CURIOSIDAD

Este Porsche 911 esconde un secreto

AmpliarPorsche 911 de Achim Anscheidt, jefe de diseño de Bugatti - SoyMotor.comPorsche 911 de Achim Anscheidt, jefe de diseño de Bugatti

A las afueras de Berlin, en un lugar que no llama la atención ni tiene señales que puedan hacer intuir lo que guarda, uno de los Porsche más especiales de toda la historia es guardado con sumo celo por creadores. La Karosseriebau de Willi Thom se dedica a la construcción de coches a manos, en la tradición de los antiguos carroceros, en un taller con los cristales empañados para que no se pueda ver dese fuera lo que ocurre dentro. 

Pero Willi Thom es uno de los mejores especialistas de Porsche. Pero lo hace a la vieja usanza, sin página web, sin redes sociales, sin teléfono ni siquiera. Para encontrarlo, hay que conocerlo, como al artista que es. Y quien le encontró fue Achim Anscheidt, jefe de diseño de Bugatti, que quería construir un automóvil personal e único.

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El coche elegido fue un Porsche 911, al que sometieron a una transformación severa. Hacia el año 2011, Achim comenzó a enviar a Willi imágenes de Porsche a medida alrededor de Los Ángeles. Cada coche era un proyecto personal del dueño, una suma de pequeños detalles. Todos eran un 911, pero cada uno era diferente, especial. Pero Achim veía también errores. Él quería algo perfecto. Acabó con cuatrocientas fotos para el proyecto.

Empezó a enviar las fotos con notas del tipo: "los faros como éste", "los respiraderos montados como éste", con la intención de aunar todo lo bueno que podía hacerse con el 911. Pese a ser diseñador, no daba instrucciones a Willi Thom, que tuvo que buscarse el modo de realizar cada parte. Pero a Thom es difícil cogerle fuera de juego: se crió en una de las Karosserie de Porsche más importantes, Rometsch, y a los 23 años ya tenía un 911 que había modificado.

La construcción del coche tardó dos años. Era un proyecto lento y laborioso, pero Achim pagaba. Era una especie de locura, un producto de las ideas de Achim y del trabajo artesanal de Willi. Y el 911 está a medio camino entre el coche de calle y el de competición. El aspecto es de calle, pero las piezas recogen tecnología y materiales del circuito. Por ejemplo, el parachoques delantero es de kevlar, y los paneles, y otras partes de la carrocería, como puertas, el techo, y demás. El 911 es ligero.

La palanca de cambio también llevó su tiempo, con engranajes muy particulares en la caja de cambios: nada de rápidos, sino al viejo estilo, con una sensación mecánica en cada movimiento. Podría haberse hecho y diseñado por 3D, ahorrar tiempo y seguramente dinero. Pero no se hizo. Se hacía con moldes, hasta que se daba con la solución correcta.

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Así que cuando miras al Porsche, ves un 911. Pero si lo miras con detalle, con calma, ves que en cada lugar hay algo diferente, algo especial, algo único. El motor de 3.2 litros y 290 caballos hace el resto, con su sonido gutural y redondo, con su rendimiento potenciado por la ligereza del coche.

Este Porsche 911, escondido en un pueblo cerca de Berlín, es una obra de arte venida de otro tiempo, aquél de la artesanía, del trabajo al detalle, y que da como resultado algo único. Posiblemente, el Porsche 911 más perfecto de todos los tiempos, discreto, sin estridencias ni golpes de efecto. Pero el más especial de todos.

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