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GP de Canadá F1 2018: Los tres primeros equipos no se aburren

AmpliarSebastian Vettel celebra su victoria en Montreal - SoyMotor.comSebastian Vettel celebra su victoria en Montreal

La Fórmula 1 salta el océano en plena temporada europea, en ese raro movimiento logístico justificado por acudir al circuito que lleva el nombre de una de las más incontestables leyendas de este deporte: Gilles Villeneuve, justo en el año en el que se cumplen 40 desde la primera victoria del piloto canadiense, precisamente en esta pista. El domingo, su hijo Jacques rodaría con el mismo Ferrari 312T3 con el que había recorrido este rápido circuito semiurbano, de muros cercanos pero largas rectas. Una cita que, quizás como reflejo del nombre que porta con orgullo, depara frecuentemente carreras emocionantes.

Por tratarse de un circuito urbano, corto, pero rápido, Pirelli decidía llevar los mismos compuestos usados en Mónaco, esto es, el hiper, ultra y superblando, que tantas dudas habían causado en los equipos en el costero circuito europeo, pero que quizás en esta pista –algo más usual– daban una lectura diferente. Una pista en la que, desde la era híbrida, Mercedes había dominado de manera absoluta, salvo por la victoria en 2014 de Daniel Ricciardo, al que aquí no le valdría tener un problema en su monoplaza y esperar a que no le adelantaran. Tampoco a un cuestionado Max Verstappen, que verbalizaba su malestar por la insistencia sobre las críticas a su pilotaje. Precisamente a Max, en el Gilles Villeneuve, como si la historia se empecinase en repetirse cuando al pequeño canadiense se le criticaba por sus continuos fallos.

 

VIERNES

La pista estaba muy sucia en un día soleado. El polvo se suspendía al paso de los monoplazas en cuanto se aventuraban a salirse de la trazada. Los Mercedes no estrenaban motor, pero sí lo hacían todos los motorizados por Ferrari –excepto Kimi Räikkönen, que ya lo cambió en Barcelona–, los Renault y los Honda, todos con mejoras. Lo cierto es que la primera sesión no tuvo más interés que el de realizar los ajustes necesarios y la toma de confianza con la pista. No para Nico Hülkenberg, que al poco de comenzar la sesión se quedaba detenido a la salida de la horquilla con un problema de cambio, que se sustituiría posteriormente sin penalización, pero que dejaba al alemán sin rodar el resto de la sesión, que tuvo por ello un periodo de bandera roja.

Tampoco rodó todo lo que quiso Ricciardo, con trabajos en su monoplaza, que usaba la primera MGU-K del año tras el fallo de la pieza en Mónaco, a fin de intentar evitar una penalización. Comenzó fuerte el australiano en los tiempos y acabaría, de hecho, tercero en la sesión. Pero como si de Mónaco se tratase, era Verstappen el que dominaba la tabla con un 1'13''302 que sólo Lewis Hamilton podía replicar –a 0'088 segundos por detrás–, en el que es uno de sus circuitos fetiche, con seis victorias en su haber. Más problemático fue para los Williams: el local Lance Stroll probó el Muro de los Campeones y pinchó la trasera derecha, mientras Sergey Sirotkin golpeaba de espaldas con el muro de la Curva 6. Duros, al menos, los monoplazas ingleses, que requirieron pocas labores de reconstrucción.

Así que las miradas se centraron en la segunda sesión. La mayoría de pilotos optó por el superblando y el blando como neumáticos para realizar las simulaciones de carrera, centrados en encontrar el rendimiento con los que, obviamente, eran los neumáticos a valorar. El hiperblando estaría en juego, al ser el neumático de clasificación, pese a que los tres mejores equipos intentasen valorar si con los más duraderos podrían pasar a la tercera ronda. Podría ser clave en una carrera que, salvo sorpresas, sería a una única parada, como en Mónaco y que, por lo tanto, premiaba el conservar la posición en pista más que las variables estratégicas, con la salvedad de que aquí se podía adelantar.

