Almacén F1

Desiré Wilson, la Reina de África que ganó en Fórmula 1

Wilson es la única mujer que ha ganado una carrera a los mandos de un Fórmula 1

Ocurrió en el Campeonato Británico de F1, una competición paralela a la categoría reina

También venció en las 6 horas de Silverstone y los 1000 quilómetros de Monza

Wilson debutó en el Gran Circo, pero la falta de financiación y la mala fortuna le impidieron destacar como en las categorías formativas

AmpliarDesiré Wilson, la Reina de África - LaF1Desiré Wilson, la Reina de África

Mujeres y Fórmula Uno. Un debate eterno desde los días de la napolitana Maria Teresa de Filippis a finales de los años cincuenta, a la que Fangio diría: “vas demasiado rápido, y tomas muchos riesgos”. Desde entonces, Lella Lombardi, Divina Gallica, Desiré Wilson, Giovana Amati y recientemente Susie Wolff (que es la que más cerca está en la actualidad de conseguir un volante, al haber participado en dos sesiones de entrenamientos libres esta temporada y haber sido nombrada tercer piloto del equipo Williams para 2015), han probado su talento a los mandos de un monoplaza de la máxima categoría. Los resultados son escasos: medio punto para Lella Lombardi en el trágico Gran Premio de España de 1975. Una sexta posición. Ningún podio. Ninguna victoria.

Pero si miramos bien en los archivos, encontraremos que no es cierto. Hubo a finales de los años setenta y principios de los ochenta un campeonato paralelo de Fórmula Uno, o mejor dicho, un campeonato nacional: el Campeonato Británico de F-1, más conocido como Aurora por el nombre de la compañía de seguros que lo patrocinaba. Sin profundizar en exceso, se trataba de utilizar los monoplazas del año anterior (o pocos años anteriores), y mantenerlos en activo en un campeonato bien organizado, al que se unían a veces monoplazas de la F-2 para completar las parrillas. Una excelente toma de contacto con la categoría reina.

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Los midgets fueron la puerta de entrada
de Wilson al mundo de la competición

wilson_1.jpgEl 26 de Noviembre de 1953, en Brakpan (Sudáfrica), nacía Desiré Wilson, cuyo padre, Charlie Randall, era un corredor de motos que inculcó su amor por las carreras a su pequeña, que a los 5 años ya competía con pequeños midgets. Ganó varias carreras y campeonatos, hasta que decidió retirarse a los 12 años, pasando a la hípica y el tenis. Pero había algo en los motores que llamaba a Wilson a exprimirlos al máximo, con lo que a los 18 volvió a ponerse tras un volante de la Fórmula Vee, siempre en su país natal. La F-1 empezaba a estar en su mente, y tras ganar la Fórmula Ford sudafricana en 1976, consiguió el premio “Driver to Europe” y se plantó en el epicentro del motor mundial.

Sus buenos resultados en categorías inferiores, incluyendo victorias, le valieron llamar la atención. John Webb, dueño del circuito de Brands Hatch, la inscribió para el Gran Premio de Inglaterra de 1978 a bordo de un obsoleto March de hacía tres años. La intención era sinceramente publicitaria, y tras los primeros entrenos, fue retirada la inscripción. Pero tras una sesión sin errores, su tiempo le habría permitido salir 21 de 26 participantes. Ello atrajo las miradas de algunos jefes de F-1, y desembocó en un volante para pilotar un Ensign en las cinco últimas carreras del recién creado (por John Webb) campeonato Aurora F-1.

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El talento no se puede esconder, y más en aquella época en la que los coches de F-1 eran duros de llevar, sin dirección asistida, con palanca de cambios, y una aerodinámica muy evolucionada. Y Wilson no defraudó. En la primera carrera abandonó. Pero en las siguientes fue sexta, cuarta, un fantástico tercer puesto en Thruxton, y otro sexto en la carrera final. Décima en el campeonato pese a no participar en 7 carreras. En honor a la verdad, Divina Galica había sido segunda en la carrera de Zandvoort. 

