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Stirling Moss y Ferrari: Encuentro esquivo

AmpliarSalida del GP de Bari de 1950 - LaF1Salida del GP de Bari de 1950

Enzo Ferrari solía tener un ojo clínico para los pilotos. Aunque no era asiduo de las pistas, sabía interpretar a la perfección los datos, y destilar las opiniones de sus colaboradores. Y un jovencito de casi 21 años supo llamar su atención un caluroso 9 de Julio de 1950 en el IV Gran Premio de Bari, no puntuable para el campeonato de Fórmula 1, que se disputaba en el circuito del Lungomare.

Allí estaban los temidos “Alfetta” de la mano de Giuseppe Farina y Juan Manuel Fangio, pero también otros coches del campeonato. Para completar el evento, se admitían coches de Formula 2, y entre ellos, estaba el HWM-Alta de un tal Stirling Moss, chasis 40-001 según Doug Nye. El circuito era bastante rápido en algunas zonas, así que durante las 60 vueltas a disputar, despuntar sobre coches más potentes sería complicado.

Obviamente, los Alfa Romeo estaban en otra dimensión. Pero el resto de la parrilla, con nombres como Alberto Ascari, Luigi Villoresi, Franco Cortese, y coches como el Maserati 4CL, los Ferrari 125 y 166 F2, o los Talbot-Lago T26C, eran una dura competencia. Y sin embargo, Stirling Moss se las arregló para sacar lo mejor de sí mismo y del coche, y acabar en una impresionante tercera posición, aunque a dos vueltas de los Alfa Romeo. Era un resultado que no pasó desapercibido.

Así que Enzo Ferrari puso sus ojos en Stirling Moss, y pasado un año, le envió una invitación para unirse a su equipo con motivo del V Gran Premio de Bari, a disputar el 2 de Septiembre de 1951. La oferta incluía varios eventos más, para probar al joven piloto. Moss recuerda ese momento:

“Cuando tienes 21 años y te invitan para ir a Ferrari, simplemente te santiguas y encaras Módena. Es una gran oportunidad. Ferrari me llamó para acudir al sur de Italia a conducir el nuevo cuatro cilindros que había sido diseñado para la F-2.”

Se trataba, nada más y nada menos, que del Ferrari 500, el coche que en las dos temporadas siguientes (1952 y 1953) arrasaría en el Campeonato del Mundo. El coche preparado para Stirling Moss en Bari era el chasis 500-1. El joven inglés, acompañado de su padre, acudió al circuito puntualmente. Al llegar, se acercó a los improvisados garajes de la Scuderia, y reconoció su coche. Sin dudarlo, se subió. Pero entonces:

“Un ingeniero se acercó y me preguntó: “¿Qué estás haciendo?”. Yo le dije: “Soy Stirling Moss, y voy a conducir este.” A lo cual, rápidamente contestó: “Tú no lo vas a conducir. Lo hará Piero Taruffi.”

Por alguna razón, Enzo Ferrari había cambiado de idea en el último momento. Quizás el sentimiento patrio, quizás la experiencia y desempeño de Taruffi, que llevó el coche experimental a la tercera posición de la carrera. Pero Stirling Moss había sido absolutamente humillado, sin previo aviso, y sin explicaciones.

“En ese punto, me juré a mí mismo que nunca correría para él. Y nunca lo hice.”

Lo cierto es que imaginar a Moss al lado de Ascari en las temporadas de 1952 y 1953, con los dominadores Ferrari 500, nos hace pensar en lo que nos podemos haber perdido. Pero las cosas son como son.

Pasarían diez años, en los que Stirling Moss obtuvo muchas victorias, pilotando para equipos como Mercedes o Vanwall, y rozando varias veces el campeonato del mundo, algunos perdidos frente a Ferrari. Pero en 1961, con el Lotus 18 y 21 privados del equipo de Rob Walker, fue el único capaz de amargar la existencia a los imperiales Ferrari 156 “sharknose”. Así lo hizo en los Grandes Premios de Mónaco y de Alemania, obteniendo dos victorias de pura raza.

