ECHAMOS UNA VISTA ATRÁS A LA EDICIÓN DE 1983

Dakar: El tormento de las tormentas

En 1983, una tormenta de arena en el Teneré provocó que 40 corredores se perdieran

AmpliarEscenas del Dakar 1983 - SoyMotorEscenas del Dakar 1983

La sexta etapa del Rally Dakar 2017 ha sido suspendida por las malas condiciones climatológicas. Esa fue la noticia con la que la caravana se encontró el viernes por la noche en el ‘briefing’ ofrecido por Marc Coma.

Las fuertes tormentas en la zona de Oruro han sido las causantes de un inconveniente que no es ajeno al Dakar. Y es que la meteorología y sus cambios son parte del jurado de un rally que tiene entre sus magistrados a insoportables temperaturas y fuertes tormentas, a veces de lluvia, a veces eléctricas y a veces de otros elementos menos agradables. Como la arena.

La locura del Rally Dakar arrancó allá por el año 1979 como consecuencia de una experiencia cercana a la muerte de su creador, Thierry Sabine, y que tuvo lugar en el escenario donde se establece nuestro relato, el desierto del Teneré.

El ‘desierto dentro del desierto’ ocupa 400.000 kilómetros cuadrados y está enclavado en la región de Agadez, Níger. Allí, en 1977, durante el transcurso del Rallye Costa de Marfil-Costa Azul, Sabine se perdió y quedó a la deriva con su Yamaha XT500. Estuvo solo durante dos días, sin brújula ni reloj, esperando a que alguien pudiera encontrarle aún con vida en medio de aquel infierno de dunas. 

Tuvo suerte. Jean Claude Bertrand, organizador del rallye, lo avistó en la última batida aérea. Sabine estaba vivo aunque al borde de la deshidratación. Había escapado a las garras del Teneré, pero en lugar de jurarse no volver, el ‘síndrome de Estocolmo’, o mejor dicho, el ‘síndrome del desierto’, provocó que en 1979 organizara el primer Rallye París-Dakar, y que en 1983 dirigiera a la caravana hacia el Teneré. La leyenda había comenzado.

Aquella edición arrancó el 1 de enero desde la plaza de la Concordia de París y finalizó tras dos prólogos y 15 etapas en el Lago Rosa de Dakar el día 20 de enero, completando así 12.000 kilómetros.

Jacky Ickx era señalado como favorito en la categoría de coches. Mercedes se había hecho con los servicios del belga para que condujera uno de los tres 280 GE que llevaron a África, y ‘Baby Face’ respondió consiguiendo la victoria en cinco de las diez primeras etapas. 

La última victoria de Ickx ese año tuvo lugar en la octava etapa –décimo día de carrera contando los dos días de prólogo-, justo antes de que la caravana pasara de lleno por el temido Teneré.

La novena especial del rally unía las poblaciones de Dirkou y Agadez y contaba con un total de 617 kilómetros. No parece muy larga si se tiene en cuenta que los competidores tenían programado a continuación una etapa de más de 2000 kilómetros hasta Costa de Marfil que deberían completar en unos tres días, con una especial de 115 kilómetros a su inicio.

 

 

En las jornadas previas a la entrada en el Teneré, la falta de combustible y la mala organización del rally eran una preocupación. Cuando la caravana llegó a la ciudad Argelina de Illizi en la sexta etapa, Sabine ordenó a Roger Kalamonovitz, responsable de la organización de asistencia, ir hasta la ciudad de Agadez para conseguir al menos 50.000 litros de combustible, y acordó reunirse con él en el Árbol del Teneré.

La organización, el cronometraje y los puntos de paso eran un caos, y los pilotos amenazaron con una huelga, pero Sabine los convenció para continuar. El rally seguía en marcha, y los corredores ya preparaban sus máquinas y los escasos elementos de navegación con los que contaban –mapa, brújula y un rudimentario libro de ruta- para hacer frente a los 617 kilómetros de la etapa 9. 

 

Por fin, la caravana entró en el Teneré, y con la pisada del primer participante, el desierto despertó. La arena reconoció aquella cara que había escapado de milagro pocos años atrás, y se dispuso a cobrarse su revancha contra Sabine, contra la carrera y contra cualquiera que rompiera su paz.

Tras 150 kilómetros de especial, el viento comenzó a soplar, la arena se levantó y de la nada una densa cortina marrón envolvió y cegó a los corredores, organizadores y a toda la región. No se podía ver ni a diez metros. Se había desatado una gigantesca tormenta de arena.

A la dificultad de sortear las dunas se unía ahora la de ir a tientas. Con muchos problemas, los pilotos y navegantes intentaban orientarse siguiendo alguna huella, tratando de reconocer alguna montaña o alguna señal que pudiera indicarles dónde estaban en medio de aquel páramo.

Sabine estableció como punto para repostar el famoso Árbol del Teneré, ya desaparecido en aquel año. Para rellenar gasolina, los pilotos tendrían que pagar 400 francos –alrededor de 60 euros-, pero pocos tuvieron la suerte de rascarse el bolsillo. La carrera estaba rota.