Allí había muy buenos pilotos, que habían estado, estaban o estarían en F-1, como Tonny Trimmer, Guy Edwards, Teddy Pilette, Geoff Lees, Brett Lunger, Riccardo Zunino, Rupert Keegan, Eliseo Salazar o nuestro Emilio de Villota. No era mal lugar para demostrar la valía.

El año 1979 fue aún mejor, esta vez con el Tyrrel 008: cuatro terceros puestos, dos cuartos, dos quintos y un sexto. Una vuelta rápida en Zolder. Séptima en el campeonato. Y superlicencia de F-1 conseguida. El salto al Campeonato Mundial estaba más cerca.

Y 1980 no puede definirse sino como el mejor año deportivo de Wilson. Esta vez competía con un Wolf WR4 de hacía cuatro años. Primera carrera abandono. Pero la segunda, en Brands Hatch, pasaría a la historia.

Era el 7 de Abril de 1980. En la pole salía Emilio de Villota con su flamante Williams FW07 del año anterior. Pero el casco de la que llamaban “The African Queen” empezó a avanzar hasta que alcanzó la cabeza de carrera. Aquél casco azul con una corona amarilla por su deseo de dar un toque de feminidad en un mundo de hombres. Una actuación soberbia, refrendada por la vuelta rápida. Una victoria sin paliativos, que pasaba a los anales de la historia. Algo que Desiré podía sentir, subida en aquél camión que daba la vuelta al circuito con los tres primeros clasificados, cuando la grada aplaudía con fervor y respeto ante su gesta.

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Desiré Wilson ganó una carrera en el Campeonato
Británico de F1: Brands Hatch 1980

Hubo otros dos podios ese año, un segundo en Thruxton con vuelta rápida incluida y un tercero en Mallory Park. Pero el equipo Theodore que hacía correr el coche se quedó sin dinero, y Wilson se apeó del campeonato a mitad de año. Aún así, acabaría sexta aquél campeonato que fue ganando por Emilio de Villota.

Junto a ello, ganó dos pruebas del Campeonato del Mundo de Resistencia con Alain De Cadenet como compañero: los míticos 1000 kilómetros de Monza y las 6 Horas de Silverstone, ambas con un Lola-Ford. Con ello, Wilson se convertía en la primera mujer en ganar una prueba de un Campeonato Mundial reconocido. A día de hoy, sólo la no menos extraordinaria Michèle Mouton se le ha unido con sus victorias en el Mundial de Rallys con los temidos Grupo B.

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Desiré en Brands Hatch 1980, con Williams

Sus buenas prestaciones le valieron para que el equipo RAM la llamara para probar el Williams FW07 de De Villota en los test de neumáticos de cara al GP de Gran Bretaña de ese año, en el que participaría. Y pese a que no podía utilizar los neumáticos de calificación en el test (sí otros competidores) logró un más que respetable 11º tiempo. “El test de neumáticos fue fantástico. El coche era realmente bueno”, diría la sudafricana. Pero ese coche no sería el que usaría en la carrera. No podría usar el chasis del coche de De Villota, sino que tuvo que conformarse con el usado por Eliseo Salazar en la carrera de Monza del campeonato Aurora. Un chasis que estaba partido por un accidente. Y fue una pesadilla: “el coche era horrible”, recuerda Wilson, “mientras que el que conduje en el test de neumáticos era el de Emilio de Villota, un muy buen coche”.

Más aún para su desesperación, descubrió el rechazo de los demás pilotos, y comportamientos no demasiado elegantes. “No me querían en las carreras de Gran Premio. Algunos no me concedían ni un milímetro. Algunos de ellos intentaban, literalmente, moverte fuera de la pista cuando te pasaban, eso sí, sin tocarte. Pero hay muchas formas de hacer esas cosas sin tocarte, como no concediendo espacio en absoluto.” Ladraban, luego es que Desiré cabalgaba.

