ARTÍCULO SOYMOTOR.COM

¿Cómo serán los seguros de los coches del futuro?

Las compañías aseguradoras deberán adaptarse a la nueva realidad del sector

Nuevas energías, nuevos segmentos y nuevos modelos de uso son algunas claves

El coche autónomo, uno de los mayores retos

Ampliar¿Cómo serán los seguros de los coches del futuro? - SoyMotor.comBMW Vision Next 100 Concept

Propulsores eléctricos, conducción autónoma, conectividad, 'car sharing' o SUV son sólo algunas claves de lo que el futuro depara a la industria automotriz. Sin embargo, no sólo son los fabricantes quienes se ven afectados por esta revolución tecnológica. Los responsables de diseñar y crear las infraestructuras viales del mañana o las compañías de seguros también estudian con tiempo esta nueva coyuntura a la que, estemos a favor o no, todos estamos abocados por la inercia de un sector altamente competitivo, sumamente cambiante y económicamente colosal.

Aunque existen marcas convencidas de que los motores térmicos no morirán nunca o de que sus vehículos siempre ofrecerán la posibilidad de controlarse manualmente, la progresión del mercado automovilístico y el actual aluvión de noticias relacionadas con su evolución en términos de energía y automatización demuestran que, si bien todavía en ciernes, el concepto de coche que tenemos a día de hoy cambiará drásticamente en los años venideros. Por suerte o por desgracia, con toda probabilidad pasará a ser un servicio de transporte en lugar de una máquina bajo nuestro control, aunque aun así tendrás que calcular tu seguro de coche, por activa o por pasiva a través de la empresa que se encargue del servicio.

Ante el escenario que está por llegar, las aseguradoras ya se plantean cómo monetizar sus prestaciones en un contexto con menos siniestralidad, pues el error humano tenderá a reducirse. Pero evidentemente no todo pasa por sus manos. También el marco legal mutará hacia un plano donde la responsabilidad sea mayormente de la máquina y, por ende, de la empresa que la produjo. Ésa al menos es la apuesta de marcas como Audi o Volvo, que ya trabajan con gobiernos y otras autoridades de distintas zonas del mundo para definir aspectos de esta nueva legalidad, inicialmente establecida por cada país, aunque pueda existir –y hay vías abiertas en este sentido– una coordinación supranacional.

El vehículo autónomo conducirá a una evolución del reparto de responsabilidades

Otros grandes grupos también se han manifestado en este sentido, de un modo menos contundente. Sébastien Lefranc, responsable de concepto de vehículo autónomo del grupo PSA dijo esto hace ya un par de años: "El vehículo autónomo conducirá a una evolución del reparto de responsabilidades entre conductores, fabricantes y gestores de la infraestructura". Son palabras que llegaron después de que un Citroën Grand C4 Picasso recorriese con éxito la distancia existente entre las ciudades de Vigo y Madrid de forma autónoma en noviembre de 2015.

Hoy por hoy, los casos en los que un coche autónomo se ha visto implicado en un accidente de tráfico se reducen a contadas excepciones, pero puede que se convierta en algo usual en unos años, especialmente por la interacción entre coches autónomos con otros que no lo sean o que lo hagan en un menor grado. Por esta razón, la responsabilidad en caso de siniestro no recaerá únicamente en la marca sino que se achacará a múltiples y complejas variables como un hipotético fallo en el software –ojo a los 'hackers'–, que a su vez desarrolla otra compañía diferente a la automovilística.

Además, estos sistemas harán necesario un mantenimiento más exhaustivo de las carreteras, pues para que el coche 'piense' por sí mismo habrá que apoyarse en unas señalizaciones viales perfectamente conservadas. En caso de que un vehículo autónomo tuviese un accidente en una calzada con líneas poco visibles, se valora en las futuras normativas que fuese el organismo encargado de preservar el buen estado de la vía en cuestión quien se hiciese responsable. Para ello, también será importante contar con una especie de 'caja negra' que registre información sobre lo ocurrido.

