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El eterno debate de las escapatorias

AmpliarLa Parabolica de Monza, asfaltada - LaF1La Parabolica de Monza, asfaltada

En tiempos recientes, los circuitos del mundo han sufrido un proceso de transformación que comenzó con la llegada de Hermann Tilke y sus circuitos a la Fórmula 1. En un principio, los nuevos trazados contaban con unas amplias escapatorias de asfalto. Rápidamente se entendió que era el estilo del alemán y que ese era el tipo de circuito moderno. A fin de cuentas, cada época cuenta con un estilo diferenciado de trazados. No todos pueden pasar a la historia y no todos pueden ser recordados como grandes trazados. Pero poco a poco, como si de una epidemia se tratara, los demás circuitos se han ido contagiando.

Unas primeras escapatorias de asfalto en Sepang, unos cambios radicales en Hockenheim con escapatorias asfaltadas en la zona nueva y unos cambios terribles en el Circuit de Barcelona-Catalunya que ni dieron más oportunidades de adelantamiento ni mejoraron el espectáculo pero que sí destruyeron el ritmo de un circuito que fluía de forma mucho más natural en su último sector. Poco a poco, los circuitos se han ido volviendo más grises, tanto literal como metafóricamente. Cada vez los cambios eran mayores y más comunes.

A día de hoy, las escapatorias en curvas tan emblemáticas como Pouhon, Eau Rouge, la Parabolica o la 130R se han asfaltado. ¿Dónde está el riesgo? En parte, ha desaparecido y aunque era uno de los objetivos al cambiar la zona alrededor de la curva, el resultado no es el que se buscaba. Evidentemente, los cambios en los circuitos en tiempos recientes responden a un único objetivo; hacer las instalaciones más seguras. Si una escapatoria está asfaltada y un piloto se sale de pista, le es mucho más fácil volver a la trazada y evitar un incidente.

Esto evita que un coche se quede clavado en la gravilla -causando la salida de la grúa- y en el caso que no pueda evitar el golpe contra los neumáticos, el asfalto permite frenar de forma mucho más eficiente, reduciendo la velocidad y minimizando la fuerza del impacto. Por lo tanto se reducen los abandonos por salida de pista, se ayuda a que los pilotos no creen situaciones de peligro y se mejora la seguridad en caso de impacto. Todo ventajas, ¿no? Pues al final resulta que no exactamente.

Lo primero que se nota es que las carreras han pasado a ser algo más anodinas en algunas ocasiones pero sobre todo, se produce un cambio claro en el comportamiento de los pilotos. Ciertas curvas pasan a ser menos desafiantes puesto que un error que saldría caro en el pasado y podría causar un abandono, apenas acaba perjudicando al afectado en un par de segundos. Eso permite tomar más riesgos, ser más rápidos y que los errores tengan menos consecuencias. En cierta forma, reduce las diferencias entre los mejores pilotos y aquellos que se equivocan más a menudo.

Donde un piloto agresivo podía ganar una carrera y terminar fuera de carrera en las dos siguientes hace unos años, hoy en día son tres victorias. ¡Menudo cambio! En términos de seguridad es una ventaja pero en lo que se refiere al espectáculo y al deporte, seguramente hay algo que no funciona. Pero otro situación contraproducente es el aumento de los pilotos agresivos. En el pasado, un piloto demasiado agresivo en categorías inferiores no podía subir con las mismas garantías al considerar los equipos que su velocidad 'salía demasiado cara'. Hoy en día, con el riesgo eliminado en buena parte, todo cambia.

En categorías como la GP2, GP3 o Fórmula Renault 3.5 vemos cada día más pilotos particularmente agresivos. Se recompensa a quienes toman riesgos y el estilo de un piloto calculador que prefiere utilizar la cabeza tiene cada vez menos importancia. Más allá de hacer que lleguen pilotos más espectaculares a la Fórmula 1, esto tiene una influencia negativa en la seguridad de los pilotos. A más pilotos agresivos, más posibilidades de accidentes puesto que los jóvenes que llegan a la categoría reina no son tan conscientes de lo que un exceso puede acarrear ya que en muchos casos no han vivido las consecuencias.

Pilotos como Lewis Hamilton -sobre todo en su juventud-, Romain Grosjean en sus inicios o Pastor Maldonado son algunos de los ejemplos de cómo un piloto especialmente agresivo ha llegado a la Fórmula 1 y se han subido al podio tomando unos riesgos que hace 15 o 20 años podrían haberles dejado como una mera curiosidad en la Fórmula 3000 -o puede que no, pero serían pilotos distintos-. Los potenciales accidentes entre dos o más monoplazas se convierten en un problema importante que viene por unos pilotos acostumbrados a conducir de forma más agresiva y por unas escapatorias que "castigan" poco los excesos.

