En el 20º aniversario de su fallecimiento

Fangio: etapas previas del Chueco

Las victorias y la evolución del pentacampeón antes de triunfar en la Fórmula 1

AmpliarFangio con Steve McQueen - LaF1Fangio con Steve McQueen

Hay nombres y personas que caen por sí solos, pero a veces la persona sobrepasa el umbral del simple nombre y se transforma en algo más. En un mundo cada vez más globalizado y en el que la información se puede encontrar en 30 segundos, se hace difícil “pasar a la historia”, formar parte del historial colectivo. Cuando el personaje traspasa la sencillez del nombre y se adentra en la figura de la que la gente habla. 

Es entonces cuando se podría hablar de la categorización de mito, utilizada con demasiada frecuencia. No es este el caso: Juan Manuel Fangio es uno de los nombres más conocidos del mundo del motor, incluso para los que no son aficionados a las carreras.

Se cumplen 20 años del fallecimiento del “Chueco”, apodo que recibió por tener una pierna izquierda más arqueada. En Argentina, Fangio es sinónimo de automovilismo y su mención invita a recorrer una historia llena de esfuerzo, competición, prestigio, rivalidades, victorias y un sinfín de homenajes. 

Nacido en 1911, era hijo de inmigrantes italianos, llegados desde Europa como tantos otros en busca de un futuro más próspero. Siendo el cuarto de seis hermanos, compaginó los estudios con el trabajo en herrerías y talleres de Balcarce.

Fangio permaneció relacionado con el mundo de la automoción pero sin llegar a competir por sí mismo durante su juventud. En Ford aprendió las partes de un motor y en Studebaker le enseñaron como montarlo. Con 16 años se compró su primer coche, un Overland, con el pago de sus salarios, pero una enfermedad lo apartó de cualquier actividad durante un año. Al volver, practicó fútbol y boxeo.

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José Duffard, Fangio, Francisco Cavallotti y Bernardo Duffard 

 

El comienzo de Fangio en la competición fue como copiloto. Realizó dos carreras en 1929 y 1930, siendo segundo en su debut junto al piloto Manuel Ayerza. Una neumonía le volvió a dejar en cama hasta que pudo realizar el servicio militar. Al volver, construyó un taller junto a su amigo José Duffard, en un terreno que le había cedido su padre y que estaba situado delante de la casa familiar. Más tarde se incorporaron Bernardo Duffard, hermano de José, y Francisco Cavallotti, conocido en el fútbol, que aportó un camión. Dicho taller se trasladaría en 1934, dos años después de su apertura, con el objetivo de plantear seriamente el asalto a la competición.

Después de dos años de preparación, Fangio tomó parte en sus dos primeras carreras como piloto en 1936 al volante de un Ford A, con desigual fortuna: en octubre, iba tercero en el circuito de Benito Juárez cuando tuvo que abandonar por culpa del fallo de una biela, que se fundió. Y en diciembre, ni siquiera pudo participar en el Premio de Gonzáles Chaves, ya que fue descalificado por llegar tarde al circuito. En ambas carreras compitió con el pseudónimo “Rivadavia”, en homenaje al club de fútbol con el que jugó.

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Un Ford V8, el primer vehículo que Fangio compró 

 

Su tercera carrera sería al año siguiente, al volante de un Buick 8 prestado. Al comenzar, la palanca de cambios se le quedó en la mano, pero solucionó el problema fijando el cambio en la tercera velocidad con la ayuda de un destornillador. De nuevo tuvo que abandonar, en esta ocasión por golpear contra una alcantarilla.

De cara a 1938, Fangio compró un Ford V8 de importación con motor actualizado y un chasis con cuatro años de antigüedad. En el Premio Ciudad de Necochea, el “Chueco” quedó quinto en la clasificación y fue tercero en su serie, una carrera más corta que define la parrilla para la Final. A pesar de su rapidez inicial y de su adaptación, finalizó séptimo. También compitió en el Premio de Tres Arroyos, dónde acabó octavo después de que la carrera se suspendiera por culpa de un accidente mortal. Finalizó su carrera con el Ford V8 al año siguiente, en el llamado Circuito del Bosque.

Es también en 1938 cuando debutó en el Turismo Carretera, por entonces en sus inicios caóticos y en sus pruebas de carretera abierta. Su primera carrera en el TC fue el Gran Premio Argentino de Carretera, celebrado en octubre. Fangio ejerció de copiloto de Luis Finocchietti, piloto también originario de Balcarce, pero fue el “Chueco” quien condujo la mayor parte del tiempo. Acabaron séptimos.

Ya en 1939, Fangio disputó tres citas del Turismo Carretera en un Chevrolet Coupé Master. Acabó vigésimo segundo en Concordia, prueba interrumpida por la lluvia y el barro. Pero en el Gran Premio Extraordinario, la repesca del Gran Premio original interrumpido en Concordia, fue Fangio quien lideró la escuadra Chevrolet, hasta que un accidente le dejó en el quinto puesto al final de la carrera.

1940 fue el primer año triunfal para el piloto de Balcarce. Consciente de que los éxitos deportivos podrían dar mayor prestigio al taller familiar, Fangio decidió prepararse para ganar. Se presentó al Gran Premio Internacional del Norte, una carrera de dos semanas de duración, con un Chevrolet 1940 obtenido en una rifa. En un viaje que le llevaría desde Buenos Aires a Lima, Fangio ganó la carrera, comprando el coche con el dinero ganado y proclamándose campeón del Turismo Carretera al final de la temporada.

