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Probamos con Cristina Gutiérrez su Mitsubishi Montero del Dakar

El Montero T1S es un coche divertido y sencillo de conducir

Impresiona la capacidad de absorción de la suspensión

Cristina prepara con Mitsubishi el Dakar 2018 con una montura aún mejor

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Hemos tenido la oportunidad de probar en un circuito de tierra el Mitsubishi Montero T1S de Cristina Gutiérrez. Ella nos confesó que le llama el 'bichito', aunque para nosotros resultó ser 'la Bestia'. Aquí os resumimos las impresiones de ambos.

Escribir sobre el Dakar me da cierto respeto. Todavía no he vivido uno en directo y mi experiencia en raids es la de un mero aficionado. Confío al menos en que esa mirada 'limpia' y la costumbre de probar coches sirvan para transmitir las sensaciones que viví ayer al conducir el Mitsubishi Montero T1S de Cristina Gutiérrez, la unidad concreta con la que atravesó desiertos y secarrales varios por media Latinoamérica para convertirse, 9.000 kilómetros después, en la primera piloto española en terminar el rally raid más prestigioso del mundo.

 

EL COCHE

El Mitsubishi Montero T1S monta, por normativa, toda la mecánica de serie: motor, cambio y sus relaciones, transmisiones, juntas homocinéticas… Eso sí, la carrocería es de fibra, las cotas son propias y también se permite modificar elementos como los inyectores y la gestión electrónica del motor 3.2 DI-D, que entrega unos 230 caballos de potencia, alguno menos en el Dakar por si las moscas. Por supuesto, también la suspensión, con dos amortiguadores por rueda, es específica para la competición, al igual que el depósito de combustible de 330 litros que lleva instalado atrás. Por norma, el coche tiene que entregar una autonomía de 880 kilómetros en carrera, y no hay ninguna etapa del Dakar con más de 500 de recorrido. Otra cosa son los enlaces, en ocasiones tan largos que pueden superar el alcance del coche y su tanque de gasóleo; claro que con ayuda de la suerte, ahí sí se puede repostar.

En el interior, una tranquilizadora jaula con tubos de acero da acceso a un tablier con una miríada de interruptores y botones puramente industriales. Toscos, pero efectivos y fiables, como es el coche entero. Las ventanas son ventanucos correderos, en realidad, aunque al menos dispone de un aire acondicionado Carrier de camión. Bertran Marco, con quien ya conversamos en nuestro artículo sobre la gesta de Cristina en el Dakar, lo tiene claro: "Necesitas una base muy robusta, porque el reglamento impide cambiar muchos componentes. De hecho, los Montero de asistencia sirvieron más de una vez en el Dakar para intercambiar piezas con el de Cristina". Lo que no es igual a la serie es el precio: el Montero T1S cuesta entre 160.000 y 180.000 euros, según las piezas elegidas, y hay sólo cinco iguales en España.

Los técnicos de DKR –su subsidiaria ARC Racing se encargó de la minuciosa preparación– lograron mantener el peso en vacío del coche en el mínimo estipulado por reglamento, 1.965 kilos. Poco para un coche tan cercano a la serie, aunque veremos si mucho para curvear en el circuito de tierra que Mitsubishi España nos ha preparado en el Complejo La Cigüeña, propiedad de Teo Martín –desayunamos literalmente en el antiguo hospitality de HRT– y ubicado a unos kilómetros de Arganda del Rey, Madrid.

 

FICHA TÉCNICA Mitsubishi Montero T1S
Motor (tipo): Turbodiésel  4 cil. 16V  
Cilindrada (cc): 3.200
Potencia (CV/rpm): 220 / 3.600
Transmisión: 5 velocidades. Diferencial central de bloqueo electromagnético
Largo/ancho/alto (m): 4,32 / 2,0 / N.D.
Peso (kg): 2.080
Depósito de combustible (l): 330

 

