Almacén F1

Gran Premio de Brasil 2015: Nico subcampeón, Max el funambulista

Rosberg aprendió a parar a Hamilton y Verstappen es una figura que esta F1 necesitaba

AmpliarRosberg fue quien alzó los brazos en Mercedes por segunda carrera consecutiva - LaF1Rosberg fue quien alzó los brazos en Mercedes por segunda carrera consecutiva

Sentado en una valla del circuito, en una silla fuera de la pista, reflexionando sobre otro desengaño, observando un asfalto que lleva demasiado tiempo sin ser suyo, sin dominarlo a placer pese a que capacidad no le falta para ello. Con la impotencia de quien no puede hacer nada más que mirar desde la lejanía las posiciones delanteras, esperando un cambio, un avance que no llega. Teniendo que introducirse a hurtadillas a un podio para hacerse una foto agridulce con su compañero de equipo, bromeando como último recurso. 

Es Fernando Alonso, absolutamente superado por la situación de su equipo, que le lleva a obtener resultados propios de su época en Minardi, en el lejano 2001: su decimosexto puesto nos remonta precisamente a esa temporada. El coche también era negro, pero no se podía esperar mejora. Sin embargo, era exigible en esta Mclaren Honda que ya no sorprende a nadie ante una nueva falta de fiabilidad o una carencia profunda de rendimiento. Sin los Manor, serían de largo el peor equipo de la parrilla, para mayor ridículo.

Pero Alonso dice estar feliz, bien pagado, y esperanzado en el futuro. Y no, nadie duda en que un día Mclaren, sea con Honda, sea con otro motor, volverá a estar en la zona alta de la parrilla, que es su zona. Pero también pensábamos que Williams jamás caería a las profundidades de la parrilla, y allí estuvieron mucho tiempo hasta su reciente remontada. Así que el problema no es el sí, sino el cuándo. Ese se antoja largo, y el propio Eric Boullier habla ya de flores que se marchitan en referencia a su piloto español. El tiempo. El cortoplacismo para el triunfo que no parece realista. 

Poco importa, Alonso colocó su Mclaren en última posición, en el lugar que hoy por hoy le corresponde. Delante suyo, un asfalto sobre el que circularía, pero que no iba a ser testigo de ninguna proeza, si no consideramos como tal el acabar la carrera. La lucha estaba unos centenares de metros más adelante. 

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Nico Rosberg necesitó varias lecciones para aprender cómo actuar en la salida frente a Lewis Hamilton. Volvía a ser el propietario de la Pole, habiendo recuperado su excelente rendimiento en clasificación frente a su compañero. Al llegar a la primera curva, Lewis intentaba una maniobra arriesgada, pero no imposible en Interlagos: adelantar por fuera en la salida, tomando así el interior de la segunda curva de la 'S' de Senna. Pero Nico abrió su trayectoria, cortando el camino de Lewis, y afianzando su primera posición. Al fin aprendió a parar a Lewis, justo como Niki Lauda había comentado hacía unos días, señalando el problema de Rosberg frente a Hamilton en las salidas.

Nico no se fue. El Mercedes número 44 era un cercano perseguidor, a veces muy incisivo. Pero el único momento de crisis para la posible victoria del alemán se produjo en la primera parada, cuando Vettel entró en la misma vuelta que él, y quedó retenido mientras el de Ferrari llegaba a su box. Hamilton estaba en la pista, rodando al límite para enjugar la distancia. Entró al carril de boxes, pero hubo un casi imperceptible problema: una parada algo lenta, de 3'6 segundos, que compensaba en parte lo perdido por Rosberg una vuelta antes. 

Lewis lo intentó, se quejó, se puso a rebufo de Nico. Sencillamente, estaba demostrando la diferencia entre él y su compañero. Mientras que cuando el británico estaba en cabeza, el alemán no podía mantener el ritmo y presionar al otro Mercedes, en Interlagos se vio cómo para Lewis era relativamente sencillo ponerse en su estela, presionarle, disputarle la posibilidad de vencer el Gran Premio. Esa es la diferencia de rendimiento entre dos pilotos con idéntico material, y el por qué Hamilton ha dominado a su compañero toda la temporada. Y la actitud de cada uno de ellos. Hamilton quería esta victoria, pero en una jugada de garantizar el subcampeonato de Nico, no iba a haber opción para él desde el muro, como en México. Así, victoria y subcampeonato para el alemán. Orgullo salvado para él, el de no bajar de esa posición con ese monoplaza. Ahora que ya está todo atado, esperemos absoluta libertad en Abu Dabi entre ellos, y esperar que al menos tengamos una bonita lucha por la victoria.