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Fangio y su copiloto Tieri, campeones del TC en 1940 

 

No quedarían ahí las cosas. En 1941, Fangio repitió éxitos y ganó dos de las tres citas del Turismo Carretera de dicho año: las Mil Millas Argentinas y el Gran Premio Getúlio Vargas, cita no puntuable disputada en Brasil. Volvió a ser campeón con Chevrolet y ahí empezó la rivalidad con Oscar Alfredo Gálvez, piloto de Ford.

Siguió en el TC en 1942, pero acabó décimo; a pesar de eso, venció una de las etapas del Gran Premio del Sur y se impuso en la cita de Mar y Sierras. Poco después de su victoria, la actividad automovilística se paralizó en Argentina: la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial hizo que toda la producción se destinara a materiales bélicos, con la consiguiente escasez de los productos básicos. Fangio aparcó las carreras y se dedicó a recorrer el país durante años con una gran cantidad de neumáticos que instalar a vehículos de carga como única vía de supervivencia.

El “Chueco” regresó a la competición en 1946, logrando dos segundas posiciones en Morón y en Tandil, compitiendo con Ford T prestados. Al año siguiente hizo su debut en la categoría Mecánica Nacional con otro Ford T, apodado “La Negrita”, con el que ganó el Premio Ciudad de Rosario. Su victoria le dio derecho a participar en el Gran Premio, donde se enfrentó con los primeros pilotos extranjeros; Fangio acabó sexto, en una carrera dominada por Achille Varzi y Luigi Villoresi.

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El Volpi de Fangio en 2012 

 

Ese mismo año, decidió vender su Ford T y compró un Volpi como reemplazo, venciendo en el Gran Premio de Montevideo. En cuanto al Turismo Carretera, Fangio ganó la Doble Vuelta a la Sierra de la Ventana con su Chevrolet Master pero finalizó la temporada en tercera posición, por detrás de Oscar Gálvez y de Eusebio Marcilla.

Fangio ganó dos pruebas más en el TC de 1948: la Vuelta de Coronel Pringles, celebrada en febrero, y la Vuelta de Entre Ríos, disputada en abril. También consiguió tres victorias en Mecánica Nacional, en Palermo, Necochea y en el GP Ciudad de Mercedes, en Uruguay. Pero en ese mismo año se produjo el debut de Fangio en coches de Grand Prix, en el GP de Palermo, carrera en la que se retiró.

También llegaron los primeros viajes. Amédée Gordini, creador de la marca que lleva su nombre, invitó a Fangio a disputar dos carreras en Europa: la Copa de los Pequeños Cilindros (disputada con coches de Fórmula 2) y el Gran Premio de Francia. El argentino abandonó ambas citas, disputadas en el rápido circuito de Reims.

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El Simca-Gordini con el que Fangio debutó en Europa 

 

Pero entre la euforia por los resultados obtenidos y por el prestigio recibido, llegó la tragedia. El Gran Premio de la América del Sur, puntuable para el Turismo Carretera, empezó en Buenos Aires y finalizó en Caracas, dejando un recorrido de catorce etapas accidentadas y una cantidad ingente de problemas. Fangio comenzó con retraso y remontó ganando la quinta etapa, entre La Paz y Arequipa.

Alrededor del pueblo de Huanchaco (Perú), el piloto de Balcarce perdió el control de su Chevrolet en medio de la noche y cayó por un barranco, en un tramo disputado sin luz debido al miedo de un alzamiento militar en el país. El accidente le costó la vida a Daniel Urrutia, copiloto de Fangio.

Pero los disgustos pasaron pronto. 1949 acabó siendo el año de la consagración de Fangio como piloto de élite. Compitió en 20 carreras y ganó 11 de ellas. Afincado en Italia y corriendo con el equipo del ex piloto Achille Varzi, en un viaje costeado en parte por el Automóvil Club Argentino, Fangio se impuso en Pau, en Marsella, en el GP du Roussillon, en el GP de l’Albigeois y en el de San Remo, casi siempre con un Maserati. También ganó una carrera de Fórmula 2 en Monza, al volante de un Ferrari.

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Salida del GP de San Remo que Fangio venció 

 

Ascari, Villoresi, Farina, Bonetto, el Príncipe Bira, Étancelin, Sommer, Trintignant, Chiron, Stuck… Todos los grandes pilotos europeos cayeron ante el huracán de Balcarce, que recibió un sinfín de premios en su vuelta a casa. Los únicos que vencieron a Fangio ese año fueron los hermanos Gálvez. El “Chueco” no ganó ninguna carrera del TC pero acabó tercero, por detrás de Oscar y de Juan Gálvez, que lograría en 1949 el primero de sus nueve campeonatos.

Pero mientras los Gálvez decidieron hacer historia en Argentina, Juan Manuel Fangio abrió horizontes y expandió sus capacidades automovilísticas por el mundo. Ahí llegarían los episodios cumbre de la vida del “Chueco”: los duelos con Farina, Ascari y Moss, la victoria inicial con Alfa Romeo, el grave accidente de Monza, la consagración con Mercedes, la fuga hacia Ferrari, la victoria histórica en Nürburgring, la pérdida de los seres queridos en la pista, el respeto ganado en los circuitos, la retirada discreta, los innombrables homenajes y galardones recibidos, las películas realizadas en torno a su persona, la apertura del circuito que lleva su nombre, la creación del Museo, la participación en exhibiciones históricas...

Hace veinte años que Juan Manuel Fangio falleció, dejando tras de sí un legado indiscutible e inolvidable. Solo cabe recordar al mito como lo que fue: una persona sencilla, de origen humilde y trabajador, que sufrió en sus carnes la grandeza de la victoria y la amargura de la derrota. Así era el “Chueco”, el hombre y el piloto al que muy pocos se han atrevido a toser.

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