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Actualmente, la industria divide los sistemas con piloto automático en cinco niveles:

  • El nivel 1 conlleva la fusión de la conducción tradicional con los asistentes a la dirección y a la velocidad más básicos que se pueden instalar en un turismo moderno, entre los que ya no se contemplan el control de estabilidad –ESP– o el antibloqueo de frenos –ABS–. Hablamos, por ejemplo, del control de crucero adaptativo o la alerta de cambio de carril.
  • El nivel 2 ya implica que el coche pueda moverse por sí mismo en situaciones muy concretas como los atascos o en vías anchas, con los carriles bien delimitados.
  • A partir del nivel 3, que es la fase en la que hoy se encuentran los modelos más avanzados del mercado Premium y Prestige, amplía las virtudes del nivel 2 a un mayor número de circunstancias y tipos de carretera, de forma que el ordenador del vehículo es capaz de analizar y prever peligros actuando en consecuencia, aunque el conductor humano ha de seguir atento a las condiciones de la calzada. Es el caso del nuevo Audi A8.
  • Sólo los niveles 4 y 5 son considerados completamente autónomos e independientes, diferenciándoles el hecho de que el coche en cuestión equipe volante y pedales o no.

La inminente tesitura de la inteligencia artificial, que ya está en boca de todos, quedará necesariamente ligada a una íntegra conectividad que implicará la relación virtual del automóvil con sus iguales e incluso con las infraestructuras por donde circulan conjuntamente. La suma de estos factores hace casi indiscutible el hecho de que viajar sobre el asfalto será más seguro y fiable incluso para los más dubitativos. A la hora de recorrer largas distancias, ya antes de 2025 existirán coches tan cómodos y entretenidos para rutas largas como la clase Business de un navío, avión o tren.

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En este sentido, hay visionarios del sector que ya se atreven a pensar en la posibilidad de que los coches vuelen en un par de décadas de forma segura y legal. El proyecto más representativo alrededor de esta idea podría ser Terrafugia, una start-up creada en 2006 por cinco ingenieros del MIT que el pasado mes de julio fue adquirida por Geely, el gigante chino y dueño de Volvo que aspira a convertirse en el fabricante de automóviles referente de Asia. Ya cuentan con un prototipo en fase de pruebas, el Transition.

No obstante y al margen de los automóviles aéreos, el nuevo paradigma no radica única y exclusivamente en las facilidades al conductor. La ecología juega un papel fundamental en este estadio y conlleva una serie de ventajas adicionales más allá del mero cuidado medioambiental. Aunque existen patentes de motores movidos a partir de una pila de hidrógeno, hibridaciones a base de gas licuado de petróleo o gas natural vehicular e incluso propulsores magnéticos, parece que el futuro de la automoción está sellado por la energía eléctrica y las baterías más vanguardista para acumularla.

Excepciones aparte, la inmensa mayoría de los coches 100% eléctricos equipan sus baterías en el suelo de su plataforma en pro de ganar espacio para los acumuladores al mismo tiempo que optimizan su centro de gravedad que, entre otras cosas, les hará más estables. Así, el compartimento del motor, que estaría ocupado por una densa y pesada máquina en un turismo convencional, ahora queda libre tanto para transportar equipaje extra como para absorber mejor los impactos, por lo que también en el aspecto de la seguridad pasiva, es de esperar que los coches del futuro sean superiores.

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A esto hay que sumar necesariamente una clarísima alteración en la demanda por tipo de vehículo o segmento del mercado en términos de tamaño y cotas, ya que los SUV, en prácticamente todas sus clases, crecen vertiginosamente y se hacen cada vez más atractivos para el cliente, especialmente desde que la mayor altura libre al suelo, la funcionalidad y el puesto de conducción elevado están menos reñidos con el diseño deportivo gracias a la incorporación de los CUV, todocaminos de estilo coupé.

Las compañías aseguradoras tampoco podrán acomodarse en el actual modelo de propiedad y limitarse a la progresión técnica. En especial durante los últimos dos años, se puede observar cómo el estándar de movilidad por el que todo usuario tiene su propio vehículo evoluciona hacia una concepción menos privada del automóvil y que pasa por los servicios de alquiler por minutos –'car sharing'– o el apremiante 'pago por uso' que algunas firmas como Polestar ya han establecido en sus procesos de compra. Esto requerirá revisar sus políticas de precios y el modo de monetización de sus servicios.

En vista del panorama que se avecina, los comparadores de seguros van a jugar un papel primordial en este nuevo entorno, ya que las empresas que se dedican a avalar y proteger los vehículos ante las eventuales adversidades que puedan padecer deberán contemplar, en cualquier caso, las últimas aplicaciones tecnológicas para calcular tu seguro de coche. En otras palabras, ante un horizonte tan tornadizo y desconocido, las mutuas y aseguradoras más renombradas se enfrentan a la célebre dicotomía de adaptarse o morir, mas confiamos en la primera opción.

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