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Sebastian Vettel no comenzó la sesión hasta pasada media hora, debido a un impacto con el muro en la primera sesión. No había sido demasiado fuerte, pero lo suficiente como para dañar ligeramente la suspensión delantera y provocar un trabajo minucioso. Pero antes de que saliese a pista, otro Renault tomó la decisión de parar la sesión de nuevo. Esta vez fue Carlos Sainz y no por un fallo en el coche sino de pilotaje, a la salida de la Curva 7, una difícil de derechas en tracción para una recta. El español perdió la trasera e impactó con ella en el muro, esparciendo piezas por el asfalto, pero pudiendo volver a boxes: ya no saldría de allí. Mientras tanto, Ricciardo seguía con sus mecánicos trabajando en el coche tras rodar poco al principio de la sesión: sólo volvería a rodar a falta de 20 minutos. Poco rodaje para el piloto australiano en ambas sesiones y sí muchas comprobaciones. Y algo de presión, aunque se colocase al final tercero a 0'405 segundos de su compañero.

La presión de que su compañero de equipo era el que dominaba de nuevo los tiempos, ahora con un impresionante tiempo de 1'12''198. Absolutamente preciso el holandés en el primer día del Gran Premio y fiel a su estilo. Si alguien espera que lo cambie, que espere sentado. Max será Max hasta las últimas consecuencias, aunque reconozca que debe ser más fino. Justo lo que estaba haciendo. El Red Bull se comportaba bien en un circuito en el que la velocidad es importante, pero la tracción también. No desentonaba el Ferrari en las manos de Räikkönen, con un segundo tiempo a 0'130 segundos de Max. Más problemas para Vettel, quinto a 0'787 segundos, con quejas en la estabilidad del coche, algo que a buen seguro –como viene siendo norma este año– el equipo solucionaría para el día siguiente.

Pero lo interesante era la opción de los Mercedes, agazapados en su velocidad pura. Porque Hamilton usaba el superblando para lograr el cuarto mejor tiempo, a unos interesantes 0'579 segundos del mejor tiempo: con el más prestacional estaría a la par o por encima de Verstappen. Algo más extraño el tiempo de Valtteri Bottas con el ultrablando, cerrando el grupo cabecero a 0'863 segundos, y por lo tanto, con margen de mejora. En un circuito en el que el motor suma mucho, era interesante ver a los Haas de nuevo en liza, con Romain Grosjean séptimo pese a atropellar a una de las famosas marmotas que pueblan la pista, aunque Kevin Magnussen estuviese más atrás. Ojo avizor además con Charles Leclerc, 11º, pero muy rápido y a tan sólo 0'020 segundos del décimo, Fernando Alonso. ¿Entrar en la Q3? No, pero la Q2 se abría como opción seria para ambos C37 gracias al empuje de su motor, con Marcus Ericsson 15º.
Hacia el final de la sesión, Stoffel Vandoorne tocaba el muro a la salida de la Curva 9, camino de la horquilla y se veía obligado a parar con la suspensión trasera derecha rota. El belga sigue en un estado de forma extraño, sin mostrar todo el potencial que tiene y que fue tan claramente visible en la extinta GP2. Aunque sostiene que está a la altura de su compañero de equipo, no acaba de demostrarlo y empiezan a expresarse dudas en la rumorología del paddock. Los Williams, pese al motor Mercedes, seguían siendo los últimos. Malas perspectivas para el canadiense Stroll, que no tenía el material para lucirse en casa.


SÁBADO

La tercera sesión de libres se limitó a probar opciones de neumáticos de cara a la clasificación. Ferrari se mantuvo estática con el hiperblando: los otros compuestos estaban ya sobradamente analizados, y se buscaba la velocidad y una posible durabilidad del neumático.

Mercedes y Red Bull, sin embargo, empezaron con los ultrablandos, con la mirada puesta en la Q2, y la posibilidad de superarla con este compuesto. Y aunque Vettel empezaba siendo el más rápido, los tiempos de los Mercedes con un compuesto más duro sugerían una mayor velocidad una vez colocado el ultrablando.

Al hacerlo, sin embargo, ninguna vuelta fue del todo limpia, especialmente para Hamilton, pero el problema no radicaba ahí, sino en que el neumático más prestacional no encajaba en las necesidades del monoplaza plateado. La temperatura no llegaba a subir lo suficiente y al final de la vuelta, el neumático estaba agotado, además. Algo que no le sucedía en absoluto a los Red Bull, hasta el punto de que Max Verstappen se hizo con el primer lugar con un tiempo de 1'11'599, pero con los Ferrari absolutamente encima: Vettel a 0'049 segundos y Räikkönen sólo dos milésimas más lento que su compañero en tercer lugar. Es cierto que Hamilton no estaba lejos, cuarto a 0'107 segundos, pero tras él se abría un hueco de medio segundo.

