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Al volante del Audi Q2: el coche de las ilusiones

Tiene poca merma de espacio interior respecto al Q3

Destaca su tacto prácticamente de turismo puro

Parte de los 27.450 euros con motor 1.6 TDI de 116 caballos, y el futuro 1.0 TFSI será más barato

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El Audi Q2 apenas ha aterrizado en los concesionarios, pero nos parece un coche destacable y con mucho recorrido comercial porque, además de cubrir un gran espectro de necesidades sin ser especialista en ninguna, como manda el espíritu SUV, da la sensación de que es realmente bueno en la mayor parte de ellas


Dice Audi que su nuevo Q2 es 'untaggable', algo así como 'imposible de etiquetar'. Y puede que tengan razón, así que vamos a describirlo primero: se trata de un SUV de 4,19 metros de longitud, con una altura exactamente a medio camino entre un A3 Sportback y un Q3, disponible con tracción delantera e integral quattro, cambios manuales de seis velocidades y automáticos de doble embrague de siete, con motores de gasolina y Diesel entre 116 y 190 caballos, al menos en su gama inicial. Se acaba de poner a la venta, aunque algunas de las 1.500 unidades que ya se han reservado se entregarán ya en 2017.



Durante nuestra toma de contacto de dos días tuvimos la sensación de que, por fuera, el Q2 se percibe como un SUV premium, y aparenta mayores dimensiones de las que refleja la ficha técnica. Musculoso, con abundantes ángulos en su carrocería y un frontal prominente, arroja, sin embargo, un contenido coeficiente aerodinámico Cx de 0,30. Más adelante hablaremos sobre sus posibilidades de personalización, extensas como su público potencial.



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Por su configuración general, nos parece una alternativa clara al Mini Countryman, un coche de ventas discretas y concepción similar, aunque menos práctica, que este Q2. Pero también lo es para una parte del público de coches como el Peugeot 2008, el Renault Captur o el Nissan Juke, concretamente los que estarían dispuestos a gastar más por tener un coche no muy largo, altito, habitable, válido para la ciudad y la carretera, con una imagen moderna y, esto es importante, aspecto y calidades premium. Por tanto, y de rebote, se convierte también en una opción para una parte de los posibles compradores de un Audi A3 Sportback y, atentos, de un Audi Q3.



Para entender esa amplitud en el espectro de alternativas, conviene conocer el interior del Q2. Sorprende lo amplio que es habida cuenta de sus dimensiones exteriores. En las plazas delanteras, por supuesto, pueden acomodarse dos adultos de elevada estatura. La postura de conducción es algo más elevada que la de un turismo compacto, aunque no por ello se llevan las piernas mucho más plegadas, ni el volante está más tendido que en, por ejemplo, un A3. Hasta aquí, muchos SUV de su tamaño podrían responder a la misma descripción.



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Las plazas traseras marcan, éstas sí, la diferencia. Admiten a dos adultos de casi las mismas proporciones que los de las plazas delanteras. Quien escribe estas líneas supera holgadamente los 1,9 metros de altura y no llega a tocar el techo con la cabeza, incluso en una posición muy erguida. La plaza central resulta menos incómoda que la de coches de mayor tamaño, ya que el respaldo no oculta un apoyabrazos y la banqueta no está tan dura como la de otros modelos en esta posición central. Por último, el resalto en el suelo causado por el túnel de transmisión, aunque está y es notorio, resulta menos voluminoso que en muchos de sus rivales. Hay prácticamente el mismo espacio que en un Audi Q3, que es notablemente más voluminoso, y barre al Mini Countryman, o a la mayoría de rivales que hemos especificado arriba. El interior del Audi Q2 es bastante destacable en ese sentido.



Por último, el maletero de 405 litros le da un estándar muy bueno, aunque la rueda de repuesto es opcional y sólo trae de serie un kit antipinchazos que también le resta menos capacidad efectiva al cofre. Aquí sí existe mayor diferencia con el Q3, sin resultar tampoco abrumadora la ventaja de éste último, mucho menos si consideramos su precio.



La calidad de ajustes en el Q2 está a un nivel similar que el del resto de la gama Audi, también en los caros. Da la sensación de que cada botón está en su sitio, bien hecho y con un buen tacto. Esto último es destacable si consideramos la importante porción de plásticos duros empleados en este interior, mayor que en el Q3. La calidad de materiales, por tanto, sí está un peldaño por debajo de otros modelos, sin dejar de transmitir una sensación de coche premium.



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TRES MOTORES DE INICIO, UNO MÁS EN CAMINO



Condujimos dos de las motorizaciones, las dos Diesel. El 1.6 TDI de 116 se siente mejor de lo que esperábamos. Evidentemente no mueve al Q2 con agilidad, pero sí suficiente para la inmensa mayoría de usos. Echamos de menos más brío en las salidas desde parado y más fuerza en la parte baja del cuentavueltas. En comparación con otras versiones menos potentes de esta misma mecánica hemos notado, paradójicamente, una mayor progresividad en la entrega de la potencia y, con un cierta atención en el cambio, tuvimos suficiente aceleración y, por supuesto, velocidad de crucero en todo tipo de circunstancias. Tampoco resulta especialmente ruidoso ni transmite muchas vibraciones al interior: el aislamiento es bueno hasta el punto de que pasen desapercibidas incluso a regímenes  de giro elevados. Para confirmar nuestras sensaciones sería necesario, eso sí, probar este Q2 a plena carga. En un trazado mixto entre ciudad, autovía y carreteras secundarias con pendientes moderadas –con mayor abundancia de éstas últimas– logramos un consumo medio de 6,4 litros a los 100, según el ordenador de a bordo, cuyo margen de error desconocemos.



