gasolina o Diesel sin ningún tipo de electrificación.

Eso no significa que España aún no haya emprendido la transición a la movilidad sostenible, sino que ésta ocurre a una velocidad más lenta que en el país de referencia en esta materia. De hecho, los motores no-electrificados perdieron cuota de mercado en 2020 –bajaron del 87,9% al 77,4%– y las tecnologías alternativas recogieron el guante –subieron del 12% al 22,5%–.

España está abrazando el cambio a través de los híbridos, que supusieron el 18,88% del mercado en 2020 –subiendo desde el 9%–. Los eléctricos puros se quedaron en el 2,11% –0,80%–, siempre en el caso de los turismos. En el conjunto de vehículos, un 1,95%.

La tecnología alternativa más popular fue precisamente la menos electrificada, la híbrida no enchufable, que fue el 16,14%. Los híbridos enchufables, un 2,74% que apenas supera a los BEV.

Aun así, el interés de los consumidores por la electrificación crece más rápido de lo que evidencian estas cifras.

Un observatorio del RACE revelaba este diciembre que uno de cada tres compradores está pensando en un híbrido para su siguiente turismo, cuando hace un año eran uno de cada cuatro.

La pujanza del híbrido recoge la caída del Diesel y la gasolina, cuya intención de compra pasó del 33,4% y el 23,7% al 25,4% y el 20,7% respectivamente en el último informe.

Y el eléctrico puro está en la mente de los consumidores, pero su demanda no se dispara. Si en 2019 el 7,3% de los consumidores estaba contemplando la opción de comprarse uno, a finales de 2020 tan sólo eran el 7,5%.

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Imagen de adelesp
Noruega, su principal fuente de divisas es el petróleo y de prestaciones para la jubilación : el fondo soberano Noruego de pensiones que fue originalmente el fondo petrolero de Noruega. La dependencia del petróleo de Noruega sigue siendo alta. Contaminan con la extracción y venta de combustibles fósiles y consumen coches eléctricos con el dinero que obtienen de la venta a terceros.
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