Los Haas, en manos de Grosjean, mantenían la compostura del viernes, pero aparecían unos Force India muy rápidos. Los pilotos españoles tenían una sesión complicada, fuera de los diez primeros puestos. Esperaban más velocidad y ritmo más tarde, pero especialmente en el caso del McLaren parecía no haber una especial confianza, aunque Vandoorne estuviese en décimo lugar, salida de pista incluida.

La clasificación comenzó con sorpresa. Una fue que Pierre Gasly detectó con su motor Honda de nueva especificación en la tercera sesión y tuvo que volver al motor antiguo, lo que le dejó en 16º lugar, aunque muy cerca del McLaren de Vandoorne. Volvería a cambiar de motor antes de la carrera y partiría penúltimo. La otra gran sorpresa tuvo lugar en forma de nube de humo. El Haas de Grosjean tomó el carril de boxes pero su motor explotó estrepitosamente. Fin de una sesión que ni había empezado y pérdida de una buena oportunidad de destacar.

Los Ferrari comandaron con mucha solvencia esta primera sesión, Vettel aventajando en sólo 0'015 segundos a su compañero de equipo, con un tiempo de 1'11''710. La igualdad en ambos pilotos era impresionante y vaticinaba una lucha a dos por la Pole, con permiso del resto. Un resto que encabezaba Hamilton, que pese a un error en la Curva 5, supo redirigir sus intentos, aunque se quedaba a 0’125 segundos. Extrañamente lejos Ricciardo, al que la falta de rodaje y por tanto, de un reglaje más afinado, le perjudicaba: estaba sexto, pero a 0'749 del líder.

En la lucha por pasar el corte, los que sufrieron fueron los McLaren, en un mal augurio cuando esperaban superar la Q2 o al menos esa era su confianza. Alonso era 14º y Vandoorne, detrás de él, ambos muy cerca del tiempo de corte. Delante de ellos, Leclerc, que confirmaba así las buenas sensaciones de todo el fin de semana y volvía a pasar el corte, algo que empieza a no ser noticia. Los eliminados fueron Gasly, Stroll, Sirotkin y Ericsson. Grosjean, desde el minuto uno.

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La segunda ronda vio el juego estratégico entrar en liza. Y esta vez sí, tanto los Ferrari como los Mercedes lograron pasar con el neumático ultrablando, a diferencia de unos Red Bull que tuvieron que hacer uso del hiperblando para estar tranquilos. Vettel intentó un tiempo con el hiperblando al final de la sesión –seguramente no lo hubiera mejorado–, pero el abundante tráfico le hizo abortar antes de comenzar su vuelta. La sesión la lideró Ricciardo con un tiempo de 1'11''434, y a partir de ahí, en sólo tres décimas, los seis pilotos de punta: Verstappen, Bottas, Vettel, Räikkönen y Hamilton. La lucha para el resto.

Y ese resto eran los Renault y los Force India, con ambos pilotos de las formaciones pasando el corte con mucha facilidad. Cinco equipos claramente diferenciados a los demás. Y ni estos los lograba dominar McLaren. A las puertas de pasar se quedó Magnussen, seguido de un brillante Brendon Hartley, en 12º lugar. Y luego, Leclerc, en una demostración de que coloca su monoplaza más allá del lugar que le corresponde. Superó de manera brillante a los dos McLaren, en un circuito en el que la confianza de ir hasta el límite todavía se premia.

Alonso era 14º, con Vandoorne, esta vez, sí muy cerca de su compañero: sólo nueve milésimas, en un recordatorio a todos –pese a lo vivido durante el año y experimentado durante el viernes– de que a el belga mantiene su espíritu intacto. El McLaren-Renault, sin embargo, mantiene su mediocridad en un circuito que no requiere grandes virtudes aerodinámicas, pero sí de tracción. Algo falla profundamente.