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Por detrás, se mantuvo el escalafón típico de la temporada, con los Ferrari demostrando ser el segundo mejor equipo con cierta holgura. De hecho, toda la parrilla fue doblada por los Mercedes y los Ferrari, dato más que suficiente para ilustrar la superioridad de ambos equipos. Vettel tuvo una actuación correcta tras el desastre de México, pudiendo mantener en ciertas fases de la carrera el ritmo de los Mercedes, y no cayendo nunca a una distancia exagerada, como sí que ocurrió con el cuarto clasificado, su compañero Kimi Räikkönen.

Realmente Sebastian tuvo una actuación muy completa, logrando un nuevo podio que lo convierte, en este apartado, en el mejor debutante de la historia de la Scuderia. Tras el desastroso 2014, seguir intentando negar el gran paso adelante de los italianos es absurdo, con un motor que quizás no esté realmente a la altura del Mercedes (según Lauda y otros observadores, sí que lo está), pero que está muy cerca, siendo el único motorista que ha sido capaz de revertir la situación de la temporada pasada, mientras Renault languidece (Ricciardo afirma que la evolución es incluso peor que el motor usado toda la temporada) y Honda acumula tareas a resolver de una forma que roza el Síndrome de Diógenes.

Que Ferrari sea capaz en 2016 de poner en aprietos a Mercedes, es algo que habrá que ver. Sus avances este año han sido muy prometedores, tanto en la unidad de potencia como en la aerodinámica y el chasis. Las mejoras han funcionado, y aún le quedan algunas mejoras en el propulsor antes de que acabe el año. Ya no se trata de superarles, algo que será difícil, sino de al menos poder estar lo suficientemente cerca como para que haya una lucha a cuatro por el título. Ferrari acaba subcampeón en constructores, siendo el equipo que más veces ha ocupado este puesto, al igual que es el que más veces ha sido campeón. Estadísitcas que demuestran que, más cerca o más lejos, Ferrari es un equipo que naturalmente se mueve en posiciones delanteras.

En una carrera aburrida como la brasileña, hubo ciertos destellos emocionantes. La salida de Bottas fue impresionante, y a punto estuvo de arrebatar el cuarto lugar a su rival por esta misma plaza en el Campeonato, que es el único punto de interés a nivel de clasificación para la última carrera. Muy interesante también la carrera en casa de Felipe Nasr, con un mediocre Sauber que, empujado por el motor Ferrari, era capaz de rodar en los puntos. El año del brasileño no ha sido nada malo para tratarse de un debutante con unos medios muy limitados, y podría haber sido el debutante del año, pero tiene a Carlos Sainz (otra vez un fallo técnico para él, que apenas le dejó participar) y, claro, Max Verstappen.

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El holandés es un piloto nato, un 'racer' como dicen los ingleses. Es un Bernd Rosemeyer, un Tazio Nuvolari, un Guy Moll, un Ricardo Rodriguez, un Jean Alesi. Es un Gilles Villeneuve. Es uno que no tiene un límite marcado por el contorno de la pista, por la lógica de los movimientos en un coche de carreras, sino que busca con agilidad los huecos, encuentra la forma de no detenerse ante un rival. Por dos veces adelantó por el exterior en la complicadísima curva uno de Interlagos, sin ceder en su alocado intento, con la confianza de que logrará su objetivo por la sencilla razón de que ahí hay un hueco que nadie ha querido explorar antes.

Su trazada no se ciñe a la zona limpia, sino que es toda la pista. Su control del monoplaza no es propia de un insultantemente joven piloto, que debería verse en la situación de bregar con las reacciones del coche. Y si ataca con demasiada fogosidad, y el otro piloto no cede, reacciona con velocidad: véase, en su ataque a Nasr, cómo en la horquilla de 'Beco de Pato' se ha visto encajonado, pero ha ocupado todo el piano interior para evitar el contacto con el brasileño, que le había cerrado la puerta. Todo es exuberantemente natural, sin preocupaciones.

Ha cometido errores de bulto, como el de Mónaco, como han cometido y cometen todos los pilotos. Pero es su sinceridad al volante, su despreocupación por todo aquello que no sea ir al límite de las posibilidades del monoplaza, lo que le convierte en una figura que esta Fórmula 1 necesitaba. Porque en un Gran Premio sin grandes emociones como este, él ha creado dos momentos por el que siempre será recordado. Es de suponer que poco a poco su ímpetu se convertirá en reflexividad, porque es así como se acaban ganando Campeonatos. Pero mientras ese momento llegue, debemos desear que siga así, en el límite de seguridad respecto al resto de pilotos, pero bailando eternamente en la cuerda floja del pilotaje de competición. 

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1 comentario
Imagen de Masvoices
Vaya máquina Max,ojalá el año que viene los dos Toro Rosso estén exentos de problemas y les podamos ver en igualdad de condiciones.
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