44 años después

Recordando el GP de España de 1971

Fútbol, Toros, España, sinfonía de motores, Fórmula 1, una curva...

AmpliarCartel Montjuic 1971 - LaF1.esCartel Montjuic 1971

'Tú a Sarrià y yo a Montjuic'. Este podría ser el título de esta historia, que cuenta las peripecias de alguien con 21 años recién cumplidos para asistir a su primer Gran Premio en directo. Por entonces, ni las comunicaciones, ni la información, ni la avalancha de aficionados era como ahora. No era mejor, era diferente.

Así que, en un pacto entre amigos en el que los dos sacan beneficio, uno acompañaría al otro a ver un Español-Valencia en el que se decidía el título de Liga, y el otro acompañaría al uno a ver el primer Gran Premio en Europa de la temporada de 1971: el de España en el circuito urbano de Montjuic. Ni cortos ni perezosos, en un Seat 600, camino a Barcelona a disfrutar de sus respectivas aficiones. Fútbol y carreras, sin extremismos ni contaminaciones.

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El Gran Premio de España de ese año presentaba una interesante novedad: se iban a utilizar por primera vez neumáticos lisos, sin una sola estría en su superficie, lo que podría dar un mayor rendimiento a los monoplazas. El circuito seguía siendo el mismo, tan coqueto enclavado en una montaña con la ciudad a sus pies, acogiendo por segunda vez en su larga existencia una prueba puntuable de Fórmula Uno.

Allí estarían los mejores pilotos del mundo, entre ellos nada menos que cuatro campeones: Graham Hill, Jackie Stewart, Denny Hulme y John Surtees. Por desgracia, no estaría el campeón en título, Jochen Rindt. Tampoco uno de los grandes, Bruce Mclaren, ambos fallecidos en 1970. Volvía, eso sí, Jean-Pierre Beltoise a los mandos de un Matra, tras serle levantada la suspensión de la licencia por el trágico accidente en una carrera de sport-prototipos en Argentina, que se cobró la vida del italiano Ignazio Giunti.

El francés tuvo que evitar a la prensa italiana, y también al director deportivo de Ferrari, Peter Schetty, porque las acusaciones aún estaban a flor de piel. Y a todo ello, se sumaba el aliciente del piloto español Álex Soler-Roig a bordo de un March oficial, en el que iba a ser su segundo Gran Premio en España (aunque en 1970 no se clasificó en el Jarama).

Por aquél entonces, las cosas eran más relajadas, sin que por ello pecaran de desorganizadas. De modo que al llegar a Barcelona el sábado por la tarde-noche, uno podía ir con su utilitario hacia la montaña, entrar en el circuito abierto al tráfico, y dar una vuelta (cumpliendo con las normas de circulación) por el lugar donde en pocas horas iban a rodar coches de ensueño, esos que un joven aficionado sólo había visto hasta ahora en las fotos de las revistas esforzadamente compradas, leídas, y guardadas con cariño.

Se habían perdido los entrenamientos, donde el viernes por la tarde Jackie Ickx, a bordo de su Ferrari, había pulverizado todos los records de la pista al marcar un tiempo de 1’25’’9, seguido de su compañero Regazzoni a sólo una décima de segundo, y empatado a su vez en tiempo (1’26’’0) con el tercer clasificado, Chris Amon en el Matra-Simca V12, lo que hacía que la primera línea de la parrilla (se salía en formación de 3-2-3, etc.) estuviera copada por motores V12. De hecho, en las subidas y bajadas barcelonesas rendían bien estos motores, pues 7 de los 10 primeros clasificados iban equipados con este tipo de motor.

Montjuic siempre ha estado a mitad camino entre un Mónaco en mitad de un parque, y un pequeño Nürburgring, y haciendo gala de esta última comparativa, el sábado por la tarde llovió a mares durante la carrera telonera de F3, rayos y truenos incluidos. Eso hizo que la última sesión de clasificación para la F1 se disputara con el suelo mojado, lo que dejó certificados los tiempos del día anterior. Eso sí, entre el atardecer y el agua expulsada por los monoplazas, las imágenes que regaló esa tarde se cuentan entre las más hermosas de la historia de este deporte.