La tercera sesión no tuvo color. O mejor dicho, tuvo uno sólo. El rojo del Ferrari número 5 de Vettel. Su primer intento ya le habría dado la pole: 1'10'776, poco por delante de un espectacular Bottas. Tanto Kimi como Lewis se quedaron descolgados, más preocupante en el caso del inglés dada su relación con este circuito. Pero Vettel no tenía suficiente, sabía que podía sacar algo más a su monoplaza y en una vuelta todavía mejor, rebajó 12 milésimas su tiempo: 1'10''764 para marcar la Pole definitiva. Una Pole un tanto inesperada, sorprendente en una pista Mercedes.

Räikkönen debía cerrar la primera línea roja, pero a la salida de la segunda curva, se abrió demasiado, pisó la hierba y perdió todo el impulso. Fin de la partida y otra oportunidad perdida en manos del último campeón del mundo con Ferrari, que partiría quinto. Otro que debía reponerse era Hamilton, pero su Mercedes no estaba en forma: aunque mejoró su registro, acabó viéndose superado por un impecable Verstappen, sin errores en todo el fin de semana. Tercero a sólo 0'173 de Vettel y con el hiperblando para la salida frente al Poleman y Bottas. Perdido también Ricciardo, sin nada reseñable, sexto sin poder poner en verdaderos aprietos a un errático Räikkönen. La carrera debería ser otra cosa para el australiano.

Para cerrar el grupo de diez primeros, Hülkenberg, que tan mal comenzó el viernes, se colocaba séptimo: un Renault superando a la potencia del Force India, en este caso el de Esteban Ocon, que defendió los colores de su equipo frente a un lento Sergio Pérez, décimo, pero muy lejos de los demás y sin poder empalmar una vuelta redonda. Noveno sería Sainz, superado de nuevo por su compañero de equipo, pero ratificando su buena forma al estar por séptima vez –de siete posibles– entre los diez primeros.

Así que Sebastian se hizo con una Pole inesperada –la 54ª de su carrera– en un circuito en el que no debía lograrla. Lo cierto es que habla muy bien del Ferrari, que mantiene su buena forma y responde a las mejoras introducidas. Lo mejor para el alemán era que su ritmo de carrera era mejor que el de los demás, no por mucho margen, pero la velocidad estaba ahí. Con Hamilton en cuarto lugar, esta era una oportunidad magnífica para recuperar mucho terreno. Pero tenía dos problemas: uno llamado Bottas, y otro Verstappen. Y una primera curva que es un embudo. Un panorama emocionante de cara a la salida del domingo y que abría el abanico de posibilidades enormemente. Sin previsibilidad ni aburrimiento.

 

DOMINGO

Un día radiante se abrió con Jacques Villeneuve a bordo del Ferrari de su padre, recibiendo el fervor de un público apasionado y conocedor, el sonido del bóxer V12 retumbando por un trazado casi idéntico al de hace cuatro décadas, cuando una victoria más que necesaria salvó quizás la carrera futura de un Gilles Villeneuve bajo el ojo escrutador de todo el automovilismo. No era la misma situación, pero otro piloto con apellido comenzado por V, Vettel, precisaba de una victoria que sanase la sensación de ir perdiendo el ritmo al Campeonato, más por cuestiones ajenas que fallos propios. Así que ahí estaba, en un circuito en el que el coche de seguridad suele hacer acto de presencia, concentrado en aprovechar su pole position.

Y no sólo la aprovechó en cuanto se apagaron los semáforos, sino que llegó a la peligrosa primera curva con una clara ventaja. La precisión en el momento de aplicar el acelerador al punto en el que el embrague se suelta fue inapelable: nada de derrapaje, sólo tracción hacia el liderato. Todo lo contrario para Bottas, con una salida más titubeante desde la zona sucia en segunda posición, pasando de amenaza a amenazado por un incisivo Verstappen que, conjugando zona limpia con neumático hiperblando, podía verse en segunda posición. El interior de la primera curva era suyo, pero a su lado, insurrecto y luchador, el Mercedes de Bottas aguantando el paralelo para tener la ventaja en el caracoleo de la segunda curva. Hecho. Posición salvada y una mancha roja muy lejana, a más de un segundo en pocos metros.

