ALMACÉN F1

GP de Estados Unidos 2015: Una carrera de tricampeonato

La lluvia nos regaló una carrera de locos que coronó a un tricampeón

AmpliarHamilton consigue el título en una carrera de locos - LaF1Hamilton consigue el título en una carrera de locos

Las gotas de lluvia en la visera del casco multiplicaban las luces rojas del semáforo, que Lewis observaba fijamente en su cadenciosa iluminación. En realidad no era un problema, pero si no conseguía tomar el liderato, el agua en suspensión sí que le impediría ver con nitidez el camino hacia su tricampeonato. Quizás sería mejor conservar, pero las calculadoras no están en la psicología de Hamilton. Las luces seguían rojas demasiado tiempo, aumentando dramáticamente la tensión del momento.

Cuando al fin Charlie Whiting decidió apagarlas, Rosberg no salió especialmente mal desde la primera posición, pero en una pista que había sido sometida a un lavado contínuo durante varios días, la pequeña ventaja que puede dar salir en la trazada se había evaporado. Así que la salida era igual para todos. Y Lewis mordió un poco mejor el punto de embrague que Nico, emparejándose con él en la subida, tomando el interior, pensando en liderar. 

Estuvo a punto de acabar ahí. El piloto del Mercedes número 44 pareció no tener en consideración que el interior de la trazada en la horquilla podía ser complicado de pasar, así que cuando giró el volante se encontró con un subviraje inevitable, y con el Mercedes número 6 a su derecha. Sí, también abrió la trazada para impedir cualquier maniobra de ataque de Rosberg, pero nunca hubiera pensado en chocar (como hizo) con su compañero. Era un riesgo inútil que podía desencadenar consecuencias insospechables.

Pero como otras veces (véase Japón), era Lewis el que salía disparado tras la primera curva, mientras Nico se veía superado por varios pilotos, cayendo al cuarto lugar. Otra vez a tener que pelear con la parrilla para alcanzar al líder. Salvo que esta vez, Nico, quizás por irritación, quizás por sentirse liberado (estaba todo perdido, o casi), mordió.

Por detrás, el típico caos de las salidas en mojado. Vettel y Räikkönen hicieron una arrancada espectacular, sólo superados por la de Carlos Sainz: de último a decimoprimero en una vuelta. Massa y Alonso se tocaban y ejecutaban un trompo que arruinaba parte de su carrera, algo especialmente frustrante para el español, que había partido noveno.

Hubo un tiempo en el que a un excelente piloto sobre el agua se le honraba con el título honorífico de "Regenmesiter", o "Maestro de la lluvia". Empezó con Rudolf Caracciola, y seguramente finalizó con Michael Schumacher. Después, las carreras en lluvia intensa desaparecieron, permitiendo sólo la lluvia leve o la pista mojada, pero nada más. Justo lo que ocurrió en este Gran Premio, donde poco a poco la pista se secaba, o de lo contario se hubiera visto interrumpida. Pero antes de secarse, los Red Bull sacaron a relucir toda su nobleza de comportamiento. Era muy emocionante observar la precisión con la que Kvyat y Ricciardo hacían cambiar de dirección, y de inercias, al RB11 a través de las enlazadas de Austin. Ambos a la caza del líder, de tú a tú. En ese momento, Ron Dennis tragaba saliva ante la posibilidad de que el coche austríaco utilice propulsores Honda en 2016.

El cuarteto se escapaba en cabeza. Lewis no tenía por qué inquietarse, ni tomar riesgos absurdos. Nico era cuarto. Sebastian sexto. Hasta que los restos de monoplazas en la curva 1, fruto de la tumultuosa salida y de la pérdida del alerón delantero por parte de Felipe Nasr, obligaron a un Coche de Seguridad Virtual. Kvyat bajo la caja de cambios de Lewis, al que ya había atacado. Ricciardo y Rosberg, igual. Pero extrañamente, el grupo se compactó, cuando bajo el régimen virtual de coche de seguridad, se deben mantener las distancias. Y en esa extraña situación, Rosberg atacó a Ricciardo en cuanto se apagaron las luces amarillas, y poco después se deshizo de un tormentoso Kvyat, que pilotaba con velocidad y con errores (que le acabaron costando el abandono).

Lewis miró el retrovisor. Sí, era Nico. Pero el líder era él. Algo que Ricciardo, desde la cuarta posición, iba a poner en entredicho. Los pasó a todos, y se escapó unos segundos. Ron necesitaba un vaso de agua, su garganta igual de seca que seco se estaba quedando el asfalto.

Y con el asfalto ya seco, se acabó la heroicidad. Lewis entraba en boxes para poner neumáticos lisos, y Rosberg adelantaba y se ponía líder. Al completar los cuatro las paradas, Lewis era cuarto. Papeles invertidos. Pero Lewis se abrió camino con facilidad, y se colocó segundo detrás de Rosberg. No era campeón, pero aún quedaba carrera.

En un Gran Premio memorable (aunque organizativamente caótico gracias a los organismos reguladores), el que comenzaba a exprimir su monoplaza era Sebastian Vettel, empalmando vueltas rápidas. En poco tiempo se puso tras los Red Bull, hasta que se colocó tercero. La carrera, absorbente en su primera mitad, había tomado el orden de 2015: Mercedes y Ferrari en cabeza.

