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Precaución, conductor: ¿estamos olvidando cómo conducir?

La tecnología es fantástica, sí, pero nos hace cómodos y estúpidos

Los nuevos conductores tienen cada vez más ayudas

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La tecnología es maravillosa. Eso que quede claro y que vaya muy por delante. Nos hace la vida mucho más fácil, incluso nos permite hacer cosas impensables hace unos años y que son fantásticas, pero a veces y centrándonos en el mundo de la automoción, da la sensación de que estamos llegando a un punto sin retorno en cuanto a pérdida de inteligencia, por no decir estupidez. Que ya está dicho.

En breve, no sabremos qué era eso de conducir gracias a los coches autónomos. Está por ver si realmente serán una herramienta eficaz en la prevención de accidentes, aunque todo apunta a que así será y eso sería fantástico, pero llegado ese momento, nos vamos a acostumbrar a leer o dormir en el coche y si un día uno de los viejos “trastos” que necesitan de un humano para su movimiento cae en nuestras manos, no sabremos qué hacer, pero no pasa nada. Si nos fijamos bien, ya sucede.

El otro día estaba en la terraza de un bar observando tranquilamente como un hombre de mediana edad intentaba aparcar el coche. La plaza era suficiente para realizar la maniobra en pocos pasos, pero ahí estaba el hombre, coche adelante, coche atrás, intentando en vano meter el vehículo.

Por un momento pensé que se trataba de una cámara oculta, sobre todo cuando empezaron a acumularse coches detrás de él que, obviamente, empezaron a cumplir con esa tradición tan nuestra de organizar un concierto callejero si estamos parados más de cinco segundos.

No me las daré de buen samaritano, pero me levanté y empecé a ayudar al buen hombre. Coche aparcado, desciende del mismo y me dice: “es que es el coche de mi hija y no lleva asistente de aparcamiento”.

Ahí empecé a pensar en cómo nos hemos acostumbrado a elementos de ayuda que han acabado por hacernos torpes. Este buen hombre no aparcaba el coche porque no había un sistema de señales acústicas en el modelo concreto y más difícil que se le va a poner con la masiva llegada de los sistemas de autoparking.

Y a partir de ahí, uno empieza a pensar que el conductor se está volviendo cómodo, algo muy peligroso al volante. Hoy los faros se nos encienden automáticamente cuando la luz decae, pero ¿si llevamos ocasionalmente un coche sin ese sistema?.

He visto - y vosotros también - a gente sufrir lo indecible para encontrar los botones de las luces. Lo mismo se puede decir con los limpiaparabrisas. De la radio accionada por voz, ni hablamos. Un día vamos a olvidar lo que es apretar un botón de encendido/apagado.

El colmo de todo sería no entrar ni siquiera al coche. Con los sistemas modernos que detectan la llave y abren el coche sin tener que tocar un botón y luego sin necesidad de introducir la llave ni siquiera en un puerto para arrancar, se está llegando al paroxismo.

El otro día estuve diez minutos en el coche de un amigo, allí sentados, el pobre sufriendo, porque no había manera de que el sistema reconociese la señal inalámbrica de la llave para autorizar el arranque. Que sí, que queda muy bonito eso de no introducir la llave, pero cuando falla echas de menos hasta el arranque por manivela en la parte delantera.

Otro punto importante es el de la técnica de conducción y no me refiero a cosas como cambio automático o por levas, que es una evolución que puede gustar más o menos, pero ya es antigua. Me refiero a algo tan básico como salir en parado desde una pendiente.

Vosotros no habéis olido el embrague de un coche deshacerse en una cuesta sin que el coche se moviese ni un centímetro. O sí. ¿La excusa?. Es que el coche no tiene asistente de pendiente.

Bueno. Ya. Es el colmo.

Porque una cosa es la evolución del automóvil: frenos ABS; dirección asistida; suspensiones mejores; luces; elevalunas eléctricos…cosas que hacen el coche más seguro, más fácil de conducir o más cómodo y otra el eliminar el factor humano de la conducción.

Dentro de poco, iremos a un coche que no se abrirá, que no arrancará o que no podremos mover porque no tiene “hill-assist”. O peor, no lo podremos sacar del parking sin destrozar la chapa.

Puede que suene a viejo, arcaico y trasnochado, pero si es el caso, vuelve al principio: la tecnología es genial. La deshumanización no. La facilidad con la que el conductor está olvidando el bonito arte de conducir, con sus movimientos, sus maniobras, sus gestos, el baile de pies y cosas similares, es asombroso.

Así que, precaución, amigo conductor, la senda es peligrosa, pero también la capacidad de volvernos estúpidos. Y si me disculpáis, me vuelvo a la lectura de mi libro 'El Arte de Conducir', de 1977, escrito por un tal Jackie Stewart. Os lo recomiendo antes de que olvidemos todo.

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