Ricciardo mezcló los conceptos de Verstappen y Bottas en la salida y atacó a Räikkönen, correcto pero no espectacular en la salida. Daniel sí lo estuvo, pero en vez de al interior, protegido por el Ferrari, se fue al exterior: la vía Bottas pero al ataque. Kimi no se percató de la llegada del Red Bull y cuando quiso reaccionar era tarde: la posición, en este caso, estaba perdida frente al australiano, que estaba dispuesto a enmendar su difícil fin de semana. Aunque Kimi trató de asfixiarlo, ya era tarde. Delante de ellos, casi anodino, en cuarta posición, Hamilton.

Las curvas del Gilles Villeneuve son traicioneras. 20 monoplazas tienen que transitar por chicanes continuas en una salida y eso suele ser motivo de encuentros poco agradables. En esas estaban Hartley y Stroll a la salida de la Curva 4, en paralelo, con Stroll atacando a Hartley, que se iba a la hierba en la aproximación a la Curva 5. Y se desató el caos en el mismo punto en el que Olivier Panis tuvo un pavoroso accidente en 1997 con el Prost, rompiéndose las piernas. El Toro Rosso y el Williams estaban demasiado cerca, y bastó un ligero sobreviraje en el coche de Stroll para que se llevara a Hartley contra el muro. El Toro Rosso se encaramó a las protecciones y cayó encima de la rueda delantera izquierda del Williams, ambos unidos hacia las protecciones exteriores de la curva 6: fin de la carrera para ambos, sin consecuencias tras un duro accidente.

Todo caos en F1 provoca, como mínimo, el coche de seguridad, que hizo acto de presencia para disgusto de Vettel, atento a cualquier movimiento detrás de él tras perder una interesante ventaja inicial. Pero sólo Vandoorne, con un pinchazo por los restos del accidente y Ericsson, pararon en boxes. Todo seguía en orden. Y de hecho, al relanzarse la carrera en la Vuelta 5, Sebastian respiró dentro de su casco al mantener la primera posición. Para otros los problemas, como Sainz, que atacado por Pérez en el exterior de la primera curva, tuvieron un contacto que envió al mexicano fuera de pista, a la que regresó 14º. El resto seguía en orden. Así que Sebastian puso metros de distancia vuelta a vuelta, mientras Bottas se defendía de Verstappen, al que pronto sus hiperblandos le irían dejando sin tanto empuje. De hecho, sería el propio equipo el que se lo pidió para intentar alargar algo más su momento de parar en boxes.

Y mientras Vettel era líder, Hamilton tenía problemas de calentamiento en su unidad de potencia, con un rendimiento por debajo de lo esperado. Se le juntaban demasiadas cosas al líder del Mundial en un circuito que le encaja como un guante. Tales fueron los problemas, que en cabeza fue él el que abrió el turno de paradas, en la vuelta 17. Pero Mercedes lo hizo con tanta antelación que permitió a Red Bull imitarles y llamar a Verstappen, salvando un hipotético –pero improbable– adelantamiento gracias a la parada. Mantuvieron sus posiciones, mientras a Red Bull se le abrió la posibilidad de superar a Hamilton por estrategia. Ricciardo enlazó una vuelta un segundo más rápida que la de Hamilton en la entrada en boxes, a lo que había que sumarle un error del tetracampeón a la salida de boxes, con lo que cuando Daniel paró en la vuelta 18, salió justo delante de Lewis, que caía a quinto.

Mientras tanto, Alonso había aprovechado las circunstancias para estar nuevamente en la zona media de la parrilla, pero detrás de un impresionante Leclerc, aquejado desde muy pronto por problemas de frenos. Pero el monegasco era un auténtico titán en la defensa de lo que llegó a ser un séptimo lugar, pese a los intentos de Alonso. Era extraño, pero difícilmente iba a adelantar al Sauber si no era por estrategia. Así que se detuvo en la Vuelta 19 y para cuando Leclerc lo hizo en la siguiente, perdió la posición por muy poco. Aunque intentó resistir el ritmo, a las pocas vueltas ya estaba fuera de la zona de DRS, aunque nunca más allá de los 2'5 segundos.