En el pelotón de los puntos, el espectáculo volvían a ser los Toro Rosso. Se acaban los adjetivos para sus dos pilotos. Verstappen mantuvo su nivel de incisividad eliminando los errores, y Sainz protagonizó una remontada impecable. Ambos acabarían en los puntos, con Verstappen coqueteando con el podio en las postrimerías de la carrera. Es cierto que el Toro Rosso les permite el lucimiento, pero los dos debutantes son un compendio de talento inconmensurable.

También estaban en los puntos los Mclaren, y allí acabó Button, pero no Fernando Alonso. El español estrenaba motor Honda evolucionado, del que Button esperaba y deseaba sufrir una paliza. Pero no fue así. Y no por el prematuro accidente de Alonso con Massa, sino porque, aún rodando juntos, el monoplaza del español era incapaz de superar ampliamente al de su compañero. La mejora, cifrada por el español, es de una décima. Es decir, prácticamente nada. Curiosamente, una cifra similar a la mejora del motor Renault evolucionado. Además, la evolución tuvo un fallo en un sensor, de modo que Alonso se vio caer poco a poco hasta la zona fuera de los puntos, sumado a unos neumáticos desfallecidos. Al menos, en condiciones cambiantes, los pilotos se lucieron y sacaron a relucir su capacidad: tanto en clasificación, como en carrera, estuvieron impecables. Y Button, como especialista de las carreras locas, dio a Mclaren el segundo mejor resultado del año, y segunda carrera consecutiva puntuando, superando a Alonso en su particular duelo.

Por delante, la lucha por el título estaba en el aire. Ferrari jugó una estrategia que podía ser vencedora: colocar el neumático medio a Vettel, e ir hasta el final de la carrera, teniendo los Mercedes que volver a parar. El problema es que este fin de semana también fue a oscuras en cuanto a rendimiento de los neumáticos de seco, al estar pasado por agua. Así que no podía saberse cuál sería el rendimiento y la duración de uno u otro compuesto. Pero el duro tendría que ser más fiable. La victoria de Mercedes estaba en jaque.

Rosberg adelantó a Hamilton, relegándole al segundo lugar. No sólo eso: se abrió cerrándole la trazada, jugando las mismas cartas que Lewis utiliza contra él. La recuperación de mordiente que se vislumbró en Rusia, parecía confirmarse en Austin. Era una reacción tardía, pero al menos intentaba ponérselo difícil a Hamilton. La victoria de un Mercedes se aseguró cuando la estrategia vino a ellos con un último coche de seguridad, lo que les permitió anular el riesgo de Vettel. Pero entonces, Rosberg cometió un error al reiniciarse la carrera. Un error imperdonable que permitió a Hamilton pasar con comodidad al liderato. El fin de semana había sido de Nico: pole (aunque sin última sesión), vuelta rápida, liderato a pocas vueltas del final. Pero no victoria, por un error exclusivamente suyo.

Un error que resume la diferencia entre él y Lewis, entre un buen piloto y un piloto excelente, que salvo en Mónaco y Hungría, ha elaborado una temporada sin mácula, subyugando a su compañero a mero ayudante en la consecución del título de constructores. Rosberg ya no pudo rehacerse, como apenas ha podido durante el año. En las últimas vueltas, Vettel se acercó hasta su rebufo. Planeó la duda: ¿estaba Rosberg conservando o estaba coqueteando con la posibilidad de ser adelantado, privando a Hamilton de su celebración?. Estéril duda. Rosberg tiene un subcampeonato que disputar para salvar al menos su maltrecho orgullo, para poder mirarse con la dignidad del que, teniendo el mejor coche de la parrilla, al menos consigue el subcampeonato. Escaso consuelo. Aún nos queda esa lucha.

Las gotas de la visera hacía mucho que se habían secado, pero las luces multiplicadas seguían ahí, en la oscuridad de un día gris en Tejas. Las lágrimas, los flashes de las cámaras que apuntaban sólo al tricampeón del mundo. La sonrisa amplia del que ha realizado su trabajo con la antelación de los más grandes, dejando un espacio de tres carreras para disfrutar de la fiesta de competir sin ataduras ni presiones. Atentos a este Hamilton liberado de compromisos deportivos que no sean la victoria por la victoria. A su ayuda (o no) hacia Rosberg. Porque desde la cima del triunfo, el mundo es muy diferente. Lewis lo sabe, ha cimentado su ascenso, así que paladea su era. Mira sin complejos a Niki, a Jackie, que le felicitan recibiéndole simbólicamente en una sala exclusiva del club de las leyendas. 

Tricampeón del mundo. 

"Es increíble igualar a Ayrton; mi objetivo siempre ha sido conseguir tres títulos, ya que fue él el que me inspiró. No hay nadie a quien quiera igualar ahora, solo quiero continuar tanto como pueda".

Alain. Sebastian. Siguiente parada.

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3 comentarios
Imagen de Raulos
De nuevo una relación de lo sucedido en carrera de manera objetiva, con el apasionamiento justo y necesario para hacerlo emocionante. Muy buen artículo, como nos tiene acostumbrados. Un saludo desde las Américas.
Imagen de Troy McClure
[#1 Troy McClure] Quise decir tricampeón.
Imagen de Troy McClure
Gran artículo, Jose. Como curiosidad, cabe destacar que en las últimas carreras que han coronado a alguien campeón del mundo (Brasil 2012 y EE UU 2015) han tenido algo de lluvia. Saludos Compañeros.
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