Quienes llegaron al avituallamiento se encontraban en medio de una densa niebla y con una pregunta muy clara en la cabeza: “¿se neutralizará la prueba?”, en palabras de Ickx años después, la respuesta de Sabine fue rotunda “ni lo considero”. Al belga le tocó sortear la tempestad de arena con un problema en el motor de su Mercedes. Quedó rezagado y cuando llegó a la meta pensaba que era de los últimos. Y, sin embargo, había llegado segundo.

El primero en aquella etapa fue René Metge, a bordo de un Range Rover V8 y con un tiempo de más de 3 horas. En motos, la victoria se la adjudicó Marc Joineau tras más de ocho horas de sufrimiento, mientras que Hubert Auriol fue sexto pero consiguió una ventaja suficiente como para hacer honor a su apodo de ‘el africano’.

Ellos tuvieron pericia y suerte, pero no así todos los que perdieron el rumbo. 40 participantes quedaron completamente perdidos para la organización en medio del desierto como consecuencia de la tormenta de arena. 

Algunos hicieron noche en las dunas, otros tiraron sin descanso para intentar ir hasta Agadez, pero muchos esperaron la llegada de Sabine y su helicóptero, a quien veían como a "Dios sobrevolando su rebaño".

La tempestad no aminoró, pero la competición siguió adelante y se disputó la décima etapa, aún con multitud de corredores sin localizar tras la especial del día anterior. Sin embargo, la etapa especial no contó para las motos, pues el mal tiempo impidió que el coche encargado de controlar el paso de los participantes pudiera colocarse en su sitio. Solo se contabilizó para coches.

En lugar de ir a Korhogo –Costa de Marfil-, la organización mandó partir a la caravana directamente hacia la ciudad de Nara, en Malí. El ambiente estaba muy enrarecido, la tormenta seguía azotando y los problemas y las pérdidas continuaron.

Poco a poco, fueron rescatados los pilotos a los que el Teneré y la tormenta habían hecho presos a lo largo de los días, pero tras incansables jornadas de búsqueda, quedaban al menos dos motos y dos coches desaparecidos en medio del desierto. ¿Lo peor? la organización había perdido completamente el contacto con ellos. 

Los motoristas Philippe Vassard y Gilles Deshuelles seguían en algún lugar del Teneré a la espera de que alguien diera con ellos. Tampoco había rastro de la medallista olímpica 'Kiki' Caron y Bernadette Sacy, piloto y copiloto del Range Rover V8 número 230. Ni de Arnault Lucbert y Maurice Lefevre, tripulantes del Range Rover V8 número 236.

Por si fuera poco, el sábado 15 de enero la carrera recibía un durísimo golpe tras conocer la muerte del motorista francés Jean Noel Pineau en la larga etapa a Nara a causa de un atropello. Esto hundió aún más al rally, que seguía sin encontrar a los mencionados seis participantes desaparecidos. 

Sin embargo, el sol volvió a brillar para el Dakar, y los motoristas Philippe Vassard y Gilles Deshuelles fueron finalmente hallados por la organización ese sábado, pero nada más y nada menos que a 50 kilómetros del Árbol del Teneré. 

Como si de un efecto dominó se tratara, la organización recibió el mismo día la visita de unas extrañas figuras montadas en camello. No eran los reyes magos, sino Bernadette Sacy y 'Kiki' Caron, que aparecieron de esa guisa y acompañados por tuaregs en Agadez después de haber estado tres días en las Montañas de Air, al noroeste de la población.

Ya solo faltaban Lucbert y Lefevre, pero no daban señales de vida. El ejército de Níger incluso dispuso dos aviones que, sumados a otros tantos que tenía la organización, hacían un total de cuatro equipos buscando a los dos pilotos franceses.

 

Christinne Caron y Bernadette Sacy

Arnault Lucbert y Maurice Lefevre

 

El domingo 16 de enero de 1983, cuatro días después del paso por el Teneré, el ejército localizó finalmente a Lucbert y Lefevre. Con vida. Todos los desaparecidos estaban ya encontrados, sanos y salvos. El Dakar se ganó aún más la fama de carrera más dura del mundo, y Sabine llegó a ser tachado de loco e inconsciente por muchos.

La edición de 1983 la ganaron dos de los hombres que consiguieron escapar con mayor facilidad de las garras del Teneré: Jacky Ickx en coches y Hubert Auriol en motos. Tres años después, el Dakar quedó huérfano, pero su leyenda era tan grande que nada podía parar al rally, ni siquiera un cambio de continente tras las amenazas terroristas de 2008. 

La caravana del Dakar 2017 disfruta de dos días de descanso en La Paz para volver a ponerse en marcha el lunes. Para revivir con el rugido de sus motores la aventura más dura del motor, aquella que se le apareció ante sus ojos a un casi moribundo Sabine en las arenas del Teneré. 

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