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El domingo 18 de Abril era el día en que por fin ver de cerca a los héroes. Un día de pleno sol. A pie hasta las faldas de la montaña, y luego a buscarse el sitio en la inmensa pelouse que eran las laderas del parque. Con el amigo a rebufo, algo renegón por la caminata. Pero, ¿quién detiene a alguien a punto de cumplir un sueño?. Al final, tras mucho estudiar, la decisión es ponerse en la parte externa de la curva 3, la 'Font del Gat', una exigente curva de izquierdas de trazada difícil. Siempre ha tenido buen ojo para la selección de una curva. Quizás no era la mejor del circuito, pero era realmente interesante.

Una vez allí, espera. Paladea el momento hasta que lleguen las 11:30, hora prevista para la salida (se corrió tan pronto porque por la tarde había toros y fútbol, cosa muy patria). En el corazón de la montaña resuena en la lejanía un motor, luego otro. Se acercan. Han soltado a los coches para dar una vuelta de calentamiento antes de ponerse en la parrilla. Los ojos se iluminan con los colores brillantes de las carrocerías, los cascos, los patrocinadores. Los oídos se colapsan por el sonido tan próximo de aquellos brutales motores. El olfato se llena del olor a neumático, a aditivo de gasolina. Imagino con claridad su sonrisa.

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Y entonces, tras un periodo de silencio, la salida. Veintidós motores que aúllan como una jauría de lobos en mitad de la montaña, acercándose a tu posición con rapidez. Y al paso por delante tuyo, una dolorosa sinfonía de pistones que es la música más hermosa jamás escuchada. Ni los Beatles, ni chorradas. Fórmula Uno, gracias.

Desde su pole, Jacky Ickx ha salido bien con Regazzoni pegado a su alerón, y Stewart ha hecho  también una buena salida superando a Amon y colocándose tercero. En la primera horquilla ('Ángulo'), ha habido una colisión que genera un pequeño caos, afectando sobre todo a Graham Hill y a John Surtees. El primero verá dañada su dirección, y el segundo, su frontal. Mientras tanto, Stewart no tarda en atacar a Regazzoni, y antes de acabar la primera vuelta ya es segundo.

Comenzaba la 'batalla de los Jackies', Jacky Ickx y Jackie Stewart. El belga aguanta cinco vueltas, momento en el que tanto Hill por la dirección, como Siffert por el cambio, se retiran. Pero cuando Stewart lo adelanta, Ickx no se aleja. El Ferrari está fuerte, es un buen coche, y eso que es aún el de 1970 (Regazzoni había probado el de 1971 en entrenos, pero aún no estaba listo). Claro, que el azul Tyrrell no es poca cosa: estrenan el nuevo modelo, el 003, con el escocés a los mandos, mientras su compañero François Cevert aún usa el 002.

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Ambos están muy por encima del resto. Vuelan a través de las subidas y bajadas, en una lucha cerrada. Si Stewart intenta escaparse, Ickx le aguanta el ritmo. Es un espectáculo emocionante el que ambos ofrecen. Jackie está dando lo mejor de sí, de ese pilotaje elegante y efectivo, rápido. Pero es que Jacky está también sublime, aguantando una velocidad altísima sin cometer ni un solo fallo.

Por detrás, Amon está en una cómoda tercera plaza, tras adelantar a Clay Regazzoni, que en la vuelta 13 tiene que retirarse por un fallo en la bomba de la gasolina. Eso dejó una preciosa lucha por la cuarta plaza entre tres pilotos: Pedro Rodriguez en su BRM (sería una de sus últimas carreras antes de su lamentable pérdida), Mario Andretti en el tercer Ferrari, y el incombustible campeón Denny Hulme en su Mclaren. Ruedan invariablemente en ese orden, pero tan juntos que la posibilidad de que se produzca un adelantamiento está siempre latente. Sin embargo, en la vuelta 43, el coche de Andretti empieza a fallar: en las curvas, echa fuego. Hulme lo ve, y avisa al italoamericano, que se dirige a los boxes con la bomba de la gasolina estropeada. Se la sustituyen, pero también falla, así que se retira en la vuelta 50, con el coche en llamas, y con un comisario que, eficiente hasta la saciedad, rocía coche y piloto en polvo de extintor.

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Cuatro vueltas antes había caído el español Soler-Roig mientras rodaba duodécimo. Y muchos otros. Los que no bajaban el ritmo, ni hacían decaer el espectáculo, eran el dúo de cabeza. Hacia media carrera, Stewart había conseguido una ventaja de 9 segundos. Sería lo máximo. Porque Ickx volvió a la carga con ímpetu, bajando vuelta tras vuelta el récord. Tras saltar en el cambio de rasante delante del estadio, podía ver de nuevo a Stewart en la frenada de la primera curva. No había descanso para el Tyrrell, que estaba siendo pilotado al extremo por el campeón escocés, mientras en los retrovisores se acercaba una mancha roja. Doblaban a pilotos de manera audaz, sin que se viera afectada la pelea.