De modo que Enzo Ferrari volvió a poner su ojo en Stirling. Seguramente nunca lo había quitado, y de hecho le tenía en muy alta valoración, comparándolo sin tapujos con su amado Tazio Nuvolari. Porque ahora Stirling, aún sin título en su haber, era notoriamente el mejor piloto de la parrilla. Quizás la purga interna en la factoría, de finales de 1961, hizo que Ferrari sintiera la necesidad de tener en sus filas a alguien capaz de sacar lo mejor de un coche, aunque este coche no fuese ya el mejor.

La llamada volvió a producirse, pero esta vez, Moss era mucho más maduro, y no había olvidado el pasado. A finales de 1961, fue a Módena.

“Ferrari me dijo: “si me dice qué coche quiere, se lo construiré”. Yo le dije: “quiero un Ferrari 250 GTO para la BRP [British Racing Partnership] pintado con sus colores, y quiero un Ferrari 156 con los colores de Rob Walker. Entonces, correré para usted.”

Moss esperaba una respuesta agria, cajas destempladas, y un no rotundo a tal petición. Pero su sorpresa fue que Ferrari dijo que sí.
“Mirando atrás, supongo que fue una tremenda concesión.”

El acuerdo estaba listo para 1962. El Ferrari 156 tendría su base en Maranello, y el mecánico de confianza del Rob Walker Team, Alf Francis, sería el responsable del mismo. Mientras tanto, Moss empezó a pilotar los GT de Ferrari. Aunque en realidad, ya sabía muy bien lo que era llevar un Ferrari. Desde 1957 había pilotado varios de ellos, con resultados excelentes: victorias absolutas o de su categoría, muchas de ellas bajo los colores del equipo NART. Por ejemplo, en las 24 Horas de Le Mans de 1961, aunque en este caso tuvieron que retirarse Graham Hill y él.

Es interesante que el 11 de Febrero de 1962, Stirling Moss condujo el Ferrari 250 GT Sperimentale, chasis 2643 GT, en las 3 Horas de Daytona, nada menos que el laboratorio del 250 GTO, y que llevó al 4º puesto general y 1º en su categoría.

La relación parecía fructificar, pero lo cierto es que el 156 no llegaba (el GTO sí que lo hizo). No importaba, porque el campeonato empezaba en mayo. El 23 de Abril de 1962, en el X Glover Trophy, disputado en el circuito de Goodwood, Moss aún utilizaba el Lotus 18/21 del Rob Walker Team. En la vuelta 36 tuvo un accidente que le dejó inconsciente en el habitáculo. Estuvo en coma un mes, y durante seis perdió parcialmente la movilidad. Su carrera deportiva había terminado.

“Si Ferrari hubiera tenido listo el coche para Goodwood, no habría tenido con total certeza el choque. Estoy malditamente convencido que lo que quiera que pasara, tuvo que ver con el coche. Y los Ferrari nunca se rompían.”

Fue una relación que estaba marcada por el destino, que nunca iba a poder cumplirse. Y eso aún le resulta triste:

“Tengo que decir que mi mayor arrepentimiento es no haber conducido nunca para Ferrari.”

El próximo 17 de Septiembre, Stirling Moss cumplirá 87 años. Se sube a un coche de carreras siempre que puede, aunque como él dice, ya no pilote sino conduzca. Su carrera está llena de grandes victorias. Y sí, claro, la etiqueta de “campeón sin corona”. Pero para Moss, eso no significa nada:

“La idea de correr por los puntos va contra lo que significan las carreras. Es por lo que admiré a Villeneuve. Si no estás intentando ganar a toda costa, ¿qué demonios estás haciendo ahí?. Para mí, todo piloto digno de ese nombre trata de ganar cada carrera que corre. Finalmente, el campeonato del mundo dejó de ser muy importante para mí.”

 

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3 comentarios
Imagen de Raulos
Un grande Sir Stirling Moss, y deja sentada la vara muy alta: "Si no estás intentando ganar a toda costa, ¿qué demonios estás haciendo ahí?" Varios pilotos de la F1 actual deberían plantearse un ¿qué hago aquí? Saludos JMV.
Imagen de telmex
JOSÉ MIGUEL VINUESA como siempre gracias por tu tiempo y trabajo en estos grandes articulos, buen dia
Imagen de CEUCUI
Cómo me gustan estos artículos. Creo haber leído que Stirling probó el 156 y le encontró el problema de que las llantas de radios le desestabilizaban en curva, intentando convencer al Cmendatore de que las cambiara por llantas de chapa.
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