En cabeza, el juego estratégico. Vettel y Bottas con los mismos ultrablandos. El juego del gato y el ratón, con una distancia que había llegado a los seis segundos como máxima. Aguantar lo máximo para no ceder la posición en pista, esa era la máxima en Ferrari, que de hecho avisó de tal extremo a su piloto vía radio de forma codificada. Nada de volver a entrar en boxes y quedar a la suerte de una incidencia que les hiciera perder la carrera ante un Bottas más lento, pero que cazase la oportunidad. De hecho, Vettel era más rápido que algunos pilotos con ruedas nuevas y ello pese a un bloqueo de ruedas en la horquilla en la vuelta 25, que hizo que Bottas se fuera acercando progresivamente. Pero en el monoplaza número cinco había sólo precisión y concentración y abrió el hueco a los cuatro segundos. En un riesgo potencial, aunque escaso. Espera. Espera. Sin errores. Mientras que Bottas, por detrás, era lo contario: aprieta sin excederte, acércate cuanto puedas sin maltratar los neumáticos. Espera. Ve más lejos. Puede girar la fortuna como el viento en el cercano río San Lorenzo.

Pero fue Bottas el que tuvo que ceder y paró en la Vuelta 38. Los neumáticos habían rendido el alma y Verstappen empezaba a ser una amenaza potencial. Por esta vez, Mercedes tenía que dejar ir a la presa en la distancia. Ferrari, obviamente, llamó a la vuelta siguiente a su piloto a los boxes, neumático superblando, y hasta el final. Manteniendo el liderato sin ningún tipo de angustias. Sólido. Bien gestionado. Bien pilotado. Vettel en su cumbre. Poco después, un piloto que debería estar luchando en esas plazas, reportaba el poco sorprendente problema: Alonso, en la vuelta 42, tenía un problema en el ERS, recalentado por la rotura de un escape, y su motor entraba en modo de seguridad. Arrastrándose con lentitud por la pista hasta los boxes, pensando ya en esta semana de ilusión que para él es Le Mans, lo único que le motiva en este año que se anunció con fanfarrias como competitivo y que se observa con realismo como triste. Lo predecible no es la F1 de estos días, como dice Fernando, sino que McLaren no levanta el vuelo en su rendimiento. Y eso es inaceptable.

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La carrera estaba estabilizada –aburrida según otros–, con pocas peleas salvo la remontada de Grosjean, que llegó a adelantar a su compañero de equipo desde el fondo de la parrilla, o la tensa lucha de los Renault en la séptima y octava posición, vigilando a su vez a un Ocon con menos ritmo pero irreductible en su intento de mantenerse en la lucha. Eso era hasta que en el último cuarto de carrera, Bottas empezó a subir el ritmo para poner en aprietos a un muy constante Vettel, ventaja que se iba reduciendo hasta bajar de los tres segundos ante la impasibilidad de Sebastian. Pero Valtteri, quizás enaltecido en su ataque, cometió un grave error al doblar a Sainz en la Vuelta 56, midió mal la frenada en la Curva 1, y se fue un poco largo, lo justo para invadir el césped, verse desdoblado por Sainz, y alejado definitivamente a Vettel. Un Vettel que, para dejar claro que no era posible acercarse, marcó la vuelta rápida de carrera poco después. Por si a Valtteri se le volvía a ocurrir intentarlo. En este día, el Ferrari tenía mucho guardado en su rendimiento.

Así que Bottas pasó de atacar a ser atacado por Verstappen, que olió la posibilidad. Inversamente, Hamilton hacía lo propio con Ricciardo, que tenía que controlar su carga de energía y su uso. Pese a que ambos se acercaron a sus predecesores, incluso usando el DRS, les fue imposible inquietar seriamente, con algún intento de adelantamiento, a sus rivales. Quizás esa supuesta falta de acción –desde la vuelta 48 no hubo ni un cambio de posición– llevó a los responsables de la FIA a entregar a una modelo canadiense, Winnie Harlow, conocida por su despigmentación de la piel –o vitíligo–. La modelo, por indicaciones de terceros, agitó la bandera de cuadros en la vuelta 69. Vettel informó de eso a su equipo, que le advirtió de dar un giro más, mientras la modelo seguía agitando la tela ajedrezada y haciéndose fotos de espaldas a la pista, una circunstancia lamentable en la que seguramente se pretendía por algún gurú de mercadotecnia el combinar el blanco y negro de la bandera con el de su piel. Liberty Media debería dejar de lado estas cosas, la FIA oponerse y dejar en manos de comisarios y directores de carreras las funciones que son propias de profesionales, no de famosos. Por suerte, nada se vio afectado, salvo que el Gran Premio fue declarado finalizado con 68 en vez de 70 vueltas.