Tras sus gafas, lo observaba todo con sumo cuidado, las trazadas, las derrapadas, la posición de cada coche en la curva. Escuchaba con toda la atención los motores, el momento de cambiar de marcha, el lugar donde frenaban. En el frenesí que supone un Gran Premio, todo era lento, sosegado, analizado con reflexión. Pero vivido con emoción.

Jackie Ickx decidió dar el todo por el todo: o victoria, o lo que fuera. En la vuelta 69 de 75, rompió el crono con un 1’25’’1, record absoluto del circuito, y ocho décimas más rápido que el tiempo de la pole. Estaba en vena el belga con cara de inocente. A Stewart le iba a costar mantener el liderato. Pero al llegar a la altura del doblado Reine Weisell y su Lotus, el escocés pasó sin problemas, pero Ickx se vió ralentizado, perdiendo cinco segundos. Era el fin. Irritado y rojo como el color de su Ferrari, Jacky intentó un último ataque, en vano. Era Stewart el que cruzaba la meta en primera posición, con una ventaja de 3’4 segundos. Amon, tercero, quedaba a una distancia de 58 segundos. Todos doblados menos los cinco primeros. La primera victoria para Tyrrell en Fórmula 1 como constructor (que, cosas de la vida y de la transfiguración, no es sino la raíz de la actual Mercedes: de Tyrrell se pasó a BAR, de Bar a Honda, de Honda a Brawn, y de ahí a Mercedes).

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Tan molesto estaba Ickx, que no acudió a la ceremonia del podio, dejando vacío el segundo lugar. Había sido una carrera vertiginosa de dos pilotos en la cumbre, rodando en aquél tobogán rodeado de vallas sin cometer un error mientras exprimían al máximo sus monoplazas.

Aplaudía a cada piloto, a cada monoplaza, antes de dejar el circuito feliz, satisfecho, lleno de emociones. Por la tarde, mientras el equipo de su ciudad ganaba su cuarto campeonato de Liga, él fumaba un cigarrillo observando a los policías contener con contundencia a una multitud que intentaba acceder al estadio de Sarrià. No vió apenas el partido, porque no le gusta el balompié. Yo lo imagino en la balconada tras la grada, mirando hacia la montaña de Montjuic, escuchando aún el bramido de un V12, recordando el paso por curva, el sol en la cara y la vista fija en esos coches que pasaban tan cerca, a unos pocos metros detrás de la valla.

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El 600 les dejó tirados, y en domingo no había lugar para repararlo con premura. Así que allí se quedó el coche y se volvieron en el tren (nada de Talgo, sino uno de los viejos). Años después, le conseguí esa carrera en blanco y negro, y narrada en francés. Verla con él fue una experiencia maravillosa. Y el día que pisé por primera vez Montjuic, de pie en el exterior de la Font del Gat, me lo contaba todo como si estuviera pasando:

"Stewart e Ickx eran matemáticos, siempre pasaban por el mismo sitio, siempre la misma marcha, el mismo punto de frenada. Algunos iban mal en esta curva, y pasaban una vez más abiertos, otras más cerrados. Pero los fuera de serie, los Andretti, Rodriguez, nunca. Milimétricos. Zooom, zoom, zoom…", mientras hacía el paso de los coches por la curva con la mano.

No, yo no estuve en Montjuic aquél día de 1971. Pero la he vivido tantas veces, que casi oigo pasar los coches y puedo ver la arrebatadora precisión de Stewart e Ickx. Y es verdad, los 'Jackies' estuvieron enormes. Lo veo a través de sus ojos, de sus palabras, y de sus gestos.

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3 comentarios
Imagen de RIA556
Hermosa época, donde, se podía realizar un fácil reemplazo de partes o dispositivos que en la actualidad no puedes cambiar. Existía verdadera pasión, alto grado de competencia y respeto; donde, prevalecía la habilidad y destreza del conductor de F1.
Imagen de telmex
JOSÉ MIGUEL VINUESA ¡¡ Muchas gracias por hacernos recordar esos tiempos, a los que los vivimos, un saludo
Imagen de Raulos
Sublime... "Lo veo a través de sus ojos, de sus palabras, y de sus gestos." El verdadero seguidor de la F1 vive las batallas y se emociona hasta la médula... gane quien gane... Saludos.
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