Prueba

WRC 7, contravolantes por doquier

Desarrollado por el estudio francés Kylotonn, recrea los coches y escenarios del WRC

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WRC 7 es la propuesta del desarrollador francés Kylotonn y la distribuidora británica Big Ben Interactive para transmitir a los simracers y aficionados del motor la experiencia del Mundial de Rallyes. Un simulador que recrea los coches y escenarios que componen la temporada 2017 del Campeonato, una propuesta relativamente económica -40 euros en Steam- que brinda una experiencia a la altura o superiro a la de títulos homólogos que la superan en precio.

A título personal, debo admitir que estoy más acostumbrado a los simuladores de circuito. Monoplazas, Gran Turismos o incluso coches de tipo stock-car, en todos ellos me desenvuelvo con más confianza y soltura que en un WRC. Por ello, cuando recibí el encargo de probar y evaluar WRC 7, fue como volver a aprender a andar.

La primera impresión es positiva. Me sugiere que WRC 7 se encuentra en esa categoría de videojuegos a medio camino entre el simracing más estricto y la conducción tipo arcade, hecho que permite contentar a los dos públicos sin comprometerse con ninguno.

WRC 7 es más abrumador por la dificultad de la conducción tipo rallyes que por la naturaleza del videojuego en sí. Al ponerme al volante, compruebo que el coche es totalmente reactivo y sensible a las órdenes que le transmito. Que es la persona quien contra el coche, sin que éste sea un animal desbocado al que hay que controlar. Cometo errores, pero sé que son fruto de mi inexperiencia, no de la exigencia intrínseca del título. Nada que no se solucione con entrenamiento, que al final es la única forma de adquirir confianza. Aun así, es innegable que existe una diferencia notable entre una conducción correcta y una competitiva.

Como era de esperar, WRC 7 permite correr sobre múltiples superficies. Sobre asfalto, tierra o nieve, de día o de noche, con sol o con lluvia. Las diferencias ambientales son perceptibles a la conducción, aunque es en los tramos más adversos donde sorprendentemente resulta más sencillo gobernar el coche. Quizá porque la misma dificultad de la pista impide explotar el potencial de éste al 100%, lo que lo convierte en más maleable.

Al volante, nuestro mejor amigo es el copiloto. Nos canta las curvas con antelación y el HUD traduce sus mensajes a señales gráficas que nos aparecen en la parte superior de la pantalla. Sus indicaciones son cortas y directas, son de utilidad y no parecen robóticas. En tanto que no existe la posibilidad de entrenar antes de lanzarnos a una cronometrada válida para el campeonato –raro sería que sí se pudiera-, éste es un recurso útil e imprescindible.

Deportivamente, es posible que la mayor decepción de WRC 7 sea la extrema resistencia mecánica de los coches. Los errores no penalizan como deberían y los bólidos son capaces de resistir impactos muy severos sin apenas comprometer su rendimiento. 

 

 

A nivel gráfico, el estudio de Kylotonn propone una experiencia interesante. Escojo el Rally Catalunya y aparezco en la Avenida María Cristina. Descubro algunos de los elementos arquitectónicos más característicos de Montjuïc, como el majestuoso MNAC, el bello Pabellón Alemán o las imponentes columnas de Puig i Cadafalch. La atención al detalle es más que correcta y el juego capta bien la esencia de la montaña mágica.

Sí resulta algo decepcionante que los desarrolladores no hayan incluido más tramos por rally, porque cada evento del calendario sólo cuenta con unos cinco tramos cronometrados. Es una oportunidad perdida de recrear con fidelidad el Mundial, pero la decisión es comprensible cuando se piensa en la dificultad técnica y la carga de trabajo que acarrearía para los creadores. Aun así, el precio del producto es más que justo.

La saga WRC también destaca por su interesante competición de tipo eSports, una competición ahora habilitada para jugadores del WRC6 pero que previsiblemente se extenderá al WRC 7 en 2018. En ella, los simracers pueden seguir el calendario de la especialidad y competir en su propio Mundial. Los ocho mejores clasificados acceden a las Grandes Finales, donde el premio final es un coche Hyundai i20. Otro buen argumento para hacerle confianza a este título.

Entre los modos de juego, destaca la campaña individual. Nos convertimos en un joven piloto de rallyes en busca de su oportunidad en el panorama internacional. Tres equipos de WRC2 responden a nuestra llamada y nos hacen saber sus exigencias. Escogeremos la propuesta que nos convenza más y a partir de aquí nos labraremos nuestra carrera en la especialidad, abriéndonos paso a base de buenos resultados y expectativas cumplidas. No es un modo revolucionario, pero es efectivo.

En conclusión, WRC 7 ofrece una experiencia de juego más grata que su homólogo en Fórmula 1, el F1 2017 de Codemasters. La técnica es más compleja y hay menos floritura que desvíe nuestra atención de lo verdaderamente importante en un juego de conducción: la conducción. Este título hace un poco más accesible el a veces lejano mundo de los rallyes, y nos permite conocer un poco mejor la especialidad. Su precio lo convierte en un producto muy atractivo y el retorno está a la altura de títulos homólogos de precio superior. No es el simulador más complejo del mundo, pero sí es adictivo, bonito y bien trabajado.

 

PREVIAMENTE...

Ésta no es la primera vez que probamos el WRC 7. En verano, Cristóbal Rosaleny tuvo  la oportunidad de descubrir qué se siente en un coche del Mundial de Rallies con una experiencia de copilotaje en el Hyundai i20 de Dani Sordo. El día terminó con un primer ‘test’ en el videojuego, que entonces todavía no había salido al mercado. Sordo escogió la superespecial 14 del Rallye de Alemania y superó su tiempo real por un segundo.

 

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