Poco le importaba a Vettel, que lograba el medio centenar de victorias en su palmarés de manera brillante y rotunda, con Pole, victoria y toda la carrera liderada –sólo se le escapó la vuelta rápida por culpa de Ricciardo–. Para mayor dulzura, mientras bajo sus pies se desplegaba la típica marea roja que invade este circuito, recuperaba el liderato del Campeonato del Mundo por un punto frente a Hamilton. Testimonial, pero sanador del ambiente en la Scuderia –no es que fuera malo, pero sí frustrado–. Y lo mejor de todo, en un circuito clásicamente Mercedes y específicamente de Lewis, lo que demostraba las bondades de su monoplaza, que sigue progresando con un trabajo sordo pero efectivo, pese a las denuncias de otros equipos y las intensivas averiguaciones de la FIA. Quizás un indicativo claro de la preocupación reinante en una Mercedes que había tenido que posponer la llegada de su nuevo motor.

Con todo, Mercedes salvaba los muebles con el segundo puesto de Bottas, muy rápido y constante todo el fin de semana, volvió a sacar lo mejor del coche en aquellos días en que Hamilton no está a gusto. Es un dato curioso, pero que se repite de manera periódica. Porque para Hamilton este Gran Premio fue un calvario en el que ni siquiera pudo retener el cuarto puesto inicial, ni plantar pelea a nadie de manera convincente. Rodó, lo hizo bien, no cometió errores y sumó puntos valiosos, pero poco más que destacar en un día gris para el inglés. La mirada puesta en un campeonato largo y que técnicamente va a empezar de cero en el grueso de la temporada europea.
El bálsamo para Verstappen y su tercer puesto, segundo podio del año tras España, en un momento en el que las críticas arrecian con más fuerza que nunca en su carrera. Como decíamos, justo en el Gilles Villeneuve. Una carrera sólida, bien gestionada, al ataque pero sin errores de ningún tipo. Y con el aliciente de que Ricciardo, perdido durante un difícil fin de semana, tuvo que hacer uso de sus reglajes para encontrar un camino correcto, del que se benefició para ser un muy buen cuarto clasificado. Más anodino, sin empuje, Räikkönen, con un sexto lugar que podría haber sido un tercero si hubiera podido encontrar la velocidad necesaria para realizar una estrategia que, números en mano, le permitía haber podido poner en apuros a Max, y sin duda a Daniel y Lewis. Pero se desinfló.

Gran resultado para los Renault, neta cuarta fuerza en esta pista pese a ser doblados, por lo que se mantiene ese agujero negro de rendimiento entre el sexto y el séptimo en esta F1. Hülkenberg y Sainz estuvieron rodando juntos toda la carrera, con el español esperando una oportunidad que no iba a llegar de la mano de su compañero. Ambos sólidos y rápidos, con la mejora en el motor que, aunque ligera, funciona. Una fuerza que crece con pasos muy seguros. Noveno fue Ocon, con una carrera de talento en la que evitó descolgarse de los Renault, que no eran rivales para él en la distancia de carrera. Lástima que Pérez cometiese un error con su toque con Sainz, del que pidió bandera negra para el español, porque podrían haber puntuado ambos. No obstante, el mexicano fue valiente y fue a una estrategia de dos paradas, que no funcionó.

Las palabras empiezan a escasear ante el talento natural de Leclerc, que con uno de los peores coches de la parrilla ha logrado ya puntuar en tres de siete carreras y empieza a ser un habitual en la segunda ronda de la clasificación. Lo llamativo es que no es por las circunstancias de carrera, sino por constancia y velocidad. Su defensa con Alonso fue brillante, su gestión del problema de frenos estuvo a la altura de lo que se espera de un experimentado piloto de F1, y no contento con ello, dobló a su compañero de equipo, con el mismo coche. Actuación sin paliativos y mensaje para algunos que han pretendido criticar la valía de un piloto sereno, maduro y eficaz, que llama a gritos desde el silencio de su casco a las puertas de Ferrari. Una Ferrari que debería, como hizo con Gilles, arriesgarse en la decisión obvia de considerar a su protegido para sustituir a Räikkönen. No se puede permitir dejar pasar a otro Jules Bianchi.