LA PILOTO

Cristina Gutiérrez (Burgos, 1991) es subcampeona de España de Rallies Todoterreno, además de la primera mujer piloto española en terminar el Dakar. Es muy simpática, clara y directa en el trato: "A veces le llamo 'el bichito'", dice con su perenne sonrisa. Con el 'bichito' cruzó desiertos y barrizales en Bolivia, Paraguay y Argentina, 9.000 kilómetros en los que agotó un embrague atascada en el fesh-fesh, inundó su radiador de tierra y hasta sufrió una úlcera en la clavícula por el roce con el Hans. "Aprende mucho y muy rápido", apunta Bertran Marco, así que de las Américas se volvió con la medalla de finisher y un auténtico Máster. Otro, porque en España ya está a punto de terminar el de Ortodoncia, después de graduarse en odontología y bregar con 20 pacientes diarios en la parte práctica de su posgrado.

Su padre, Fernando –franco y risueño como Cristina–, cuenta que le enseñó a conducir con siete años, y que muy poco después ya derrapaba en explanadas de campo nevado. Su primera escuela fue el karting, pero la facilidad para acceder a las primeras pruebas todoterreno sin enormes desembolsos, un espíritu aventurero muy desarrollado y quizá también un punto de carácter le hicieron cambiar de disciplina hacia los raids. 

Parece que su sonrisa brilla un poco más cuando se le pregunta por la posibilidad de correr en rallyes de velocidad, aunque de momento es un proyecto lejano. Al menos es más lejano que el Dakar 2018, para el que tiene un programa prácticamente definido y un coche nuevo y mejorado: "Seguiré con Mitsubishi, eso seguro, y en la categoría T1S. Correré algunas pruebas del Campeonato de España y otras del Mundial, pero con el Dakar como objetivo principal. Queremos llegar lo más preparados posible", aclara Cristina. Su nuevo coche se estrenará en la Baja Aragón, y cambiará el reparto de pesos, crecerá la distancia entre ejes para ganar estabilidad y tendrá, en general, un avance fuerte en rendimiento dinámico merced a un centro de gravedad más bajo. Para rematar, el nuevo motor de Mitsubishi rozará los 260 caballos.

Cristina Gutiérrez con el Mitsubishi Montero y el ASX

Cristina Gutiérrez posa junto al Mitsubishi Montero y el ASX

 


LA PRUEBA

Entrar en el habitáculo del Montero no es sencillo, y menos para alguien por encima del 1,90 como quien suscribe. Cristina se situó con agilidad felina en el puesto de conducción, mientras yo sufría para entrar la segunda pierna a través de la jaula. Una vez dentro, descubrí que las rodillas me rozaban con un par de soportes ubicados debajo del Terra Trip, así que un poco más de trabajo para los mecánicos. Una vez retirados los soportes, Cristina salió al circuito, donde mostró –como no podía ser de otro modo– un control impresionante del coche. Me llamó mucho la atención que no tenía que hacer grandes correcciones pese a circular sobre pura tierra, con cambios de elevación y ocasionales roderas. Pensé que había desarrollado una gran economía de esfuerzos en el Dakar y controlaba el coche con su propio peso y el gas, cosa cierta sin duda, aunque más tarde descubrí que también ayudaba una dirección muy directa, con menos de dos vueltas de volante entre topes.

El motor tiene brío. Para quienes no estén acostumbrados al sonido de un coche de raids, es algo así como el de un Pegaso de tres ejes. En los acelerones más fuertes suelta una densa humareda negra, aunque en el interior queda camuflada por la estela de polvo que el Montero levanta a su paso. Cristina sabe lidiar asombrosamente bien con ello: cuando pasamos por zonas cubiertas por la nube de polvo que nosotros mismos hemos levantado en un paso anterior, simplemente no suelta el pie del gas; conoce el trayecto, lo imagina o sabe ver a través del polvo. Como copiloto, yo 'pisé' el freno varias veces donde ella aceleraba sin contemplaciones.

Y ya que hablamos de frenos, Cristina se deshizo en halagos hacia el sistema que monta el Montero. En el circuito había un par de frenadas fuertes y, sin embargo, el coche lograba 'clavarse' contra sus más de 2.000 kilos –ahora hay que añadir también los míos–. Sorprende también la eficacia de unos neumáticos capaces de resistir con eficacia, y en el lapso de unos segundos, esfuerzos longitudinales en adherencia como los que exigen las frenadas para curva lenta, resistencia a la deformación lateral en curvas medias-rápidas o precisamente lo contrario cuando se trata de pisar piedras de calibre importante y sin ningún tipo de clemencia.