El Audi Q2 es apenas 50 kilos más pesado que el Audi A3 Sportback con la misma mecánica, y 120 más ligero que el Audi Q3 equivalente. En curva, tanto por precisión de la dirección como por los movimientos de la suspensión, tuvimos una sensación de un buen turismo, y sólo la altura del asiento nos recordó que estábamos a los mandos de un coche con características de SUV. Es cierto que las condiciones de la carretera –mojada en algunos tramos– y el tráfico –ocasionalmente denso– no nos permitieron explotar al máximo sus cualidades dinámicas, pero en los tramos de conducción más ágil resultó especialmente agradable, con menos balanceo incluso que un Q3.



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Durante la segunda jornada cambiamos de unidad para conducir el 2.0 TDI quattro de 190 caballos con cambio S-Tronic, el lado opuesto de la gama Diesel. Obviamente, esta mecánica logra un empuje muy superior al 1.6 TDI en todas las circunstancias. También es algo más suave en marcha, aunque no mucho más. La experiencia de conducción es muy satisfactoria en general, y más aún en nuestro caso al saber que todavía no hay unidades españolas de esta versión del Q2 en España y tuvimos a nuestra disposición una proveniente de Alemania. 



Sin embargo, algunos detalles obstaculizan esa agradable sensación de potencia. El más importante atañe al tacto del acelerador. Junto al cambio de doble embrague de siete relaciones notamos que era extremamente sensible en el momento de la puesta en marcha, es decir, que con el toque más suave de acelerador era realmente complicado hacer una salida suave sin sentir un tirón, una fuerza excesiva de tracción. El recorrido incluyó distintos tramos urbanos y, pese a esforzarnos en acostumbrarnos a esa sensibilidad aguda del acelerador, no lo conseguimos. Pero lo más curioso es que, una vez recorridos los primeros cinco o diez metros de desplazamiento, teníamos que oprimir el acelerador más allá del 30% de su recorrido total para ganar velocidad con normalidad, de lo contrario se quedaba prácticamente al ralentí. Finalmente, una vez superado ese recorrido 'vago', el resto del mismo hasta el fondo sí reaccionaba de una manera normal, aunque hasta entonces tuvimos que pensar más de lo normal en cómo gestionar el acelerador, algo extraño en un Audi de su potencia y especialmente asociado al cambio S-Tronic. Puede que se trate de un pequeño defecto de esa unidad en particular, ya que esa misma combinación mecánica en otros modelos de Audi nos parece más agradable.



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La tracción integral gestiona perfectamente la caballería, siempre sobre asfalto en buenas condiciones y con un agarre normal. En este sentido, funciona tan bien como un Audi A3 o un TT con el sistema de tracción integral quattro mediante embrague multidisco de tipo Haldex. Su actuación, en perfecta armonía con el control de estabilidad, es suave y efectiva. Y cuando no es necesaria, el Q2 funciona como un coche de tracción delantera, con la ventaja que esto acarrea en los consumos. Durante nuestra prueba, a un ritmo ligeramente más vivo que con el 1.6 TDI, conseguimos un consumo de 7,3 litros a los 100.



Nos quedó sin probar el motor 1.4 TFSI CoD de 150 caballos, un propulsor muy interesante por su suavidad y contenidos consumos. Hasta ahí serían las tres motorizaciones iniciales, a las que se sumará en junio de 2017 el también atractivo 1.0 TFSI de 116 caballos que, a la postre, se convertirá en el acceso a la gama Q2.



 



PRECIOS PREMIUM PARA COCHE PREMIUM



Lógicamente, un coche con este equilibrio tan amplio tiene un precio alto. Pero hablemos primero de sus niveles de acabado. Por un lado, se puede elegir entre design y sport edition. Se diferencian en los colores de ciertos faldones, los bajos de los paragolpes, la rejilla delantera, el embellecedor del pilar C –Audi le llama 'blade'–, el diseño de las llantas de 18 pulgadas y algunos elementos más. El precio del sport design es 400 euros superior al del design.



Además, para su lanzamiento se ofrecerá una versión llamada #untaggable edition, que añade al design edition elementos el sistema multimedia MMI navegación, el asistente de aparcamiento trasero, los faros de leds, los paragolpes S-Line, el generador de wifi en el interior del coche, un alerón en el techo, remates de tapicería en cuero, el ordenador de a bordo en color, detalles exteriores en color negro brillo y otros elementos de menor enjundia, por un precio extra de 8.690 euros.



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En cuanto a equipamiento, destacan como opcionales el head-up display, los ya mentados faros de leds o el sistema de aparcamiento Audi Park Assist, que puede ampliarse con el detector de tráfico cruzado para sacar el coche de un aparcamiento en batería. También en el apartado tecnológico destaca el virtual cockpit, que cuesta 540 euros y asociado al navegador MMI navigation plus –éste supone un extra de 1.765 euros–, pero que transforma el cuadro de instrumentación en una pantalla de 12,3 pulgadas, de aspecto francamente impresionante y que ya conocíamos de otros modelos de Audi, aunque de precio superior.



Una importante variedad de pinturas y tapicerías opcionales demuestran, de nuevo, que el Audi Q2 está preparado para recibir a clientes muy heterogéneos. Todos ellos partirán de los 27.450 euros si quieren adquirir el Q2 más asequible, el 1.6 TDI en acabado design, mientras que el 2.0 TDI de 190 caballos y tracción quattro con cambio S-Tronic en acabado #untaggable edition es el más caro de la gama inicial y asciende a los 46.180 euros.

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