Fuera de los puntos, Gasly, de penúltimo en parrilla a 11º, y no lejos de Leclerc. La mejor noticia para él es que fue capaz de adelantar con un motor Honda evolucionado a otros con motores Ferrari o Renault, propulsor al que los japoneses consideran haber llegado con esta mejora. El francés es otra joya que se asienta cada vez más en su posición de futuro: si Ricciardo abandona Red Bull, Gasly tiene todos los números. Tras él, Grosjean, con una carrera meritoria desde la última posición y que deja entrever un hipotético resultado en los puntos de no haber tenido el problema de motor en la clasificación. Mal día para Haas en un lugar que podía beneficiarles.

Tras Pérez y Ericsson, en 16º lugar, Vandoorne, único McLaren en meta. Un fin de semana agridulce para el belga, que hizo una buena clasificación en relación a su compañero, pero fue incapaz de sostener un ritmo que le permitiese luchar por posiciones más adelantadas. Seguramente con Alonso lo hubieran estado, pero no en los puntos. Se apunta a un difusor que no entonaba con las particularidades del trazado canadiense. Pero la realidad golpea con crudeza en la puerta de Woking, que ya no engaña a nadie con sus problemas generalizados. Zak Brown, mientras tanto, se quiere embarcar en múltiples proyectos –Indycar, Le Mans–, quizás con la esperanza de no perder a Alonso, pero con la sensación de que pueden cumplir con el dicho tan español que reza que 'el que mucho abarca, poco aprieta'. Los problemas, uno a uno. Y cuando tienes uno tan grande, mejor destinar todos tus esfuerzos en solucionarlo. O corres el riesgo de acabar como Williams, que fue la última otra vez de la mano de Sergey Sirotkin.

Carreras aburridas, un mundial predecible. Una cantinela que habría que explicarles a los tres mejores equipos, embarcados en una pelea frenética por mantener la hegemonía, mejorar, superar a sus rivales y ganar. Porque cuando uno gana, pocas cosas son aburridas. Tenemos a una Ferrari a la par de Mercedes, a veces una delante de la otra, y a unos Red Bull en clara mejora que están metidos en la pelea de cada fin de semana. Tres equipos, seis pilotos, muchas opciones. La F1 es intrínsecamente emocionante, sin necesidad de artificios ni paros cardíacos en cada vuelta. Sólo así se puede paladear con mayor placer una carrera loca y vertiginosa. Como las que siempre nos regalaba Gilles. Salut.

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36 comentarios
Imagen de Blacklabelbiko
Nuevas felicitaciones para JMV.. y van?? Un placer leerlo.
Imagen de Sebas
Como siempre, Felicidades, no hay mas que decir.
Imagen de Raulos
Fe de erratas: "Esto lo sé..."
Imagen de bourne
Solo una corrección si se permite, alonso no adelanto a leclerc por estrategia, de hecho cuando el sauber hizo su parada salió por delante de Fernando, fue poco después de la parada cuando alonso adelanto en pista a leclerc
Imagen de Raulos
Sobresaliente artículo, con la dosis justa de emoción y siempre objetivo. Es verdad lo del párrafo final, para los tres equipos punteros no deja de ser emocionante la carrera. en 70 vueltas todo puede pasar, como el hecho de que se "termine" a 68 del final por un error involuntario de una modelo. Por motivos de fuerza mayor no pude ver en directo y me toco esperar al lunes en la noche para ver la carrera en diferido, sin conocer el resultado, para poder "sufrir" esas 70 vueltas. Ganó Ferrari-Vettel, pero no estaba en ningún momento ni aburrido, ni tampoco tranquilo. Hasta el banderazo final... la carrera no ha terminado. Eso lo se desde hace mucho. Saludos y felicitaciones de nuevo JMV.
Imagen de speedtrap
Siempre el Sr.Vinuesa con la palabra justa poniendo todo en su lugar. Felicitaciones nuevamente. Otros editores periodistas ingenieros y demas que escriben por aqui o hacen videitos siempre con la misma cantinela deberian aprender de este Sr. Un autentico amante de la f1.por encima de personerias fanatismos.favoritismos y falsos nacionalismos. Un ejemplo.Comparto todo y esta f1 no es aburrida como sentencian los fans de la.formula alonso.

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