Al cabo de un par de vueltas, volvimos a la carpa y cambiamos de asiento. Me tocaba conducir a mí… obviamente esto iba a suponer un ritmo muy inferior, pero al menos iba a poder constatar las sensaciones recogidas en el lado derecho de la cabina. El volante ofrece un tacto fantástico y su posición es óptima. La dirección es muy directa y te hace sentir como en un coche deportivo, aunque lógicamente vamos sentados mucho más lejos del suelo. El tacto del cambio es agradable, si bien los recorridos son muy largos ya que la palanca mide casi medio metro para que la mano derecha caiga a la altura justa. El embrague tiene un recorrido largo y es muy fácil de actuar, al igual que la frenada, que se puede regular a la perfección. El freno de mano es hidráulico y fácil de accionar, aunque nosotros lo tocamos poco: Cristina asegura que en competición lo usa sólo en circunstancias muy concretas. Y después de comprobar cómo funciona todo en la primera vuelta, ¡nos lanzamos a la segunda!

Galería fotos del Mitsubishi Montero de Cristina Gutiérrez

FOTOS: Todas las imágenes de la jornada con Cristina Gutiérrez

Sorprende mucho la puesta a punto de la suspensión. Ésta es capaz de absorber baches y resaltes que parecen impracticables sin apenas trasladar movimiento a la carrocería. Pero impacta más comprobar que en curva mantiene un aplomo ejemplar: balancea lo justo y cabecea menos aún. Transmite una sensación de poder espectacular, ¡y eso que es un T1S! Enlazamos curvas y empezamos a encontrar la forma de lanzar el coche y jugar con el gas para terminar las curvas o enlazar con la próxima. Las inercias están ahí, pero no parecen las de un coche de dos toneladas. Con torpeza, pero con diversión. Cada bache que superamos me ayuda a comprender un poco más por qué Cristina y sus rivales viven enamorados de este tipo de competición.

Llegamos al final de la prueba y Cristina intensifica la cantidad de consejos, que se vuelven órdenes según subimos el ritmo. Sobreconduje en varias ocasiones: en los caminos, y no quiero pensar en el desierto, la paciencia es muy importante. Hay que regular el gas con calma para no sufrir un subviraje fatal, y hay curvas que 'piden' una marcha más que el motor para no perder tracción. La disciplina es capital, como en un kart pero quizá con más variables. Ahí es donde aflora el talento y la experiencia, y donde lógicamente termina nuestra prueba. Es hora de aparcar el 'bichito'. O 'la Bestia' para los mortales.

Respecto a otras pruebas de coches de competición, me llama la atención no haberme cansado en absoluto. El mariposeo en el estómago es el mismo y los principios de conducción están igual que sobre el asfalto, pero es muy patente que coches como el Montero de Cristina están hechos para aguantar y, en cierta medida, para que piloto y copiloto –Pedro López, en el caso que nos ocupa– aguanten. Esto se vuelve más importante cuando el trayecto del Dakar no es una inofensiva pista cerrada de tierra, sino las dunas de un desierto o un camino desconocido con obstáculos que también lo son… y durante seis, ocho o diez horas, según vaya la etapa.

Al bajarme del Montero ya entendía por qué Cristina tiene tan dentro el 'virus del Dakar', así que, con toda mi admiración, decidí alejarme lo más posible del coche y su piloto… ¡dicen que es contagioso!

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3 comentarios
Imagen de Tyto F1
Cristóbal, que suerte tienes!! Pasar un día en gran compañía y conduciendo ese coche, que envidia!! jaja. Se esperan más artículos como este. Gran trabajo. Saludos
Imagen de rauda
Me encanta Cristina. ¡Qué envidia! También me hubiera gustado poder disfrutar de su pilotaje.
Imagen de Stavelot
Jejeje buena cronica y divertido el encuentro!! Pensaba que estos coches eran chatarra pero ya veo que no!!
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