El piloto más hostil era sin duda Jacques Laffite. Jean Sage, de Renault, contaría al marido de Desiré, Alan, que “Laffite está contando a todos que él echó de la pista a Desiré. Dice que ninguna jodida mujer pertenece a la Fórmula Uno, y que hará lo que tenga que hacer para mantenerla fuera.”

Pero Laffite no tenía por qué tomarse tantas molestias. El Williams era un desastre. “Nunca pude obtener los tiempos por vuelta de los test, lo cual era de locos, porque estaba aprendiendo todo el tiempo”, recuerda Desiré. Ningún cambio en los reglajes conseguía nada, el coche siempre iba mal. Estaba a ocho décimas del tiempo de corte, marcado por Keke Rosberg. Por suerte, tenía en su mano un juego de gomas de calificación que le deberían mejorar alrededor de un segundo. Pero, “los neumáticos de calificación no encajaban en el coche”. Sencillamente, no entraban. No se correspondían con las medidas. Se quedó allí, con el coche subido en los gatos, mientras los últimos minutos de la sesión clasificatoria se agotaban. No pudo calificarse.

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¿Rendirse? ¿Desiré? Había que buscar a otra para ello. Para la primera carrera de la temporada de 1981, tras no concretarse la posibilidad de correr para Ecclestone y su equipo Brabham, fue Ken Tyrrell el que puso a su disposición uno de sus coches, y eso pese a las declaraciones del año anterior en las que el “tío Ken” dejaba claro que no veía a las mujeres en la F-1. Era el Gran Premio de Sudáfrica, el de casa. También el famoso Gran Premio en el que se produjo una fuerte lucha entre la FOCA y la FISA. Desiré calificó bien, decimosexta. Por fin iba a tomar parte de un Gran Premio del Campeonato del Mundo de F-1. Sin embargo, su salida fue mala, calando el coche. A partir de ahí, y mientras comenzaba una intensa lluvia, inició la remontada, pasando entre otros a Nigel Mansell y a su compañero de equipo, Eddie Cheever. Cuando la pista comenzó a secarse, perdió algunas posiciones hasta su salida de pista en la vuelta 52, mientras era doblada por el Brabham de Nelson Piquet.

Lo peor vendría después, cuando la carrera fue anulada, sin que aparezca en los anales de la Fórmula Uno. De ese modo, Desiré Wilson nunca participó en un Gran Premio. Porque aunque Ken Tyrrell parecía interesado en mantenerla, su equipo necesitaba financiación, algo que la piloto no pudo aportar. Y fue apartada del volante.

Pero la marca la había dejado bien impresa. Luego participó en la Indycar, las 500 Millas de Indianápolis, o las 24 Horas de Le Mans (acompañando a De Villota y De Cadenet en 1982), sin obtener  grandes resultados.

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Desiré en las 24 horas de Le Mans de 1983

¿Mujeres en F1?. “Realmente creo que una mujer, mentalmente, es más fuerte que un hombre, porque somos multi tareas, y además tenemos que lidiar con muchas más adversidades que los hombres. Siempre eres la más débil, así que siempre tienes que estar luchando. Mentalmente, podemos ser increíblemente fuertes.”

Tan fuerte como ella, que con una corona en su casco demostró durante un mes, del 7 de Abril al 11 de Mayo de 1980, que se podía ganar sin complejos en F-1 y en Resistencia. Una piloto con mucho talento, a la que llamaban “La Reina de África”.

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Desiré Wilson en lo más alto del podio de Brands Hatch 1980,
del Campeonato Británico de Fórmula 1

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2 comentarios
Imagen de Raulos
Excelente artículo JMV, un deporte de hombres, en el que algunas mujeres, con talento y financiamiento hubieran logrado despuntar. Pero el mundo ha sido siempre muy machista, y no las han dejado correr, al menos no con las mismas armas. Da gusto aprender algo más del apasionante mundo del motor. Saludos.
Imagen de DR ZAIRUS
Muy buen artículo, muy interesante. La verdad es que no sabía que esta piloto llegó tan lejos!! Eso si: un fallo imperdonable: ¿no te olvidaste de mencionar a una piloto, pese a que si hablas de su padre en el artículo?
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