El desenlace de la primera incursión de Niki Lauda en la Fórmula 1

Niki, Bernie y el carnaval de Notre-Dame

De Ferrari a Brabham y de Brabham al retiro con tres millones de Ecclestone bajo el brazo

AmpliarNiki Lauda y Bernie Ecclestone en el GP de Canadá de 1977, el último del austríaco con Brabham - LaF1Niki Lauda y Bernie Ecclestone en el GP de Canadá de 1977, el último del austríaco con Brabham

El de 1977 es un año de profundos cambios. Iconos como Charles Chaplin, Groucho Marx o Elvis Presley nos abandonan y España, que acaba de derogar la censura de prensa, se prepara para celebrar sus primeras elecciones democráticas en 41 años. Mientras tanto, en el infatigable universo de la Fórmula 1, la temporada más cinematográfica de la historia ha caído rendida a los pies del tipo que decidió vivir su vida acelerador a fondo sin reparar jamás en los retrovisores.

Pero tras la épica campaña del 76, la realidad es que James Hunt defiende un título que Niki Lauda siente como propio. Y aunque las heridas del viejo Infierno Verde todavía escuecen, es la sufrida en el orgullo, la de Monte Fuji, la que corroe al austríaco hasta la obsesión. El fichaje del argentino Reutemann por la Scuderia durante su ausencia y el hecho de haber sido menospreciado por Il Commendatore. Todo, sin excepción, contribuye a engendrar una bola de nieve que, alimentada por el interminable invierno de Módena, lleva al implacable hombre de la calculadora a pilotar con una especie de furia contenida desde la primera carrera en Argentina.

lauda-4.jpg "En Ferrari no sabían qué hacer con un ganador de la anterior edición del campeonato con la cara desfigurada. Pretendían machacarme mentalmente y luego echarme de comer a los peces".

Sin embargo, lejos de resignarse a servir de pasto para criatura marina alguna, Lauda responde de manera contundente. Nada menos que diez podios en quince carreras. Un puñetazo encima de la mesa que contrarresta los intentos del sudafricano Scheckter, del italoamericano Andretti y también del propio Hunt, cuya estrella se ha venido marchitando desde su memorable actuación en Japón.

Pero además de la de intentar doblegar a sus rivales, Niki tiene otras intenciones. Por eso, el título del 77, el segundo en su cuenta particular, supone tan solo la primera piedra de un maquiavélico plan: con el mundial en el bolsillo de su mono colorado, Lauda asiente con la cabeza cuando Ecclestone le propone cambiar de aires para 1978. Basta con un simple apretón de manos en un lugar tan simbólico como Monza para cerrar el trato. El escenario que un año antes le había visto salir a hombros de los tifosi es ahora el elegido para consumar su vendetta. Por si esto fuera poco, el austríaco ni siquiera tendrá que subirse al 312T2 en los dos últimos Grandes Premios de la temporada. De este modo, Niki no solo obtiene un nuevo título, sino que también se gana la enemistad de Enzo Ferrari, quien no volverá a dirigirle la palabra en dos años. 

"Me alegró mucho pensar que mi marcha sería una bofetada para Enzo", afirmaría más tarde. "Ya había tenido suficiente dosis del Commendatore y su séquito".

Un millón de dólares fue la cantidad estipulada como salario. Un montante que Ecclestone abonó gustosamente por varios motivos: en primer lugar, había logrado usurpar el número uno a Ferrari. En segundo, la maniobra servía para devolver el golpe a Enzo, quien le había arrebatado a su vez a Carlos Reutemann en mitad de la temporada anterior. Y, por último, porque se había hecho, según palabras del propio Bernie, con “un cabroncete la mar de listo” para gobernar el timón de su Brabham-Alfa.

Sin embargo, pese a los esfuerzos del ingeniero Gordon Murray, el BT46 poco tiene que hacer ante el imponente Lotus 78 de Colin Chapman y Niki tan solo obtiene dos victorias en su debut por las nueve de Mario Andretti. Frustrado por los malos resultados, el austríaco decide que lo mejor será doblar su apuesta de cara a 1979. Nada menos que dos millones de dólares por una sola campaña es su nueva oferta pero, como era de esperar, Ecclestone le llama loco y se niega en rotundo. 

"Ganarle la partida al mago de las finanzas es incluso más divertido que pilotar", piensa Lauda, que se mantiene en sus trece incluso cuando su jefe opta por impedir que negocie una salida hacia McLaren o Williams, escuderías que se niegan siquiera a escucharlo.