Adicionalmente, los pequeños badenes que se están empezando a utilizar para disuadir a los pilotos de usar el asfalto en exceso no están consiguiendo todo lo que se proponían. En algunos casos, los pilotos siguen abusando de los ya famosos 'track limits' mientras que en otros, se considera que estos badenes son peligrosos por poder lanzar los coches por los aires... y se eliminan -como por ejemplo el de la Eau Rouge durante el pasado Gran Premio de Bélgica-. Está bien que la FIA reconozca un error y reaccione pero... debería haber reacciones en otros frentes, también.

¿Qué pasa si un piloto pierde el control del coche en pista y va a parar a la escapatoria de asfalto? Si el monoplaza se ha quedado sin frenos, sin dirección o sin agarre por una rotura de un alerón, frenar se convierte en una odisea. Aunque las escapatorias actuales funcionan de maravilla si todo va bien, sólo hace falta que un elemento importante falle y se convierten en algo peligroso. La gravilla tenía -y tiene- la ventaja de que reduce con relativa facilidad la velocidad de un coche que ha perdido el control. Aunque no tanto como el asfalto si el piloto puede frenar con normalidad, claro.

¿Cómo se resuelve esta situación? Seguramente no hay una forma ideal de hacerlo. No existe una solución milagrosa. De ahí que haya disparidad de opiniones. Lo que está claro es que una escapatoria completamente de gravilla no va a volver en ciertas zonas: sería demasiado peligroso. Pero mantener unas escapatorias de asfalto que tienen sus propios peligros -directos e indirectos- tampoco es una buena solución. Por ello, se abren tres posibilidades, cada una con sus pros y sus contras.

La primera y quizás la más simple es modificar ligeramente lo que existe hoy en día. En algunos circuitos se está empezando a instalar una tira de 'astroturf' -cesped artificial- para impedir que los pilotos aprovechen la pista en exceso. Pero en la mayoría de casos, los pilotos consiguen mantener suficiente agarre y acaban abusando de todas formas. Por ello, reemplazar esa tira de cesped artificial por una tira de gravilla podría ser una solución. Se mantendría la seguridad general del circuito pero se conseguiría que los pilotos fueran algo más cautelosos.

Tomar riesgos tendría una mejor recompensa -unas décimas que el rival no gana- pero también tendría, potencialmente, mayores desastres esperando al piloto. Además, el precio de estas obras no sería exageradamente elevado. Pero, ¿qué hay de la seguridad cuando el coche pierde el control y no consigue recuperarlo? La segunda opción sería ampliar la tira de gravilla para que el coche tuviera una primera reducción de velocidad más drastica, dejando la escapatoria de asfalto como la más lejana del circuito para que un piloto pudiera volver a pista o evitar un golpe, pasada la gravilla. También se podrían alternar franjas de asfalto y gravilla.

En teoría conseguiría reducir los riesgos que toman los pilotos y combinaría la capacidad de recuperar el coche con el hecho de frenarlo de forma efectiva pero la diferencia entre los distintos tipos de 'suelo' podrían ser un problema para los fondos planos de los coches, que saldrían dañados. Además, los pilotos podrían perder el control con relativa facilidad por culpa de ese cambio de suelo. Al final, la que posiblemente sea la mejor solución a nivel técnico es algo que ya existe y que está en uso en un circuito actualmente.

El circuito de Paul Ricard cuenta con unas escapatorias de asfalto conocidas por sus franjas azules y rojas alternadas. La superficie de escapatoria consiste en una mezcla de asfalto y tungsteno -un metal especialmente duro- que daña los neumáticos, obligando al piloto a pasar por boxes si se aprovecha de estas fanjas azules. Más allá, las franjas rojas están construidas para ser más abrasivas, lo que además de desgastar los neumáticos aún más, también maximiza el agarre y minimiza el tiempo y espacio de frenada.

¿El problema? El coste de instalar este tipo de escapatoria es demasiado elevado para la mayoría de los circuitos, que además requerirían un tiempo importante a la hora de hacer las obras para cambiar el asfaltado de dichas escapatorias. Aún así, podrían ser la solución en determinados puntos clave que pudieran ser más peligrosos y es una idea para integrar en el futuro. Incluso podrían combinarse las escapatorias de asfalto metálico con una tira de gravilla para disuadir a los pilotos de abusar de la zona asfaltada. Aunque la pregunta es, ¿querrá la FIA hacer algo al respecto?

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1 comentario
Imagen de atmosferico
Yo estoy con la segunda opción, franja de grava que penalice inicialmente y luego asfalto para poder acabar de frenar con la máxima capacidad. No me gusta que sólo haya asfalto por todos los motivos que muy bien explica Alex. Buena entrada.
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