Pero el gran error de Ecclestone es creer que un simple movimiento de ajedrez detendrá al frío y calculador Lauda que, sin haber cumplido todavía la treintena, es dos veces campeón del mundo y ha escapado de la Negra Dama incluso tras haber recibido la extremaunción. Todo lo contrario. Niki está furioso por la actitud de su patrón y quiere demostrarle que no es el único que sabe moverse por debajo de la mesa. 

Por aquel entonces, además de ser el principal patrocinador de Brabham, Parmalat también lo era del austríaco, que lucía la identidad corporativa de la empresa italiana en su inseparable gorra. Demostrando que la obstinación no es una característica exclusiva del piloto, el hombre de negocios decide adelantarse y pacta con los italianos a espaldas de su jefe. Cuando Ecclestone y Lauda se desplazan a Parma para cerrar el patrocinio de 1979, el director ejecutivo de la empresa está al corriente de la situación y consulta al inglés acerca de quién será el encargado de pilotar el monoplaza. Al escuchar su nombre, Lauda se apresura a responder: "No señor, yo no lo haré. No tenemos ningún contrato firmado".

Bernie está perplejo, tanto que casi tiene que pellizcarse para poder creérselo. Por supuesto, no le queda más remedio que acceder a regañadientes y pagar al austríaco la cantidad que demanda. Al salir de la reunión reprocha derrotado: "¡Qué hijo de puta eres!". "Así es la vida", le espeta un más que satisfecho Lauda. 

Tras ese episodio, la relación profesional entre piloto y patrón apenas duraría unos meses más ya que, en mitad de una desastrosa temporada en la que tan solo consigue sumar cuatro puntos, Lauda decide dejar plantado a su equipo. La escena se produce en la isla de Notre-Dame, en plenos entrenamientos libres del Gran Premio de Canadá de 1979. Niki abandona el cockpit de su Brabham y se dirige al box para informar a Ecclestone de su renuncia inmediata. "Ya no me interesa continuar conduciendo en círculos dando vueltas y más vueltas", le dice.

Sin opción alguna en el campeonato, la agilidad mental de Ecclestone, que vislumbra la posibilidad de romper el millonario contrato de Lauda, vuelve a quedar de manifiesto. El inglés deja escapar al austríaco sin más, pero no sin antes exigirle que le devuelva tanto el casco como el mono. Su intención no es otra que la de ‘disfrazar’ con la indumentaria de Lauda al primer candidato que se ponga a tiro. Y así es como Ricardo Zunino, un piloto argentino sin experiencia en F1 que se encuentra en el circuito presenciando el espectáculo, debuta en la máxima categoría con el atuendo de un grande entre grandes. Mientras tanto, en medio del desconcierto de público y rivales, el ‘auténtico’ Lauda ajusta su asiento y se recuesta en el primer vuelo rumbo a Palm Beach. No regresará a la Fórmula Uno hasta tres años más tarde. Lo hará con McLaren, escudería con la que ampliará su leyenda al obtener su tercer campeonato en 1984.

Niki Lauda en su última carrera con el equipo Brabham, en 1979
Niki Lauda en su última carrera con el equipo Brabham, en 1979

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5 comentarios
Imagen de ycastro
Mil gracias a todos, ¡de verdad! Muy feliz de que os haya gustado. Increíble Niki. ¡Cómo se las gastaba el tío! Gracias también por supuesto a Laf1.es por la confianza. Colaborar en un medio con profesionales de la talla de Gerard, Zapi, Cristian y todos y cada uno del resto es simplemente un orgullo. Ahora a ponerse las gafas y el traje para seguir buceando en la historia de la F1!
Imagen de Perillan
Excelente artículo Yago, como siempre. Enhorabuena!.
Imagen de orlando saad
Excelente historia Yago, con esto me doy cuenta de que Lauda fue un genio..saludos desde Venezuela
Imagen de luciamquiroga
Muy buen artículo, como todos los que escribes. Y muy enriquecedor también, ahora que tan de moda se ha puesto Lauda a raíz de 'Rush'. ¡Enhorabuena y sigue así!
Imagen de Stavelot
Muy interesante… Lauda le sacó los colores a Ecclestone en su día y ahora también, con todo el tema de Mercedes. Qué tío tan listo.
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